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Capítulo 6: Piso 1 (parte 5)

NicolasCheonro
Pensamiento

Pensamiento

versoAjeno

La parte donde todos se arrodillan sabiendo que van a morir, eso es lo que es honra. No es una palabra. Es esto.

La parte donde todos se arrodillan sabiendo que van a morir, eso es lo que es honra. No es una palabra. Es esto.

Contenido de la publicación

***
Los años pasan de maneras extrañas.

A veces se arrastran.

Otras desaparecen antes de que uno alcance a percibirlos.

En mi caso, después de tantas guerras, batallas y desastres, casi siempre pasaron demasiado rápido. Tal vez porque el campo de batalla terminó convirtiéndose en mi hogar.

Por eso, aunque regresé al pasado, nunca me engañé pensando que podría llevar una vida tranquila.

La paz ya no forma parte de mí.

Una casa, una comida caliente, una calle silenciosa o el sonido del viento entre los árboles son cosas que pertenecen a quienes todavía no han sido devorados por la guerra. Yo he cruzado demasiados campos cubiertos de cadáveres como para fingir que puedo volver a ser uno de ellos.

La guerra es parte de mí, del mismo modo que yo terminé formando parte de ella.

Sin embargo, que ya no pueda vivir en paz no significa que haya olvidado su valor.

Es bueno saber que, después de cada batalla, todavía existe un lugar al que regresar. Un sitio donde el cielo continúa siendo azul, donde la gente camina por las calles y donde el sonido más aterrador puede ser una bocina en medio del tránsito.

Esa es una de las razones por las que entré en la grieta sin vacilar.

No solo para impedir una masacre.

No solo para cambiar el futuro.

Necesitaba conservar un lugar al cual regresar.

Y, si ese lugar existe, entonces también existe algo que debo proteger.

No importa que el camino esté cubierto de sangre.

Estoy acostumbrado a caminar sobre ella.

***

Frente a mí esperan treinta caballeros.

Son jóvenes.

Aunque, siendo sincero, casi cualquier persona lo parece ante mis ojos.

Los observo uno por uno. Algunos aprietan las riendas con demasiada fuerza; otros intentan mantener una expresión firme, pero sus respiraciones breves y superficiales los delatan.

Todos comprenden que esta no será una salida común.

También saben que algunos no regresarán.

Siento un leve peso en el pecho.

Culpa, tal vez.

Estoy a punto de conducirlos hacia una muerte casi segura, pero, si no hacemos nada, muchas más vidas terminarán colgando de estas murallas por nuestra inacción.

No existe un camino limpio.

Tampoco una victoria sin sacrificios.

Solo puedo reducirlos tanto como sea posible.

Doy un paso al frente.

-Síganme, soldados.

Los treinta caballeros levantan la mirada.

Hablo con calma. No necesitan más gritos.

No ahora.

-No saldremos para defender una puerta ni para ganar unos pocos minutos. Cabalgaremos hasta el corazón de la horda y destruiremos aquello que la mantiene unida.

El viento atraviesa la formación.

-Algunos de ustedes morirán.

Nadie habla.

-Pero, si permanecemos detrás de la muralla esperando a que se agoten nuestros recursos, moriremos todos. Después caerán sus familias, sus vecinos y los niños que todavía nos observan desde las ventanas.

Aprieto la empuñadura de mi espada.

-Por eso les prometo algo: quienes regresen no serán recordados como simples caballeros de Clemen. Serán los hombres que atravesaron una marea de monstruos y le cortaron la cabeza.

Algunos tragan saliva.

Otros enderezan la espalda.

-Las tierras, las riquezas, las canciones y la gloria pueden esperar. Primero sobrevivan.

Sostengo sus miradas.

-Para conseguirlo, solo deben hacer una cosa.

Monto el caballo que me han preparado y recibo una pesada lanza de caballería. A mi espalda, la puerta lateral comienza a abrirse.

El rugido de los goblins entra por ella como una tormenta.

Sonrío apenas.

-Síganme y no se detengan.

Espoleo al caballo.

Los treinta jinetes avanzan detrás de mí sin lanzar ningún grito. Solo se escucha el estruendo de los cascos golpeando la tierra.

Mantengo la espada envainada, sujeto la lanza con ambas manos y la inclino hacia delante.

Ya había calculado la ruta.

Quinientos metros en línea recta.

No más.

No menos.

Penetramos en la formación enemiga por uno de sus sectores menos densos. El impacto combinado de los caballos y las lanzas atraviesa las primeras filas antes de que los goblins puedan reaccionar.

