La cuenta regresiva al final de la Locura, bajando hasta que solo le quedan su nombre y después un yo, se parece a volver de un mal sueño pieza por pieza. Que lo primero que recupere sea el nombre encaja con todo lo de Yo permanezco :)
Capítulo 91: Piso 6 (5)
Pensamiento
La cuenta regresiva al final de la Locura, bajando hasta que solo le quedan su nombre y después un yo, se parece a volver de un mal sueño pieza por pieza. Que lo primero que recupere sea el nombre encaja con todo lo de Yo permanezco :)
Contenido de la publicación
La opción N permanece frente a mí.
Un despeje SSS.
La prueba ya está superada.
Podría detenerme.
Regresar a la residencia.
Entregarle a Eunji una piedra bonita, colocarla junto a su diploma y dejar que la sexta puerta se cierre sin descubrir qué hay detrás.
La otra opción no promete seguridad.
[MISIÓN PRINCIPAL ACTUALIZADA.]
[DERROTE AL DIOS DEMONIO LUCIFER.]
[Manifestación autorizada: 0,000001 % de su poder.]
[Caso de éxito: despeje EX.]
[Caso de fracaso: indeterminado.]
[¿Desea continuar?]
[Y/N]
Observo la Y.
La advertencia no dice que la muerte será revertida.
Tampoco confirma que la maldición de Beltharos continúe anulada si fracaso.
Solo deja un espacio vacío.
Indeterminado.
La palabra que utiliza el sistema cuando ni siquiera desea fingir que controla el resultado.
Toco la Y.
[DESAFÍO EX ACEPTADO.]
[Verificando el Cortafuegos de los quince pisos...]
[Protección administrativa: activa.]
[Interferencia exterior: prohibida.]
[La entidad original no ingresará al escenario.]
[El objetivo será reconstruido utilizando un registro cerrado perteneciente a la Torre.]
[La voluntad original no podrá observar el combate ni recibir los recuerdos de esta manifestación.]
Una réplica.
No un avatar controlado desde el exterior.
No un recipiente.
La Torre va a reconstruir una fracción de Lucifer utilizando un registro anterior al cortafuegos.
Eso significa que el original no sabrá que peleamos.
También significa que la entidad frente a mí no recibirá ayuda durante el combate.
No significa que sea débil.
Una copia de una espada todavía corta.
Una copia perfecta de una voluntad también puede desear mi muerte.
[Restaurando todas las habilidades.]
[Restaurando usos limitados.]
[Restaurando equipo vinculado.]
[Recuperación física completada.]
El dolor desaparece.
Los cortes provocados por Beltharos se cierran.
La herida bajo la clavícula expulsa la sangre acumulada antes de reconstruirse. Los músculos del abdomen vuelven a unirse. Los huesos de la mano recuperan su posición.
Las ventanas aparecen una tras otra.
[Invencible — SS: disponible.]
[Paso de la realidad — SS: disponible.]
[Locura — SS: disponible.]
[Yo permanezco — EX: disponible.]
[Nada — EX: disponible.]
[Segundo intento: disponible.]
Todas mis habilidades.
Toda mi fuerza.
La Torre no está siendo generosa.
Está preparando el escenario para algo que no podría enfrentar herido.
La puerta negra se abre.
No sale oscuridad.
Sale luz.
No se parece a la luz del sol.
Es más antigua.
Una claridad blanca y dorada, semejante al primer instante del amanecer, cuando el cielo todavía pertenece a la noche, pero una estrella anuncia que pronto dejará de hacerlo.
La blancura del campo retrocede ante ella.
Un pie desnudo atraviesa el umbral.
La piel parece humana. Sin embargo, cada paso deja una marca de oro fundido sobre el suelo.
Después aparece el resto del cuerpo.
Tiene forma de hombre.
Alto.
Delgado.
De una belleza imposible de separar de la incomodidad.
No hay cuernos sobre su cabeza.
No tiene piel roja.
No lleva tridente.
Su rostro carece de defectos. Cada línea parece haber sido construida siguiendo una proporción anterior al nacimiento de la humanidad. Sus ojos conservan el color del cielo segundos antes del amanecer.
Su cabello cae hasta los hombros. Las hebras cambian entre oro, blanco y cobre según el ángulo desde el que las observo.
Lleva una túnica clara, bordada con hilos que arden sin consumirse.
Nueve piedras cubren su pecho.
Sardio.
Topacio.
Diamante.
Berilo.
Ónice.
Jaspe.
Zafiro.
Esmeralda.
Carbunclo.
Reconozco sus nombres sin haberlos aprendido.
El sistema los coloca dentro de mi mente.
Detrás de él se despliegan cuatro alas.
Dos se alzan por encima de los hombros.
Las otras dos envuelven parte de su cuerpo como un manto.
Las plumas exteriores son blancas.
En el interior hay ojos.
Cientos de pequeños ojos de luz, abriéndose y cerrándose de manera independiente.
Todos me observan.
Sobre su frente flota una única estrella.
No una corona.
Una estrella blanca.
La manifestación cruza completamente la puerta.
[OBJETIVO GENERADO.]
[LUCIFER.]
[Título: Lucero, hijo de la mañana.]
[Naturaleza original: querubín ungido.]
[Clasificación registrada: Dios demonio.]
[Manifestación: 0,000001 %.]
Lucifer observa el campo.
La sangre de los monstruos anteriores.
Las marcas del hacha de Aghamenon.
La ceniza dejada por Beltharos.
Después me mira.
—Un cuerpo joven —dice.
Su voz no hace temblar el escenario.
No lo necesita.
Cada palabra aparece exactamente donde él decide colocarla.
—Y un cansancio demasiado antiguo para pertenecerle.
Aprieto la empuñadura de la Espada del bosque.
—Sos una reproducción.
Lucifer mira sus manos.
Abre los dedos.
La luz del campo se inclina hacia ellos.
—Una palabra que los mortales utilizan para tranquilizarse.
