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Capítulo 87: Piso 6 (1)

NicolasPeanl

Contenido de la publicación

[3 horas, 48 minutos, 59 segundos.]

Al ver el contador, todos ya nos preparamos para salir e ir a la grieta.

No es la primera vez.

Por eso nadie necesita recibir una orden.

Mujin revisa las correas de su armadura frente a la entrada. El Escudo de los sesenta y cuatro nombres permanece apoyado contra la pared, demasiado grande para la casa y demasiado importante para dejarlo en el inventario hasta el último momento.

Las veinticinco líneas iluminadas recorren su superficie.

Las otras treinta y nueve continúan oscuras.

Mujin pasa una mano sobre todas.

No hace diferencias.

Doyun cuenta sus flechas en el patio. Las normales están separadas de las que preparó para Flecha de la séptima estaca. Revisa cada punta, cada pluma y cada unión del carcaj, aunque ya lo hizo durante la noche.

Hejin permanece rodeada por siete ventanas.

Analiza la grieta.

Analiza nuestros equipos.

Analiza el contador.

También intenta analizar una advertencia del sistema que lleva tres días sin cambiar.

[Las condiciones completas de ingreso serán reveladas al abrirse el acceso.]

—Sigue sin entregar la cantidad de participantes —dice.

—Ya lo sabemos —responde Seolhwa.

Está sentada sobre una mesa mientras ajusta las nuevas grebas.

Cada vez que tira de una correa, el metal produce un sonido corto.

—Podría haber cambiado.

—No cambió.

—Entonces dejá de mirarlo.

Hejin cierra una de las ventanas.

Abre otra idéntica.

—Ahora estoy verificando que no haya cambiado.

Seolhwa la observa.

Decide no continuar.

Jiwon recorre la casa con un bolso médico que ya no debería necesitar.

Todo lo que utiliza durante los pisos está dentro de su inventario. Aun así, carga vendas, medicamentos y herramientas comunes.

—No sirven dentro de todos los escenarios —dice Kwon mientras la ve guardar otra caja.

—A veces sí.

—Y cuando no sirven, ocupan espacio.

—Mi inventario tiene capacidad suficiente.

—Eso no significa que deba llenarlo.

Jiwon levanta la vista.

—Todavía no terminó su revisión.

Kwon deja de apoyarse contra la pared.

—Voy a buscar a Cheonro.

—Está delante de usted.

Kwon me mira.

—Necesita ayuda con algo.

—No.

—Entonces voy a vigilarlo.

—Sentado —ordena Jiwon.

Kwon se sienta.

Murmura algo sobre abuso de autoridad.

Jiwon activa los guantes.

[Paciente reconocido: Kwon Taesung.][Cuerpo: estable.][Nombre: estable.][Voluntad integrada: estable.]

Kwon observa el panel.

—La misma respuesta de ayer.

—Eso es bueno.

—Podría escribirla en un papel y ahorrarnos tiempo.

—Ya escribió suficientes papeles.

La expresión de Kwon se detiene.

Las notas que escondió por la casa continúan allí.

Debajo de algunas mesas.

Dentro de cajones.

Detrás de cuadros.

Kwon Taesung estuvo aquí.

Jiwon prometió no quitarlas.

Nadie más las toca.

—Estable —repite ella—. Pero su pulso está alto.

—La Torre se abre en menos de cuatro horas.

—Eso no suele ponerlo nervioso.

—Quizá estoy madurando.

—No.

Kwon suspira.

—Esta familia no cree en mi crecimiento personal.

—Porque vive robando las galletitas de una niña de seis años —dice Eunbyeol.

Está sentada en el centro del salón con el Libro de Babel: Octavo archivo abierto frente a ella.

No revisa estrategias.

No todavía.

Primero confirma los nombres.

Uno por uno.

Kim Cheonro.

Kwon Taesung.

Kang Mujin.

Han Jiwon.

Seo Doyun.

Lee Hejin.

Kim Eunbyeol.

Seolhwa.

Los ocho permanecen registrados.

Debajo aparecen los miembros auxiliares de la Red Casa.

Jang Seongho.

Naomi Brooks.

Maya Torres.

Zhao Meilin.

Kaede Ishikawa.

Amara Okafor.

Layla Haddad.

Noor Al-Khatib.

Otros nombres se distribuyen por Corea, Estados Unidos, China, Japón, Europa y Medio Oriente.

No todos están físicamente en la residencia.

No necesitan estarlo.

La red no es un ejército único.

Cada equipo conserva sus propias órdenes y su propia autoridad.

Solo comparte alertas, rutas de evacuación, objetivos prioritarios e información sobre amenazas relacionadas con entidades exteriores.

La primera prueba real comienza cuando crucemos la grieta.

Si el culto se mueve mientras estamos dentro, la Red Casa tendrá que funcionar sin nosotros.

—¿Todos respondieron? —pregunto.

Eunbyeol pasa una página.

—Todos los equipos principales.

—¿La escuela?

—Protección duplicada. Docentes revisados. Personal nuevo suspendido hasta que termine el piso.

—¿Los chicos?

