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Capítulo 83: normalidad

NicolasPeanl
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El sonido que me despierta no pertenece al sistema.

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El sonido que me despierta no pertenece al sistema.

No es una alarma de emergencia.

No anuncia una grieta.

No informa que una entidad exterior ha encontrado la Tierra.

Es el detector de humo.

Abro los ojos.

Durante una fracción de segundo busco la espada.

Después llega el olor.

Pan quemado.

-¡NO ABRAN LAS VENTANAS! -grita Seolhwa desde la planta baja-. ¡TODAVÍA PUEDO SALVARLO!

Otro sonido responde.

El extintor de incendios.

Me incorporo.

La Espada del bosque descansa junto a la cama, guardada dentro de la Vaina de los nombres que permanecen. Desde su interior, el Lobo emite una sensación parecida al disgusto.

Humo malo.

-No es un incendio.

Huele muerto.

-Es el desayuno.

El Lobo guarda silencio.

Probablemente considera que eso empeora la situación.

Me coloco una camiseta y salgo de la habitación.

En el pasillo encuentro a Minjun corriendo con una tostada completamente negra entre los dedos.

Tiene siete años, el cabello desordenado y una expresión demasiado satisfecha para alguien que sostiene carbón.

-¿Qué hacés?

Se detiene.

Mira la tostada.

Después me mira a mí.

-Estoy eliminando la evidencia.

-La estás comiendo.

-Es la mejor forma de eliminarla.

Le quito la tostada antes de que pueda morderla.

-Eso no es comida.

-Seolhwa dijo que tenía mucha proteína.

-Seolhwa no sabe qué es una proteína.

Desde la cocina llega su voz.

-¡SÍ SÉ!

Minjun se asoma por debajo de mi brazo.

-Te escuchó.

-Toda la casa te escuchó.

Bajamos.

La cocina parece haber sobrevivido a una batalla menor.

Una bandeja de tostadas quemadas ocupa la mesada. Sobre otra hay huevos que todavía conservan parte de la cáscara. La sartén emite humo mientras Seolhwa intenta dominarla con una espátula.

Lleva las nuevas grebas debajo de un pantalón deportivo.

Cada vez que se mueve, el suelo cruje.

Jiwon sostiene el extintor.

-Apague el fuego.

-No hay fuego.

-La sartén está ardiendo.

-Eso es calor de cocción.

-Las llamas llegan hasta la campana.

-Calor intenso de cocción.

Jiwon descarga el extintor.

Una nube blanca cubre la cocina.

Seolhwa queda inmóvil.

La sartén también.

-Estaba mejorando -dice.

-Estaba por incendiar la residencia.

-Eso no está confirmado.

Hejin entra con un pequeño dispositivo entre las manos.

Lo apunta hacia la cocina.

-Temperatura máxima registrada: seiscientos doce grados.

Seolhwa la mira.

-¿Por qué mediste eso?

-Quería saber cuál de las dos tenía razón.

-¿Y?

-Jiwon.

Seolhwa deja la espátula.

-Los números están en mi contra porque no pueden defenderse.

La mesa está ocupada por los nueve chicos.

Park Sora, de ocho años, distribuye platos y controla que cada uno reciba la misma cantidad.

Lee Dabin, también de ocho, observa los huevos con unos anteojos sin cristales.

-Hay cáscara en cuatro porciones.

-Aporta calcio -dice Seolhwa.

Dabin niega.

-El calcio no se consume de esa manera.

-¿Tenés ocho años o cuarenta?

-Ocho.

-No parece.

Kang Junseo, el mayor junto con Jiho, retira silenciosamente los pedazos de cáscara de los platos de los más pequeños.

Tiene nueve años, habla poco y siempre termina resolviendo los problemas que otros crean.

Yoo Nari, de siete, intenta cortar una tostada con el borde de la mano.

-¡Habilidad de rango S!

La tostada se parte.

También el plato.

Jang va a querer descontarlo del sueldo de alguien.

Choi Haru está sentada junto a su oso de peluche. Tiene cinco años y una caja de curitas sobre las piernas. El oso lleva una pegada sobre el hocico.

-El plato está herido -dice.

Le coloca una curita sobre la grieta.

-Ahora está bien.

Dabin observa el plato.

-Sigue roto.

-Pero ya no le duele.

Lim Taeyang come en silencio.

Tiene seis años y una forma inquietante de acertar cualquier cosa que arroja. Ahora lanza pequeños trozos de cereal dentro de su taza sin fallar ninguno.

Park Jiho permanece al final de la mesa.

Tiene nueve años, el cabello perfectamente peinado y una servilleta colocada sobre las piernas.

Observa el desayuno destruido con expresión solemne.

-Como representante de los niños, solicito que Seolhwa sea retirada de la cocina.

-¡Traidor! -grita Seolhwa.

-No es personal.

Jiho toma un sorbo de agua.

-Es una decisión administrativa.

Kwon aparece detrás de él.