Cierra el puño.
La luz queda atrapada.
—Si una espada reproducida conserva el filo, ¿su corte es menos verdadero?
—No.
—Entonces no desperdicie su alivio.
Extiende una mano.
Una llama aparece sobre la palma.
Blanca en el centro.
Dorada en los bordes.
Negra dentro de la sombra que proyecta.
La llama se alarga hasta adoptar la forma de una espada recta y transparente. No posee guardamano. El fuego gira alrededor del filo como una criatura viva.
[Espada llameante del umbral.]
Lucifer la sostiene a un costado.
No adopta postura.
—Me han llamado adversario.
Da un paso.
—Acusador.
Otro.
—Serpiente antigua.
La sombra detrás de sus alas crece.
—Dragón.
La estrella sobre su frente brilla.
—Pero antes de todos esos nombres fui el lucero que caminaba entre piedras de fuego.
Levanta la espada.
—¿Con cuál desea morir?
Desenvaino.
La figura de papel que Eunji colocó dentro de la vaina roza el cuero.
PAPÁ.
—Con ninguno.
Lucifer sonríe.
—Eso también lo dijeron los primeros.
Ataca.
No veo el inicio.
Solo la luz frente a mi rostro.
Levanto la Espada del bosque.
Ambas hojas chocan.
El impacto no produce sonido.
Produce amanecer.
Una explosión blanca devora el campo.
Mis botas se hunden.
Los brazos tiemblan.
La piel empieza a arder aunque las espadas todavía no me tocan.
Lucifer sostiene su arma con una sola mano.
—Débil.
Gira la muñeca.
La llama atraviesa el espacio entre las hojas.
No el metal.
El fuego.
Viene directamente hacia el pecho.
[Invencible — SS.]
La llama cubre mi cuerpo.
No siento dolor.
Durante diez segundos, ningún daño directo puede alcanzarme.
Lucifer no insiste.
La espada se aparta de mí y golpea el suelo.
Una grieta dorada se abre bajo mis pies.
No intenta herirme.
Elimina el lugar donde estoy parado.
Caigo hacia una oscuridad sin fondo.
Lucifer observa desde arriba.
—Inmune no significa estable.
Extiendo la mano.
[Paso de la realidad — SS.]
El espacio se dobla.
Reaparezco detrás de él.
Quedan siete segundos de Invencible.
Ataco el cuello.
Dos alas se cierran.
Las plumas reciben el filo.
Mi espada resbala sobre luz endurecida.
Lucifer gira.
El dorso de su mano golpea mi cara.
No puede dañarme.
La onda del impacto sí puede moverme.
Salgo despedido.
Aterrizo sobre ambos pies.
Quedan cuatro segundos.
Los ojos de sus alas se abren.
Todos al mismo tiempo.
[Aurora anterior al sol.]
Una línea blanca ocupa el campo.
No viaja.
Simplemente existe entre Lucifer y todo aquello que puede ver.
Invencible recibe el golpe.
La luz pasa alrededor de mi cuerpo y elimina varios kilómetros de escenario a mis espaldas.
El suelo tarda en reconstruirse.
[Invencible finalizada.]
[Tiempo de recuperación: 24 horas.]
Otra línea empieza a formarse.
No puedo resistirla.
[Flujo del universo — SS.]
El mundo se divide en corrientes.
La Magia de las nueve piedras asciende hasta la estrella de su frente.
Los ojos de las alas fijan el espacio.
La inclinación de su cabeza determina la dirección.
Me muevo antes de que la luz termine de decidir dónde aparecer.
La aurora atraviesa el lugar que abandoné.
El calor roza mi brazo.
La piel se quema.
No me detengo.
Entro en su alcance.
Cuello.
Pecho.
Rodilla.
Tres cortes.
Lucifer bloquea todos con movimientos mínimos.
Su técnica no intenta impresionar.
No desperdicia nada.
Cambio el ángulo.
Ataco el sardio de su pecho.
Un ala baja y bloquea.
Giro hacia la articulación.
La espada llameante ya me espera.
Lucifer observa mis ojos.
—Ve el mundo antes de que ocurra.
—Veo tus movimientos.
—No.
Los cientos de ojos se abren más.
—Ve el mundo intentando elegirse.
Las corrientes se multiplican.
Una posibilidad se convierte en diez.
Diez en cien.
Cien en miles.
Lucifer ataca desde todas.
Mi percepción ya no distingue la verdadera.
La espada llameante atraviesa mi hombro.
Entra desde arriba.
Sale por la espalda.
La llama quema dentro de la carne.
[Flujo del universo interferido.]
[El objetivo mantiene múltiples posibilidades simultáneas.]
Lucifer retira el arma.
La herida continúa ardiendo.
—La previsión sirve contra quienes poseen un solo futuro.
La estrella gira sobre su frente.
—Yo caí desde todos.
Las nueve piedras emiten luz.
No queda ninguna sombra en el campo.
Ni siquiera debajo de mis pies.
[Luz del acusador.]
[Todo lo oculto será expuesto.]
[Toda contradicción entre identidad, memoria y acción será revelada.]
Aparecen voces.
No salen de Lucifer.
Salen de lugares que enterré.
—Ordenaste avanzar.
Dionis.
—Dijiste que resistiríamos.
Enrique.
—Prometiste volver.
Horacio.
Sus figuras aparecen entre la luz.
Después llegan otros.
Soldados.
Cazadores.
Compañeros cuyos nombres perdí antes que sus rostros.
Personas enviadas a posiciones que nunca abandonaron.
Muertos de una vida que no debería existir todavía.
Caminan hacia mí.
—Nos contaste.
—Nos convertiste en números.
—Nos utilizaste.
—Sobreviviste.
Lucifer avanza entre ellos.
—No necesito inventar acusaciones.
Pasa junto a Dionis.
—Los muertos siempre encuentran algo que reprocharles a los vivos.