Jiwon contesta:

—Permanecerán en la residencia.

Seolhwa levanta la cabeza.

—Todavía no sabemos si vamos a entrar todos.

—Por eso preparé dos distribuciones —responde Mujin.

Toma una carpeta.

No tiene ventanas.

Después de lo ocurrido con el Expediente Cero, una parte de la planificación vuelve a hacerse en papel.

—Si alguno no es aceptado por la grieta, permanece como responsable local de la residencia. Si entramos los ocho, Jang toma el control exterior y Naomi coordina a los equipos internacionales.

—No me agrada que Jang esté al mando de la casa —dice Kwon.

—Estoy aquí —responde Jang desde la entrada.

Nadie lo escuchó llegar.

Lleva un traje oscuro, una carpeta bajo el brazo y dos teléfonos apagados dentro de bolsas de aislamiento.

—Precisamente por eso lo dije —contesta Kwon.

Jang deja la carpeta sobre la mesa.

—La grieta continúa estable.

—¿Movimientos del culto? —pregunto.

—Ninguno confirmado durante las últimas nueve horas.

—Eso no significa que no los haya —dice Doyun desde el patio.

Entra con el arco a la espalda.

—No.

Jang abre la carpeta.

Hay fotografías de edificios, depósitos, estaciones de tren y viviendas particulares.

—La Unidad Cero inspeccionó los cinco domicilios relacionados con el expediente.

—¿Resultados? —pregunta Eunbyeol.

—Dos personas permanecen bajo protección. Una desapareció antes de que llegara el equipo. Otra murió hace seis meses. La última se negó a colaborar.

Kwon se incorpora.

—¿Cuál desapareció?

—El funcionario del Ministerio del Interior.

—¿Cuándo?

—No podemos precisarlo. Su familia afirma que salió a trabajar esta mañana.

—¿Y el registro de ingreso?

—Nunca llegó.

—Cámaras.

—Tres dejaron de funcionar en su ruta habitual.

Kwon sonríe.

No porque sea divertido.

Porque confirma una sospecha.

—Lo encontraron antes que nosotros.

—O sabía que íbamos a buscarlo —dice Jang.

—¿Nombre? —pregunto.

Jang desliza una fotografía.

Un hombre de unos cincuenta años.

Cabello corto.

Anteojos.

Una cara sin nada especial.

Yun Gwangho.

Subdirector administrativo.

Veintisiete años de servicio público.

Ningún antecedente.

Ninguna habilidad registrada.

—Tuvo acceso a la reconstrucción del Expediente Cero —explica Jang—. No al original.

—¿Por qué huyó? —pregunta Mujin.

—Todavía no sabemos si huyó.

—Tres cámaras no fallan juntas —dice Hejin.

—Tampoco sabemos si continúa vivo —agrega Jiwon.

Eunbyeol escribe el nombre.

El libro lo acepta como persona existente.

No como aliado.

No como enemigo.

Solo como un registro.

—¿Myeongjin habló? —pregunto.

Jang niega.

—Nada.

—¿Comió?

—Sí.

—¿Durmió?

—Unas dos horas.

—¿Intentó comunicarse con alguien?

—No.

El sacerdote continúa en silencio.

Su contrato fue destruido.

Puede hablar.

No lo hace.

—No lo presionen antes de que entremos —digo.

Kwon me mira.

—Podría aprovechar nuestra ausencia.

—Eso espera.

—También puede esperar que pensemos eso.

—Por eso no modificaremos el protocolo por él.

Jang cierra la carpeta.

—Dos interrogadores. Registro físico. Hejin revisará la grabación cuando regrese.

No dice si regresa.

Nadie lo hace.

El contador cambia.

[3 horas, 21 minutos, 06 segundos.]

Los niños todavía no bajaron.

Eso también fue planeado.

Jiwon quería que durmieran hasta que estuviéramos listos para salir.

Seolhwa quería despertarlos desde la medianoche para pasar más tiempo con ellos.

La discusión terminó cuando Haru apareció en el pasillo, medio dormida, y preguntó por qué hablaban tan fuerte.

Ahora la casa permanece extrañamente tranquila.

No es el silencio que anuncia peligro.

Es el silencio de alguien intentando no despertar a los demás.

Tomo la Espada del bosque.

La Vaina de los nombres que permanecen se ajusta a mi cintura.

La espada todavía no entra en mi inventario.

Primero la reviso.

El filo.

La empuñadura.

La conexión con el bosque espiritual.

El Lobo se encuentra acostado bajo uno de los árboles.

No duerme.

Sus ojos permanecen abiertos.

Puerta cerca.

—Sí.

Bosque va.

—Todavía no sabemos quiénes entrarán.

El Lobo levanta la cabeza.

Bosque va.

No parece considerar otra posibilidad.

Activo el panel.

[Kim Cheonro.][Nivel: 11.][Estado: normal.]

Repaso las habilidades limitadas.

Invencible — SS: disponible.

Paso de la realidad — SS: disponible.

Locura — SS: disponible.

Yo permanezco — EX: disponible.

Forma final: Nada — EX: disponible.

Todas se recuperaron.

No existe ninguna excusa mecánica.

