Lo de "había polvo" y después "polvo institucional" me hizo reír. Kwon llorando y negándolo en la misma frase, lo más humano del capítulo.
capítulo 67: piso 4(4)
Después de incontables años, aparece un nuevo mensaje del sistema.
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Lo de "había polvo" y después "polvo institucional" me hizo reír. Kwon llorando y negándolo en la misma frase, lo más humano del capítulo.
Contenido de la publicación
Después de incontables años, aparece un nuevo mensaje del sistema.
No sé cuántos han pasado exactamente.
Dejé de contarlos cuando los árboles cubrieron por completo el horizonte blanco.
Después dejé de contar los siglos.
Más tarde, incluso esa palabra perdió parte de su significado.
El bosque que creamos ya no se parece al pequeño círculo de pasto que nació junto a las patas del Lobo. Hay montañas cubiertas de árboles, ríos espirituales que atraviesan valles y criaturas formadas con la energía acumulada del piso.
Ciervos de corteza oscura beben en las orillas.
Aves de hojas verdes sobrevuelan las copas.
Pequeños animales se esconden entre raíces más antiguas que muchas civilizaciones humanas.
Nada de esto existía cuando entré.
La habilidad de recuperación del piso impedía que la energía se agotara por completo. Cada raíz creada por el Lobo recibía más de lo que necesitaba para mantenerse. Con el tiempo, aquellas raíces aprendieron a crecer sin que él las controlara.
Después aparecieron las plantas.
Más tarde, los animales.
No eran invocaciones directas.
Tampoco ilusiones.
Eran una especie de vida espiritual nacida dentro del vacío.
El Lobo y yo observamos durante siglos cómo ese mundo aprendía a existir.
Ahora estamos sobre una elevación desde donde se puede ver casi todo el bosque.
Él ya no se parece a la criatura que invoqué por primera vez.
Su cuerpo es enorme. La corteza que lo recubre tiene líneas plateadas, y entre sus ramas crecen pequeñas flores blancas. Sus ojos poseen una profundidad que ninguna bestia invocada debería tener.
No necesito utilizar el vínculo para comprenderlo.
Cuando me mira, sé que hay alguien detrás de esos ojos.
No una orden.
No una habilidad.
Alguien.
La ventana roja aparece sobre el cielo.
[Atención]
[Se ha detectado una anomalía dentro de las condiciones del piso.]
El Lobo levanta la cabeza.
Los animales del bosque también se detienen.
La siguiente línea tarda varios segundos en formarse.
[La invocación vinculada al participante actúa como un ser independiente del invocador.]
[La entidad posee:]
[Autoconciencia.]
[Voluntad individual.]
[Capacidad de rechazar órdenes.]
[Memoria independiente.]
[Desarrollo emocional no derivado exclusivamente del vínculo.]
La mirada del Lobo permanece sobre el mensaje.
No parece sorprendido.
Yo tampoco.
Hace mucho que dejó de ser una simple extensión de mi espada.
[La presencia de una segunda conciencia contradice la condición principal de La soledad.]
[La manifestación de la entidad será prohibida dentro del piso.]
El viento atraviesa las copas.
Durante miles de años, ese sonido fue parte de nuestra vida.
Ahora parece una despedida.
Miro hacia arriba.
Después, hacia mi amigo.
-Supongo que hasta acá vas a poder acompañarme.
El Lobo se acerca.
Cada uno de sus pasos hace temblar ligeramente el suelo. Los animales que viven entre los árboles no huyen. Se apartan con respeto y vuelven a observarnos.
-No es hasta acá -responde.
Su voz ya no llega únicamente a través de pensamientos.
El bosque entero la reproduce.
Las hojas.
Las raíces.
El agua.
-Solo no puedo seguir dentro de este lugar.
Extiendo una mano.
Él baja la cabeza hasta colocarla debajo de mi palma.
La corteza está tibia.
Durante tanto tiempo fue la única presencia que tuve junto a mí que terminé olvidando que nuestro encuentro comenzó como una habilidad.
-No sé cuándo voy a salir.
-Vas a salir.
-El sistema todavía no terminó de observarme.
-Entonces que mire.
Una sonrisa pequeña aparece en mi rostro.
-Aprendiste a ser arrogante.
-Aprendí de vos.
-Eso explica demasiado.
El Lobo levanta la cabeza.
Sus ojos penetran los míos.
-Te veré afuera.
No formula una pregunta.
Tampoco parece necesitar una promesa.
Lo afirma.
