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Capítulo 24: piso 2

NicolasPeanl
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Cuando salí de mi habitación, todos ya estaban despiertos.

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Cuando salí de mi habitación, todos ya estaban despiertos.

Kwon permanecía sentado en el sofá, revisando por última vez el filo de sus cuchillos. Llevaba equipado el conjunto completo de protección de Clemen, cuya tela oscura apenas producía sonido cuando se movía.

Mujin ajustaba las correas de su armadura frente a la ventana. La espada descansaba sobre la mesa, demasiado cerca de la comida para el gusto de Jiwon.

-Sacá eso de ahí -le ordenó ella.

-Está limpia.

-Tiene sangre seca en la empuñadura.

Mujin observó el arma.

-No es mía.

-Eso no mejora nada.

Con un suspiro, la retiró de la mesa.

Doyun comprobaba la tensión de su arco. Su mano izquierda aún no había recuperado toda la movilidad, pero el equipo de Clemen y los cambios provocados por el sistema le permitían sostenerlo con mayor estabilidad.

Hejin estaba rodeada de pequeñas hojas cubiertas de cálculos, diagramas y formaciones mágicas.

-No podés llevar todo eso -dijo Kwon.

-Son apuntes importantes.

-Dentro de la Torre van a terminar cubiertos de sangre.

-Entonces procuraré que sea la tuya.

Kwon levantó la mirada.

-La pequeña maga empezó a tener carácter.

-Siempre lo tuve. Antes no necesitaba mostrártelo.

Jiwon preparaba vendas, medicamentos y pequeños frascos dentro de una bolsa. Aunque poseía una habilidad de estabilización, se negaba a depender únicamente del sistema.

Eunbyeol permanecía sentada a un extremo de la mesa, revisando una libreta.

Había dibujado varios tipos de formaciones.

Avance en espacios reducidos.

Defensa circular.

Retirada con heridos.

Distribución durante una emboscada.

Al verme, levantó la cabeza.

-Buenos días, señor Kim.

-Buenos días.

Todavía sentía algo extraño cada vez que me hablaba con tanta formalidad.

Pero no era el momento de pensar en eso.

-¿Todos comieron? -pregunté.

-Casi todos -respondió Jiwon.

Miró directamente a Hejin.

La joven seguía escribiendo.

-No tengo hambre.

Jiwon le quitó las hojas y dejó un plato frente a ella.

-Vas a entrar en un lugar donde no sabemos cuándo podremos volver a comer.

-Puedo llevar comida.

-Comé.

Hejin intentó protestar, pero Jiwon sostuvo su mirada.

Finalmente tomó los palillos.

Definitivamente, la futura clériga ya sabía imponer autoridad.

Me acerqué a la ventana.

La ciudad parecía tranquila.

Demasiado tranquila.

Las calles cercanas a las entradas de la Torre habían sido cerradas. El gobierno estableció perímetros militares y suspendió el tránsito en varias zonas de Seúl.

En las pantallas de los edificios aparecía una cuenta regresiva.

02:13:46

Faltaban poco más de dos horas.

-Repasemos una vez más -dije.

Todos dejaron lo que estaban haciendo.

-No conocemos las condiciones del segundo piso. No den por hecho que será una continuación de Clemen.

-¿Podrían enviarnos nuevamente a otros cuerpos? -preguntó Eunbyeol.

-Sí. También podría trasladarnos directamente con nuestro equipo actual.

-¿Y apareceremos juntos? -añadió Doyun.

-Si entramos como grupo, probablemente.

-Probablemente -repitió Kwon-. Me encanta la precisión con la que funciona este lugar.

-La Torre nunca entrega información completa.

-Eso parece una excusa para no admitir que tampoco sabés.

Lo miré.

Kwon guardó silencio y volvió a revisar sus cuchillos.

-El límite de ingreso es de seis integrantes por grupo -continué-. Nosotros somos siete.

La habitación quedó en silencio.

Todos conocían el problema.

Pero hasta ese momento ninguno lo había mencionado.

Eunbyeol cerró la libreta.

-¿Quién se va a quedar?

Mujin apoyó las manos sobre la mesa.

-Yo no.

-Nadie te preguntó -dijo Kwon.

-Entonces quedate vos.

