Con el paso de las horas, repetí la misma maniobra varias veces.
Cada tres horas salía por la puerta lateral.
Mataba goblins.
Rompía escaleras.
Eliminaba uno o dos hobgoblins.
Y luego regresaba antes de que pudieran rodearme.
Era simple.
Repetitivo.
Eficiente.
A la tercera salida, una pantalla apareció frente a mis ojos.
[+1 nivel]
[+2 puntos de habilidad adquiridos]
Sin dudarlo, volví a poner todos los puntos en destreza.
Enseguida sentí el cambio.
No fue como recibir fuerza de golpe.
Fue más sutil.
Más profundo.
Mis articulaciones se aflojaron y endurecieron al mismo tiempo, como si cada parte de mi cuerpo encontrara una nueva posición natural.
Los tendones de mis muñecas vibraron.
Mis tobillos respondieron con más precisión.
Mis hombros dejaron de sentirse tan pesados.
Incluso mi visión cambió ligeramente.
Los movimientos de los goblins seguían siendo torpes, pero ahora podía leerlos antes.
El temblor de una muñeca.
El peso mal apoyado en una pierna.
La dirección de una mirada antes de un ataque.
Pequeños detalles.
Detalles que decidían si una espada llegaba primero o tarde.
Algo que descubrí a lo largo de mis años en la Torre es que, aunque cada estadística tenía sus propias características, ninguna era tan simple como su nombre indicaba.
Más destreza no significaba solamente ser "más rápido".
No.
La destreza afectaba tendones, articulaciones, equilibrio, coordinación, visión, precisión y control muscular.
Un codo más flexible podía cambiar la trayectoria de una estocada.
Una muñeca más estable podía evitar que la hoja temblara al impactar contra hueso.
Un tobillo más firme podía permitir un giro imposible un instante antes.
Y aunque la destreza no aumentara directamente la fuerza pura de los músculos, sí podía mejorar la forma en que esa fuerza era transmitida.
Al final, una espada no cortaba solo por la fuerza del brazo.
Cortaba por el ángulo.
Por el paso.
Por la respiración.
Por la línea entre el hombro, el codo, la muñeca y la punta de la hoja.
La fuerza bruta era útil.
Pero una fuerza mal dirigida era solo ruido.
La destreza convertía ese ruido en filo.
Cerré la pantalla.
Apreté la empuñadura de mi espada.
Todavía estaba lejos de mi antiguo cuerpo.
Muy lejos.
Pero por primera vez desde que entré a este piso, sentí que Dionis empezaba a responderme.
Me fijé de nuevo en mi panel.
[Nombre: Dionis / Kim Cheonro]
[Nivel: 3]
[Experiencia: 0 / 6000]
[Fuerza: 10 + 1 / 5 + 0.5]
[Destreza: 19 / 9]
[Resistencia: 150 / 50]
[Magia: 0]
[Suerte: 1 / 2]
[Habilidades: Masacre — SS]
Al subir otra vez a la muralla, observé el campo de batalla.
Los goblins corrían de un lado a otro, desorganizados, chillando, empujándose entre ellos.
Pero no estaban tan rotos como esperaba.
Los hobgoblins seguían manteniendo cierto control sobre la horda.
Eso era molesto.
Salí un par de veces más.
Cada salida fue igual de simple.
Matar.
Romper escaleras.
Retroceder antes de que pudieran rodearme.
Matar.
Romper escaleras.
Volver.
Los soldados de Clemen empezaron a esperarme cada vez que la puerta lateral se abría.
Al principio me miraban con miedo.
Después con sorpresa.
Y ahora...
Ahora sus ojos brillaban.
Entonces apareció una pantalla frente a mí.
[Los soldados de Clemen están impresionados por su actuación en el campo de batalla.]
[Admiración: 100 / 100]
[Felicitaciones por la valentía demostrada.]
[Habilidad adquirida: Héroe de guerra — A]
[Efecto: +150 de Resistencia mientras luches junto a tropas que te reconozcan como su comandante.]