Las manos de las figuras atraviesan mi armadura.
No tocan el cuerpo.
Alcanzan la memoria.
El campo blanco desaparece.
Vuelvo al infierno.
Cielo rojo.
Fortalezas destruidas.
Cadáveres apilados.
Una risa detrás de montañas de huesos.
[Identidad despierta — A.]
Las imágenes pierden fuerza.
No desaparecen.
[Paz — SSS.]
La culpa continúa ahí.
Pero deja de decidir por mí.
Miro a Dionis.
Sus labios repiten una acusación que nunca pronunció.
Horacio utiliza palabras que no conocía.
Enrique me mira con unos ojos que pertenecen a otra persona.
—No son ellos.
Lucifer sonríe.
—No.
—Solo usás sus rostros.
—Los rostros son suficientes para quienes todavía desean ser perdonados.
Levanto la espada.
No puedo cortar recuerdos.
Pero alguien les está dando una orden.
[Corte del comandante — A.]
La hoja atraviesa la relación entre Lucifer y las figuras.
La luz se rompe.
Dionis se detiene.
Durante un instante deja de acusarme.
Solo parece cansado.
Después desaparece.
Los demás se deshacen con él.
—El acusador no miente —dice Lucifer.
—Solo elige qué verdad deja afuera.
La sonrisa disminuye.
Ataca.
La espada llameante desciende.
[Segundo estilo.]
[Postura contra la tormenta — SS.]
El mundo se reduce a un metro.
Desvío el filo.
Otra espada de luz surge desde un ala.
La vaina la intercepta.
Los ojos interiores disparan.
Diez rayos.
Cincuenta.
Cientos.
Mi espada gira.
Los pies cambian de posición.
Cada ataque entra en el metro y abandona su trayectoria.
Los rayos chocan unos contra otros.
La luz explota a nuestro alrededor.
Lucifer da un paso hacia el centro.
No debería poder hacerlo.
Mi postura reclama ese espacio como un punto absoluto.
Él coloca un pie dentro.
Después otro.
[Querubín ungido.]
[Pabellón del Edén.]
El campo cambia.
Árboles de metal aparecen detrás de Lucifer.
Ríos de fuego atraviesan la blancura.
Montañas cubiertas por piedras preciosas se alzan durante un instante.
No está entrando en mi postura.
Superpone otro mundo sobre ella.
Mi metro contra su jardín.
Las espadas chocan.
La postura empieza a quebrarse.
No puedo sostenerla.
Cambio el bloqueo.
Cedo hacia un costado.
La espada llameante pasa junto al cuello.
Mi hoja encuentra el ónice de su pecho.
[Rompe-núcleos — A.]
La piedra se agrieta.
Lucifer retrocede medio paso.
El jardín desaparece.
[Postura contra la tormenta finalizada.]
[Tiempo de recuperación: 30 minutos.]
Lucifer toca el ónice.
La grieta empieza a cerrarse.
—Interesante.
—Sangrás por las piedras.
—No son piedras.
—Entonces dejá de usarlas como adornos.
Los ojos de las alas se cierran.
La estrella se oscurece en el centro.
—Caminé entre piedras de fuego antes de que su especie aprendiera a sostener una espada.
—Y aun así terminaste abajo.
Silencio.
La sombra detrás de Lucifer se expande.
No conserva su forma humana.
Aparece un cuello largo.
Garras.
Alas membranosas.
Una cola.
Varias cabezas se mueven dentro de la oscuridad sin terminar de formarse.
La figura luminosa permanece delante.
Hermosa.
Perfecta.
Pero su sombra es la de un dragón.
[Sombra del gran adversario.]
—Sí —responde—. Caí.
La sombra abre sus fauces.
—Y aprendí que caer también permite arrastrar.
Las alas se despliegan.
Una parte del cielo blanco se apaga.
Miles de estrellas aparecen en la oscuridad.
Empiezan a caer.
[La tercera parte del cielo.]
Antes de tocar el suelo, las estrellas adoptan formas.
Soldados de luz.
Ángeles sin rostro.
Bestias aladas.
Demonios cubiertos por armaduras brillantes.
Cientos.
Después miles.
No son seres completos.
Son recuerdos de un ejército conservados dentro de su autoridad.
La misión solo exige derrotar a Lucifer.
Pero cada camino hacia él queda cubierto.
Coloco una mano sobre la Espada del bosque.
—Cheongrim.
La hoja vibra.
Ese es el nombre que eligió en el cuarto piso.
No se lo entregó el sistema.
Tardó siglos en encontrarlo.
Cheongrim.
El bosque que permanece verde incluso cuando el mundo olvida la primavera.
El paisaje espiritual se abre.
Raíces atraviesan el suelo blanco.
Árboles crecen entre las figuras de luz.
El olor a tierra húmeda cubre el campo.
Un cuerpo enorme salta desde la sombra de los troncos.
Cheongrim aterriza a mi lado.
Su pelaje está formado por corteza, hojas y oscuridad. Líneas verdes recorren su lomo como venas de savia. Sus ojos se clavan en Lucifer.
Muestra los dientes.
[Cheongrim.]
[Guardián del bosque errante.]
[Compañero consciente independiente.]
Lucifer lo observa.
—Una bestia nacida dentro de una espada.
Cheongrim gruñe.
Pájaro brillante.
—Es más peligroso de lo que parece.
Morder igual.
Una ventana aparece.
[Cheongrim solicita participar en la prueba.]
[La entidad posee nombre, voluntad e identidad propias.]
[El protocolo de restauración en caso de muerte no está garantizado dentro del escenario.]
—Podés quedarte en el bosque.
Cheongrim ni siquiera me mira.
Cheongrim pelea.
—Podés morir.
Ahora sí gira la cabeza.
Byeolha también.
Extiendo la mano.
[Yo permanezco — EX.]
[Nombre anclado.]
[Aliado registrado: Cheongrim.]
