Red Casa como nombre para una red internacional me gusto mucho, y que el libro lo acepte sin dar ninguna recompensa. Me hace pensar en que todo lo que protegen en esta historia al final es eso, un lugar al que volver con las galletitas escondidas. Apuesto a que Eunji va a tener mas voz en esa red de la que Jang quiere admitir :)
capítulo 86: cero (2)
El refugio se encuentra debajo de un edificio administrativo sin nombre.
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Red Casa como nombre para una red internacional me gusto mucho, y que el libro lo acepte sin dar ninguna recompensa. Me hace pensar en que todo lo que protegen en esta historia al final es eso, un lugar al que volver con las galletitas escondidas. Apuesto
Contenido de la publicación
El refugio se encuentra debajo de un edificio administrativo sin nombre.
No aparece en los mapas públicos.
No utiliza conexiones inalámbricas y sus puertas se abren mediante llaves físicas, cerraduras rotatorias y códigos que deben introducirse de forma manual.
Jang no confía en las comunicaciones.
Después de que los Adoradores del Fin infiltraran una escuela y prepararan un ritual debajo del gimnasio, tampoco parece confiar demasiado en las personas encargadas de protegerlas.
El vehículo blindado atraviesa tres controles antes de detenerse.
Eunji continúa sentada junto a mí.
Todavía lleva el uniforme escolar.
Su diploma descansa sobre las piernas. Una esquina se dobló durante el ataque y una mancha gris cubre parte de su nombre.
Desde que abandonamos la escuela, no ha dejado de frotarla con el pulgar.
Jiwon sostiene su otra mano.
Los Guantes del paciente inexistente emiten una luz blanca.
[Paciente reconocido: Eunji.]
[Estado físico: estable.]
[Nombre: estable.]
[Identidad: estable.]
[Clasificación ritual externa: eliminada.]
La ventana desaparece.
Jiwon vuelve a activar la habilidad.
Eunji infla las mejillas.
—Ya lo hiciste muchas veces.
—Una más.
—La anterior también era una más.
Jiwon no responde.
Observa las líneas que recorren sus guantes hasta asegurarse de que ninguna cambie.
—¿Estoy enferma? —pregunta Eunji.
—No.
—Entonces soltame.
—Todavía no.
Eunji tira suavemente de su mano.
Jiwon no la libera.
La niña me mira.
—Papá.
—No puedo ayudarte.
—Pero vos sos más fuerte.
—No en esto.
Jiwon asiente.
—Correcto.
Eunji vuelve a inflar las mejillas.
Después apoya la cabeza contra mi brazo.
No insiste.
Frente a nosotros, Cha Myeongjin permanece sujeto a una estructura metálica integrada en el vehículo.
Tiene las muñecas, los tobillos y el cuello inmovilizados. Hejin añadió tres circuitos para impedir que utilice sus habilidades.
Kwon está sentado a su lado.
No era necesario.
Insistió.
Myeongjin no ha pronunciado una sola palabra desde que abandonamos la escuela.
Tiene la mandíbula inflamada por el golpe de Seolhwa y una venda cubre la herida de su hombro. Mantiene la cabeza baja, los ojos abiertos y las manos quietas.
Kwon hace girar una de sus dagas entre los dedos.
—El contrato de silencio fue destruido —dice—. Sabemos que puede hablar.
Myeongjin no responde.
—No tiene que contarnos todo.
Nada.
—Puede empezar diciendo que lamenta haber arruinado un acto escolar.
Silencio.
Kwon deja de hacer girar la daga.
—También puede disculparse por el catering. Seolhwa perdió una caja entera.
—No la perdí —responde Seolhwa desde la puerta trasera—. La solté para pelear.
—Eso significa que la perdiste.
—Sé dónde cayó.
—La calle fue evacuada.
—Entonces sigue ahí.
Myeongjin continúa inmóvil.
Eunji levanta la cabeza de mi brazo y lo mira.
—¿Por qué no habla?
—Porque no quiere —responde Kwon.
—¿Está enojado?
—Probablemente.
—Pero él empezó.
Kwon sonríe apenas.
—Sí.
Eunji observa al sacerdote durante unos segundos.
—Es raro.
Myeongjin no reacciona.
Ella vuelve a apoyarse contra mí.
No busca entender su estrategia.
No intenta interpretar su silencio.
Solo deja de mirarlo porque le resulta desagradable.
Entre los anillos del báculo de Hejin flota un pequeño recipiente transparente.
Dentro se encuentra la trenza recuperada del altar.
Cabello oscuro.
Atado con un hilo rojo.
Hejin la examina por cuarta vez.
—La antigüedad coincide con el período aproximado del ritual original —dice.
Eunji vuelve a levantar la cabeza.
—¿Ese pelo es mío?
La pregunta detiene la conversación.
Hejin mira primero el recipiente.
Después a ella.
—Sí.
Eunji toca su propio cabello.
—¿Cuándo me lo cortaron?
Nadie responde inmediatamente.
Ella conoce parte de la historia.
Sabe que la encontré dentro de una fábrica abandonada.
Sabe que había personas muertas.
No sabe cuántas.
No conoce la posición de los cuerpos.
No recuerda el círculo ritual.
Nunca le describimos el olor a sangre ni las marcas sobre las paredes.