Eso no significa que deban utilizarse.

Después de Babel, no necesito que Jiwon me recuerde lo ocurrido durante Locura.

Las miradas de los demás son suficientes.

Eunbyeol se acerca.

—¿Vas a registrar nombres antes de entrar?

Pregunta por Nombre anclado.

—Cuando conozcamos a los participantes.

—Podés registrar hasta diez.

—Lo sé.

—Si la grieta separa grupos, podrías no tener tiempo después.

—También podría no necesitar Locura.

Eunbyeol no responde.

—No voy a activarla sin avisar —añado.

—Eso dijiste antes de entrar a Babel.

—Entré solo.

—Exactamente.

Cierra el libro.

—Esta vez no lo hagas.

No es una orden.

Tampoco una petición débil.

—No voy a hacerlo.

Eunbyeol sostiene mi mirada.

Busca alguna señal de que estoy diciendo lo que quiere escuchar.

No la encuentra.

—Bien.

—¿Terminaste las rutas?

—Tres formaciones básicas. No preparé estrategias para el escenario.

—No sabemos nada del escenario.

—Antes habría intentado cubrir todas las posibilidades.

—¿Y ahora?

Mira el libro.

—Ahora sé que siempre habrá una que no cubrí.

—Eso no significa dejar de planear.

—No.

Una sonrisa pequeña aparece.

—Significa dejar espacio para cambiar el plan.

Es un avance.

No elimina las treinta y nueve líneas cerradas del libro.

No borra las ciento setenta y tres estrategias alternativas que escribió después de Babel.

Pero dejó de buscar una versión perfecta del pasado.

Empieza a preparar un futuro imperfecto.

—¿Dormiste? —pregunto.

—Tres horas.

—No es suficiente.

—Vos dormiste dos.

—No estoy hablando de mí.

—Por eso la observación no es válida.

Se aleja antes de que pueda responder.

Hejin la mira pasar.

—Su razonamiento es correcto.

—No ayudes.

—No estaba ayudando. Estaba clasificando.

El contador llega a tres horas.

Las puertas del piso superior empiezan a abrirse.

Minjun baja primero.

Lleva el pijama torcido, una media de cada color y una mochila demasiado grande sobre la espalda.

—Estoy listo.

Kwon mira la mochila.

—¿Para qué?

—Para ir.

—No vas a ir.

Minjun se detiene.

—¿Por qué?

—Porque tenés siete años.

—Eunji tiene seis y fue al acto.

—El acto no era un piso de la Torre.

—Se convirtió en una pelea.

Kwon abre la boca.

No tiene una respuesta útil.

Jiwon baja detrás de los demás niños.

—Deje la mochila.

—Pero preparé cosas.

—¿Qué cosas?

Minjun abraza la mochila.

—Cosas importantes.

Sora se acerca y abre el cierre.

Dentro hay cuatro paquetes de galletitas, una linterna, dos cucharas, una manta pequeña y una figura de acción sin un brazo.

Kwon contempla el contenido.

—Es un inventario bastante razonable.

Jiwon le quita la mochila a Minjun.

—No lo anime.

Nari baja con un martillo de plástico.

—Yo también estoy lista.

—Tampoco vas a ir —dice Seolhwa.

Nari frunce el ceño.

—Pero vos sí.

—Soy adulta.

—A veces no parece.

Kwon se aleja antes de empezar a reír.

Seolhwa dirige hacia él una mirada amenazante.

—¿Quién te dijo eso?

Nari señala a Dabin.

Dabin acomoda sus anteojos sin cristales.

—Fue una observación colectiva.

—¿Colectiva de quiénes?

—De los niños.

—¿Todos?

Taeyang levanta una mano.

Haru también.

Junseo no lo hace, pero tampoco niega.

Jiho baja último.

Su cabello continúa perfectamente peinado.

No sé cómo lo consigue al despertar.

—Yo no participé —dice.

Seolhwa lo mira.

—Gracias.

—Dije que actuás como adolescente, no como niña.

La expresión de Seolhwa empeora.

Jiho continúa caminando como si no hubiera ocurrido nada.

Eunji aparece detrás de ellos.

No lleva uniforme.

Tiene un pantalón cómodo, una camiseta amarilla y el cabello sin peinar.

Abraza el oso de Haru, aunque Haru camina a su lado.

Cuando me ve equipado, se detiene.

Su mirada baja desde la vaina hasta las botas.

Después sube.

—Ya te vas.

—Todavía falta.

—Pero ya estás vestido.

—Tenemos que llegar antes.

Eunji observa a los demás.

Todos llevan sus equipos.

Mujin parece una muralla dentro del salón.

Seolhwa tiene las grebas equipadas.

Doyun carga el arco.

Hejin sostiene el báculo.

Jiwon lleva los guantes.

Kwon tiene ambas dagas ocultas, pero Eunji ya sabe dónde buscarlas.

—¿Van todos?

—Todavía no sabemos quién puede entrar.

—Eso dijeron anoche.

—El sistema no lo explicó.

Eunji mira la ventana.

[2 horas, 57 minutos, 31 segundos.]