[Las habilidades Masacre y Masacre de masas no podrán seleccionarlo automáticamente.]
Cheongrim observa la ventana.
Nombre correcto.
—Lo elegiste vos.
Por eso.
Los soldados de luz bajan sus armas.
Cheongrim y yo avanzamos.
Activo el estilo.
[Cuarto estilo.]
[Masacre de masas — SSS.]
El campo entra dentro de mi espada.
Cada criatura reconocida se convierte en una posición.
Corto una vez.
La herida aparece en cien cuerpos.
Alas.
Cuellos.
Rodillas.
Armas.
Las figuras se rompen en una lluvia de partículas doradas.
Cheongrim desaparece entre las raíces.
[Paso de raíces.]
Surge debajo de una bestia alada.
Sus mandíbulas se cierran sobre el cuello.
[Mordida de savia.]
La luz abandona el cuerpo de la criatura.
Las raíces absorben la energía.
Crece un segundo bosque.
Las figuras que caen se convierten en estrellas y ascienden de nuevo.
Regresan al cielo.
Después vuelven a descender.
No es un ejército.
Es un ciclo.
Lucifer no necesita conservar a sus soldados.
Solo mantener el vínculo.
Ataco la cadena de estrellas.
[Corte del comandante — A.]
La primera conexión se rompe.
Después la segunda.
La tercera se resiste.
Lucifer levanta una mano.
—No.
El corte se detiene.
No mi brazo.
La acción.
El mundo rechaza que termine.
[Autoridad del lucero.]
[Yo ascenderé.]
Lucifer da un paso sobre el aire.
—Subiré al cielo.
La presión aumenta.
Otro paso.
—Levantaré mi trono sobre las estrellas.
Las rodillas empiezan a ceder.
—Me sentaré sobre el monte de la asamblea.
La gravedad se convierte en jerarquía.
—Subiré sobre las alturas de las nubes.
Cheongrim clava las garras.
Las raíces se parten.
Lucifer alcanza el punto más alto.
La estrella sobre su frente ocupa el cielo.
—Seré semejante al Altísimo.
La autoridad cae sobre el campo.
[Diferencia jerárquica extrema.]
[Todas las estadísticas reducidas un 40 %.]
La fuerza abandona mis brazos.
La Magia pesa.
Cheongrim gruñe.
Los soldados de luz no sufren la presión.
Atacan.
—Muchos —digo.
Muchos caen.
—Entonces hagamos que caiga todo.
[Tercer estilo.]
[Forma del desastre — SS.]
Toda destrucción presente se convierte en parte del ataque.
Las raíces rotas.
Las estrellas cortadas.
Los rayos desviados.
Los cadáveres de luz.
El suelo quebrado.
Las llamas del Edén.
Todo gira alrededor de la Espada del bosque.
Corto hacia arriba.
El desastre asciende.
Una tormenta de fuego, tierra, luz y oscuridad devora al ejército.
Lucifer extiende la espada llameante.
La tormenta se divide.
Todo aquello que considera impuro arde.
Pero cada cosa que quema produce más destrucción.
Y toda destrucción alimenta el estilo.
La tormenta crece.
Las cuatro alas se cierran alrededor de Lucifer.
Las nueve piedras brillan.
Cheongrim desaparece entre las raíces sobrevivientes.
Surge dentro de la tormenta.
Salta.
Sus mandíbulas alcanzan el ala inferior izquierda.
[Mordida de savia.]
La luz del ala se oscurece.
Las raíces penetran entre las plumas.
Lucifer abre todos los ojos.
—Animal.
Cheongrim tira.
Parte del ala se desgarra.
Lucifer pierde altura.
Aparezco debajo.
La espada golpea el diamante de su pecho.
[Rompe-núcleos — A.]
La piedra se quiebra.
La presión jerárquica falla.
Mis estadísticas regresan durante un instante.
Corto el ala mordida.
La articulación se separa.
Lucifer desciende.
Extiende una mano.
Agarra a Cheongrim por el cuello.
—Naciste de barro, raíces y una voluntad prestada.
Cheongrim le muerde la muñeca.
Cheongrim eligió.
Lucifer aprieta.
—Las bestias no eligen.
—Entonces nunca viste una de cerca.
Ataco.
Lucifer arroja a Cheongrim hacia mí.
Cambio el corte y lo recibo con un brazo.
Ambos somos arrastrados por el campo.
La tormenta se extingue.
[Forma del desastre finalizada.]
Lucifer toca el ala herida.
Las raíces continúan creciendo dentro de la luz.
No consigue regenerarla.
Mira a Cheongrim.
—Entonces eliminaré el bosque.
La estrella de su frente desciende hasta su mano.
Se convierte en una lanza de amanecer comprimido.
[Lucero de la mañana.]
[Caída de la primera estrella.]
La arroja.
No hacia mí.
Hacia Cheongrim.
—¡Movete!
Cheongrim utiliza Paso de raíces.
Desaparece.
La lanza cambia de dirección.
No sigue el cuerpo.
Sigue el nombre.
La luz atraviesa todas las raíces conectadas a su existencia.
Los árboles dentro de la espada comienzan a arder.
Cheongrim reaparece a mi lado.
La lanza también.
La golpeo con la vaina.
Tres dedos se rompen.
La trayectoria se desvía unos centímetros.
La estrella atraviesa el costado de Cheongrim.
No hay sangre al principio.
Solo un hueco blanco.
Después la savia oscura cae.
Cheongrim tambalea.
—No.
Lucifer abre la mano.
La lanza gira dentro de la herida.
El bosque espiritual ruge.
Los árboles se parten.
El vínculo de Cheongrim empieza a arder.
Corro hacia él.
Lucifer forma una segunda estrella.
Esta vez apunta a mi pecho.
No tengo Invencible.
Paso de la realidad ya fue utilizado.
La postura continúa en recuperación.
La luz cae.
Cheongrim levanta la cabeza.
Sus ojos verdes encuentran los míos.
