hoy terminé mi quinto semestre de la universidad y me he quedado más decepcionada de mí misma de lo que me gustaría admitir.
este semestre tuvo una peculiaridad que los otros no tuvieron,
me desafió.
y quizá eso es precisamente lo que más me duele,
darme cuenta de que incluso cuando algo me desafía, yo sigo sintiendo que no soy suficiente para estar aquí.
muchas veces miro a mis compañeros, a los que me rodean,
y no puedo evitar sentirme minúscula cuando se acercan y hacen de su presencia un acto,
cuando hablan con seguridad, cuando saben qué están haciendo, cuando parecen pertenecer a este lugar como si hubieran nacido sabiendo cómo caminar por él.
yo odio mi carrera.
creo que nunca terminé de adaptarme,
pero lo intenté.
intenté sobresalir durante la pequeña racha en la que todavía creía que podía hacerlo,
intenté convencerme de que eventualmente iba a entender,
de que algún día iba a dejar de sentirme como una intrusa sentada en un salón al que alguien se equivocó al dejarme entrar.
no pude.
no entiendo muchas cosas de la escuela,
a veces ni siquiera entiendo qué hago aquí.
me siento tan insuficiente, tan inocente y tan vivida al mismo tiempo.
como si hubiera pasado demasiado para sentir que todavía estoy aprendiendo a vivir,
pero hubiera aprendido tan poco que me da vergüenza admitirlo.
mi meta era que quienes están antes que yo me miraran con ese orgullo con el que uno mira a alguien que quizá no desea superar, pero sí seguir,
alguien que quieres convertir en guía porque todavía no sabes cómo encontrar el camino solo.
y ahora pienso que si yo fuera guía de alguien, probablemente lo perdería.
lo dejaría varado en algún punto de este camino,
con un mapa mal dibujado y la absurda certeza de que yo sabía hacia dónde íbamos.
no sé por qué sigo exigiéndome como si intentar no decaer no fuera ya demasiado.
quizá ese sea el problema.
estoy tan concentrada en la escuela que se me olvidó cómo era yo antes de las exigencias,
antes de las comparaciones,
antes de mis propias humillaciones.
me miro y ya no soy más que una comparación.
una competencia con todo el mundo.
mío contra el suyo,
mis calificaciones contra las de ellos,
mi avance contra el de ellos,
mi vida contra vidas que ni siquiera conozco por completo.
miro estas últimas calificaciones y me dan vergüenza.
y no sé por qué alguien desearía estar en mi lugar.
de verdad no lo entiendo.
si alguien pudiera vivir exactamente lo que yo estoy viviendo ahora,
creo que se sentiría miserable.
igual de miserable que yo.
me extraño.
y lo peor es que ya no sé exactamente a quién extraño.
estar aquí me hace pensar en aquellos momentos en los que estaba sentada frente a la computadora, a minutos de presentar mi examen de admisión, preguntándome si realmente aquello que había escogido era lo mío.
¿por qué no tiré la toalla a tiempo?
qué pregunta tan estúpida para hacerse cinco semestres después.
y, sin embargo, aquí estoy.
divagando otra vez.
hay una fiebre que no me da en el cuerpo,
me da cuando pienso en todas las personas que pude haber sido.
y ninguna se parece demasiado a la que aprendí a presentar cuando me preguntan quién soy.
pienso que hubiera elegido hablar.
pero hace tanto tiempo que me enseñaron a guardar silencio que ya no sé si perdí la voz o si simplemente aprendí a esconderla tan bien que ahora, cuando intento encontrarla, solo encuentro palabras que no sé si me pertenecen.
hubiera querido escribir.
no por tener algo importante que decir,
sino porque siempre tuve demasiadas cosas sucediendo dentro de mí y necesitaba alguna forma de sacarlas antes de que terminaran pudriéndose.
pero supongo que hay sueños que no pagan la renta,
y que a veces el hambre tiene una manera mucho más convincente de explicarte por qué deberías dejar de perseguir ciertas cosas.
o quizá lo mío era mirar.
mirar a las personas durante tanto tiempo que pudiera entenderlas sin preguntar,
guardar sus gestos, sus silencios,
la forma en que alguien aparta la mirada cuando está a punto de llorar,
la manera en que una habitación cambia cuando alguien deja de sentirse querido dentro de ella.
quizá quería hacer de mis ojos una ventana,
para que alguien pudiera entrar durante unos minutos a la vida que yo veía,
para que pudiera sentir lo que era estar dentro de mi cabeza sin tener que soportar el peso de ser yo.
qué extraño es pasar tanto tiempo aprendiendo
y sentir que cada cosa que sabes te aleja un poco más de ti.
tal vez estoy cansada de tener que convertirme en algo antes de haber tenido siquiera la oportunidad de descubrir quién era.
hoy terminé mi quinto semestre.
y no sé si eso significa que avancé,
que sobreviví,
que perdí cinco semestres,
o que simplemente llegué hasta aquí.
pero llegué.
supongo que, por ahora, eso tendrá que ser suficiente.
aunque no se sienta como una victoria.
ustedes díganme, ¿cómo encontraron lo que de verdad les apasiona? y si no hacen lo que les gusta, ¿cómo aprendieron a vivir con ello?
- Mar un 30 de septiembre del 2026 a las 23:29hrs