No necesita esas imágenes.
Yo ya las conservo por ella.
—Fue antes de que te encontrara —respondo.
—¿En el lugar feo?
—Sí.
Mira el recipiente.
—No me acuerdo.
—Eras muy pequeña.
—¿Me dolió?
La pregunta no está dirigida a Hejin.
Me mira a mí, como si esperara que yo pudiera recordar incluso aquello que sucedió antes de llegar.
—No lo sé.
Eunji toca la punta de su cabello.
—No quiero que lo tengan.
—Ya no lo tienen.
—Pero está ahí.
—Ahora lo tenemos nosotros.
Piensa un poco.
—¿Lo podemos tirar?
Hejin se endereza.
—Todavía debemos analizarlo.
Eunji frunce el ceño.
—¿Después?
—Después veremos.
—Eso significa que no.
—Significa que todavía no lo sabemos.
—Los adultos dicen eso cuando no quieren decir que no.
Kwon se cubre la boca para ocultar una sonrisa.
Hejin lo mira.
—No encuentro qué resulta gracioso.
—Nada.
Eunji vuelve a observar la trenza.
—No quiero verla más.
Hejin hace desaparecer el recipiente dentro de una caja de aislamiento.
—De acuerdo.
La tensión abandona un poco los hombros de la niña.
Las puertas del vehículo se abren.
Jang espera del otro lado.
—La sala está preparada.
Mira a Eunji.
—Los demás niños están arriba. Seolhwa puede acompañarte.
Eunji toma su diploma con ambas manos.
—No quiero ir sola.
—Seolhwa irá con vos.
—Quiero que venga papá.
Jang guarda silencio.
Lo que debe explicar está relacionado con ella.
Pero eso no significa que deba escuchar cada detalle.
Me agacho frente a Eunji.
—Voy a hablar con Jang un rato.
—¿Por mí?
—Sobre lo que ocurrió hoy.
—Entonces me quedo.
—Puede haber cosas feas.
Eunji baja la mirada hacia el diploma.
—Ya vi a los malos.
—No es lo mismo.
—¿Van a mostrar fotos?
—No mientras estés acá.
—¿De personas muertas?
Jiwon aprieta los labios.
Eunji entiende más de lo que quisiéramos.
Pero no de la manera en que lo haría un adulto.
No organiza los hechos.
Solo reconoce aquello que le da miedo.
—Sí —respondo.
—No quiero verlas.
—No vas a verlas.
—¿Me vas a contar después?
—Te voy a contar lo que necesites saber.
—¿Y no vas a mentir?
—No.
Eunji piensa.
Después levanta los brazos hacia mí.
La cargo.
Ya es demasiado grande para que resulte cómodo hacerlo durante mucho tiempo.
Aun así, la llevo hasta el ascensor.
Seolhwa camina junto a nosotros.
—Arriba tienen chocolatada —dice.
Eunji la mira.
—¿La hiciste vos?
—No.
—Entonces sí quiero.
Seolhwa se lleva una mano al pecho.
—Eso fue cruel.
—Jiwon dijo que casi quemaste la cocina.
—Fue una sola vez.
—Fueron dos —dice Jiwon.
—La segunda no cuenta porque todavía no había empezado a cocinar.
Llegamos al ascensor.
Eunji no baja de mis brazos.
—¿Vas a subir después?
—Sí.
—¿Cuánto vas a tardar?
—No lo sé.
—¿Mucho?
—Voy a intentar que no.
—Los adultos siempre tardan mucho cuando dicen eso.
No puedo discutirlo.
—Cuando termine, voy directo.
—Prometelo.
—Lo prometo.
Eunji me abraza el cuello.
Después permite que Seolhwa la tome.
—No dejes que el señor malo se escape —dice.
—No lo voy a dejar.
Mira hacia el vehículo.
—Y que no se lleve mi diploma.
—Tampoco.
Las puertas del ascensor se cierran.
Antes de desaparecer, Eunji levanta una mano.
La imito.
Luego regresa el silencio.
La sala principal del refugio posee una mesa larga y doce sillas.
Sobre una pared hay un mapa de Corea.
Sobre la otra, archivadores físicos sin conexión con ninguna red.
Cha Myeongjin es sentado en el extremo opuesto.
Kwon permanece detrás de él.
Mujin ocupa la puerta principal con el Escudo de los sesenta y cuatro nombres apoyado contra una pierna.
Doyun revisa el perímetro.
Jiwon se queda un momento observando el ascensor.
Después entra.
Eunbyeol abre el Libro de Babel: Octavo archivo.
Nuestros nombres aparecen sobre la primera página.
Ninguno falta.
Jang coloca dos carpetas sobre la mesa.
La primera posee un código policial.
INCIDENTE DE LA FÁBRICA DE GYEONGGI
Víctimas mortales confirmadas: 100.
Supervivientes: 1.
Menor encontrada: Eunji.
La segunda carpeta es negra.
No tiene título.
Solo un círculo blanco con un cero en el centro.
0
Miro la primera carpeta.
No necesito abrirla.
Recuerdo aquella fábrica.
Las lámparas parpadeando.
El olor metálico.
El círculo ritual.
Los cien cuerpos.
No noventa y nueve.
No aproximadamente cien.