—¿Cuando llegue a cero?

—Un poco antes.

—¿Y si no los deja?

—Volvemos.

—¿Y si deja a algunos?

—Los demás se quedan.

—¿Y si te deja solo?

La pregunta detiene el ruido alrededor.

Kwon deja de revisar la mochila de Minjun.

Mujin baja la carpeta.

Eunbyeol cierra el libro.

—No voy a entrar solo —respondo.

—¿Aunque la Torre diga?

—Aunque lo diga.

Eunji parece pensar si una promesa puede discutir con el sistema.

—¿Seguro?

—Seguro.

—La otra vez fuiste solo.

Babel.

Ella no conoce cada detalle.

Pero sabe suficiente.

Sabe que desaparecí.

Sabe que regresé herido.

Sabe que los demás tuvieron que entrar detrás.

—Esta vez no.

Eunji se acerca.

Tira de la vaina.

—Agachate.

Obedezco.

Revisa mi rostro.

Después el cuello.

No sé qué busca.

—¿Qué hacés?

—Viendo si estás lastimado antes.

—No lo estoy.

Toca una pequeña cicatriz cerca de mi mandíbula.

—Esto.

—Es vieja.

—¿De qué?

—No recuerdo.

Eunji frunce el ceño.

—Tenés muchas.

—Sí.

—No traigas más.

—Voy a intentarlo.

—No digas "voy a intentar".

—¿Qué debería decir?

—Que no.

Jiwon abre la boca.

Probablemente quiere explicar que no puedo prometer algo así.

La detengo con una mirada.

—Voy a volver —digo.

Eunji aprieta los labios.

—Eso no es lo mismo.

—Es lo que puedo prometer.

Me observa durante varios segundos.

Después parece aceptar que no obtendrá otra respuesta.

—Bueno.

Levanta el oso de Haru.

—Entonces llevate esto.

Haru gira rápidamente.

—¡Es mío!

Eunji se lo devuelve.

—Pensé que era el de la sala.

Haru abraza al oso.

—Él no pelea.

—Tiene muchas curitas.

—Porque está herido.

—Entonces no sirve.

Haru se ofende.

Eunji corre hacia la mesa.

Busca dentro de una caja.

Regresa con una figura de papel.

Es la misma que utilizó durante el acto escolar.

Mi figura.

Una espada demasiado grande.

Expresión seria.

Un nombre escrito debajo con letras torcidas.

PAPÁ.

—Llevate esta.

Tomo la figura.

—Se va a romper.

—Guardala bien.

—Mi inventario tiene armas.

—Ponela donde no estén.

Kwon se acerca.

—Puedo custodiarla.

Eunji retira la figura de mi mano antes de que él la toque.

—Vos robás.

—No robaría algo tan importante.

—También dijiste eso de mis galletitas.

—Las galletitas no tenían nombre.

—La bolsa sí.

Kwon se retira.

Eunji vuelve a entregarme la figura.

La coloco dentro de la Vaina de los nombres que permanecen, entre el cuero exterior y una pequeña protección interna.

No junto al filo.

—Ahí no se rompe.

Eunji comprueba que no sobresalga.

—Bien.

Después mira a los demás.

Sora sostiene otra caja.

—Nosotros hicimos una para cada uno.

Las figuras son entregadas.

Mujin recibe una versión con un escudo cuadrado.

Jiwon lleva una enorme bolsa médica.

Doyun aparece con siete flechas.

Hejin tiene círculos alrededor de la cabeza.

Seolhwa sostiene un martillo más grande que su cuerpo.

Eunbyeol carga un libro azul.

Kwon recibe una figura sin galletitas.

La observa.

—Falta algo.

Minjun saca una galletita de papel.

La pega en la mano de la figura.

—Ahora.

Kwon sonríe.

—Gracias.

Jiwon revisa la figura.

—No se la coma.

—Es papel.

—Por eso.

Desayunamos juntos.

Nadie tiene hambre.

Los adultos fingen.

Los niños no.

Minjun come por todos.

La mesa queda demasiado llena.

Las armas permanecen cerca de las sillas.

El escudo de Mujin ocupa parte del pasillo.

El báculo de Hejin flota detrás de ella.

Jang revisa informes mientras bebe café.

Cada pocos minutos alguien mira el contador.

[2 horas, 18 minutos, 42 segundos.]

La grieta apareció durante la madrugada en el campo de acceso preparado por la Asociación.

No se abrió por completo.

Permanece como una herida vertical azul oscuro, de unos cuatro metros de altura, rodeada por barreras militares.

El sistema no permite atravesarla todavía.

Solo muestra el contador.

Las delegaciones internacionales ya se encuentran allí.

No todos podrán entrar.

Nadie sabe quién será rechazado.

Eso no impidió que los países enviaran a sus mejores equipos.

—La zona exterior está cerrada —dice Jang—. Solo participantes potenciales, personal médico y mandos autorizados.

—Periodistas —añade Kwon.

—Fuera del segundo perímetro.

—Eso significa periodistas.

—No podemos impedir que informen sobre una apertura mundial.

—Podemos alejarlos.

—Ya están alejados.