-Tengo más experiencia dentro de la Torre que la mitad de esta mesa.

-Por entrar unos días antes no sos veterano.

-Conseguí un rango S.

-Todos conseguimos un rango S.

-El mío fue mejor.

-Otra vez con eso... -murmuró Hejin.

Levanté una mano.

La discusión terminó.

-Nadie se quedará.

Doyun frunció el ceño.

-El sistema estableció seis personas.

-Seis por grupo.

-¿Vamos a dividirnos? -preguntó Jiwon.

-Ustedes seis entrarán juntos.

La expresión de Eunbyeol cambió.

-¿Y usted?

-Entraré solo.

-Eso no tiene sentido -dijo Mujin-. Vos sos el más fuerte. Deberías liderar el grupo.

-Lo haré cuando nos encontremos dentro.

-¿Y si aparecemos en lugares distintos? -preguntó Hejin.

-Entonces tendrán que sobrevivir hasta que llegue.

Kwon soltó una risa seca.

-Excelente plan.

-Es el mejor que tenemos.

Me acerqué a la mesa y señalé las posiciones en el mapa que Eunbyeol había dibujado.

-Mujin permanecerá al frente. Kwon cubrirá los flancos y explorará solo cuando Eunbyeol lo autorice.

-¿Ella me va a dar órdenes?

-Sí.

Kwon miró a mi hija.

Eunbyeol levantó una ceja.

-¿Algún problema?

-Ninguno.

Respondió demasiado rápido.

-Doyun permanecerá en retaguardia. No pierdas de vista a Hejin y Jiwon.

Él asintió.

-Hejin no utilizará hechizos complejos hasta comprender cómo funciona la magia dentro del piso.

-Puedo analizarla rápidamente.

-Podés morir todavía más rápido.

Hejin apretó los labios, pero terminó asintiendo.

-Jiwon decidirá quién puede continuar combatiendo y quién debe retirarse. Sus decisiones médicas tendrán prioridad sobre cualquier discusión.

Mujin la miró.

-¿Incluso sobre las órdenes de Eunbyeol?

-Si alguien está a punto de morir, sí.

Jiwon cerró la bolsa.

-Entendido.

Finalmente miré a Eunbyeol.

-Vos dirigirás al grupo hasta que nos reunamos.

Sus ojos se abrieron ligeramente.

-¿Yo?

-Conocés las capacidades de todos y sos la única que ha observado cada entrenamiento desde fuera.

-Pero nunca dirigí una batalla real.

-En el primer piso encontraste túneles que generales experimentados no habían detectado.

-Fue diferente.

-Siempre es diferente.

Se quedó mirando el mapa.

-¿Y si tomo una decisión equivocada?

Recordé las incontables veces que yo también me había hecho esa pregunta.

Antes de enviar soldados a una muerte segura.

Antes de abandonar una posición.

Antes de elegir a quién salvar.

-La vas a tomar -respondí.

Eunbyeol levantó la vista.

-No existe un comandante que nunca se equivoque.

Apoyé un dedo sobre el centro de la formación.

-Tu trabajo no es evitar todos los errores. Es reconocerlos antes de que destruyan al grupo.

Permaneció en silencio.

-Confío en vos.

Las palabras salieron con naturalidad.

Eunbyeol pareció sorprendida.

Y yo también.

No porque fueran falsas.

Sino porque llevaba demasiado tiempo sin poder decírselas.

Finalmente asintió.

-Los mantendré juntos.

-Bien.

Kwon se puso de pie.

-Entonces ya está decidido. Nosotros hacemos todo el trabajo y el capitán entra solo para aparecer al final de forma dramática.

-También podría enviarte solo a vos.

-Me retracto.

---

Una hora después abandonamos el departamento.

El gobierno había enviado dos vehículos para trasladarnos, pero los rechacé.

Prefería que caminaran.

Quería observar cómo reaccionaban antes de entrar.

Las calles estaban casi vacías. Había soldados en cada intersección y helicópteros sobrevolando la ciudad.

A medida que nos acercábamos al Ayuntamiento, comenzamos a encontrar grupos de despertados.

Algunos vestían uniformes militares.

Otros llevaban armaduras improvisadas, bates, cuchillos o herramientas de trabajo.

Todos nos observaban.