-Me agrada este chico.

Jiho se vuelve.

-No podés sentarte ahí.

-Ese es mi lugar.

-No tiene tu nombre.

Kwon invoca la daga plateada.

La apoya junto al respaldo.

[Kwon Taesung.]

Jiho observa la inscripción.

Después señala la hoja.

-Tu nombre está en la daga.

Señala la silla.

-No en la silla.

Kwon guarda el arma.

-La juventud perdió el respeto.

Minjun levanta la mano.

-Yo te respeto.

-Gracias.

-Porque escondés mejor las galletitas que los demás.

-Retiro mi agradecimiento.

Me siento junto a Eunji.

Tiene una taza de leche entre las manos y contempla la cocina cubierta por polvo blanco.

-¿Siempre es así cuando no están en la Torre? -pregunta.

-No.

Mira a Seolhwa discutiendo con Jiwon.

A Kwon intentando desalojar a Jiho.

A Haru colocando una curita sobre la sartén.

-¿Es peor?

Pienso en ello.

-A veces.

Eunji sonríe.

Han pasado dieciocho días desde el funeral.

La Torre no volvió a abrirse.

No hay un contador.

No hay una fecha para el sexto piso.

La única ventana vinculada con ella permanece cerrada.

[Recalibración de progresión en curso.]

[La siguiente apertura será anunciada.]

El sistema no explica qué está recalibrando.

Hejin revisa el mensaje todos los días.

La respuesta nunca cambia.

Al principio, la ausencia de una misión parece una bendición.

Después se convierte en otra forma de espera.

Ninguno sabe qué hacer con un día que no está dividido entre prepararse para entrar y sobrevivir para salir.

Intentamos construir una rutina.

El resultado todavía no puede llamarse normalidad.

Pero se aproxima.

Después del desayuno, Mujin y yo entrenamos en el patio.

Todavía lleva una protección sobre el brazo izquierdo. Jiwon le permite moverlo, pero no recibir impactos directos.

Naturalmente, Mujin interpreta esa indicación de la manera menos útil posible.

-Puedo usar el otro brazo -dice.

-La advertencia se refiere a tu cuerpo entero.

-Solo especificó el brazo.

-Porque creyó que tenías sentido común.

Mujin levanta el Escudo de los sesenta y cuatro nombres.

Las veinticinco líneas brillantes recorren su superficie.

Las treinta y nueve restantes continúan oscuras.

No existe ninguna habilidad capaz de encenderlas.

Mujin no intenta ocultarlas.

Cada mañana limpia el escudo.

Cada mañana pasa el paño sobre todas las líneas.

No solo sobre las que sobrevivieron.

-No voy a utilizar la barrera completa -dice.

-Jiwon dijo que no usaras habilidades defensivas.

-Dijo que no recibiera impactos.

-Una barrera recibe impactos a través de vos.

-Técnicamente, los recibe antes.

Levanto la espada.

-Esa clase de razonamiento te convertiría en amigo de Kwon.

Mujin adopta una postura defensiva.

-Retiro mi propuesta.

No llegamos a comenzar.

Una pelota cruza el patio y golpea el escudo.

Mujin la bloquea por reflejo.

El sonido metálico hace que todos los niños se detengan.

Nari levanta ambas manos.

-¡Ataque sorpresa!

-Estábamos entrenando -dice Mujin.

-Nosotros también.

Junseo aparece detrás con una tapa de plástico sobre el brazo.

Imita la postura de Mujin.

Mantiene los pies separados y el cuerpo detrás del escudo.

Mujin lo observa.

-El pie derecho está demasiado atrás.

Junseo corrige la posición.

-¿Así?

-Un poco más adelante.

El chico vuelve a moverlo.

Mujin se aproxima y ajusta el ángulo del escudo.

-No intentes detener toda la fuerza con los brazos. Recibila con las piernas.

Junseo asiente.

Nari recoge la pelota.

-¿Ahora puedo atacarlo?

-No -responde Mujin.

-Pero necesita practicar.

-No con vos.

-Soy la más fuerte.

-Sos la que menos escucha.

-Eso también sirve en una pelea.

Mujin se queda callado.

Probablemente recuerda a Seolhwa.

-Una vez -acepta.

Nari retrocede.

Abraza la pelota contra el pecho.

-¡Carga de rescate!

Corre hacia Junseo.

Él levanta el escudo.

La pelota golpea la tapa.

Junseo retrocede dos pasos, pero permanece de pie.

Nari cae sentada.

Mujin se arrodilla junto a ella.

-¿Te lastimaste?

-No.

Mira a Junseo.

-Otra vez.

-Una era la condición.

-Pero él ganó.

-No es una competencia.

Nari frunce el ceño.

-Entonces ¿para qué entrenamos?

Mujin tarda en responder.

-Para que ninguno de los dos caiga cuando importe.

La niña observa a Junseo.

Después le entrega la pelota.

-Ahora atacá vos.