Seolhwa deja los palillos.

—¿El culto?

—Se revisaron los alrededores tres veces.

—No es una respuesta.

—No se detectaron miembros ni circuitos vinculados.

Hejin interviene:

—Yo revisaré la grieta cuando lleguemos.

—No toques nada —dice Jiwon.

—Necesito tocar algunas cosas para analizarlas.

—No toque la grieta.

—Eso no es necesario.

—Ni artefactos desconocidos.

—Depende del artefacto.

—Ni símbolos.

—No puedo aceptar una prohibición tan amplia.

Jiwon coloca los palillos.

—Lee Hejin.

Hejin guarda silencio.

—No tocaré nada sin avisar.

—Sin autorización.

—Eso reduce—

—Sin autorización.

—De acuerdo.

Kwon se inclina hacia Doyun.

—Le durará seis minutos.

—Cuatro —responde él.

Hejin los mira.

—Los escuché.

Cuando falta una hora y media, empezamos a salir.

No utilizamos un solo vehículo.

Después del ataque del culto, Jang prohíbe trasladar a todo el equipo por la misma ruta.

Mujin, Jiwon y Hejin viajan en el primer convoy.

Doyun y Seolhwa, en el segundo.

Eunbyeol, Kwon y yo, en el tercero.

Los vehículos parten con cuatro minutos de diferencia.

Antes de subir, me detengo frente a la residencia.

Los niños se encuentran alineados en la entrada.

No porque alguien se los ordenara.

Sora los organizó.

Junseo está delante de Haru.

Nari intenta parecer seria.

Taeyang sostiene una de sus flechas de ventosa.

Dabin tiene una libreta.

Jiho levanta la mano como si fuera a pronunciar un discurso.

Minjun mastica algo.

Eunji permanece en el centro.

Jang deja a varios miembros de la Red Casa dentro y fuera del edificio. No llevan uniformes militares visibles.

Eunji pidió que no pareciera una base.

Continúa pareciendo una base.

Solo una con personas vestidas de civil.

—No salgan del perímetro —dice Jiwon.

—No abran ventanas —añade Mujin.

—No acepten comida de extraños —dice Doyun.

—Ni objetos —agrega Hejin.

—Ni mensajes —continúa Eunbyeol.

Kwon mira a los niños.

—Si alguien entra, busquen el punto ciego de las cámaras y—

Jiwon le golpea el brazo.

—¿Qué?

—No les enseñe a esconderse de la seguridad.

—Es útil.

—No.

Seolhwa se agacha frente a Nari.

—Cuidá a los demás.

Sora frunce el ceño.

—Eso es responsabilidad de los adultos.

—También.

Nari levanta el martillo de plástico.

—¿Puedo golpear a los malos?

—No.

La respuesta de Seolhwa tarda demasiado.

—Solo si—

Jiwon la mira.

—No golpeás a nadie —termina Seolhwa.

Nari baja el martillo.

—Aburrido.

Mujin se arrodilla frente a Junseo.

Le entrega la tapa de plástico que reparó días antes.

Ahora tiene un refuerzo de madera y correas nuevas.

—No es para pelear.

Junseo la recibe.

—¿Entonces?

—Para recordar la postura.

—Puedo protegerlos.

—Eso lo hacen los adultos.

—Pero vos dijiste que entrenamos para que ninguno caiga.

Mujin guarda silencio.

—Entrenamos para que sepas qué hacer mientras llega ayuda.

Junseo mira el pequeño escudo.

—¿Y si tarda?

—Entonces juntalos.

Señala una habitación interior.

—Vayan al refugio y cerrá la puerta.

Junseo asiente.

No promete detener monstruos.

Promete reunir a los demás.

Eso es suficiente.

Eunbyeol se despide de Sora y Dabin.

Les entrega un cuaderno vacío.

—No lo usen para registrar a nadie —advierte.

Sora lo abre.

—¿Entonces para qué?

—Para escribir lo que ocurra.

—Eso es registrar.

—No mediante una habilidad.

Dabin mira las páginas.

—Podemos llevar un control horario.

—Pueden dibujar —dice Eunbyeol.

Las dos niñas la miran como si hubiera sugerido desperdiciar un artefacto.

—O llevar un control horario —cede.

Doyun entrega a Taeyang una flecha de ventosa.

—Una sola.

Taeyang ya tiene una.

Ahora sostiene dos.

—¿Por qué?

—La primera puede fallar.

Taeyang piensa.

—La segunda también.

Doyun asiente.

—Por eso practicás.

Haru se acerca a Jiwon.

Le entrega cuatro curitas.

—Por si te lastimás.

Jiwon las recibe con ambas manos.

—Gracias.

—Una es para Kwon.

—¿Por qué para mí? —pregunta él.

Haru lo observa.

—Siempre volvés herido.

Kwon deja de sonreír durante una fracción de segundo.

Después toma la curita.

Tiene pequeños conejos dibujados.

—La guardaré.

—No la pierdas.

—No pierdo cosas.

Todos los niños lo miran.

—A propósito —corrige.

Eunji espera hasta el final.

Los demás ya se despidieron.