Reconocían a Kwon por ser el segundo conquistador de Corea.

Y a mí por el anuncio mundial.

-No me gusta cómo miran -murmuró Hejin.

-Acostumbrate -respondió Kwon-. Cuando salgamos del segundo piso, van a mirarnos más.

-Suponiendo que salgamos.

-Qué optimista.

Al llegar al perímetro, el secretario Jang nos esperaba junto a varios oficiales.

-Señor Cheonro.

-Secretario Jang.

-El presidente está dentro del centro de operaciones. Solicitó hablar con usted antes de que ingrese.

-Después.

Jang Seongho respiró hondo.

Parecía acostumbrado a que ignorara la mayoría de los protocolos.

-También pidió que le entregara esto.

Me dio un pequeño comunicador.

-No funcionará dentro de la Torre -explicó-, pero queremos comprobar si puede conservarse en el inventario. Si lo trae de regreso, intentaremos estudiar cualquier cambio producido por el sistema.

Guardé el dispositivo.

-¿Cuántos participantes entrarán hoy?

-Cuarenta y ocho autorizados por el gobierno. La mayoría son militares o miembros registrados de la Asociación de Despertados.

Miré alrededor.

-¿Y cuántos no autorizados?

Jang guardó silencio durante un instante.

-No lo sabemos.

Como esperaba.

Sería imposible controlar las dos entradas durante demasiado tiempo. Siempre existirían personas dispuestas a entrar por poder, dinero o desesperación.

La entrada negra flotaba en el centro de la plaza.

Era más grande que antes.

A su alrededor, el espacio se deformaba lentamente, como si el mundo estuviera siendo absorbido por aquel círculo.

La cuenta regresiva apareció frente a todos.

[00:03:00]

Los despertados comenzaron a formar grupos.

Algunos rezaban.

Otros comprobaban sus armas.

Un hombre vomitó detrás de un vehículo militar.

Mujin se acercó a mí.

-Todavía podemos dividirnos de otra forma.

-No.

-Puedo entrar con vos.

-Tu lugar está al frente de ellos.

Señalé al grupo.

Mujin miró a Kwon, Doyun, Hejin, Jiwon y Eunbyeol.

-¿Y quién va a cubrirte a vos?

-Yo mismo.

-Algún día esa respuesta va a dejar de funcionar.

-Ese día buscaré otra.

La cuenta regresiva continuó.

[00:01:00]

Eunbyeol se acercó.

Llevaba el kit táctico de Clemen debajo de un abrigo oscuro. Su libreta estaba guardada en una pequeña bolsa junto a su cintura.

-Señor Kim.

-¿Sí?

-¿Realmente cree que podremos sobrevivir sin usted?

La pregunta no contenía miedo.

Solo quería una respuesta sincera.

-Sí.

-¿Por nuestros resultados?

-Por cómo actuaron ayer.

Miró a los demás.

Kwon discutía con Mujin sobre quién debía atravesar primero el portal. Jiwon revisaba por última vez la mano de Doyun. Hejin intentaba memorizar un hechizo mientras caminaba en círculos.

Un grupo desordenado.

Ruidoso.

Inexperto.

Pero talentoso.

-No intentes convertirte en mí -le dije.

Eunbyeol regresó la mirada hacia mí.

-No entiendo.

-No cargues con todas las decisiones sola. Escuchá a los demás.

Su expresión se suavizó.

-Lo haré.

Quedaban diez segundos.

Las ventanas azules aparecieron frente a nosotros.

---

[El acceso al segundo piso será habilitado.]

[Modalidad: escenario compartido.]

[Múltiples grupos podrán participar dentro del mismo mundo.]

[Las ubicaciones iniciales serán determinadas según la evaluación obtenida en el primer piso.]

[El fracaso de un grupo puede afectar a todos los participantes.]

---

Así que era un escenario compartido.

Podríamos encontrarnos.

Pero también significaba que los errores de otros grupos podían condenarnos.

-Eso no suena bien -dijo Kwon.

-Nunca suena bien -respondí.

---

[3...]

[2...]

[1...]

La entrada se abrió.

La oscuridad comenzó a girar.

Gritos surgieron alrededor de la plaza mientras los primeros grupos desaparecían dentro del portal.

Me giré hacia los seis.