[Condición de adquisición: alcanzar más de 80 puntos de admiración entre tus compañeros de guerra.]
En cuanto terminé de leer, sentí el cambio.
Mi cuerpo se ablandó.
No de debilidad.
Sino como si cada músculo hubiera dejado de resistirse al movimiento.
El aire entró en mis pulmones con una facilidad absurda.
El oxígeno llegó a cada parte de mi cuerpo de una forma distinta.
Más rápida.
Más limpia.
Más profunda.
Mis piernas dejaron de sentirse pesadas.
El ardor de mis brazos disminuyó.
Las pequeñas heridas de mis manos comenzaron a cerrarse con lentitud.
La fatiga seguía ahí, pero ya no me aplastaba.
La resistencia, al fin y al cabo, no era solo la capacidad de correr durante más tiempo.
Era respiración.
Circulación.
Recuperación.
Tolerancia al dolor.
Regeneración.
La habilidad del cuerpo para seguir funcionando incluso cuando debería haberse detenido.
Una estadística de resistencia alta no convertía a alguien en invencible.
Pero sí hacía algo igual de importante.
Le permitía seguir peleando cuando otros ya estarían de rodillas.
Abrí de nuevo el panel.
[Nombre: Dionis / Kim Cheonro]
[Nivel: 3]
[Experiencia: 3125 / 6000]
[Fuerza: 10 + 1 / 5 + 0.5]
[Destreza: 19 / 9]
[Resistencia: 150 +150/ 50]
[Magia: 0]
[Suerte: 1 / 2]
[Habilidades:]
[Masacre — SS]
[Héroe de guerra — A]
Cerré la pantalla.
Una sonrisa pequeña se formó en mi rostro.
Ahora sí.
Con esto, podía resistir mucho más tiempo.
Miré hacia el campo.
Ya habían pasado quince horas desde que comenzó la batalla.
Los soldados estaban cansados.
Sus rostros estaban cubiertos de sudor, hollín y sangre seca. Sus brazos temblaban al levantar las lanzas. Los arqueros tardaban un poco más en tensar la cuerda. Los caballeros ya no mantenían la espalda tan recta sobre sus caballos.
Pero todavía no estaban al límite.
Eso era bueno.
Mientras un hombre pueda respirar, todavía puede matar.
—¡General!
Un soldado se acercó corriendo hacia mí.
Me quedé en silencio, esperando su informe.
—Ya hicimos el recuento de recursos estratégicos.
El hombre tragó saliva antes de continuar.
—Nos quedan flechas para unas diez horas. Agua, piedras, aceite y el resto de los suministros defensivos para unas doce.
Su mirada se veía preocupada.
Pero ya no había terror cuando me miraba.
Eso también era bueno.
—De acuerdo.
El soldado inclinó la cabeza y se retiró.
Volví la vista hacia el campo de batalla.
Goblins.
Hobgoblins.
Miles de cuerpos verdes y oscuros todavía se movían frente a la muralla, como una marea que se negaba a retroceder.
Luego miré a mis soldados.
Los infantes.
Los arqueros.
Los caballeros.
Los oficiales que gritaban órdenes con la voz rota.
Todos seguían en pie.
Pero no por mucho tiempo.
—Ah...
Suspiré lentamente.
Las complicaciones ya eran evidentes.
Si mis cálculos no estaban mal, podría subir dos niveles más antes de que se agotaran los recursos.
Dos niveles.
Eso significaba cuatro puntos de habilidad.
Si alcanzaba el nivel cinco, la bonificación de precursor duplicaría mis estadísticas obtenidas.
Pero incluso eso no sería suficiente para resolver el problema principal.
La muralla no caería por falta de valor.
Caería por desgaste.
Por flechas agotadas.
Por brazos cansados.
Por agua insuficiente.
Por una sola escalera que lograra quedarse apoyada el tiempo suficiente.
Apreté la empuñadura de mi espada.
La Torre era justa y cruel.