Como si el exterior fuera solamente otro punto del bosque al que llegará tarde o temprano.
-Sí -respondo-. Te veré afuera.
Su cuerpo comienza a deshacerse.
No en partículas de luz.
En hojas.
Primero desaparecen las patas.
Después el torso.
Las ramas de su espalda se extienden por última vez y se conectan con las raíces del suelo.
Durante un instante, todo el bosque brilla.
Siento una enorme cantidad de energía regresar hacia la Espada del bosque.
No es una orden del sistema.
Él lo elige.
El Lobo deja de manifestarse y vuelve al interior del arma.
El vínculo cambia en cuanto entra.
Antes podía sentirlo como una parte de mí.
Ahora siento una puerta cerrada.
Y detrás de ella, una presencia que espera.
Independiente.
Completa.
Viva.
El último fragmento de su rostro desaparece.
Pero el bosque permanece.
El sistema prohibió su manifestación.
No pudo borrar lo que construyó.
Los árboles no desaparecen.
Los ríos continúan fluyendo.
Los ciervos vuelven a caminar.
Las aves retoman el vuelo.
Durante miles de años, La soledad intentó reducirme a una única conciencia dentro de un espacio sin nada.
Ahora existe un mundo entero detrás de nosotros.
Un mundo que nació porque dos seres se negaron a aceptar el vacío.
Apoyo una mano sobre la empuñadura de la espada.
-Nos vemos afuera.
No recibo una respuesta.
No hace falta.
El tiempo continúa.
Sin el Lobo, el bosque se siente diferente.
No está vacío.
Nunca volverá a estarlo.
Pero su ausencia ocupa un espacio que ningún animal espiritual puede llenar.
Entreno.
Medito.
Camino entre los árboles.
Repito las formas hasta que los movimientos dejan de sentirse como técnicas y se convierten en una parte de mi respiración.
No sé cuánto tiempo pasa después de su desaparición.
Podrían ser años.
Podrían ser siglos.
Dentro de este lugar, ambas cosas dejaron de ser tan diferentes.
Entonces el sistema vuelve a aparecer.
No es una ventana privada.
La luz atraviesa el cielo completo.
Cada hoja se vuelve dorada.
Los ríos dejan de avanzar.
Las criaturas levantan la cabeza al mismo tiempo.
[ANUNCIO MUNDIAL]
Permanezco inmóvil.
No veía un anuncio de esta clase desde antes de entrar al cuarto piso.
La voz del sistema llega desde todas partes.
[Ha aparecido el primer cazador de la historia en completar una misión con finalización EX.]
El bosque desaparece debajo de la luz del mensaje.
[Feliciten por este logro a Kim Cheonro.]
Mi nombre cruza el mundo exterior.
Después de tantos años sin escuchar una voz humana, resulta extraño imaginar millones de personas leyéndolo al mismo tiempo.
La siguiente ventana ocupa el cielo.
[ANUNCIO MUNDIAL]
[Felicidades a la humanidad.]
[La raza humana es la primera especie registrada en completar el piso 4 con rango EX.]
No sé qué otras razas existen.
Tampoco cuántas alcanzaron la Torre antes que nosotros.
El sistema no lo explica.
Solo entrega la recompensa.
[RECOMPENSA RACIAL ADQUIRIDA]
[La probabilidad de despertar de todos los humanos aumenta un 10 %.]
El mensaje permanece suspendido.
Un aumento de diez por ciento.
No significa que todos despertarán.
Pero a escala mundial, son millones de oportunidades nuevas.
Más sanadores.
Más combatientes.
Más personas capaces de proteger ciudades cuando lleguen los pisos verdaderamente peligrosos.
El sistema vuelve a hablar.
[Feliciten al precursor de esta era por este maravilloso logro.]
Precursor.
La palabra se siente demasiado grande.
Yo solo entrené porque no tenía otra cosa que hacer.
Permanecí porque la Torre me ofreció tiempo.
Sobreviví porque la soledad dejó de asustarme hace mucho.
Aun así, el resultado afectará a toda la humanidad.
Quizá eso sea suficiente para darle un significado.
La luz empieza a apagarse.
Una nueva ventana aparece.
[Atención]
[El piso 4 finalizará en 3 segundos.]
Miro mis manos.
Aquellas manos me resultan desconocidas.
No cambiaron físicamente.
Continúan siendo las de Kim Cheonro.
Jóvenes.
Sin las arrugas que deberían corresponder a los años transcurridos.
Sin embargo, yo sé todo lo que hicieron.