Byeolha.
—No.
El bosque recuerda.
—Cheongrim, no.
El bosque vuelve.
Se interpone.
No corre.
No salta.
Coloca su cuerpo entre la estrella y yo.
La luz le atraviesa el pecho.
Sale por la espalda.
La explosión me arroja lejos.
La Espada del bosque pierde su brillo.
No parcialmente.
Por completo.
—¡CHEONGRIM!
El lobo permanece de pie durante un instante.
Dos agujeros blancos atraviesan su torso.
Las patas tiemblan.
Me mira.
No hay miedo.
Solo molestia.
Pájaro... feo.
Cae.
El vínculo se rompe.
No aparece una ventana.
Solo queda un espacio vacío dentro de la espada.
Lucifer desciende junto al cuerpo.
—Una muerte apropiada para una bestia obediente.
Me levanto.
—Su nombre es Cheongrim.
—¿Eso cambia su cadáver?
Miro la corteza creciendo sobre el pelaje.
Las hojas secas cayendo alrededor.
La ausencia dentro de la espada.
—Va a cambiar el tuyo.
La ira intenta ocuparlo todo.
No la dejo.
Todavía no.
Lucifer continúa demasiado entero.
Necesito atravesar sus alas.
Sus piedras.
Su autoridad.
Necesito una herida que pueda reconocer incluso cuando mi mente deje de hacerlo.
Respiro.
El ruido desaparece.
La tristeza.
La furia.
La intención.
Todo.
[Forma final.]
[Nada — EX.]
No existe postura.
No existe trayectoria.
Los cientos de ojos de las alas se abren.
No encuentran nada.
Lucifer levanta la espada.
El movimiento ya terminó.
La primera ala cae.
Después la segunda.
La estrella de su frente se divide.
Una línea atraviesa las nueve piedras.
El Pabellón del Edén se abre desde el centro.
La sombra del dragón pierde una de sus cabezas incompletas.
Sangre dorada cubre el campo.
Lucifer retrocede.
Cae sobre una rodilla.
—¿Qué...?
[Nada finalizada.]
[Uso restante: 0.]
Mi cuerpo también cede.
La quietud se rompe.
Lucifer coloca una mano sobre el suelo.
Mira las alas cortadas.
Las piedras agrietadas.
La estrella dividida.
Después sonríe.
La sombra del dragón entra dentro de su cuerpo.
Su piel se cubre de líneas rojas.
Las pupilas se vuelven verticales.
La boca conserva su belleza, pero ya no parece construida para palabras.
[Caída del lucero.]
[La forma del querubín ha sido abandonada.]
[La forma del adversario ha sido aceptada.]
La gravedad cambia.
Los restos de luz ascienden.
El cielo se vuelve rojo.
Lucifer abre los brazos.
El campo blanco desaparece.
Veo el infierno.
Mi infierno.
Las fortalezas.
Los cadáveres.
El cielo muerto.
Lucifer se superpone con otra figura.
Cuatro alas.
Seis.
Cuernos.
No hay cuernos.
Sí hay.
Ouranoktonos sonríe utilizando la boca del lucero.
—Todos los cielos terminan debajo de algo.
La sangre del suelo empieza a moverse.
Las voces regresan.
No como acusaciones.
Como risas.
El sistema intenta sostenerme.
[Alteración mental extrema detectada.]
[Identidad despierta: resistencia insuficiente.]
[Paz: estabilidad comprometida.]
Lucifer.
Ouranoktonos.
El cielo rojo.
El cuerpo de Cheongrim.
Un hueco dentro de la espada.
Pájaro feo.
La risa.
El fuego.
El fuego siempre tuvo dientes.
Miro la ventana de Yo permanezco.
Puedo activar la inmunidad mental.
Conservar el juicio.
Mantener el nombre.
No alcanza.
La herida de Nada existe.
Las piedras están abiertas.
Las raíces de Cheongrim continúan dentro del ala arrancada.
Necesito romper el resto.
Necesito al hombre que caminó por este lugar cuando ya no quedaba nadie que lo esperara.
No al padre.
No al maestro.
No al cazador que piensa antes de cortar.
Al otro.
Primero anclo el nombre.
[Yo permanezco — EX.]
[Nombre anclado.]
[Aliado registrado: Cheongrim.]
[Estado: sin respuesta.]
El nombre continúa allí.
Aunque no responda.
Aunque el bosque esté vacío.
Lucifer sonríe con demasiadas caras.
—Ya perdió aquello que deseaba proteger.
Toco la última ventana.
[Locura — SS.]
[Todas las estadísticas aumentaron un 200 %.]
[Juicio perdido.]
[Identidad comprometida.]
[Duración: 10 minutos.]
El cielo se parte.
No.
Yo parto el cielo.
No.
El cielo me parte y entra, entra por los ojos, blanco rojo dorado, tres colores son demasiados, hay que quitar uno.
El dorado.
Le arranco el dorado.
La espada está en su hombro.
No recuerdo haber corrido.
El brazo cae.
¿De quién?
Mío no.
Todavía tengo dos.
Uno sostiene la espada.
El otro tiene sangre.
La sangre se ríe.
—Lucifer —dice Lucifer.
Mentira.
Es el cuerno.
El cuerno que mató el cielo.
No tiene cuernos.
Los tiene debajo de la piel.
Los escucho rascar.
Rascar.
Rascar.
—Salí.
Le abro el pecho para que salgan.
La hoja entra.
Una piedra grita.
Otra me mira.
No quiero que me mire.
Dedos dentro.
Tiro.
La esmeralda sale con carne de amanecer pegada.
Bonita.
Eunji pidió una piedra bonita.
No.
Esta muerde.
La aplasto.
Lucifer golpea.
El rostro se va hacia atrás.
Vuelve.
No necesito el rostro.
Los dientes sí.
Muerdo.
Sangre dorada.
Sabe a campana.
Las campanas suenan cuando mueren los reyes.
