En lo profundo de un bosque cuyo nombre se había perdido con el paso de los siglos, donde los árboles crecían tan altos que sus copas parecían tocar el cielo, nació un joven sátiro llamado Eryon.
Desde que era apenas un niño, había algo diferente en él.
Eryon parecía pertenecer al bosque de una manera que nadie podía explicar. No caminaba por sus senderos como quien atraviesa un lugar; los recorría como si conociera cada raíz, cada piedra y cada susurro de las hojas.
Era amigo de todos.
Corría junto a los ciervos entre los árboles, jugaba con los pequeños animales del bosque y podía pasar horas siguiendo a las criaturas sin que estas sintieran miedo de él. Las aves se posaban cerca de sus hombros, los conejos se acercaban a sus pies y hasta los animales más tímidos parecían reconocerlo como uno de los suyos.
Pero su vínculo con la naturaleza no terminaba allí.
Cuando Eryon tocaba la tierra, pequeñas flores comenzaban a emerger.
Primero aparecía un diminuto brote.
Después otro.
Y, en cuestión de segundos, la tierra podía cubrirse de flores y plantas de colores hermosos, como si la propia naturaleza despertara al sentir sus manos.
Con el tiempo, Eryon descubrió otro de sus dones: la música.
Llevaba consigo una pequeña flauta que había aprendido a tocar desde niño. Nadie sabía exactamente cómo había aprendido aquellas melodías, pero cuando comenzaba a tocar, el bosque entero parecía guardar silencio para escucharlo.
Su música viajaba entre los árboles como una brisa suave.
Las aves dejaban de cantar.
Los animales se acercaban.
Las hojas se movían lentamente al ritmo de las notas.
Y las flores parecían abrirse una tras otra.
Eran melodías tan bellas que quienes las escuchaban sentían que, por unos instantes, el mundo entero se había detenido.
Eryon no sabía que aquel don escondía algo mucho más antiguo de lo que podía imaginar.
Para él, simplemente era su vida.
El bosque era su hogar.
Los animales,
sus amigos.
Las flores, sus compañeras.
Y la música, la forma en que su corazón hablaba con la naturaleza.
Todavía era un niño.
Todavía no conocía el miedo.
Todavía no sabía que algún día una oscuridad desconocida llegaría hasta él...
Y que cambiaría su vida para siempre.