Cien.
Los conté.
Siempre cuento los cuerpos.
En mi vida anterior, no hacerlo significaba permitir que una criatura fingiera estar muerta detrás de mí.
En la fábrica no quedaban respiraciones adultas.
No había corazones activos.
No existía nadie oculto entre los muertos.
Solo Eunji.
Una niña pequeña sentada en el centro, cubierta por sangre que no le pertenecía.
Cuando la levanté, no lloró.
No preguntó quién era.
Solo se aferró a mi ropa.
—El informe oficial coincide con su testimonio —dice Jang—. Cien cadáveres recuperados. Una menor viva.
—Entonces ¿qué contiene la otra carpeta? —pregunta Eunbyeol.
—Irregularidades posteriores al incidente.
Jang abre el expediente negro.
La mayor parte de la primera página fue eliminada.
No está censurada con tinta.
Alguien cortó fragmentos completos del papel.
—Esto es una copia —dice Hejin.
—Una reconstrucción —corrige Jang—. El expediente original desapareció.
Pasa la página.
Aparece la lista preliminar de objetos recuperados en la fábrica.
INVENTARIO INICIAL
1. Círculo ritual principal.
2. Cien cuerpos.
3. Recipiente ceremonial destruido.
4. Tres cuchillos de sacrificio.
5. Colgante negro.
6. Trenza de cabello infantil.
7. Cuaderno parcialmente quemado.
Jang coloca una segunda hoja junto a la primera.
EVIDENCIAS INGRESADAS EN DEPÓSITO
1. Fragmentos del círculo ritual.
2. Cien cuerpos.
3. Recipiente ceremonial destruido.
4. Tres cuchillos de sacrificio.
Faltan tres objetos.
El colgante.
La trenza.
El cuaderno.
Hejin hace reaparecer el recipiente durante un instante.
—La trenza regresó hoy.
—Sí.
Abro mi inventario.
El colgante obtenido durante la investigación anterior aparece sobre mi mano.
Metal oscuro.
Una abertura central rodeada por líneas que parecen caer hacia ella.
Jang lo observa.
—La descripción del objeto perdido coincide parcialmente.
Uno de los anillos del báculo de Hejin gira alrededor del colgante.
—No puedo confirmar que sea el mismo.
—¿Pero pertenece al mismo culto? —pregunta Mujin.
—Al mismo sistema ritual, como mínimo.
—Entonces alguien retiró evidencias y terminaron nuevamente en manos de los Adoradores del Fin —dice Eunbyeol.
—Esa es la hipótesis más probable —responde Jang.
Pasa otra página.
Solo queda una línea legible.
TRASLADO AUTORIZADO: NIVEL 0
No hay firma.
No hay nombre.
No aparece ningún departamento.
—La orden se registró cuarenta y seis minutos después de que los objetos fueran almacenados —explica Jang—. La credencial utilizada tenía un nivel de acceso superior al del responsable del depósito.
Kwon deja de apoyar la espalda contra la pared.
—¿A nombre de quién?
—De nadie.
—Eso no existe.
—No debería.
Hejin acerca el báculo a la hoja.
[Documento no mágico.][Alteración física confirmada.][Secciones faltantes: indeterminadas.]
—¿El cero es una autorización? —pregunta Eunbyeol.
—Eso parece.
—¿O el nombre de quien la utilizó?
—No lo sabemos.
—¿Cuántas personas podían crear una orden de ese nivel?
—No existe un registro completo.
Kwon observa la línea.
—Qué conveniente.
Jang no responde.
No tiene una explicación satisfactoria.
Solo documentos incompletos.
Objetos desaparecidos.
Un permiso que no debería existir.
Y una palabra que podría significar cualquier cosa.
Cero.
Miro a Myeongjin.
El sacerdote continúa con la cabeza baja.
—¿Conocés esta autorización?
No responde.
—¿Sabés quién retiró las evidencias?
Silencio.
—La trenza estaba en el altar utilizado hoy.
Nada.
Kwon se coloca detrás de su silla.
—Podemos pasar toda la noche.
Myeongjin ni siquiera parpadea.
—O toda la semana.
No reacciona.
Seolhwa habría intentado hacerlo hablar mediante amenazas.
Kwon utiliza otra clase de presión.
Espera.
El silencio se extiende.
Un minuto.
Dos.
Jang empuja una fotografía hacia el prisionero.
Muestra la trenza dentro del recipiente destruido.
Los dedos de Myeongjin se tensan.
Solo durante un instante.
Hejin lo percibe.
Eunbyeol también.
—Le importa —dice Kwon.
Myeongjin permanece inmóvil.
—No significa que vaya a hablar —responde Jang.
—No.
Kwon observa las manos del sacerdote.
—Pero significa que perderla no formaba parte del plan.
Myeongjin cierra los dedos.
Después vuelve a relajarlos.
No dice una palabra.
Jang coloca otra fotografía.
El círculo de la fábrica.
La imagen fue tomada después de que retiraran a Eunji.
Los cien cuerpos continúan allí.
La zona central está vacía.
—¿El ritual de la escuela pretendía completar este? —pregunta Jang.
Silencio.
—¿Era el mismo ritual?
Nada.
—¿La trenza era necesaria?