Mujin parece satisfecho.

No sonríe.

Pero su mano deja de recorrer las líneas oscuras del escudo.

Doyun instaló un pequeño campo de tiro junto al bosque artificial de la residencia.

No se lo pidió a nadie.

Una mañana aparecieron objetivos.

Al día siguiente, líneas de distancia.

Después una protección detrás de cada blanco.

Taeyang pasa más tiempo allí que en la sala de juegos.

Cuando me acerco, el chico sostiene un arco pequeño construido por Doyun.

No es un juguete.

Tampoco un arma real.

La tensión es suficiente para enseñarle postura sin lastimarlo.

-Codo -dice Doyun.

Taeyang lo levanta.

-Demasiado.

Lo baja.

-Ahí.

El chico suelta.

La flecha acolchada golpea cerca del centro.

Taeyang no celebra.

Carga otra.

-Respirá antes -dice Doyun.

El segundo disparo toca el primero.

Doyun le entrega una tercera flecha.

-Ahora cerrá los ojos.

Taeyang lo mira.

-No voy a poder ver.

-Por eso.

El chico obedece.

-Escuchá el viento.

No hay viento.

Las barreras mantienen estable el aire del campo.

Taeyang permanece quieto.

Suelta.

La flecha se desvía.

Golpea el borde exterior.

Abre los ojos.

La decepción aparece inmediatamente.

-Fallé.

Doyun se acerca al objetivo.

Toca la flecha.

-No.

-No le di al centro.

-El ejercicio no era acertar.

-¿Entonces?

-Era disparar sin depender únicamente de los ojos.

Taeyang piensa.

-Pero fallé.

Doyun extrae la flecha.

-Sí.

Se la devuelve.

-Y ahora sabés cómo se siente antes de que importe.

El chico la recibe.

-Otra vez.

Doyun asiente.

No noto que me observa hasta que Taeyang vuelve a cerrar los ojos.

-¿Necesitás algo? -pregunta.

-No.

-Entonces estás vigilando.

-Observando.

-Jiwon utiliza la misma palabra.

Me quedo a su lado.

Taeyang dispara nuevamente.

Esta vez la flecha queda más cerca del centro.

-Recordás cada flecha del piso -digo.

Doyun no pregunta cómo lo sé.

-Sí.

-No todas podían acertar.

-Lo sé.

-No parece.

Doyun sostiene una de sus flechas reales.

Pasa el pulgar sobre el asta.

-Cuando Agnóvar se desplazaba, podía verlo.

-Durante una fracción de segundo.

-Era suficiente.

-No para todos.

-Debería haberlo sido.

Mira el campo.

-Evan murió porque no vi el punto de intercambio antes.

-Samuel lo descubrió después.

-Yo tenía Ojo y Corrección.

-Agnóvar tenía una autoridad que ninguno conocía.

Doyun aprieta la flecha.

-Las explicaciones no cambian dónde terminó la daga.

-No.

-Entonces no sirven.

Taeyang dispara.

Falla otra vez.

No baja el arco.

Prepara una nueva flecha.

-Sirven para el siguiente disparo -digo.

Doyun mira al chico.

Taeyang respira.

Cierra los ojos.

La flecha sale.

Golpea el centro.

No exactamente.

Queda a pocos centímetros.

Pero el chico sonríe como si hubiera atravesado a un dios.

Doyun deja de apretar el asta.

-El siguiente -murmura.

Hejin convirtió una de las oficinas de la residencia en una sala de investigación.

El gobierno le asignó tres asistentes.

Los expulsó en menos de dos días.

Uno respiraba demasiado fuerte.

Otro ordenó sus documentos por fecha en lugar de por origen mágico.

El tercero sugirió que descansara.

La última falta fue imperdonable.

Cuando entro, siete pizarras cubren las paredes.

Cada una corresponde a una fuente diferente.

HABILIDADES.

REGLAS DE PISO.

AUTORIDAD ADMINISTRATIVA.

INTERFERENCIA EXTERIOR.

OBJETOS ANTERIORES A LA INDEXACIÓN.

ERRORES.

La última pizarra no tiene título.

Solo contiene una frase.

¿QUIÉN AUDITA AL ADMINISTRADOR?

Hejin está sentada frente al escritorio.

Los siete anillos de su nuevo báculo flotan alrededor de diferentes documentos.

Lee siete páginas al mismo tiempo.

-Eunbyeol dijo que tenías que detenerte a las ocho -digo.

-Son las siete y cincuenta y tres.

-No pensabas detenerte.

-Eso es una inferencia.

Miro la taza de café.

Está vacía.

Hay otras cinco junto a ella.

-Es una observación.

Hejin mueve una página.

-Todavía no comprendo la diferencia entre una orden administrativa y una regla que se ejecuta de manera automática.

-El sistema no quiere que la comprendas.

-Eso no es una razón para detenerme.

-Es una razón para dormir.

-Dormir no produce información.