Millones de cortes.
Siglos sosteniendo una espada.
Árboles plantados.
Formas construidas y destruidas.
Conversaciones con el Lobo bajo ramas que tardaron cientos de años en crecer.
Estas manos entraron hace tres meses.
Para mí, fue otra vida.
Tal vez varias.
[3...]
Una ventana distinta interrumpe el contador.
[Atención]
[Se concederá una compensación única por completar con éxito una misión de rango EX.]
Frunzo el ceño.
[La diferencia temporal entre el participante y el mundo exterior supera los parámetros de adaptación recomendados.]
[La reintegración inmediata podría provocar:]
[Desorientación temporal.]
[Rechazo sensorial.]
[Incapacidad para reconocer vínculos recientes.]
[Deterioro de la comunicación.]
[Aislamiento voluntario.]
No necesito al sistema para saberlo.
Durante miles de años, los rostros del grupo existieron únicamente como recuerdos.
Al principio eran claros.
Después tuve que repetir sus nombres para no perder detalles.
Más tarde, el Lobo me ayudó a reconstruirlos.
Mujin.
Kwon.
Jiwon.
Doyun.
Hejin.
Seolhwa.
Eunbyeol.
Eunji.
Los recuerdo.
Pero recordar a alguien no significa seguir sintiendo que lo viste ayer.
[Compensación única adquirida.]
[Durante el primer día después de abandonar el piso, experimentará sus vínculos y recuerdos del mundo exterior con la cercanía emocional que poseían el día de su ingreso.]
[Los años transcurridos no serán borrados.]
[Las habilidades, experiencias y cambios de identidad serán conservados.]
[La compensación solo facilitará la readaptación.]
Una última línea aparece.
[Usted vivirá este día como si fuera el primero en el que entró al piso 4.]
[Buena suerte :)]
El símbolo final me resulta familiar.
La misma sonrisa que apareció cuando comenzó el apocalipsis.
Por alguna razón, ahora parece menos una burla.
[2...]
[1...]
El bosque comienza a alejarse.
No desaparece.
Yo soy quien se separa.
Las copas se vuelven pequeñas.
Los ríos se convierten en líneas.
Miles de animales observan desde abajo.
El primer árbol, aquel que nació de una raíz junto a la pata del Lobo, sobresale entre todos.
Después el mundo se vuelve blanco.
El ruido llega antes que las imágenes.
Voces.
Alarmas.
Motores.
Personas respirando.
Pasos.
Llantos.
Gritos.
El sonido se estrella contra mí.
Mi cuerpo intenta retroceder, pero todavía no existe un suelo bajo mis pies.
Después llega la luz.
No la luz uniforme del piso.
Luces diferentes.
Blancas.
Amarillas.
Rojas.
Pantallas.
Reflectores.
El cielo nocturno sobre la instalación.
Miles de rostros conocidos y lejanos aparecen frente a mí.
Soldados.
Médicos.
Personal de la Asociación.
Funcionarios.
Personas que no reconozco.
Cámaras ubicadas detrás de barreras.
Todos observan el punto donde estoy apareciendo.
La gravedad regresa.
Mis pies tocan el suelo.
El ruido aumenta.
Durante un instante, no comprendo nada.
Mi mente tarda en procesar la información.
El aire tiene olor.
Desinfectante.
Metal.
Café.
Sudor.
Perfume.
Tierra húmeda.
Después de miles de años dentro de un bosque espiritual, cada aroma se siente como un golpe.
Las luces lastiman.
Las voces se mezclan.
Intento distinguirlas y mi cabeza las convierte en una masa sin forma.
Alguien grita.
-¡CAPITÁN!
Una figura atraviesa la línea de médicos.
Kwon.
Lo reconozco.
Cabello.
Manto negro.
Dagas.
Pero reconocerlo no significa sentir inmediatamente que es la misma persona con la que compartí una casa hace tres meses.
Para mí han pasado milenios.
Salta hacia mí con ambos brazos abiertos.
Me quedo inmóvil.
Kwon frena antes de chocar.
Su expresión cambia.
-Capitán...
Me observa como si esperara que dijera algo.
Detrás aparecen los demás.
Mujin avanza primero, más grande de lo que lo recordaba.
Jiwon empuja a varios médicos para acercarse.
Doyun lleva el arco a la espalda.
Hejin casi pierde el monóculo mientras corre.
Seolhwa no corre.
Camina rápido, con el hacha ausente y las manos vacías.
Eunbyeol está detrás.
Sus ojos no se apartan de mí.