Myeongjin sigue mirando la mesa.
—¿Qué significa Estrella del Fin?
No responde.
Las preguntas empiezan a acumularse sin producir resultados.
Kwon se inclina hacia el sacerdote.
—Lo prepararon bien.
Myeongjin no levanta la cabeza.
—No lo suficiente para ganar.
Nada.
—El ritual falló.
Silencio.
—La niña está viva.
Los dedos se tensan otra vez.
—Y sigue llamándose Eunji.
Esta vez, el sacerdote levanta los ojos.
No mira a Kwon.
Me mira a mí.
No hay una sonrisa.
Tampoco miedo.
Solo una expresión vacía.
Después vuelve a bajar la mirada.
Kwon se endereza.
—Eso es todo lo que vamos a obtener.
—Puede quebrarse —dice Mujin.
—Tal vez.
Kwon guarda la daga.
—Pero no hoy.
Jang permanece sentado frente al prisionero.
—Cha Myeongjin.
No hay respuesta.
—El contrato que le impedía hablar fue destruido.
Nada.
—Sus compañeros fueron capturados.
Nada.
—Las personas conectadas con el ritual sobrevivieron.
Silencio.
—Y Eunji regresará a su casa esta noche.
El sacerdote cierra los ojos.
No sabemos si la frase lo afecta.
No nos entrega nada más.
Jang espera durante varios segundos.
Después hace una señal a los agentes.
—Llévenlo.
Myeongjin se pone de pie cuando tiran de sus brazos.
No intenta resistirse.
Al pasar junto a la carpeta negra, dirige una mirada hacia el cero de la portada.
Dura menos de un segundo.
Después continúa caminando.
No habla.
La puerta se cierra detrás de él.
Kwon observa el lugar vacío.
—Sabe algo.
—Eso era evidente —dice Hejin.
—No.
Kwon señala la carpeta.
—Reconoció el símbolo.
—También podría reconocer el expediente —responde Jang.
—O solo miró algo que sabía que observábamos.
Eunbyeol cierra una página del libro.
—Quiere que dudemos.
—Está funcionando —dice Mujin.
Miro el cero.
No necesitamos que el sacerdote fabrique una historia para nosotros.
Los hechos ya son suficientes.
Alguien retiró evidencia del ritual.
Algunos de esos objetos regresaron al culto.
La orden no tiene un responsable visible.
Y Myeongjin decidió que guardar silencio era más útil que intentar engañarnos.
Eso no confirma qué es Cero.
Solo confirma que el misterio no nació hoy.
Jang pasa la siguiente hoja.
Hay cinco nombres.
—Estas son las personas que tuvieron acceso a la reconstrucción del expediente.
Dos se retiraron.
Una continúa dentro de Seguridad Nacional.
Otra trabaja en el Ministerio del Interior.
La última desapareció.
—¿Las están vigilando? —pregunto.
—Desde hace una hora.
—¿Saben que las buscamos?
—No deberían.
—Eso no responde.
Jang guarda silencio.
—No podemos asegurarlo —admite.
—Quiero equipos separados —dice Eunbyeol—. Ninguno debe conocer todos los objetivos.
—Ya lo dispuse.
—¿Quiénes los integran?
—Personal que no utilizó los canales comprometidos durante el ataque.
—Eso tampoco garantiza que sean confiables —dice Mujin.
—No.
Jang no intenta fingir que posee el control completo.
—Por eso la información fue fragmentada.
Kwon se sienta en la silla que ocupaba Myeongjin.
—Voy a revisar la autorización.
—No —responde Jang.
—Está bien.
La aceptación llega demasiado rápido.
Jang lo mira.
—Ya empezó.
Kwon sonríe.
—No dije eso.
—¿Qué hizo?
—Nada ilegal.
—Eso reduce poco las posibilidades.
—Revisé una habitación.
—¿Cuál?
—Una que no figuraba en el plano.
Jang se quita los anteojos.
—Estamos dentro de una instalación de seguridad.
—Entonces deberían mejorar sus planos.
—Kwon.
—Encontré registros físicos de otras tres autorizaciones de nivel cero.
La sala queda en silencio.
Kwon saca varios papeles del interior de su abrigo.
Jang los reconoce.
—Eso estaba dentro de un archivo sellado.
—El sello era decepcionante.
—¿Qué autorizaban? —pregunta Eunbyeol.
Kwon deja los papeles sobre la mesa.
Uno corresponde al traslado de un objeto sin descripción.
Otro al cierre de una investigación.
El tercero posee casi todo el contenido eliminado.
Solo queda una fecha.
Seis años atrás.
—No sabemos si están relacionados con Eunji —dice Jang.
—No —responde Kwon—. Pero alguien utilizó el mismo agujero más de una vez.
Hejin examina los documentos.
—No hay continuidad de firma.
—Porque no es una persona —dice Mujin.
—O porque no quiere parecerlo —responde Eunbyeol.
No avanzamos más.
No todavía.
Cero puede ser un permiso.
Una identidad compartida.
Un grupo.
Una persona.
O una forma utilizada para borrar el origen de las órdenes.
No hay suficiente información para decidir.
Eso es más real que una respuesta conveniente.
Y mucho más peligroso.
Subo al nivel superior poco después.