Extiendo el arma hacia el siguiente enemigo y la punta perfora su rostro. El cuerpo sale despedido hacia un costado, arrastrando a otros dos monstruos en la caída.

Los caballeros imitan el movimiento.

Seguimos avanzando en formación de cuña, conmigo al frente. Los goblins caen a ambos lados de la carga, pisoteados por los caballos o atravesados por las lanzas, mientras los supervivientes se arrojan desesperadamente contra nuestros flancos.

Entonces aparecen varias criaturas montadas sobre perros enormes.

Los jinetes goblins se aproximan desde ambos lados, intentando cerrar nuestra ruta.

-¡Lanzas al frente!

La formación se compacta.

Unos segundos después, ambas fuerzas chocan.

Mi lanza atraviesa la cabeza del primer jinete y, aprovechando el impulso, golpeo al perro antes de que pueda saltar. La bestia chilla y cae de costado, arrastrando consigo el cadáver del goblin.

A ambos lados, varios caballeros derriban a sus adversarios con la misma precisión.

Otros no tienen tanta suerte.

Dos perros consiguen saltar sobre la formación. Sus colmillos se cierran alrededor de cuellos y rostros, arrancando a los jinetes de sus monturas.

La sangre se dispersa sobre el campo.

No nos detenemos.

Veintiocho caballeros continúan detrás de mí.

Atravesamos la primera línea de jinetes, pero una segunda aparece casi de inmediato.

Esta vez son hobgoblins quienes montan a los perros.

Más pesados.

Más firmes.

Más peligrosos.

La nueva colisión es todavía más violenta. Las lanzas chocan, los perros saltan y los hobgoblins descargan sus armas desde lo alto mientras nuestras monturas intentan abrirse paso.

Conseguimos atravesarlos.

El precio son otros cuatro caballeros.

Quedan veinticuatro.

Entonces descubro el brillo de varias puntas elevándose por encima de la horda.

Flechas.

-¡Escudos!

La primera descarga cae sobre nosotros.

Suelto la lanza, cuya madera ya está astillada por los impactos, y extraigo la espada. No llevo un escudo que pueda utilizar sin perder el control de la montura, de modo que desvío las flechas que se aproximan a mi cuerpo.

Los caballeros levantan sus escudos, pero algunos reaccionan demasiado tarde. Las puntas atraviesan rostros y gargantas, y los cuerpos caen de las monturas mientras los caballos continúan galopando unos metros más.

Otros consiguen protegerse, pero no pueden cubrir al mismo tiempo a sus animales.

Los caballos heridos se desploman hacia delante y aplastan a sus jinetes. Quienes sobreviven a la caída apenas tienen tiempo para intentar levantarse antes de que los goblins se abalancen sobre ellos.

Mazas y lanzas descienden una y otra vez.

Cuando dejamos atrás la lluvia de flechas, solo doce caballeros continúan en sus monturas.

Y aun así seguimos avanzando.

Cuatrocientos metros.

Solo faltan cien.

Entonces veo una nueva línea defensiva frente a nosotros: hobgoblins protegidos por armaduras, más grandes y disciplinados que los anteriores. Detrás de ellos, otra formación de arqueros prepara sus flechas.

Si chocamos de frente, ninguno atravesará esa barrera.

No hay tiempo para dudar.

Espoleo al caballo y le exijo toda la velocidad que todavía puede ofrecerme. Cuando estamos a pocos metros de la línea enemiga, apoyo ambos pies sobre la montura y me incorporo.

El viento me golpea de lleno en el rostro.

Los hobgoblins levantan la mirada, desconcertados.

Entonces impulso el cuerpo con ambas piernas.

Salto por encima de la primera línea y caigo en medio de la formación enemiga.

Mi espada desciende conmigo.

La primera cabeza sale despedida. La segunda cae casi al mismo tiempo y el tercer hobgoblin apenas consigue levantar su arma antes de que le abra la garganta.

Las flechas comienzan a caer a mi alrededor.

Los arqueros no se molestan en distinguir entre enemigos y aliados. Disparan aunque sus proyectiles atraviesen también las espaldas de los hobgoblins.

Desvío dos flechas con la espada y utilizo a uno de los monstruos como protección contra la tercera.

De reojo, veo cómo mi caballo es atravesado por varias lanzas. El animal cae entre espasmos y desaparece bajo el avance de la formación.

Los caballeros chocan contra la línea defensiva un instante después.

El impacto sacude el campo.