Jang se encuentra junto a ella.
Su rostro muestra un cansancio que no tenía cuando entramos.
Tres meses.
Para ellos fueron tres meses esperando.
Para mí fueron más de cuatro mil años.
Kwon intenta sonreír otra vez.
-Capitán... ¿qué pasó para que saliera tres meses tarde?
Abro la boca.
No sale ninguna palabra.
No olvidé el idioma.
Puedo construir la respuesta.
Pero la velocidad de la conversación me resulta absurda.
Él preguntó y espera una contestación inmediata.
Durante siglos, el Lobo y yo podíamos permanecer varios minutos en silencio antes de continuar una frase.
Ahora todos observan.
Esperan.
Necesitan saber.
Una notificación aparece antes de que consiga responder.
[Se concederán las recompensas por completar el piso 4.]
Levanto la vista.
Los demás siguen la dirección de mis ojos, aunque no todos pueden ver las ventanas personales.
La primera aparece.
[Habilidad pasiva adquirida]
[Paz - SSS]
[La verdadera maestría nace de conocerse a uno mismo y permanecer en paz con aquello que se es.]
[Efectos:]
[La tasa de recuperación de Fuerza, Destreza, Resistencia y Magia aumenta un 50 %.]
[La presencia del usuario resulta naturalmente agradable.]
[Las personas cercanas experimentan una leve reducción de tensión mientras no consideren al usuario una amenaza directa.]
Una sensación cálida atraviesa mi cuerpo.
No aumenta mi fuerza.
No altera la mente.
Solo elimina una presión que no sabía que llevaba encima.
Los hombros de Kwon descienden ligeramente.
Jiwon deja de apretar el báculo.
Incluso varios soldados bajan apenas las armas.
No confían en mí por una habilidad.
Pero la atmósfera deja de sentirse tan cortante.
La siguiente ventana aparece.
[Habilidad activa adquirida]
[Locura - SS]
[¿Quién soy?]
Las letras cambian de forma.
Por un instante, dejan de parecer parte del sistema.
[Al activarla, perderá temporalmente todo aquello que mantiene coherentes su identidad, juicio y autocontrol.]
[Todas las estadísticas aumentarán un 200 %.]
[Duración: 10 minutos.]
Observo la descripción.
Un aumento del doscientos por ciento.
No una estadística.
Todas.
Fuerza.
Destreza.
Resistencia.
Magia.
Incluso aquellas que ya superan por mucho el nivel normal.
El precio no es dolor.
Tampoco agotamiento.
Es algo peor.
Todo aquello que me mantiene coherente.
Kim Cheonro.
Byeolha.
Padre.
Capitán.
Espadachín.
Los vínculos que construí.
Las decisiones que convierten mis recuerdos en una identidad.
Durante diez minutos, todo desaparecería.
Quedaría poder.
Nada más.
-No me gusta -murmuro.
Mi propia voz me sorprende.
Suena más grave de lo que recordaba.
Más lenta.
Kwon pestañea.
-¿Qué cosa?
No respondo.
No utilizaré esa habilidad a menos que no exista otra opción.
Quizá ni siquiera entonces.
La última ventana aparece.
[Título adquirido]
[Avatar del milenio - SSS]
[El participante mantuvo una identidad estable después de atravesar milenios de aislamiento subjetivo.]
[La vejez no afecta al poseedor.]
[A partir de la adquisición del título, cada nivel aumentado otorgará adicionalmente:]
[+1 Fuerza.]
[+1 Destreza.]
[+5 Resistencia.]
Las ventanas se apagan.
El ruido regresa de golpe.
Jiwon llega hasta mí.
No pregunta antes de tomar mi muñeca.
Sus dedos buscan el pulso.
La sensación del contacto es demasiado intensa.
Mi cuerpo reacciona por instinto.
La mano libre se mueve hacia la espada.
Me detengo antes de tocarla.
Jiwon también se detiene.
Sus ojos bajan hacia mi mano.
Después vuelven a mi rostro.
-Soy yo -dice.
No habla como médica.
Habla lentamente.
Cada palabra separada.
-Han Jiwon.
El nombre abre algo dentro de mi memoria.
La compensación del sistema reacciona.
No borra los milenios.
Acerca un recuerdo.
Jiwon frente a mí el día de la entrada.
Su enojo porque entrené herido.
Su báculo.
La forma en que golpea dos veces el suelo antes de curar.
La distancia desaparece parcialmente.
-Lo sé -respondo.
Jiwon suelta el aire.