-La falta de sueño produce errores.

-Mis estadísticas compensan una parte.

-Una parte.

Hejin deja la página.

-¿Viniste para obligarme a descansar?

-No.

Coloco una bolsa sobre la mesa.

-Sora pidió ayuda con una tarea de matemáticas.

Hejin mira la bolsa como si contuviera un artefacto peligroso.

-¿Qué tema?

-Fracciones.

La tensión abandona sus hombros.

-Eso es sencillo.

-Tiene que explicárselo una persona.

-Puedo explicarlo.

-Sin ventanas.

Hejin frunce el ceño.

-Las ventanas facilitan la estructura.

-Sin diagramas mágicos.

-Eso es una restricción innecesaria.

-Y con ejemplos de comida.

-¿Por qué comida?

-Porque Sora eligió el ejercicio.

Abro la bolsa.

Hay una torta pequeña.

Hejin contempla el objeto.

Después mira las siete pizarras.

Finalmente desactiva el báculo.

-Solo hasta que comprenda las fracciones.

-Por supuesto.

-Después regreso.

-Por supuesto.

-No me estás creyendo.

-No.

Hejin toma la torta.

A las ocho y cuarenta todavía continúa explicando por qué tres octavos no son iguales a un tercio.

No ha vuelto a mirar las pizarras.

Jiwon intenta convertir la normalidad en una serie de revisiones médicas.

Hay controles al despertar.

Después del desayuno.

Antes del entrenamiento.

Después del entrenamiento.

Antes de cenar.

Después de cenar.

Kwon recibe el doble.

Kwon odia cada uno.

Por eso empieza a esconderse.

No funciona.

Jiwon posee la Diadema del pulso despierto, experiencia encontrando heridos y una paciencia que solo termina cuando alguien pone su salud en riesgo.

Encuentra a Kwon dentro del armario de suministros.

-Salga.

-No estoy acá.

-Veo sus pies.

-Son de otra persona.

-Kwon.

-¿Quién?

La puerta se abre.

Jiwon lo sujeta de una oreja.

-¡Eso afecta mi dignidad!

-Su dignidad no figura en el diagnóstico.

-Debería.

Lo arrastra hasta la enfermería.

Kwon me ve en el pasillo.

-Capitán.

-No.

-Todavía no pedí ayuda.

-La ibas a pedir.

-Eso es prejuicio.

-Es experiencia.

Jiwon lo sienta sobre una camilla.

Coloca los Guantes del paciente inexistente sobre su pecho.

Las líneas blancas se iluminan.

[Paciente reconocido: Kwon Taesung.]

[Cuerpo: estable.]

[Nombre: estable.]

[Voluntad integrada: estable.]

-Estable -lee Kwon-. Otra vez.

Jiwon mantiene la mano.

-El pulso disminuyó mientras dormía.

-Eso suele pasar.

-Más de lo esperado.

-Estaba cansado.

-Tuvo una pesadilla.

Kwon deja de sonreír.

Jiwon tampoco habla.

Me quedo junto a la puerta.

Kwon mira la ventana.

-No fue una pesadilla.

-Entonces ¿qué fue?

-No había nada.

-¿Nada cómo?

-Sin ciudad.

-Sin cimientos.

-Sin Agnóvar.

Sus dedos se cierran sobre la camilla.

-Nadie me perseguía. Nadie intentaba matarme.

-Simplemente no había nada que pudiera recordarme.

Jiwon retira lentamente la mano.

Kwon mira hacia la pared.

-Cuando desperté, escuché a Minjun corriendo por el pasillo.

-Entonces supiste dónde estabas.

-Supe que alguien estaba haciendo demasiado ruido.

Una sonrisa breve aparece.

No dura.

-Después escuché que lo llamaban por su nombre.

Jiwon se sienta frente a él.

Ya no lo trata.

Solo permanece allí.

-¿Por eso escondiste notas? -pregunto.

Kwon gira hacia mí.

Su expresión cambia demasiado rápido.

-No sé de qué hablás.

Saco un papel del bolsillo.

Lo encontré debajo de una mesa esa mañana.

KWON TAESUNG ESTUVO AQUÍ.

Jiwon lo lee.

Kwon intenta quitármelo.

Lo aparto.

-¿Cuántas hay?

-Ninguna.

-Encontré seis -dice Jiwon.

Kwon la mira.

-¿Revisaste mi habitación?

-Estaban en la enfermería.

-Eso no responde.

-¿Cuántas? -repito.

Kwon deja caer los hombros.

-No sé.

-¿Más de diez?

Silencio.

-¿Más de cincuenta?

-Depende de qué considere una nota.

Jiwon cierra los ojos.

-Kwon.

-Solo quería comprobar algo.

-¿Qué?

-Que si mañana nadie me recordaba, al menos encontrarían pruebas de que no estaban locos.

Jiwon abre los ojos.

No lo reprende.

Kwon observa la inscripción azul de su nombre.