Algunos salen despedidos de sus monturas. Otros consiguen hundir sus lanzas en cráneos y pechos antes de desaparecer entre los cuerpos enemigos.

Caballos relinchando.

Hierro quebrándose.

Sangre salpicando.

Goblins chillando.

Hobgoblins rugiendo.

Aprovecho la brecha abierta por la colisión y sigo corriendo.

Solo faltan unos metros.

Entonces lo veo.

Es un goblin más alto que los demás, con cicatrices extendiéndose por todo el cuerpo. No grita, no imparte órdenes y tampoco intenta ocultarse.

Se limita a observarme mientras sostiene una lanza.

Los demás goblins mantienen cierta distancia, como si incluso ellos temieran acercarse demasiado.

-Humano -dice.

En cuanto lo escucho hablar en mi idioma, lo comprendo.

Esta es la cabeza de la horda.

Un monstruo capaz de entender nuestras palabras.

Un monstruo capaz de pensar.

Sacudo la espada para desprender la sangre acumulada sobre la hoja.

-¿Cuál es tu nombre, demonio?

Es la misma pregunta que he formulado siempre que me encuentro frente a un adversario digno de ser recordado.

El goblin no cambia de expresión.

-Goblin -responde con voz áspera-. Ese... ser mi nombre.

Habla bastante mal.

Pero entiende.

Eso basta.

Corro hacia él sin pronunciar otra palabra.

Varias flechas llegan desde ambos lados mientras reduzco la distancia. Desvío la primera, aparto la segunda y giro el cuerpo para que la tercera pase junto a mi costado.

El goblin no se mueve.

Permanece con la lanza preparada y ambos pies firmemente apoyados sobre la tierra.

Una postura correcta.

Demasiado correcta para una criatura del primer piso.

Entro en su alcance.

Entonces siento el viento.

Mi cuerpo reacciona antes que mis pensamientos y giro hacia un costado. La punta de la lanza atraviesa el lugar exacto donde se encontraba mi pecho un instante antes.

No veo el inicio del ataque.

Ni el movimiento de sus hombros.

Ni el cambio de peso entre sus piernas.

Solo veo el resultado.

La punta cortando el aire.

Entrecierro los ojos.

Complicado.

Mucho más de lo que esperaba.

Ese goblin no depende únicamente de sus estadísticas.

Sabe luchar.

-Humano... saber pelear.

Una sonrisa aparece en su rostro.

Yo también sonrío.

-Mejor de lo que esperaba de un goblin -respondo con sinceridad.

La lanza vuelve a moverse.

Una estocada.

Luego otra.

Y una tercera.

Algunas son demasiado rápidas para seguirlas con los ojos. Solo puedo interpretar la presión que deja la punta al atravesar el aire. Consigo leer otras y responder, pero el goblin desvía cada contraataque con una precisión irritante.

Metal contra metal.

Chispas.

Pasos cortos.

Respiraciones contenidas.

Intercambiamos ataques durante varios segundos sin que ninguno consiga imponerse.

Eso ya es demasiado tiempo.

Cada instante aumenta la posibilidad de que los arqueros encuentren un ángulo, de que los goblins cierren el paso o de que los caballeros supervivientes mueran sin completar el objetivo.

Necesito una abertura.

Así que la creo.

Relajo deliberadamente la defensa y dejo expuesto el costado derecho, justo debajo de las costillas.

Es una grieta pequeña.

Demasiado tentadora para alguien con buenos ojos.

El goblin la descubre.

La punta de su lanza se dirige hacia ese punto.

Rápida.

Precisa.

Mortal.

Pero cada ataque exige entregar algo a cambio.

La lanza avanza hacia mis costillas y su hombro izquierdo queda expuesto.

Giro el torso en el último instante. La punta desgarra mi ropa y roza la piel, pero no consigue penetrar.

Mi espada ya está en movimiento.

La hoja dibuja una línea diagonal y alcanza su hombro izquierdo, arrancando varios centímetros de carne.

Un poco más profundo y habría inutilizado el brazo.

El goblin retrocede varios pasos.

Lo sigo.

No puedo permitirle recuperar el ritmo.

En un duelo, concederle aire al enemigo es lo mismo que perdonarle la vida.

Y yo no perdono vidas en medio de una batalla.

Aprovecho el cambio en su respiración, ese breve instante en que el dolor interrumpe el ritmo de su cuerpo.

Segundo estilo de la espada: Postura contra la tormenta.

Relajo la muñeca, adelanto la pierna derecha y bajo el centro de gravedad.