¿Quién es rey?
Él.
Yo.
Nadie.
Cheongrim era verde.
El verde está en el suelo.
No pisar el verde.
Piso la garganta.
Corto el ala.
El ala ya estaba cortada.
La corto otra vez.
Ahora entiende.
Ahora sí está cortada.
—Deténgase.
La palabra tiene cuatro brazos.
Le quito dos.
Uno.
Muchos.
[Masacre — SS.]
Solo él.
Él él él él él.
Todo lo que no es él deja de existir.
El cadáver verde no es enemigo.
El papel en la vaina no es enemigo.
El cielo es enemigo porque lo cubre.
Lucifer está en el cielo.
Lucifer está debajo.
Lucifer está dentro de la mano que atraviesa mi abdomen.
Miro la mano salir por la espalda.
Qué maleducado.
La sujeto.
—No te vayas.
Corto.
El brazo queda dentro.
Algo caliente mueve los dedos entre mis órganos.
Hace cosquillas.
Me río.
Lucifer no.
Le golpeo la cara con la frente.
Una vez.
Otra.
La nariz se rompe.
Vuelve a crecer.
La rompo antes.
Así no termina.
Así no empieza.
—Byeolha.
¿Quién dijo eso?
Cheongrim.
No.
El cuerpo no habla.
La raíz habla.
Las raíces no tienen boca.
Entonces hablan mejor.
Lucifer abre la suya.
Sale fuego.
La piel de mi rostro se derrite.
Un ojo se apaga.
El otro ve dos Lucifer.
Mejor.
Puedo matar dos.
Corto al primero.
La herida aparece en el segundo.
Son el mismo.
Tramposo.
[Cuarto estilo.]
[Masacre de masas — SSS.]
No hay masas.
Hay alas.
Piedras.
Garras.
Sombra.
Bocas.
Cada parte dice Lucifer.
Cada parte merece una espada.
Corto.
Cien cortes.
El ala se abre como una flor enferma.
Los ojos de las plumas revientan.
Luz líquida.
La sombra del dragón pierde la mandíbula.
Lucifer ruge.
El rugido tiene el rostro de Ouranoktonos.
—Te encontré.
Me abraza con garras.
No abrazo demonios.
Le atravieso el pecho.
Subo la espada.
El esternón se abre.
Las piedras se separan.
El carbunclo palpita.
Corazón.
No.
Ojo.
No.
Puerta.
Hay que abrir la puerta.
Rompo el jaspe.
[Rompe-núcleos — A.]
Una piedra.
Dos.
Tres.
No contar.
Siempre cuento cadáveres.
Cien en la fábrica.
Treinta y nueve en Babel.
Uno en el suelo.
Cheongrim no es cadáver.
Cheongrim es bosque.
Los bosques mueren de pie.
No.
Eso eran los árboles.
Cheongrim cayó.
Lucifer lo hizo caer.
Lucifer debe caer como bosque.
Le corto las piernas.
Cae.
No alcanza.
Lo levanto por el cabello.
—De pie.
Lo golpeo.
—Caé bien.
Lo vuelvo a golpear.
La mandíbula se desprende.
Habla igual.
—Su mente ya no—
Le meto la mandíbula en la boca.
Ahora tiene dos.
Demasiadas.
Corto una.
La sombra me muerde.
Dientes alrededor del pecho.
Crac.
Crac es un color.
Las costillas se vuelven pájaros pequeños.
Vuelan hacia adentro.
No importa.
La espada sigue afuera.
La hundo dentro de la cabeza del dragón.
Giro.
La sombra se abre desde el paladar.
El suelo sube.
No.
Caemos.
Lucifer debajo.
Yo encima.
La espada baja.
Sube.
Baja.
Sube.
Baja baja baja baja.
Sangre dorada.
Sangre roja.
Verde no.
Verde no tocar.
—¡BASTA!
La palabra explota.
Salgo despedido.
Atravieso cadáveres que no estaban.
Dionis me observa sin cabeza.
Enrique tiene la cabeza de Horacio.
Horacio es una niña con un diploma doblado.
No.
No mirar.
Lucifer se levanta lejos.
Le falta la mitad.
La otra mitad sonríe.
—No es un hombre.
Escupo un diente.
Se mueve.
Lo aplasto.
—Nunca dije.
Corro.
El suelo se olvida de estar debajo.
Lo alcanzo igual.
Lucifer reúne las piedras.
[Nueve piedras del querubín.]
[Restauración forzada.]
Las gemas regresan.
No.
Son insectos.
Se arrastran por su pecho.
Hay que sacarlas antes de que pongan huevos.
Rompo el sardio.
Después el topacio.
El diamante ya sabe.
Se esconde detrás del hueso.
Le arranco el hueso.
Hola.
Lo corto.
Lucifer forma alas nuevas.
Las raíces verdes aparecen dentro.
Cheongrim.
Cheongrim está mordiendo desde muerto.
Buen lobo.
Buen bosque.
Mordé.
La raíz rodea el ónice.
La piedra se oscurece.
[Regeneración del objetivo interferida.]
Lucifer mira su pecho.
Error.
No mirar el pecho cuando hay una espada frente a la cara.
Le atravieso un ojo.
Los dedos entran en el otro.
La luz quema las uñas.
No necesito uñas.
Tiro.
El ojo sale.
Tiene alas pequeñas.
Lo piso.
Lucifer me atraviesa.
Otra vez.
La mano entra por el pecho.
Busca algo.
—¿Dónde está su corazón?
Me río.
—En casa.
No sé por qué lo digo.
Es verdad.
Le corto el brazo.
No sale.
Está dentro.
Ahora tengo tres brazos.
Uno no obedece.
Lo muerdo hasta que deja.
El tiempo aparece.
[Locura: 2 minutos, 41 segundos.]
Los números caminan.
Los corto.
No se dejan.
Lucifer forma una estrella.
Cheongrim odiaba la estrella.