-El sistema dice que estoy estable.

-Sí.

-Las dagas dicen que soy yo.

-Sí.

-El libro de Eunbyeol me reconoce.

-Sí.

-Pero antes también me reconocía.

La ventana se apaga.

-Hasta que dejó de hacerlo.

El silencio se extiende.

Desde el pasillo llega una discusión.

-¡ESO ERA MÍO!

Minjun.

-¡LO DEJASTE EN EL SUELO!

Nari.

-¡ESTABA GUARDADO ESTRATÉGICAMENTE!

-¡ESTABA TIRADO!

Kwon escucha.

El Lobo despierta dentro de la espada.

Sombra ruidosa.

Kwon mira hacia mí.

-¿Lo dijo?

-Sí.

-¿Todavía me llama igual?

-Sí.

El aire sale lentamente de sus pulmones.

Jiwon toma la nota.

La coloca sobre la mesa.

-No voy a quitarlas.

Kwon la observa.

-¿No?

-Pero va a decirme dónde están.

-¿Para qué?

-Para asegurarme de que nadie las tire por accidente.

Kwon asiente.

No agradece.

Jiwon no necesita que lo haga.

-Y solo una revisión diaria -añade.

-Dos.

Ella frunce el ceño.

-¿Está negociando para recibir más controles?

-Si pasamos de seis a uno, va a estar nerviosa y me seguirá por toda la casa.

Jiwon guarda silencio.

Kwon sonríe.

-La conozco.

-Dos -acepta-. Por una semana.

-Tres, y deja de revisar debajo de mi cama.

-¿Qué hay debajo de su cama?

Kwon pierde la sonrisa.

Jiwon se pone de pie.

-Voy a comprobarlo.

-¡Eso no formaba parte del trato!

Sale de la enfermería.

Kwon corre detrás.

-¡Jiwon!

-Su pulso acaba de aumentar. Otra razón para revisarlo.

Los observo alejarse.

La nota permanece sobre la mesa.

No la retiro.

Eunbyeol evita el salón de estrategia durante el día.

Entra por la noche.

Cree que nadie lo sabe.

La encuentro allí poco después de las dos de la madrugada.

No enciendo la luz.

Las ventanas del libro iluminan la habitación.

Sesenta y cuatro nombres ocupan las páginas abiertas.

Veinticinco conservan una marca azul.

Treinta y nueve tienen una línea negra.

Eunbyeol escribe junto a cada uno.

No sus habilidades.

Sus últimos movimientos.

Marcus sostuvo la barrera.

Aisha rechazó retirarse.

Liang mantuvo la fijación.

Elise protegió el enlace.

James compró tiempo.

Las páginas siguientes contienen escenarios alternativos.

Rutas diferentes.

Formaciones distintas.

Órdenes que pudo haber dado.

-Son ciento setenta y tres -dice sin levantar la cabeza.

-¿Qué cosa?

-Los planes donde sobreviven más personas.

Me acerco.

-¿Cuántas sobreviven?

-En el mejor, cincuenta y ocho.

-¿Qué cambia?

-No entramos por siete corrientes.

-¿Cómo las fijamos?

-No lo hacemos.

-Entonces Agnóvar conserva su regeneración.

-Cheonro utiliza Nada antes.

-Kwon estaba dentro del avatar.

-Lo sé.

Eunbyeol aprieta la pluma.

-En otro, enviamos una sola escuadra a cada corriente y mantenemos el resto en reserva.

-La primera habría sido destruida antes de alcanzar el objetivo.

-Tal vez.

-No tenías esa información.

-Debería haberla obtenido.

-¿Cómo?

No responde.

-Agnóvar ofreció sesenta segundos sin autoridad conceptual -continúo-. Hasta entonces no conocíamos todas sus capacidades.

-Aceptamos su juego.

-No teníamos otra forma de medirlo.

-Siempre hay otra forma.

-No.

Eunbyeol levanta la cabeza.

-Vos siempre encontrás otra.

La frase no suena a admiración.

-No siempre.

-Regresaste.

Miro los nombres.

-Ellos no.

-Por eso.

Eunbyeol cierra el libro de golpe.

-Yo los vinculé.

-Yo di la orden de despliegue.

-Yo distribuí las escuadras.

-Jang aprobó la lista.

-Los gobiernos eligieron participantes.

-Cada cazador aceptó entrar.

Sus ojos se endurecen.

-Eso fue lo que dijo Jang.

-Porque era verdad.

-Que sea compartida no reduce mi responsabilidad.

-No.

-Entonces dejá de intentar quitármela.

Guardo silencio.

Eunbyeol vuelve a abrir el libro.

-No quiero que me digas que no fue mi culpa.

-No iba a decirlo.

La pluma se detiene.

-¿Entonces qué?

Me siento frente a ella.

-Que estás utilizando sus muertes para castigarte, no para aprender.

-Estoy revisando la estrategia.