-Entren juntos.

Eunbyeol se colocó al frente.

-Mujin primero. Jiwon y Hejin en el centro. Doyun detrás. Kwon, cubrí el último lugar.

Nadie discutió.

Mujin atravesó el portal.

Después Jiwon.

Hejin.

Doyun.

Eunbyeol fue la quinta.

Antes de entrar, giró hacia mí.

-Nos veremos adentro.

-Sí.

Desapareció.

Kwon fue el último.

-No tardes demasiado, capitán.

-No mueras demasiado rápido.

Sonrió y cruzó.

La oscuridad se cerró detrás de él.

Esperé unos segundos.

Después avancé solo.

Una ventana distinta apareció frente a mí.

---

[El usuario Kim Cheonro ingresará sin grupo.]

[Evaluación del primer piso: EXCEPCIONAL.]

[Título detectado: Primer conquistador de la Torre - S.]

[Aumentando dificultad de la ubicación inicial.]

---

Me detuve.

-Claro...

La Torre nunca entregaba ventajas sin exigir algo a cambio.

Di el último paso.

La oscuridad me envolvió.

Y, antes de que mi conciencia desapareciera, apareció el nombre del nuevo escenario.

---

[Segundo piso]

[La ciudad donde nunca sale el sol.]

[Que tengan una noche agradable.]

[:)]

---

Primero sentí un mareo.

Un segundo después, mi cuerpo volvió a responder con normalidad y, por puro instinto, adopté una postura defensiva.

Observé a mi alrededor.

Una llanura inmensa.

Vacía.

Detrás de mí solo había un bosque oscuro, denso, silencioso.

Al frente, a unos cuatro kilómetros, se alzaba una montaña negra como si hubiera sido tallada con carbón.

No se escuchaba nada.

Ni viento.

Ni insectos.

Ni el más mínimo susurro de vida.

Y eso era precisamente lo inquietante.

Demasiado silencio.

Entonces el suelo empezó a temblar.

No era un terremoto.

Lo supe enseguida.

Las vibraciones eran rítmicas, constantes, numerosas.

Como miles de patas golpeando la tierra al mismo tiempo.

Giré la cabeza hacia el bosque.

Entre la oscuridad comenzaron a aparecer puntos brillantes.

Ojos.

Al principio fueron decenas.

Luego cientos.

Y después...

miles.

-Ah... maldita Torr...

Antes de que pudiera terminar la frase, una estampida salió disparada desde el bosque.

Toros.

O al menos algo parecido a toros.

Sus cuerpos eran más grandes de lo natural, con músculos inflados de forma grotesca, cuernos ennegrecidos y ojos teñidos de un rojo salvaje. De sus hocicos salía vapor caliente, a pesar del aire helado de la noche.

No me quedé a mirar.

Corrí.

Por suerte, mi velocidad todavía superaba con holgura a la de esas bestias mutadas.

El suelo se sacudía detrás de mí como si un ejército entero me persiguiera.

Subí por el costado de un acantilado a toda velocidad. Las embestidas de los toros hacían temblar la pared rocosa, y enormes fragmentos de piedra salían despedidos en todas direcciones.

Los esquivé sin disminuir el ritmo.

Mis pies golpeaban la roca.

Mis manos encontraban apoyo.

Mi respiración se mantenía estable.

Cuando alcancé la cima del acantilado, me detuve solo un instante para observar.

La escena frente a mí era sombría.

A mis espaldas, el bosque seguía agitado por la manada.

Delante, una extensión de llanuras negras se perdía en la penumbra.

La luna estaba completamente cubierta por nubes espesas, pero aun así, detrás de aquellas masas oscuras, un resplandor rojizo teñía el cielo, justo en el lugar donde debería haber estado.

No era luz lunar.

Parecía más bien una herida abierta en el firmamento.

No tenía sentido quedarme allí.

Reanudé la carrera.

Durante media hora avancé sin detenerme.

La noche no cambiaba.

El paisaje seguía igual de muerto.

La tierra era seca, las piedras estaban desgastadas y el aire se volvía cada vez más denso, como si algo antiguo se negara a dejar pasar el aliento de los vivos.

Entonces lo vi.

A lo lejos, una muralla.

Vieja.

Cubierta de astillas, grietas y marcas de impactos.