Los niños se encuentran en una habitación preparada con colchones, juguetes y una televisión demasiado grande.
Minjun duerme en el suelo con una bolsa de galletitas vacía sobre el pecho.
Sora intenta acomodar mantas.
Nari juega a golpear sombras con una almohada.
Haru coloca curitas sobre un control remoto.
Eunji está sentada en una mesa pequeña.
Tiene una taza de chocolatada delante.
No la ha tocado.
Seolhwa se encuentra junto a ella.
—Te tardaste —dice Eunji.
No suena enojada.
Suena cansada.
—Sí.
—Dijiste que ibas a intentar no tardar.
—Lo intenté.
—No te salió.
—No.
Me siento frente a ella.
Eunji empuja la taza en mi dirección.
—Está fría.
—Podemos calentarla.
—No quiero esa.
—¿Querés otra?
Niega.
Mira hacia la puerta.
—¿El señor malo habló?
—No.
—¿Nada?
—Nada.
—¿Ni su nombre?
—Ya sabemos cómo se llama.
—Pero él no lo dijo.
—No.
Eunji toma la taza con ambas manos.
—No me gusta.
—Lo sé.
—Parece que está haciendo trampa.
—Un poco.
—¿Kwon no pudo hacerlo hablar?
—No.
La respuesta parece sorprenderla.
Kwon siempre puede abrir puertas, robar objetos y aparecer en lugares donde no debería estar.
Para ella, eso lo vuelve capaz de resolver cualquier misterio.
—¿Y Seolhwa?
—Tampoco la dejamos intentarlo.
Seolhwa cruza los brazos.
—Una decisión discutible.
Eunji mira la taza.
—¿Saben por qué querían mi pelo?
—Para hacer el ritual de la escuela.
—¿Y por qué querían hacerme ese nombre feo?
—Todavía no.
—¿Estrella del Fin?
—Sí.
Eunji frunce la nariz.
—No me gusta.
—No tenés que usarlo.
—Yo ya tengo nombre.
—Sí.
—Y es más corto.
—También.
Piensa un poco.
—¿Cero es otro malo?
—No sabemos qué es.
—¿Es una persona?
—Puede ser.
—¿Un monstruo?
—No parece.
—¿Un policía malo?
—También puede ser alguien que utilizó documentos del gobierno.
Eunji me mira sin comprender del todo.
—¿Robó mis cosas?
—Sí.
Eso sí lo entiende.
—Entonces es un ladrón.
—Como Kwon —dice Seolhwa.
—Escuché eso —responde Kwon desde el pasillo.
Entra con dos tazas humeantes.
Coloca una frente a Eunji.
—No soy como Cero.
—Vos también robás cosas —dice ella.
—Solo cosas que lo merecen.
—Las galletitas no hacen nada.
—Se esconden.
—Vos las escondés.
Kwon mira la taza fría.
—¿No te gustó?
—Se enfrió.
—Esta está nueva.
Eunji la prueba.
Sus ojos se abren.
—Tiene mucha azúcar.
—No sé de qué hablás.
Jiwon aparece detrás.
—Kwon.
Él se retira antes de que pueda quitarle la taza.
Eunji bebe otra vez.
—No le digas.
—Ya lo escuchó.
Eunji mira hacia la puerta.
—Entonces no le digas cuánto.
Eso sí es algo que diría una niña de seis años.
No piensa en redes internacionales.
No intenta comprender las jerarquías del culto.
Tiene miedo.
Está cansada.
Quiere saber si los malos hablaron.
Y después quiere una chocolatada que no esté fría.
—¿Nos vamos a casa? —pregunta.
—En un rato.
—Dijiste eso antes.
—Esta vez falta poco.
—¿Cuánto?
—Cuando termine tu taza.
Eunji empieza a beber más rápido.
—Despacio.
Se detiene.
—Pero quiero irme.
—Vamos a irnos aunque tardes.
—Entonces ¿por qué dijiste lo de la taza?
No tengo una buena respuesta.
Kwon se ríe desde el pasillo.
Lo ignoro.
Eunji apoya la cabeza contra mi brazo.
—Quiero dormir en mi cama.
—Vas a hacerlo.
—¿Y el diploma?
—Lo llevamos.
—¿No lo agarró el señor malo?
—No.
Lo señala sobre la mesa.
—Está ahí.
Eunji lo toma y lo sostiene contra el pecho.
—Entonces vámonos.
Regresamos a la residencia poco antes del amanecer.
Los otros niños son llevados a sus habitaciones.
Eunji se niega a dormir hasta que colguemos el diploma.
—Podemos hacerlo mañana —dice Jiwon.
—Hoy era el acto.
—Ya es mañana.
Eunji mira el reloj.
Después a nosotros.
—Eso es trampa.
Mujin aparece con madera, herramientas y una regla.
No pregunta por qué seguimos despiertos.
Empieza a construir un marco.
Eunji se sienta en el suelo junto a él.
—La esquina está doblada —dice Mujin.
—No la arregles.
—Puedo alisarla.
—No.
—¿Por qué?
Eunji toca la marca.
—Volvió así.
Mujin asiente.
No intenta convencerla.
Construye el marco alrededor del diploma tal como está.
Cuando termina, Eunji elige la pared principal del salón.
—Ahí.