-Revisaste ciento setenta y tres.

-Todavía hay más.

-Siempre habrá más.

Eunbyeol me observa.

-Un plan donde todos sobrevivan.

-No existía.

-No podés saberlo.

-Tampoco vos.

-Entonces tengo que seguir buscando.

-¿Hasta cuándo?

No responde.

-¿Hasta encontrar una respuesta imposible?

-Hasta no volver a cometer el mismo error.

-No vas a repetir el mismo.

Miro las páginas.

-Vas a cometer otros.

La pluma cae.

-Eso no ayuda.

-Es la verdad.

-No necesito la verdad ahora.

Su voz se quiebra.

No mucho.

Suficiente.

-Necesito saber que la próxima vez puedo hacer algo distinto.

La miro.

Durante cuatro mil quinientos años aprendí a soportar la soledad.

No aprendí qué decirle a mi hija cuando carga con muertos que no deberían pertenecerle.

No puedo llamarla hija.

No puedo contarle todo.

Solo puedo quedarme.

-La próxima vez vas a tener más información -digo-. Más habilidades. Un equipo que entiende mejor cómo obedecer y cómo contradecirte.

Eunbyeol baja la mirada.

-Treinta y nueve personas no van a tener una próxima vez.

-No.

-¿Cómo se continúa después de eso?

-No se continúa dejando atrás.

-Se continúa llevándolo.

-Eso suena pesado.

-Lo es.

Sus dedos tocan la tapa del libro.

-¿Y si no puedo?

-Entonces te ayudamos.

-Era mi responsabilidad ayudarlos a ellos.

-También es la nuestra ayudarte a vos.

El silencio dura varios segundos.

Eunbyeol vuelve a abrir el libro.

Pero no busca los escenarios alternativos.

Va a la primera página.

Nuestros ocho nombres.

Toca el de Kwon.

Permanece.

-Él regresó -dice.

-Sí.

-No gracias a mi plan.

-Gracias a que te negaste a elegir cuál mitad era real.

-Eso empeoró la misión.

-También lo salvó.

Eunbyeol contempla su nombre.

-A veces no sé si estoy tomando decisiones correctas o solo decisiones que quiero poder soportar.

-Nadie lo sabe en el momento.

-Vos parecés saberlo.

-Parecer no es saber.

La observo cerrar las páginas de los muertos.

No las elimina.

Solo deja de reescribirlas.

-Son las dos y media -digo.

-No tengo sueño.

-No pregunté.

-¿Eso funciona con los niños?

-A veces.

-No soy una niña.

La frase duele de una manera absurda.

-Lo sé.

Eunbyeol toma el libro.

Antes de salir, mira las luces apagadas de la sala.

-Mañana quiero revisar las combinaciones de las nuevas habilidades.

-Después del desayuno.

-Antes.

-Después.

-A las siete.

-Ocho.

-Siete y media.

-De acuerdo.

Eunbyeol abre la puerta.

-Ahora entiendo por qué Jang se queja de negociar con vos.

-Está aprendiendo.

Por primera vez desde que entré, sonríe.

Es una sonrisa pequeña.

Pero existe.

La normalidad también implica salir de la residencia.

Jang consigue permisos para que los chicos regresen gradualmente a la escuela.

No todos pueden hacerlo al mismo tiempo.

Algunos todavía aparecen en informes vinculados con los Adoradores del Fin. Otros requieren protección por familiares desaparecidos o por habilidades aún no despertadas.

La primera en volver es Sora.

Insiste en que no necesita acompañantes.

Jang asigna doce.

Sora reduce la cifra a seis durante una discusión de veinte minutos.

No sé cómo.

Eunji todavía recibe clases dentro de la residencia.

Una tarde me entrega una hoja.

-Necesito que firmes.

La tomo.

Es una autorización para una actividad escolar.

Día de la familia.

-¿Qué es?

-Los adultos van a la escuela.

-¿Para qué?

-Para estar.

-Eso no parece una actividad.

-La maestra dijo que sí.

Leo el horario.

Coincide con una sesión de entrenamiento.

También con una reunión de seguridad nacional.

-¿Quién va a ir? -pregunto.

Eunji me mira.

No responde.

No es necesario.

-Yo voy.

-¿Seguro?

-Sí.

-Jang dijo que estás ocupado.

-Jang puede cambiar la reunión.

-¿Y si no quiere?

-Va a querer.

Eunji toma la hoja.

-Tenés que firmar.

Busco una lapicera.

-Acá.

-No.

Señala otro espacio.

Relación con la estudiante.

-¿Qué escribo?

Eunji parece confundida por la pregunta.

-Papá.

La palabra entra sin advertencia.

El sistema no se detiene.

El tiempo tampoco.

No aparece ninguna ventana.

Solo una niña sosteniendo una hoja.

Escribo.

Padre.

Eunji revisa la firma.

-Tu letra es fea.

-Viví muchos años sin escribir en coreano.

-¿Cuántos?