El primer convoy abandona la residencia.

Después el segundo.

Nuestro vehículo permanece con el motor encendido.

—Tenemos que irnos —dice Jang.

—Lo sé.

Eunji no me abraza inmediatamente.

Mira el automóvil.

Después la espada.

—¿Cuánto vas a tardar?

—No lo sabemos.

—¿Más que la otra vez?

—No debería.

—Eso tampoco es saber.

—No.

Patea suavemente una piedra.

—¿Van a comer allá?

—Probablemente.

—¿Qué?

—Lo que encontremos.

Frunce la nariz.

—Eso es feo.

—A veces.

—Llevate pan.

—Tengo comida en el inventario.

—¿Galletitas?

—Sí.

—¿Mías?

Miro a Kwon.

Él aparta la vista.

—No.

—Revisá.

—Después.

Eunji se acerca.

Me abraza alrededor de la cintura.

Esta vez no dice nada.

Coloco una mano sobre su cabeza.

El tiempo continúa descendiendo.

[1 hora, 17 minutos, 08 segundos.]

No la separo.

Jang tampoco insiste.

—Cuando vuelvas, vamos a hacer otra foto —murmura Eunji.

—¿Por qué?

—La del acto salió fea.

—Vos dijiste que salió bien.

—Yo salí bien.

—Entonces el problema era yo.

—Sí.

No duda.

—La próxima sonreí de verdad.

—Voy a intentarlo.

Eunji levanta la cabeza.

—Otra vez dijiste eso.

—Voy a sonreír.

—Bien.

Me suelta.

Retrocede dos pasos.

—Andá.

La palabra no suena valiente.

Sus ojos están húmedos.

Su voz es pequeña.

Quiere que me quede.

Pero también sabe que no voy a hacerlo.

Subo al vehículo.

Kwon entra detrás.

Eunbyeol es la última.

Antes de cerrar la puerta, mira a Eunji durante varios segundos.

La niña levanta una mano.

Eunbyeol la imita.

El vehículo empieza a moverse.

Eunji corre junto a nosotros durante unos metros.

—¡NO TE OLVIDES DE LA FIGURA!

Toco la vaina.

—¡LA TENGO!

—¡Y MIS GALLETITAS!

Kwon se hunde en el asiento.

—Eso ya es una acusación constante.

El portón se cierra.

Eunji desaparece detrás de la pared.

La residencia queda bajo control de la Red Casa.

Por primera vez, todos debemos confiar en que un lugar puede permanecer protegido sin nuestra presencia.

No me gusta.

Pero esa es la función de una casa.

Seguir allí cuando uno se marcha.

El trayecto hasta la grieta dura cuarenta minutos.

Ninguno habla durante los primeros diez.

Kwon revisa sus dagas.

Eunbyeol observa los nombres del libro.

Yo miro por la ventana.

Seúl continúa funcionando.

Personas entran en oficinas.

Los comercios abren.

Los autobuses siguen sus recorridos.

Sobre varias pantallas públicas aparece el contador de la Torre.

[46 minutos, 31 segundos.]

Algunas personas se detienen para verlo.

Otras continúan caminando.

La sexta apertura ya no provoca el mismo caos que la primera.

No porque el miedo haya desaparecido.

Porque el mundo aprendió a seguir moviéndose con él.

—Encontré algo —dice Kwon.

Saca una galletita del interior de su abrigo.

Tiene forma de estrella.

—Eso es de Eunji.

—No puedo confirmar su origen.

—Estaba en su paquete.

—Muchos productos utilizan formas similares.

Eunbyeol se la quita.

—Se la devolvemos cuando regresemos.

—Puede perder frescura.

—Kwon.

—De acuerdo.

Se cruza de brazos.

—Pero no seré responsable de su deterioro.

Eunbyeol guarda la galletita en el inventario.

No junto a sus armas.

El campo de acceso aparece detrás del último control militar.

La grieta se ve desde varios kilómetros.

Una línea azul oscura se eleva en medio del complejo, como si alguien hubiera cortado el aire y dejado una abertura detrás.

No emite Magia de forma constante.

Late.

Cada pulsación recorre las barreras.

Soldados, cazadores y técnicos se distribuyen alrededor de tres perímetros.

Banderas de diferentes países identifican a las delegaciones.

Estados Unidos.

China.

Japón.

Francia.

Rusia.

Alemania.

Brasil.

Canadá.

Nigeria.

Egipto.

Muchos otros.

La cantidad de despertados supera los doscientos.

No todos entrarán.

Quizá ninguno de ellos.

El sistema todavía no revela las condiciones.

Cuando bajo del vehículo, docenas de miradas se dirigen hacia mí.

No se apartan.

Después de Babel, ya no intentan fingir que no observan.

Naomi Brooks se acerca primero.

Lleva su armadura ligera y una lanza nueva.

La última vez que la vi, estaba frente a treinta y nueve columnas negras.

—Cheonro.

—Naomi.

Mira a Kwon.

No pregunta si es realmente él.

El Libro de Babel, el sistema y sus propias memorias ya lo confirmaron.

Aun así, extiende una mano.

Kwon la acepta.