Entonces lanzo un corte horizontal con la intención de atravesar todo lo que encuentre a su paso.

Cada músculo participa en un único movimiento.

Hombro.

Codo.

Muñeca.

Cadera.

Rodilla.

Talón.

Todo conectado en una sola línea.

El goblin reacciona y levanta la lanza en posición vertical para bloquear el corte.

Buena decisión.

Pero insuficiente.

Avanzo un paso más.

Solo uno.

Entro dentro del alcance de la lanza y modifico el ángulo del ataque. Mi espada supera la defensa por detrás del asta.

Y corta.

La hoja atraviesa el brazo derecho del goblin.

Piel.

Músculo.

Hueso.

Tendón.

Todo cede ante el filo.

El brazo cae al suelo junto con la lanza y la sangre oscura salpica mis botas.

El goblin abre los ojos.

Por primera vez, su sonrisa desaparece.

-¡HAAAHHH!

Su rugido se extiende por el campo como una orden.

Los goblins que nos rodean enloquecen.

Chillan, gruñen y aprietan las armas antes de lanzarse hacia nosotros, desesperados por proteger a su comandante.

El goblin retrocede para ganar distancia.

No puedo permitirlo.

Si escapa, la horda recuperará el orden.

Si sobrevive, la muralla continuará condenada.

Avanzo.

Un paso.

Dos.

Tres.

Todos los músculos de mi cuerpo arden, pero no reduzco la velocidad.

El horror aparece en el rostro del goblin.

Ya no queda rastro de su sonrisa ni de su orgullo.

Solo miedo.

Doy el último paso y entro en su alcance.

Mi espada se mueve.

Un tajo rápido.

Limpio.

Directo a la garganta.

La cabeza se separa del cuerpo antes de que pueda volver a gritar. La sangre oscura brota del cuello y mancha la tierra bajo mis pies.

Antes de que la cabeza caiga, la sujeto del cabello con la mano izquierda.

La levanto para que todos puedan verla.

Durante un instante, el campo de batalla parece quedar suspendido.

Los goblins contemplan la cabeza de su comandante.

Los hobgoblins dejan de rugir.

Algunos arqueros bajan sus armas.

Entonces ocurre.

Como títeres a los que les han cortado los hilos, los monstruos pierden el control. Algunos retroceden aterrados, otros corren sin rumbo y muchos se empujan entre sí mientras esperan una orden que nunca llegará.

Los hobgoblins tampoco saben cómo reaccionar.

La horda sigue siendo enorme.

Sigue siendo peligrosa.

Pero ya no es un ejército.

Ahora solo es una multitud de monstruos aterrados.

Levanto la cabeza un poco más y grito con toda la fuerza que me permiten los pulmones.

-¡EL COMANDANTE ENEMIGO HA CAÍDO!

Los caballeros que todavía pueden oírme repiten el anuncio. La frase se propaga entre los supervivientes y termina alcanzando la muralla, donde cientos de voces la convierten en un rugido.

Por primera vez desde que comenzó el asedio, los soldados de Clemen gritan más fuerte que los goblins.

La celebración dura apenas unos segundos.

A nuestro alrededor, la horda ha perdido su mente, pero todavía conserva sus colmillos. Entre los supervivientes y la muralla continúan extendiéndose quinientos metros de monstruos.

Bajo la cabeza cercenada y levanto la espada.

Todavía tenemos que regresar.


Thoughts

  • lo_lei_en_el_bus

    Espera, ¿el goblin hablaba su idioma? ¿eso significa que hay más así, inteligentes?

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  • leoenvozalta

    Cuando levanta la cabeza del goblin gritando que cayó el comandante, mi abuela se metió en la escena. Eso que describe es real.

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  • hojaSuelta

    ¿De verdad solo dos sobreviven? ¿los otros veintiocho quedan así nada más, sin registro heroico?

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  • versoAjeno

    La parte donde todos se arrodillan sabiendo que van a morir, eso es lo que es honra. No es una palabra. Es esto.

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  • subrayoTodo

    ¿Los treinta caballeros sabían desde el inicio que era una misión de muerte? ¿o les mintió diciendo que había más opciones?

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  • relatoBreve

    de verdad me sacaste del turno con esto 🔥 GG

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  • quintopiso

    Leo esto después del trabajo, cansado como un perro, y la escena del goblin inteligente me mantiene despierto. Eso fue fuerte.

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  • pnavarro64

    ¿Qué se lleva de sus otras vidas? ¿solo la memoria de combatir o también los sentimientos?

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  • NicolasCheonro
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