Demasiados.

-Algunos.

-Podés practicar antes de ir.

-Voy a intentarlo.

Guarda el papel dentro de su carpeta.

Después sale corriendo.

Me quedo observando el espacio donde estuvo.

El Lobo camina dentro del bosque.

Cachorra feliz.

-Sí.

Vos miedo.

No respondo.

Miedo bueno.

-No existe eso.

Sí. Hace quedarse.

La Espada del bosque queda en silencio.

Miro mi firma.

Kim Cheonro.

Debajo:

Padre.

Por primera vez, ninguno de los dos nombres parece prestado.

Jang llega esa noche con una carpeta.

No trae anuncios de la Torre.

No trae informes de grietas.

No trae una amenaza internacional.

Solo documentos.

Eso resulta más inquietante.

-Necesito firmas -dice.

Kwon se levanta del sillón.

-No.

-Ni siquiera sabe qué son.

-Los documentos nunca mejoraron mi vida.

-Uno es para asignarle legalmente una habitación permanente.

Kwon vuelve a sentarse.

-¿Dónde firmo?

Jang deja la carpeta sobre la mesa.

-El gobierno quiere regularizar la residencia.

-Ya vivimos acá -dice Seolhwa.

-Legalmente, algunos son huéspedes temporales, otros personal asignado y los niños están bajo distintas figuras de protección.

-¿Y yo? -pregunta Kwon.

Jang revisa una página.

-Riesgo de seguridad alojado por necesidad operativa.

Kwon lo mira.

-Eso es ofensivo.

-Es exacto.

Mujin toma uno de los documentos.

-¿Qué cambia?

-Habitaciones permanentes. Tutela. Educación. Acceso médico independiente de la asociación. Protección para los chicos si alguno de ustedes no regresa.

El salón pierde parte del ruido.

Jang continúa:

-También establece que la residencia no pertenece al gobierno.

Hejin levanta la vista.

-¿A quién pertenece?

-A una fundación creada con una parte del oro convertido por los países participantes y las indemnizaciones administrativas.

-¿Quién dirige la fundación? -pregunta Eunbyeol.

-Un consejo.

-¿Qué integrantes?

Jang distribuye ocho hojas.

Nuestros nombres aparecen en ellas.

Y uno más.

El suyo.

-No confío en los consejos -dice Kwon.

-Por eso hay nueve votos.

-Podrían empatarnos.

-Nueve no es par.

Kwon piensa.

-Eso explica por qué nunca fui analista.

Jang toma otra carpeta.

-También se aprobó el registro internacional de participantes.

La medida anunciada durante el funeral.

Antes de cada piso, los países deberán declarar públicamente a quienes ingresen. Si alguien muere, el nombre no podrá ser ocultado.

-Hubo oposición -dice Jang.

-¿De quién? -pregunta Seolhwa.

-Todos.

-Entonces ¿cómo se aprobó?

Jang se quita los anteojos.

-Utilicé la transmisión del funeral.

-Eso suena a manipulación -dice Hejin.

-Lo fue.

-¿Te arrepentís? -pregunto.

Jang mira a los chicos.

Minjun intenta robar una galletita de la cocina.

Haru lo observa sin decir nada.

Probablemente espera que se lastime para poder curarlo.

-No -responde.

Se coloca los anteojos nuevamente.

-Pero no me enorgullece.

-Eso parece sano -dice Jiwon.

-Gracias.

-No era un diagnóstico.

Jang suspira.

-¿Podemos firmar antes de que alguien destruya otra parte de la casa?

Un golpe sacude el piso superior.

Después la voz de Nari:

-¡NO FUI YO!

Todos miramos hacia el techo.

-Fue ella -dice Dabin desde arriba.

Jang coloca la lapicera frente a Seolhwa.

-Firme primero.

La cena es preparada por Mujin y Jiwon.

Seolhwa tiene prohibido acercarse a la cocina durante cuarenta y ocho horas.

Apela la decisión.

El consejo de la casa vota.

Pierde once contra uno.

-Somos diecisiete -dice.

-Los más pequeños no votaron -explica Sora.

-¿Por qué?

-Haru dibujó un oso en la papeleta.

-Eso puede significar que me apoya.

Haru levanta su dibujo.

-El oso tampoco quiere que cocines.

Seolhwa cruza los brazos.

-Esta casa se volvió corrupta.

Nos sentamos a la mesa.

No todos entramos cómodamente.

Jang prometió conseguir una mesa más grande.

Kwon sugirió robar una.

Su propuesta fue rechazada antes de la votación.

Durante la comida, los chicos cuentan su día.

Sora explica la escuela.

Dabin describe un experimento que quiere hacer con el báculo de Hejin.

Hejin le dice que no.

Dabin pregunta qué parte.

Hejin responde que todas.

Junseo muestra una marca nueva sobre el escudo de plástico.

Mujin le promete reforzarlo.

Nari afirma que ahora puede resistir una carga de rango A.