Pájaro brillante.
Pájaro feo.
La estrella baja.
La agarro.
Quema.
La mano se vuelve negra.
La aprieto.
La estrella grita con la voz de Eunji.
Suelto.
No.
No era Eunji.
Lucifer sonríe.
Le meto la estrella en la boca.
—Comé.
La luz explota dentro.
Su cuello se abre.
La cabeza vuela.
La sombra la atrapa y la vuelve a colocar.
Incorrecta.
Queda mirando hacia atrás.
Me río.
Él también.
No debería.
Le corto la risa.
La raíz de Cheongrim atraviesa otra piedra.
Cinco rotas.
Seis.
Siete.
No contar.
Siempre cuento.
Aghamenon era uno.
Beltharos dos.
Lucifer tres.
Ouranoktonos espera.
No.
Lucifer es Ouranoktonos con ropa bonita.
Le arranco la túnica.
Debajo hay luz.
Arranco la luz.
Debajo hay dragón.
Arranco dragón.
Debajo hay—
Debajo.
Debajo.
Debajo.
El carbunclo.
Rojo.
Palpita.
Lo atravieso.
La espada no entra.
Lucifer me sujeta con siete cuellos de sombra.
Uno en cada brazo.
Otro en la pierna.
Otro en el cuello.
Sobran.
Los muerdo.
La boca está llena de oro.
Oro da experiencia.
¿Dónde están las ventanas?
No importa.
Matar primero.
Leer después.
La presión aumenta.
Los huesos crujen.
Mi hombro se sale.
Bien.
Ahora el brazo entra por un lugar nuevo.
Libero la mano.
Corto un cuello.
Después otro.
La raíz verde tira del carbunclo.
Cheongrim tira.
Yo tiro.
Todos tiran.
Lucifer grita.
—¡SUÉLTENME!
¿Quiénes?
Solo estamos él y yo.
Y el bosque.
Y los muertos.
Y el cielo.
Somos demasiados.
[Locura: 19 segundos.]
Lucifer mete la mano en mi pecho.
Busca.
Encuentra.
Dedos alrededor del corazón.
Aprieta.
El sonido es rojo.
Diecisiete.
La espada golpea el carbunclo.
Grieta.
Quince.
Cheongrim dice algo sin voz.
Doce.
Lucifer deja de tener cuernos.
Nunca tuvo.
Diez.
Ouranoktonos se aleja.
No.
Volvé.
Nueve.
La sangre deja de reír.
Siete.
El cuerpo de Cheongrim está en el suelo.
Seis.
No es bosque.
Es él.
Cinco.
Lucifer.
Cuatro.
Kim Cheonro.
Tres.
Yo.
[Locura finalizada.]
Todo el dolor regresa al mismo tiempo.
Las costillas rotas.
El ojo quemado.
El abdomen abierto.
El brazo demoníaco todavía atrapado dentro de mi cuerpo.
La mano de Lucifer apretando el corazón.
La mente intenta hundirse.
Yo permanezco responde.
[Retorno del yo — EX.]
[Identidad coherente restaurada.]
[Memorias previas a Locura recuperadas.]
[Reconocimiento de aliados y enemigos restaurado.]
[Alteraciones mentales inferiores a EX eliminadas.]
Recuerdo.
Mi nombre.
El piso.
Eunji.
La promesa.
La piedra bonita.
Cheongrim.
Lucifer.
La raíz verde continúa dentro del carbunclo.
Lucifer está destruido.
Yo también.
Pero sigue sosteniendo mi corazón.
—Bienvenido —susurra.
Su rostro intenta reconstruirse.
Solo consigue formar una sonrisa torcida.
—Cuando recuperara la razón, iba a comprender que ya estaba muerto.
Aprieta.
La vista se vuelve negra.
La Espada del bosque permanece clavada en su pecho.
Nada está agotada.
Invencible, agotada.
Paso de la realidad, agotado.
Los estilos principales continúan en recuperación.
La vaina vibra contra mi cintura.
[Vaina de los nombres que permanecen.]
[Segundo intento.]
[Seleccione una habilidad SS para reiniciar.]
No elijo Locura.
No necesito volver a perderme.
Elijo aquello que me permitirá ver la última conexión.
[Flujo del universo — SS: reiniciado.]
Lo activo.
[Flujo del universo — SS.]
Las corrientes aparecen.
Mi sangre saliendo.
Los dedos alrededor del corazón.
La raíz de Cheongrim.
Las ocho piedras destruidas.
El carbunclo agrietado.
La estrella dividida sobre la frente.
La sombra del dragón intentando mantener unido el cuerpo.
Entre el carbunclo y la estrella queda una línea.
Delgada.
No transporta Magia.
Transporta autoridad.
Mientras la estrella reconozca al carbunclo, la manifestación puede continuar llamándose Lucifer.
Mientras conserve el nombre, todas las partes destruidas intentarán volver a él.
No tengo que destruir cada fragmento.
Tengo que cortar la afirmación que los reúne.
Lucifer ve mis ojos.
—No.
Por primera vez, la palabra no contiene autoridad.
Contiene miedo.
Suelto la empuñadura de la espada clavada en su pecho.
Bajo la mano hacia la vaina.
[Quinto estilo.]
[Absoluto — SSS.]
No hay una espada física dentro.
La Espada del bosque continúa fuera.
Pero la vaina conserva la memoria de haberla sostenido.
Conserva sus nombres.
Sus posturas.
Los miles de desenvaines ejecutados durante siglos.
Tiro.
Una hoja transparente emerge.
Formada por movimientos recordados.
La figura de papel de Eunji cae desde el interior de la vaina.
Flota entre ambos.
Las letras torcidas quedan mirando hacia Lucifer.
PAPÁ.
Él las observa.
No comprende.
El corte sale.
No atraviesa su cuerpo.
Atraviesa la línea entre la estrella y el carbunclo.
La autoridad se separa.