—Hay una placa —dice Jang.
—Se puede mover.
Jang mira la placa entregada por el gobierno.
Después a Eunji.
—De acuerdo.
La desplaza.
Colocamos el diploma en el centro.
Es pequeño.
Mucho más pequeño que las placas del sistema y los reconocimientos del gobierno.
Eunji lo observa durante varios segundos.
—Está torcido.
Mujin toma la regla.
—No lo está.
—Un poquito.
Lo mueve menos de un centímetro.
—Ahora.
Eunji sonríe.
—Ahora sí.
Poco después se queda dormida sobre el sofá.
La cargo.
Su mano continúa cerrada alrededor de una cinta amarilla del uniforme.
La llevo a su habitación.
Antes de dejarla sobre la cama, abre los ojos.
—Papá.
—Estoy acá.
—No dejes que se lleven mi pelo otra vez.
—No voy a dejarlo.
—Ni el diploma.
—Tampoco.
—Ni mis galletitas.
—Eso tenés que hablarlo con Kwon.
Eunji piensa.
—Escondelas vos.
—De acuerdo.
Cierra los ojos.
Esta vez se duerme.
La ventana aparece a las seis de la mañana.
La luz azul atraviesa la residencia.
No llega solo a mí.
Los paneles de todos se activan al mismo tiempo.
Las alarmas gubernamentales comienzan a sonar unos segundos después.
Las puertas se abren.
Eunbyeol baja con el libro en las manos.
Mujin ya lleva el escudo.
Hejin entra en el salón sin haberse quitado el abrigo.
Doyun aparece desde el patio.
Jiwon cierra la puerta del pasillo de los niños.
Kwon sale de una sombra mientras mastica una galletita.
Seolhwa todavía sostiene la cuchara que llevó a la escuela.
Kwon la señala.
—¿Ahora esa es su arma?
—Acercate y comprobalo.
—Más tarde.
La ventana se amplía.
[ANUNCIO MUNDIAL.]
[La recalibración posterior a la resolución excepcional del piso 5 ha concluido.]
[La progresión ordinaria de la Torre será reanudada.]
Una segunda ventana aparece debajo.
[PRÓXIMA APERTURA.]
[PISO 6.]
[Tiempo restante:]
[14 días, 23 horas, 59 minutos, 59 segundos.]
El último número cambia.
[14 días, 23 horas, 59 minutos, 58 segundos.]
[Nombre del escenario: bloqueado.]
[Cantidad de participantes: pendiente.]
[Condiciones de ingreso: pendientes.]
[Requisitos especiales: bloqueados.]
Una tercera ventana se despliega.
[Cortafuegos de los quince pisos.]
[Protección contra interferencias exteriores: activa.]
[Pisos protegidos restantes: 15.]
[Próximo escenario protegido: Piso 6.]
Hejin activa Auditoría de autoridad.
Uno de los anillos del báculo gira.
[Origen identificado: autoridad administrativa.]
[Información verdadera.]
[Alteración exterior: no detectada.]
—Agnóvar no intervino en el anuncio —dice.
—Amosfe tampoco —añade Eunbyeol.
Como si el sistema reconociera la necesidad de aclararlo, aparece una última ventana.
[ACLARACIÓN ADMINISTRATIVA.]
[El cortafuegos impide la intervención directa o indirecta de entidades exteriores.]
[No impide acciones realizadas por humanos, organizaciones humanas ni mecanismos activados antes de su implementación.]
Seolhwa aprieta la cuchara.
—Odio esa aclaración.
—Confirma lo que ya suponíamos —dice Hejin.
—Sigue sin gustarme.
Jang entra mientras observa su propio panel.
Lleva dos carpetas.
Una corresponde a la fábrica.
La otra contiene informes de incidentes recientes.
—Quince días —dice.
—Catorce días, veintitrés horas y cincuenta y ocho minutos —corrige Hejin.
Jang deja las carpetas sobre la mesa.
INCIDENTES VINCULADOS CON LOS ADORADORES DEL FIN
[Confirmados: 4.]
[En investigación: 11.]
[Células capturadas: 2.]
[Estructura central: desconocida.]
—¿Todos ocurrieron después del ataque? —pregunta Mujin.
—Dos células se movieron casi al mismo tiempo —responde Jang—. Una intentó entrar en un depósito de objetos de la Torre en China. Otra atacó a un antiguo participante en Japón.
—¿Recibieron órdenes nuevas? —pregunta Eunbyeol.
—No lo sabemos.
—Las entidades exteriores no podrían enviarlas ahora —dice Hejin.
—Eso no significa que no las hayan recibido antes —responde Doyun.
Eunbyeol abre el Libro de Babel.
Escribe una lista.
LIMITACIONES PROBABLES DEL CULTO
Órdenes anteriores al cortafuegos.
Comunicación mediante humanos.
Reliquias preparadas con anticipación.
Objetivos seleccionados antes del piso 5.
—Es una ventaja —dice Mujin.
—Pequeña —responde Eunbyeol—. Sus planes no pueden adaptarse mediante mensajes directos de sus dioses.
—Pueden adaptarlos ellos mismos —dice Kwon.
—Sí.
—Y ahora conocen parte de nuestras habilidades —añade Jiwon.