No sabe qué significa rango A.

Tampoco le importa.

Haru coloca una curita sobre el dedo de Jang porque tiene una pequeña herida producida por papel.

Taeyang dibuja un objetivo en su servilleta.

Jiho explica que está escribiendo un discurso para su próxima interpretación de Agnóvar.

Kwon le recomienda comenzar por una amenaza y terminar pidiendo algo.

Eunbyeol le prohíbe asesorar al antagonista.

Minjun no habla.

Tiene la boca llena de algo que no estaba en su plato.

Jiwon lo mira.

-Abrí la boca.

Minjun niega.

-Minjun.

Mastica más rápido.

Seolhwa intenta ayudarlo.

-¡Tragá!

Jiwon gira hacia ella.

-¡No le diga que trague!

Minjun consigue hacerlo.

Abre la boca.

Vacía.

-No había nada.

Kwon levanta el pulgar por debajo de la mesa.

Jiwon lo ve.

-Usted también tendrá revisión después de cenar.

Kwon baja la mano.

La mesa se llena de voces.

Hace dieciocho días, treinta y nueve nombres regresaron sobre camillas.

Hace miles de años para mí, la idea de sentarme de esta manera dejó de tener sentido.

Comer.

Discutir por platos.

Firmar permisos escolares.

Escuchar a un niño mentir sobre una galletita.

La Torre enseña a medir el tiempo mediante pisos.

El sistema lo mide con enfriamientos.

Agnóvar lo medía mediante oportunidades.

Los niños lo miden según cuánto falta para la merienda.

Tal vez la normalidad no sea regresar a lo que existía antes.

Tal vez sea construir algo que todavía pueda existir después.

Eunbyeol se sienta a mi izquierda.

Eunji, a mi derecha.

No existe ninguna razón para que esa distribución importe.

Importa.

Kwon cuenta una historia exagerada sobre cómo escapó de cien guardias.

-Eran nueve -lo corrige Hejin.

-Los otros noventa y uno estaban ocultos.

-No había circuitos adicionales.

-Eran muy buenos ocultándose.

Mujin deja escapar una risa.

Jiwon niega con la cabeza.

Doyun sonríe sin levantar la vista.

Seolhwa golpea la mesa mientras exige que Kwon cuente la parte donde ella derrotó a treinta enemigos.

-Fueron cuatro -dice Hejin.

-Los otros veintiséis estaban detrás.

-No.

-Entonces agregalos ahora.

Eunji apoya la cabeza contra mi brazo.

-Hoy fue un día normal -dice.

Observo la mesa.

Una sanadora discute con un asesino que fue dividido en dos identidades.

Una berserker tiene prohibido cocinar.

Una analista mágica enseña fracciones con torta.

Un guardián repara escudos de plástico.

Un arquero entrena a un niño para disparar sin ver.

Mi hija biológica organiza estrategias para no volver a perder a nadie sin saber quién soy.

Mi hija adoptiva acaba de pedirme que asista a su escuela como padre.

Afuera, el mundo todavía discute cómo sobrevivir a la Torre.

En algún lugar más allá de los límites del sistema, Agnóvar espera.

-No sé si esto cuenta como normal -respondo.

Eunji piensa.

-Nadie intentó destruir el mundo.

-Es un buen comienzo.

-Y Seolhwa casi destruyó la cocina.

-Eso sí es normal.

Seolhwa nos escucha.

-¡PUEDO VOLVER A INTENTARLO MAÑANA!

-No -responde toda la mesa.

Eunji ríe.

Apoya nuevamente la cabeza.

La casa se llena de ruido.

No el ruido de una batalla.

No el de una ciudad derrumbándose.

El ruido de personas que todavía ocupan un lugar.

Esa noche no aparece ninguna ventana.

No se abre ninguna grieta.

Nadie olvida un nombre.

Cuando el silencio finalmente llega, no anuncia peligro.

Solo significa que los chicos se durmieron.

Y que mañana, por primera vez en mucho tiempo, tenemos otro día común que aprender a vivir.

Thoughts

  • pnavarro64

    Acho, dieciocho días sin contador y una recalibración que nadie explica. Me huele a que la Torre también está repasando sus bajas, igual que Eunbyeol con su libro, y el sexto piso va a venir cambiado.

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  • subrayoTodo

    Mae, Hejin olvidándose de las siete pizarras por una torta y tres octavos. ¿Sora eligió ese ejercicio a propósito para sacarla de ahí?

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  • relatoBreve

    La curita en el plato 😭

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  • Ovid

    Diecisiete en una mesa que no alcanza, Seolhwa perdiendo once contra uno la votacion de la cocina y Haru con curitas para todo. Despues de tantos pisos y tantos nombres tachados, un capitulo entero de casa me hizo pensar en lo raro que se vuelve un dia sin mision. Apuesto a que Agnovar vuelve justo cuando llegue la mesa grande que prometio Jang.

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