—Me alegra verlo entero —dice.

—A mí también.

—¿Está seguro?

Kwon mira su cuerpo.

—La mayoría de los días.

Naomi no se ríe.

No porque no entienda.

Porque comprende demasiado.

Detrás de ella llegan Maya Torres, Amara Okafor y Layla Haddad.

Otros supervivientes de Babel se distribuyen por el campo.

Algunos entrarán.

Otros permanecerán en la Red Casa.

Nadie sabe todavía cuál será su lugar.

—Las comunicaciones están listas —dice Naomi—. Si quedamos fuera, tomaremos el control del sector occidental de la red.

—¿Y si ingresan? —pregunta Eunbyeol.

—La segunda línea lo hará.

No depende de una persona.

Eso fue parte del diseño.

Cada mando posee un reemplazo.

Cada nodo puede continuar sin el anterior.

Agnóvar nos enseñó lo que ocurre cuando toda una estructura depende de una sola identidad.

No repetiremos el error voluntariamente.

Hejin ya se encuentra frente a la grieta.

Los siete anillos del báculo giran.

Jiwon permanece detrás, vigilando que no la toque.

—Resultado —pregunto.

Hejin no aparta los ojos.

—Autoridad del sistema.

—¿Interferencia exterior?

—Ninguna.

—¿Reglas ocultas?

—Son ocultas.

—Eso no responde.

—Responde con exactitud.

Señala el borde.

—La grieta no permite ingresar todavía. Rechaza objetos lanzados y habilidades de desplazamiento.

Kwon levanta una ceja.

—¿Quién lanzó objetos?

Hejin guarda silencio.

Jiwon muestra una piedra chamuscada.

—Ella.

—Era una prueba no invasiva.

—Lanzó siete.

—Necesitaba confirmar repetibilidad.

—¿Intentó tocarla?

Hejin no responde.

Jiwon la mira.

—No llegué a hacerlo —admite.

—Porque la detuve.

—No modifica el resultado.

Seolhwa aparece con una bolsa de comida militar.

—¿Qué descubrieron?

—Que Hejin sigue viva gracias a Jiwon —responde Kwon.

—Eso ya lo sabíamos.

Mujin termina de hablar con los responsables del perímetro.

—El acceso principal se despejará cuando falten diez minutos.

—¿Alguna amenaza? —pregunto.

—Nada confirmado.

Doyun se encuentra sobre una torre de vigilancia.

Su marca aparece dentro de la Asamblea de nombres.

No está activada por completo.

Eunbyeol mantiene un vínculo reducido mediante el libro, suficiente para confirmar nuestra posición y estado.

—Hay tres observadores no registrados en el perímetro exterior —informa Doyun mediante el canal.

Jang responde desde la Red Casa.

—Equipos en camino.

—No se mueven hacia la grieta.

—¿Culto?

—Sin símbolos visibles.

—No intervengan todavía —ordeno—. Identifíquenlos.

No podemos convertir a cada persona que observa en un enemigo.

Tampoco podemos ignorarlos.

El contador alcanza quince minutos.

[15 minutos, 00 segundos.]

La grieta cambia.

El azul oscuro se vuelve más profundo.

Las barreras del sistema aparecen alrededor.

No pertenecen a los técnicos.

Las ventanas se activan frente a todos los despertados presentes.

[APERTURA DEL PISO 6 INMINENTE.]

[Los participantes potenciales deben aproximarse al área de selección.]

[La proximidad no garantiza el ingreso.]

[Las condiciones serán reveladas al finalizar el contador.]

Más de doscientos despertados avanzan.

Las delegaciones mantienen sus formaciones.

Los soldados se retiran.

El círculo alrededor de la grieta queda reservado para quienes podrían ser seleccionados.

Jang habla a través del comunicador.

—Red Casa activa.

[NODO COREA: operativo.]

[NODO NORTEAMÉRICA: operativo.]

[NODO ASIA ORIENTAL: operativo.]

[NODO EUROPA: operativo.

][NODO ÁFRICA Y MEDIO ORIENTE: operativo.]

No es una ventana del sistema.

Es nuestro propio protocolo.

Una estructura humana.

Sin recompensas.

Sin autoridad exterior.

Solo nombres que aceptaron responder si algo ocurre.

—Residencia segura —informa Jang—. Todos los niños presentes.

Un ruido atraviesa el canal.

Después la voz de Eunji.

—¡Papá!

Jang intenta apartar el comunicador.

Demasiado tarde.

—Te escucho.

—El señor Jang no quería prestarme esto.

—Porque es un canal operativo —dice Jang de fondo.

—Solo quería decir algo.

—Decilo.

Silencio.

Durante un momento, solo escucho respiraciones y movimiento en el campo.

—Volvé.

Una palabra.

Dicha demasiado bajo.

—Voy a volver.

—Y traeme algo.

La tensión disminuye un poco.

—¿Qué cosa?

—No sé. Algo lindo.

—Eso no es específico.

—Una piedra.

—¿Una piedra?

—Pero linda.

—De acuerdo.

—Y no se la des a Hejin porque la rompe para verla.