Si la defensa directa no alcanzaba, entonces la respuesta estaba en otro lado.
Miré de nuevo el campo.
Los goblins seguían avanzando.
Los hobgoblins seguían gritando.
Y entonces pensé en algo.
No tenía que matar a todos.
Solo tenía que encontrar qué sostenía a la horda.
Pero...
No veía por ninguna parte al que guiaba a la horda.
Nadie resaltaba particularmente.
No había un goblin enorme sentado sobre un trono de huesos.
No había un chamán cubierto de fuego negro.
No había un comandante con armadura dorada gritando órdenes desde una colina.
Todos parecían demasiado iguales.
Quizá era una peculiaridad de la raza.
O quizá esa era justamente la trampa.
Me quedé quieto, observándolos.
Necesitaba saber de dónde aparecían.
Desde dónde recibían órdenes.
Qué parte de aquella marea inmunda servía como cerebro.
Los minutos pasaron.
Los goblins seguían avanzando.
Los hobgoblins seguían rugiendo.
Las flechas seguían cayendo.
Y entonces, poco a poco, noté un patrón.
Cada cierta cantidad de tiempo, algunos hobgoblins retrocedían unos pasos.
No demasiado.
Lo suficiente para salir del frente de la formación.
Entonces, un goblin pequeño se acercaba a ellos.
Siempre uno.
Siempre rápido.
Siempre durante un instante casi insignificante.
El goblin pequeño decía algo.
El hobgoblin escuchaba.
Luego volvía a gritar órdenes.
Entrecerré los ojos.
Ahí estaba.
Seguí con la mirada a uno de esos pequeños goblins.
Después de transmitir el mensaje, no volvió al frente.
Se alejó hacia un costado del ejército.
Una zona donde la cantidad de goblins y hobgoblins crecía de forma lenta, pero constante.
No lo bastante como para llamar la atención.
Pero sí lo suficiente como para proteger algo.
Mi boca se curvó apenas.
Te encontré.
Apenas me di cuenta, llamé a un capitán de caballería.
—¡Señor!
El hombre se acercó de inmediato y enderezó la postura.
Antes, los caballeros me miraban con cierta hostilidad por haber matado a su antiguo capitán.
Ahora eso ya no existía.
No completamente.
Tal vez todavía me odiaban.
Tal vez todavía querían mi cabeza.
Pero después de verme salir una y otra vez al campo de batalla y volver cubierto de sangre enemiga, habían entendido algo.
Mientras yo siguiera vivo, Clemen tenía una oportunidad.
Y eso era suficiente.
—Reúna a treinta de los mejores caballeros que tengamos.
No aparté la mirada del ejército enemigo.
Seguía calculando la ruta.
La distancia.
Los grupos de goblins.
Los puntos donde la formación era más débil.
El camino de regreso.
—Vamos a realizar una misión de alto riesgo.
El capitán no preguntó cuál.
Solo golpeó el puño contra su pecho.
—¡Sí, señor!
Se alejó corriendo hacia los demás caballeros.
Lo vi acercarse a otros oficiales y transmitir la orden. Algunos rostros se endurecieron. Otros palidecieron.
Treinta caballeros.
Eso era todo lo que podía llevar.
Más que eso, y llamaríamos demasiado la atención.
Menos que eso, y no podríamos abrirnos paso si la horda nos cerraba la retirada.
La Torre era justa y cruel.
Si mi intuición era correcta, la condición de victoria no estaba en resistir hasta que el enemigo se cansara.
La condición de victoria estaba escondida en el corazón de la horda.
Miré hacia aquella zona donde los pequeños goblins desaparecían.
Allí debía estar el verdadero comandante.
O algo peor.
Apreté la empuñadura de mi espada.
Holaaa acá el autor, si led gustó la novela hasta ahora, les comento que llevo publicando 150 capítulos en la plataforma de Wattpad, mí usuario es @nicolaspeano allí, si gustan pasen a votar y leerlo por ahí, sino también iré publicando de a poco por esta plataforma