El ataque frente a la escuela no solo buscaba a Eunji.
También nos obligó a mostrar parte de nuestras recompensas.
Mujin utilizó la Muralla.
Hejin, Objeción técnica.
Doyun, las Flechas de la séptima estaca.
Kwon mostró sus nuevas dagas.
Yo corté un contrato mediante Absoluto.
Cualquier cultista que haya escapado podría transmitir esa información.
—Nadie salió del área —dice Doyun.
—Los que estaban dentro no —respondo—. Eso no significa que no hubiera observadores afuera.
El silencio regresa.
Myeongjin no habló.
Pero alguien preparó el ataque.
Alguien eligió la escuela.
Alguien sabía que todos asistiríamos al acto.
El sacerdote puede permanecer callado porque no era la única pieza.
—Necesitamos dos planes —dice Mujin—. Piso seis y defensa de la Tierra.
—Todavía no sabemos cuántos podrán ingresar —dice Eunbyeol.
—Ni quiénes —añade Jiwon.
Seolhwa mira hacia el piso superior.
—Si entramos todos, los chicos quedan sin nosotros.
—No quedarán solos —responde Jang.
Abre la segunda carpeta.
Varias fotografías aparecen.
Naomi Brooks.
Maya Torres.
Zhao Meilin.
Kaede Ishikawa.
Amara Okafor.
Layla Haddad.
Noor Al-Khatib.
Supervivientes de Babel.
Personas que conocen lo que una entidad exterior puede hacer con la identidad de alguien.
—Estoy preparando una red internacional de respuesta —explica Jang—. No tendrá una cadena de mando única. Cada país conservará autonomía, pero compartirá alertas, objetivos y rutas de apoyo.
—Cooperación sin uniformidad —murmura Eunbyeol.
La recompensa global del quinto piso.
Jang asiente.
—La bonificación permitirá coordinar grupos de diferentes nacionalidades con menos interferencias.
—Necesita un nombre —dice Kwon.
—Todavía no.
—Después de Babel, debería comprender que todo necesita uno.
Jang parece dispuesto a discutir.
Una puerta se abre en el nivel superior.
Eunji aparece en la escalera.
Lleva una manta alrededor de los hombros. Su cabello está desordenado y uno de sus ojos continúa medio cerrado.
—¿Por qué hacen tanto ruido?
Todos guardamos silencio.
Eunji baja un escalón.
Ve la ventana.
[14 días, 23 horas, 53 minutos, 17 segundos.]
—¿Es la Torre?
—Sí —respondo.
Se frota un ojo.
—¿Ya?
—Faltan catorce días.
Eunji intenta contar con los dedos.
Llega a diez.
Después vuelve a empezar con la otra mano.
—Es mucho.
—No tanto —dice Hejin.
Eunji la mira.
—Sí es mucho.
Hejin no discute.
Eunji baja otro escalón.
—¿Vas a entrar?
—Todavía no sabemos quiénes pueden hacerlo.
—Pero vos sí.
—Es probable.
—Entonces los malos van a venir cuando no estés.
No lo presenta como una deducción compleja.
Lo dice porque así funcionan los villanos de los juegos.
Esperan a que el héroe se vaya.
En eso puede tener razón.
Seolhwa mira a Jang.
—La niña lo entendió en cinco segundos.
—También lo consideramos —responde él.
Eunji sigue bajando.
—¿Quién se queda conmigo?
La pregunta no se refiere a organizaciones internacionales.
Ni a la Asociación.
Ni al gobierno.
Quiere saber quién estará en la casa.
Jang observa las fotografías de los supervivientes.
—Vamos a asegurarnos de que haya personas protegiéndolos.
—¿Quiénes?
—Todavía estamos organizándolo.
Eunji frunce el ceño.
—¿Personas conocidas?
—Algunas.
—No quiero extraños.
—No van a estar solos con extraños —dice Jiwon.
Eunji llega al último escalón.
—¿Seolhwa se queda?
Seolhwa abre la boca.
No sabe si podrá entrar al piso.
—Todavía no sé.
—¿Kwon?
—La Torre siempre encuentra formas de meterme en problemas —responde él.
—¿Mujin?
—No lo sabemos —dice Mujin.
Eunji aprieta la manta alrededor de su cuerpo.
—Entonces no saben nada.
Hejin parece a punto de corregirla.
Decide no hacerlo.
Me acerco.
—Antes de entrar, vas a saber quién se queda.
—¿Seguro?
—Sí.
—Y no quiero diez soldados mirando cuando voy al baño.
Jang acomoda sus anteojos.
—Podemos organizar la seguridad de otra manera.
—La otra vez había uno afuera.
—Era necesario.
—Me preguntó tres veces si estaba bien.
—Estaba cumpliendo su función.
—Yo solo quería hacer pis.
Kwon gira hacia Jang.
—La crítica es válida.
Jang lo ignora.
Eunji mira las fotografías sobre la mesa.
—¿Ellos se quedan?
—Algunos podrían ayudar —respondo.
—¿Son amigos?
—Lucharon con nosotros.
—Eso no significa que sean amigos.
Nadie responde inmediatamente.
Eunji puede no comprender una estructura internacional.
Pero entiende la diferencia entre una persona conocida y alguien que solo estuvo cerca.