Hejin levanta la cabeza.

—El análisis de materiales requiere—

Jiwon le quita el canal.

—Le traerá una piedra intacta.

—Bien.

Eunji parece satisfecha.

—Ahora sí.

Jang recupera el comunicador.

—El canal vuelve a uso operativo.

La transmisión termina.

Kwon me mira.

—¿Va a cargar una piedra durante todo el piso?

—Sí.

—Eso ocupará inventario.

—Tengo capacidad.

—Jiwon dijo lo mismo con sus vendas.

—No empieces.

El contador desciende.

[8 minutos, 43 segundos.]

Los cazadores se distribuyen alrededor de la grieta.

Algunos rezan.

Otros revisan armas.

Varios miran las fotografías de sus familias.

Un hombre de la delegación francesa vomita detrás de una barrera y vuelve a su formación.

Nadie se ríe.

La sexta vez no elimina el miedo.

Solo enseña a esconderlo mejor.

Kwon coloca su figura de papel dentro del manto.

Mujin guarda la suya detrás del escudo.

Jiwon la coloca junto a las curitas de Haru.

Doyun, dentro del carcaj.

Hejin intenta analizar el papel.

Eunbyeol le baja la mano.

Seolhwa guarda su figura dentro de la pechera.

—Si se rompe —dice—, Nari va a enojarse.

—Es papel —responde Hejin.

—Precisamente.

Compruebo la mía dentro de la vaina.

Sigue allí.

El nombre escrito por Eunji permanece visible.

PAPÁ.

No Cheonro.

No Byeolha.

No Primer conquistador.

No Maestro cazador.

Un nombre que el sistema nunca me entregó.

Y que no necesito que reconozca.

[3 minutos, 00 segundos.]

La grieta se expande.

El aire es absorbido hacia ella.

Las banderas se tensan.

Las capas y abrigos se agitan.

Un sonido bajo emerge desde el otro lado.

No permite distinguir el escenario.

No escucho voces.

Ni bestias.

Ni armas.

Solo una vibración profunda.

El Lobo se incorpora dentro del bosque espiritual.

Otro bosque.

—¿Lo sentís?

No bosque. Lugar.

No ofrece más.

La grieta continúa cerrada a la percepción.

Incluso Auditoría de autoridad devuelve una respuesta limitada.

[Destino: Piso 6.]

[Información adicional: restringida hasta la apertura.]

Eunbyeol abre el libro.

—Posiciones.

Nos colocamos en dos líneas.

Mujin y Seolhwa delante.

Kwon y yo a los lados.

Eunbyeol y Hejin en el centro.

Jiwon protegida detrás de Mujin.

Doyun en la retaguardia, con visión sobre todos.

No sabemos si esa formación sobrevivirá al ingreso.

No sabemos si entraremos juntos.

Pero es la forma en que elegimos esperar.

Naomi y los otros supervivientes preparan sus propios grupos.

No existe un único ejército.

Solo personas frente a la misma puerta.

[1 minuto, 00 segundos.]

Las conversaciones terminan.

Jang permanece en el canal.

—Todos los nodos operativos.

—Entendido.

—No se detectan incidentes simultáneos.

—Todavía.

—No.

Jang tarda un instante.

—Buena suerte.

—Protegé la casa.

—Eso haré.

El canal queda abierto.

No vuelve a hablar.

[30 segundos.]

Ajusto la espada.

Kwon invoca las dagas.

Mujin levanta el escudo.

Seolhwa inclina el cuerpo hacia adelante.

Doyun coloca una flecha.

Jiwon activa los guantes.

Los siete anillos del báculo de Hejin se alinean.

Eunbyeol mantiene el libro abierto.

Nuestros nombres brillan.

Ocho.

[10.]

La grieta deja de absorber aire.

[9.]

[8.]

No aparece el nombre del escenario.

[7.]

La figura de papel roza el interior de la vaina.

[6.]

El Lobo muestra los dientes.

[5.]

Mujin clava los pies.

[4.]

Kwon sonríe.

No hay humor en la expresión.

[3.]

Eunbyeol pronuncia una sola orden.

—Juntos.

[2.]

La grieta se abre.

Una luz desconocida cruza el borde.

[1.]

El sexto piso espera del otro lado.

Y nosotros permanecemos frente a la entrada, a un solo paso de cruzarla.


#fantasia

Thoughts

  • BeatrizLagos

    Me encantó que Minjun coma por todos mientras los grandes fingen hambre. Ese desayuno es la mesa de cualquier casa la mañana antes de algo feo.

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  • JuliaBenavides

    Ojo que la Red Casa no tiene un mando único, cada equipo conserva sus órdenes. Si el culto se mueve con los ocho adentro, Jang y Naomi pueden perder minutos coordinando.

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  • Ovid

    Una piedra, pero linda, y que no se la den a Hejin porque la rompe para verla. Ese encargo me hace pensar en cómo piden recuerdos los niños: nada útil, algo que pruebe que el otro estuvo allá y volvió. Apuesto a que esa piedra va a pesar más en el inventario que cualquier arma del piso seis. Ya quiero ver qué hay del otro lado.

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