Es notorio mi rechazo hacia el hecho de depender de alguien, lo considero como uno de mis más grandes miedos. Supongo que se debe a que he experimentado lo que se sentiría si se hicieran realidad, lo que más me aterra es que el sentimiento fué una fracción de lo que en realidad padecería de hacerse realidad.
Siempre consideré que actúo bien bajo presión, el miedo no ayuda, es necesario actuar. Pero en el momento en el que una persona que me importa se encuentra en peligro y yo no puedo hacer nada, mi cerebro se detiene un par de segundos, junto con el resto de mis órganos.
Ver como a tu mamá le empieza a dar taquicardias, se paraliza, sus músculos se ponen rígidos, mientras te dice que no ve bien y está mareada, luciendo como si fuera a desmayarse en cualquier momento, al punto de que necesiten medicarla para que se calme, altera la estructura de tu cerebro, realmente lo moldea. El no saber que hacer, el no poder hacer nada, lo cambia todo. (E inclusive después de 3 veces no se vuelve más fácil)
Es una impotencia que sólo había sentido al escuchar historias de gente aprovechándose de gente por la que me preocupo. Por desgracia, esa sensación se ha repetido varias veces a lo largo de los años.
No creo que quepa alguna duda de que, que todo esto ocurra cuando tu salud mental pende de un hilo, no simplifica las cosas.
Apenas podía procesar la idea de perderme a mí misma y tenía que considerar el hecho de perder a alguien que amo frente a mis ojos.
Con esto, me refiero a la ralentización que sufre tu cerebro después del colapso mental. Notar que las luces se van apagando, que de un momento para otro todo parece ir a mayor velocidad, mientras todo tu ser parece ir en cámara lenta.
Si algún día pierdo mi mente por completo, preferiría no ser consciente de ello, porque ir constatando el estado deplorable en el que se encuentra mi cabeza, terminaría conmigo, tal vez no de manera física, pero sí en alma (si es que queda algo de ella).
Supongo que lo que realmente me da miedo es perder partes de mí: ¿quién soy yo, sino mi libertad? ¿Quién soy yo, sino las personas que me importan? ¿Quién soy yo, sino el mundo que reside en mi mente?
Pueden intuir (debido a esto último) por qué es tan importante tener una garantía en caso de que mi memoria falle.