—No todos —admite Eunbyeol—. Algunos sí.
—Entonces que vengan los amigos.
Kwon se inclina hacia Jang.
—Ya tiene criterio de selección.
—No vamos a crear una fuerza internacional según una niña de seis años.
—Hasta ahora es la única que preguntó quién va a estar dentro de la casa.
Jang observa la residencia.
Después las habitaciones.
La red que prepara está destinada a proteger instalaciones, civiles, legados y supervivientes.
Pero el centro de todo eso no es una base.
Es un lugar al que las personas esperan regresar.
Eunbyeol abre una página vacía.
—Red Casa —dice.
Jang la mira.
—¿Ese es el nombre que propone?
—Es simple.
—Demasiado.
—Los nombres simples se recuerdan mejor —responde Mujin.
Kwon asiente.
—Y es mejor que cualquier opción de Jang.
—Todavía no propuse ninguna.
—Exactamente.
Eunbyeol escribe.
RED CASA
[Propósito: proteger a las personas, lugares e identidades que permanecen en la Tierra durante las aperturas de la Torre.]
El libro acepta el registro.
No concede una habilidad.
No aparece ninguna recompensa.
Solo conserva el nombre.
Eunji mira la página.
—¿La casa va a tener soldados?
—Entre otras personas —responde Jang.
—¿Y alguien va a hacer la comida?
Todos miran a Seolhwa.
—Puedo hacerlo —dice ella.
—No —responde toda la sala.
Eunji asiente.
—Entonces está bien.
Sube nuevamente las escaleras.
—¿A dónde vas? —pregunto.
—A dormir.
—¿No querés desayunar?
Se detiene.
—¿Hay panqueques?
—Todavía no.
—Entonces me despiertan cuando haya.
Continúa subiendo.
Después asoma la cabeza entre los barrotes de la escalera.
—Y escondé mis galletitas de Kwon.
—¡Estoy presente! —protesta él.
—Por eso.
Eunji desaparece por el pasillo.
Kwon me mira.
—Está dañando mi reputación.
—La construiste vos.
La casa recupera el silencio.
No dura.
El contador continúa descendiendo.
[14 días, 23 horas, 49 minutos, 42 segundos.]
Tenemos catorce días.
Para entrenar.
Para preparar el sexto piso.
Para estudiar nuestras nuevas habilidades.
Para organizar una red capaz de proteger la Tierra cuando los principales grupos ingresen a la Torre.
Para localizar células humanas que continúan obedeciendo órdenes entregadas antes del cortafuegos.
Para descubrir quién retiró la trenza, el colgante y el cuaderno de la fábrica.
No tenemos una explicación completa.
Tampoco una voz dispuesta a entregarla.
Cha Myeongjin permanece encerrado debajo de la ciudad.
En silencio.
Puede que hable mañana.
Puede que no diga una palabra durante años.
El Expediente Cero continúa abierto sobre la mesa.
No sabemos si el cero representa a una persona.
Una organización.
Una autorización.
O solo la ausencia deliberada de un nombre.
El sistema no nos entregará una misión para averiguarlo.
No habrá experiencia por encontrar la página correcta.
No habrá oro por descubrir quién utilizó aquella credencial.
En la Tierra, algunas respuestas deben perseguirse sin saber si existen.
El Lobo abre los ojos dentro del bosque espiritual.
Enemigo escondido.
—Sí.
Espera.
Miro el contador.
La Torre anuncia cada segundo que falta para su próxima apertura.
Nuestros enemigos humanos no necesitan hacerlo.
Agnóvar y Amosfe permanecen detrás del cortafuegos.
No pueden enviar avatares.
No pueden poseer recipientes.
No pueden modificar el próximo piso.
Pero las personas que ya decidieron servirlos siguen aquí.
El contador cambia.
[14 días, 23 horas, 48 minutos, 59 segundos.]
Desde el piso superior llega la voz de Eunji.
—¡PAPÁ!
Levanto la cabeza.
—¿Qué pasó?
—¡KWON ENCONTRÓ LAS GALLETITAS!
Kwon deja de sonreír.
Todos lo miramos.
—Eso no prueba que las haya tomado.
—¡TIENE MIGAS EN LA CARA! —grita Eunji.
Jiwon se pone de pie.
Kwon retrocede.
—Podemos resolver esto como adultos.
—Devolvelas —digo.
—Ya no están en condiciones de ser devueltas.
La Torre se abrirá en catorce días.
El culto continúa activo.
El Expediente Cero no ofrece respuestas.
Pero, por el momento, el problema más urgente de la residencia es recuperar las galletitas de una niña de seis años.
No es paz.
Tampoco seguridad.
Pero se parece lo suficiente a la normalidad como para recordarme por qué debemos protegerla.
Thoughts
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PermalinkLa esquina doblada 🥹
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PermalinkRed Casa como nombre para una red internacional me gusto mucho, y que el libro lo acepte sin dar ninguna recompensa. Me hace pensar en que todo lo que protegen en esta historia al final es eso, un lugar al que volver con las galletitas escondidas. Apuesto a que Eunji va a tener mas voz en esa red de la que Jang quiere admitir :)
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PermalinkKwon con migas en la cara jurando que eso no prueba nada, che. Me reí sola en el pasillo.
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