Vuelve a tomarme el pulso.
Esta vez no intento apartarme.
-¿Cuánto tiempo? -pregunta Eunbyeol.
Su voz atraviesa las demás.
La miro.
El sistema acerca otro recuerdo.
La Página del octavo frente.
El café en el patio.
Su mirada cuando le dije que el cuarto piso podía separarnos.
La sensación de haberla visto hace un día se superpone sobre miles de años repitiendo su nombre para no olvidarlo.
-No lo sé con exactitud.
Mi voz continúa extraña.
-Después de los primeros diez años, cincuenta años dentro equivalían a un día afuera.
Jang hace el cálculo antes que los demás.
Su expresión pierde color.
-Usted regresó aproximadamente noventa días después.
Asiento.
Hejin mueve los labios.
-Cuatro mil quinientos años.
El silencio se extiende.
Incluso Kwon deja de sonreír.
-Más los diez iniciales -agrega Doyun.
Mujin me observa como si intentara encontrar algo distinto en mi rostro.
-¿Estuvo solo todo ese tiempo?
Mi mano se apoya sobre la Espada del bosque.
-No completamente.
Siento la puerta dentro del vínculo.
La presencia detrás.
Mi amigo.
-El Lobo estuvo conmigo durante casi todo el tiempo.
-¿Casi? -pregunta Seolhwa.
-El sistema lo reconoció como una conciencia independiente. Dejó de considerarlo una invocación válida para una prueba individual.
Eunbyeol mira la espada.
-¿Sigue vivo?
La pregunta llega con una preocupación genuina.
La compensación vuelve a acercarla.
Recuerdo por qué importa que pregunte.
-Sí.
Acaricio la empuñadura con el pulgar.
-Dijo que me vería afuera.
Kwon vuelve a respirar.
-Entonces puede invocarlo ahora.
-No todavía.
No porque no pueda.
Porque acaba de despedirse.
Después de tantos años, merece elegir cuándo salir.
Los médicos empiezan a acercarse.
Jiwon levanta una mano y los detiene.
-Despacio -ordena-. Una persona por vez. Bajen las luces del sector central y apaguen las alarmas que no sean necesarias.
-Doctora, necesitamos trasladarlo-
-Acaba de pasar más tiempo aislado que toda la historia escrita de varios países. Pueden esperar treinta segundos.
Nadie discute.
Las luces más fuertes se apagan.
El ruido disminuye poco a poco.
La respiración se vuelve más sencilla.
Entonces escucho un sonido pequeño detrás del grupo.
Pasos.
Una niña atraviesa el espacio entre Eunbyeol y Jang.
Eunji.
Creció.
No mucho.
Tres meses no son demasiado para un adulto.
En un niño se nota.
Su cabello está más largo.
Lleva el mismo muñeco de Superman apretado contra el pecho.
Me mira desde varios metros.
No corre inmediatamente.
Quizá mi expresión la asusta.
Quizá le advirtieron que podía regresar diferente.
-Cheonro...
Su voz es más pequeña que todas las demás.
La compensación del sistema reacciona con fuerza.
El patio.
El juguete volando alrededor de mi rodilla.
Somos más fuertes que Superman.
¿También vas a traer a Kwon?
También a Kwon.
El recuerdo no reemplaza los siglos.
Se abre camino entre ellos.
Eunji deja caer el muñeco.
Corre.
Jiwon intenta detenerla.
Levanto una mano.
La niña se arroja contra mí.
El impacto apenas mueve mi cuerpo.
Sus brazos rodean mi cintura.
Durante una fracción de segundo no sé qué hacer.
He abrazado cadáveres.
Heridos.
Compañeros moribundos.
La falsa imagen de mi hija.
Pero un abrazo que no necesita salvar a nadie...
Eso sí parece distante.
Mis brazos tardan.
Finalmente la rodean.
Eunji hunde el rostro contra mi ropa.
-Tardaste mucho.
Cierro los ojos.
Para ella fueron tres meses.
Para mí, miles de años.
-Sí.
Mi voz se rompe apenas.
-Perdón.
-Dijiste que ibas a traerlos a todos.
Miro por encima de su cabeza.
Mujin.
Kwon.
Jiwon.
Doyun.
Hejin.
Seolhwa.
Eunbyeol.
Todos regresaron.
-Lo hice.
Eunji me aprieta con más fuerza.
-Entonces está bien.
Algo dentro de mí cede.
No la cordura.
No la identidad.
Una tensión más antigua.