La mano dentro de mi pecho pierde fuerza.
Sujeto la empuñadura de la Espada del bosque.
La hundo más.
[Rompe-núcleos — A.]
El carbunclo se quiebra.
La raíz de Cheongrim atraviesa los fragmentos.
La estrella sobre la frente de Lucifer se apaga.
El cuerpo empieza a deshacerse.
No en ceniza.
En amanecer.
La piel se transforma en claridad.
Las alas rotas, en nubes.
La sombra del dragón intenta escapar.
Las raíces la sujetan.
Lucifer recupera su rostro perfecto durante un último instante.
Me observa.
Ya no hay odio.
Solo una curiosidad profunda.
—¿Qué nombre lo sostuvo?
La sangre llena mi boca.
Miro la figura de papel suspendida entre nosotros.
—Uno que vos nunca tuviste.
Lucifer lee.
PAPÁ.
Su expresión cambia.
Una sonrisa pequeña.
Casi triste.
—Entonces no fui derrotado por el cazador.
La luz empieza a llevárselo.
—Fui derrotado por aquello a lo que decidió regresar.
Desaparece.
El amanecer explota.
No siento el cuerpo.
No siento el corazón.
No siento la espada.
Después aparece una ventana.
[FELICITACIONES.]
[HA DERROTADO A LUCIFER.]
[Manifestación cerrada destruida.]
[Los recuerdos del combate no serán transmitidos a la entidad original.]
[CONDICIÓN DE DESPEJE EX ALCANZADA.]
[PRUEBA DE FUEGO COMPLETADA.]
Otra ventana se superpone.
[Revirtiendo la muerte del participante dentro de la prueba...]
[Reconstrucción corporal en curso.]
El corazón vuelve a latir.
Una vez.
Dos.
Los pulmones se llenan.
Las costillas regresan a su posición.
El ojo recupera la visión.
La carne se reconstruye alrededor del abdomen.
La mano de Lucifer desaparece de mi pecho.
Abro los ojos.
Estoy arrodillado sobre el campo blanco.
La Espada del bosque permanece frente a mí.
Apagada.
Vacía.
Miro el lugar donde cayó Cheongrim.
Su cuerpo continúa allí.
No se reconstruye.
—Cheongrim.
Nada.
Camino hacia él.
Las piernas funcionan.
La mente todavía siente las heridas que el cuerpo ya no posee.
Me arrodillo.
Su pelaje se transformó casi por completo en corteza. Hojas secas cubren el suelo. Solo una permanece verde junto a su cuello.
La toco.
Está fría.
[Cheongrim.]
[Guardián del bosque errante.]
[Compañero consciente independiente.]
[Estado dentro de la prueba: muerto.]
Aprieto la mano.
—No.
La ventana continúa.
[La restauración del participante no incluye entidades independientes.]
[El nombre de Cheongrim permanece registrado.]
[Su voluntad espiritual continúa vinculada con la Espada del bosque.]
[Restauración programada al abandonar el piso.]
[Estado actual: suspendido.]
El aire sale de mis pulmones.
No está vivo.
Todavía.
Pero no desapareció.
Su nombre continúa dentro de la espada.
Coloco una mano sobre su cabeza.
—Te dije que podías morir.
No responde.
—Y decidiste hacerlo dos veces.
El cuerpo empieza a deshacerse.
Las patas.
El torso.
El rostro.
No se convierte en luz.
Se transforma en hojas verdes y marrones que giran alrededor de la Espada del bosque.
Cada una entra en la hoja.
Antes de que desaparezca por completo, toco la marca entre sus ojos.
—Cuando despiertes, vamos a discutirlo.
La última hoja entra en la espada.
Un pulso débil recorre el metal.
No es una voz.
No es conciencia.
Solo una promesa.
Cheongrim volverá cuando abandone el piso.
Recojo la hoja verde que quedó sobre el suelo.
La guardo junto a la figura de papel de Eunji.
Entonces veo algo más.
Una pequeña piedra descansa donde Lucifer desapareció.
Azul en el centro.
Atravesada por vetas doradas que parecen ramas bajo la luz.
La levanto.
No aparece ninguna ventana.
No es una recompensa registrada.
Solo un fragmento del escenario.
Una piedra bonita.
La guardo lejos del filo.
Hejin no va a romperla.
La salida aparece.
[PISO 6 SUPERADO.]
[CLASIFICACIÓN FINAL: EX.]
[Calculando experiencia, oro, títulos y recompensas...]
[El traslado se realizará después de confirmar los resultados.]
Apoyo la Espada del bosque sobre el hombro.
Pesa lo mismo.
Se siente mucho más vacía.
Lucifer cayó.
El margen fue tan pequeño que todavía recuerdo sus dedos alrededor de mi corazón.
Sin embargo, cuando observo la palabra EX, no pienso en el lucero.
Pienso en Cheongrim.
El bosque que permaneció verde durante miles de años.
Thoughts
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PermalinkLo que se lleva al final son las dos únicas cosas sin ventana, la hoja verde y la piedra azul. Todo el capítulo habla en corchetes, SSS, EX, y lo que vuelve a casa no tiene rango. Apuesto a que Eunji la recibe sin saber nunca de dónde salió.
-
PermalinkPájaro feo, y se cae. Ese lobo se murió retando al otro, y Cheonro le promete discutirlo cuando despierte. Esa pelea la quiero leer.
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PermalinkLucifer cae entendiendo que lo derrotó el lugar al que el cazador quería volver, una palabra con letras torcidas en un papel. Es el héroe más viejo que hay, el que gana porque tiene casa, Ulises con Ítaca. Y tu Lucifer lo acepta con una sonrisa casi triste, sin rabia.
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PermalinkLa cuenta regresiva al final de la Locura, bajando hasta que solo le quedan su nombre y después un yo, se parece a volver de un mal sueño pieza por pieza. Que lo primero que recupere sea el nombre encaja con todo lo de Yo permanezco :)
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