Parecía una fortaleza que había soportado demasiadas guerras.

O quizá una sola guerra demasiado larga.

A medida que me acercaba, sentí algo más.

Un olor.

Podredumbre.

Sangre reseca.

Muerte.

El aire entero alrededor de aquella ciudad estaba impregnado de cadáveres.

Y entonces, frente a mí, apareció una ventana azul.

---

[Anuncio: misión principal]
[Salve a la ciudad hasta que la luz salga en ella.]

---

Me quedé quieto unos segundos, mirando las palabras.

Hasta que la luz salga en ella.

Levanté la vista hacia el cielo.

No había amanecer.

Ni siquiera una promesa de él.

Entonces entendí una parte del problema.

No se trataba simplemente de resistir hasta la mañana.

Si el nombre del piso era La ciudad donde nunca sale el sol, entonces esa "luz" no era algo natural.

Había que provocarla.

O encontrarla.

O arrancársela a alguien.

Solté el aire lentamente.

-Así que no basta con defender una ciudad... también tengo que descubrir cómo hacer que llegue la luz.

Muy propio de la Torre.

Nada nunca era tan simple.

Me acerqué a la muralla.

Las puertas principales estaban cerradas, pero una de ellas se encontraba medio destruida, inclinada hacia dentro como si algo gigantesco hubiera intentado derribarla incontables veces.

Subí sobre los restos de la puerta y eché un vistazo hacia el interior.

Calles vacías.

Casas de piedra con las ventanas tapiadas.

Antorchas apagadas.

Y cadáveres.

Muchos cadáveres.

Algunos yacían sobre las almenas.

Otros estaban esparcidos en el suelo, muchos con armaduras oscuras y lanzas rotas en las manos.

No todos eran humanos.

También vi cuerpos de criaturas retorcidas, con miembros demasiado largos y mandíbulas deformes, como si la noche misma les hubiera dado forma.

Salté dentro de la ciudad.

Apenas mis botas tocaron el suelo, sentí una presión distinta.

Un peso invisible.

Como si toda la ciudad estuviera sumergida en una oscuridad más espesa que la del exterior.

Y entonces, a lo lejos, sonó una campana.

Una sola vez.

Grave.

Desgastada.

Pero suficiente para romper el silencio.

Después otra.

Y otra más.

No era una alarma cualquiera.

Era una llamada.

Una advertencia.

O quizá ambas.

Miré hacia el centro de la ciudad.

Sobre una colina pequeña, más allá de los tejados negros, se alzaba una torre del reloj. Su aguja estaba detenida, y en la parte superior brillaba una débil llama azul.

Muy débil.

Como si estuviera a punto de extinguirse.

En ese instante, otra ventana apareció frente a mí.

---

[Objetivo secundario detectado]
[La llama del campanario se está apagando.]
[Si la llama desaparece, las murallas perderán su bendición.]
[Tiempo restante estimado: 2 horas 43 minutos.]

---

Sonreí apenas.

-Ya empezamos a entendernos.

Si esa llama protegía la ciudad, entonces la "luz" de la misión probablemente no fuera metafórica.

O no del todo.

Necesitaba llegar al campanario.

Pero antes de dar el primer paso, escuché un ruido a mi derecha.

Un cuerpo moviéndose entre los callejones.

No era uno solo.

Eran varios.

Las sombras comenzaron a arrastrarse entre las paredes.

Ojos pálidos se abrieron en la oscuridad.

Y poco a poco, figuras humanas surgieron de entre los escombros.

Soldados.

O lo que alguna vez habían sido soldados.

Llevaban armaduras viejas, cascos rotos y espadas oxidadas.

Sus pieles estaban grisáceas y tensas sobre los huesos.

Sus ojos no tenían vida.

Pero sus cuerpos seguían caminando.

Uno de ellos levantó lentamente la cabeza y me miró.

Después abrió la boca.

-...vivo...

Su voz sonó seca, como si hablara con la garganta llena de arena.

Detrás de él aparecieron más.

Decenas.

Luego más.

Cientos.

Apreté con fuerza la empuñadura de la espada de Clemen.

-No parece que vaya a ser una noche tranquila.

El primero echó a correr.

Y detrás de él, toda la calle muerta vino hacia mí.