La habilidad Paz emite un pulso tan leve que casi no lo noto.
El ruido deja de parecer un ataque.
Las caras recuperan nombres.
Las distancias disminuyen.
No desaparecen.
Pero puedo cruzarlas.
Kwon se limpia un ojo y mira hacia otro lado.
-Había polvo.
-Estamos dentro de una instalación cerrada -dice Hejin.
-Polvo institucional.
Seolhwa lo empuja con un hombro.
Mujin se aproxima.
No intenta abrazarme.
Inclina la cabeza.
-Bienvenido, capitán.
Jiwon mantiene los dedos sobre mi pulso.
-Va a necesitar evaluaciones físicas, neurológicas y psicológicas.
-Estoy bien.
Su expresión se endurece.
El recuerdo cercano de esa mirada casi me hace sonreír.
-Después de cuatro mil quinientos años, sigue diciendo lo mismo.
-Algunas cosas no cambian.
Jiwon parece a punto de responder.
Eunbyeol se acerca antes.
No dice nada.
Me observa.
Busca a la persona que entró hace tres meses dentro de alguien que acaba de vivir varios milenios.
-¿Sos vos? -pregunta.
Es la misma pregunta que la imitación me hizo dentro del tercer piso.
Pero ahora no hay engaño.
No hay un apóstol observando.
Solo ella.
Pienso en lo que el Lobo dijo hace mucho.
Byeolha es quien fuiste. Cheonro es quien vivís. Sos el lugar donde se encuentran.
-Sí -respondo.
Eunbyeol sostiene mi mirada.
-¿Seguro?
-No completamente.
La honestidad la sorprende.
-Pero sigo siendo yo.
Permanece inmóvil unos segundos.
Después asiente.
-Entonces alcanza por ahora.
Eunji continúa abrazada a mí.
Jang recupera lentamente su postura profesional.
Alrededor, las cámaras intentan capturar cada detalle.
El anuncio mundial ya debe haber provocado caos.
Un aumento racial del despertar.
Un rango EX.
Tres meses de retraso.
El mundo tendrá demasiadas preguntas.
No responderé ninguna hoy.
El sistema me concedió este día para regresar.
No voy a entregárselo a periodistas ni gobiernos.
Miro la salida de la instalación.
Más allá debe estar el cielo.
El verdadero.
Con nubes.
Viento.
Cambios.
-Quiero ir a casa -digo.
Jiwon niega con la cabeza.
-Primero al área médica.
-Después a casa.
-Después de las evaluaciones.
Kwon levanta una mano.
-Yo puedo acompañarlo y asegurarme de que no escape.
Todos lo miramos.
-¿Qué? -pregunta-. Tengo experiencia vigilando personas poderosas.
-Tenés experiencia escapando de ellas -responde Eunbyeol.
La discusión comienza.
Voces superpuestas.
Quejas.
Órdenes.
Comentarios innecesarios.
Hace unos minutos, todo ese ruido me resultaba insoportable.
Ahora cierro los ojos y lo escucho.
No es el viento entre los árboles.
No es el sonido de un río espiritual.
Es desordenado.
Imperfecto.
Humano.
Mi mano continúa sobre la Espada del bosque.
Desde el interior del vínculo llega una presencia débil.
No una orden.
No una habilidad.
Una voz somnolienta que solo yo puedo escuchar.
-Te dije que te vería afuera.
Abro los ojos.
Una sonrisa aparece sin que intente ocultarla.
-Sí -murmuro-. Llegamos.
Después de más de cuatro mil años, finalmente doy el primer paso fuera de La soledad.
Thoughts
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PermalinkMe gustó que le prohibieran manifestarse y el bosque siguiera igual. Los ciervos volviendo a caminar y las aves retomando el vuelo, mae.
-
PermalinkEl bosque queda montado ahí dentro y al Lobo le prohíben manifestarse. ¿El que entre después al piso 4 se encuentra ese bosque ya hecho, o el sistema devuelve el sitio al blanco de antes para cada participante?
-
PermalinkEl sistema le prohíbe manifestarse y aun así el bosque se queda entero, con los ríos andando y los ciervos volviendo. Ahí hay algo que me da vueltas: lo que dos construyeron aguanta más que la regla que lo prohíbe. Y que el Lobo entre a la espada por decisión propia me deja pensando en cómo va a salir. Gracias por publicarlo!
-
PermalinkLo de "había polvo" y después "polvo institucional" me hizo reír. Kwon llorando y negándolo en la misma frase, lo más humano del capítulo.
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