El mundo se quiebra.
Las calles se parten en fragmentos negros que caen hacia un vacío sin fondo. Los edificios se doblan sobre sí mismos, como láminas de papel húmedo, y el cielo rojo desciende hasta quedar tan cerca que siento que podría tocarlo con la punta de la espada.
No somos transportados.
El escenario se reconstruye alrededor de nosotros.
El suelo desaparece durante un instante y vuelve a formarse bajo nuestros pies. Ahora estamos sobre una avenida mucho más ancha, rodeada por edificios pertenecientes a distintos momentos de mi vida.
A la izquierda está la casa donde Eunbyeol pasó sus primeros años.
A la derecha, el cuartel que defendimos durante la caída de Seúl.
Más adelante se levanta la muralla donde la vi por última vez antes de encontrarla herida.
Ninguna de esas construcciones debería coexistir.
La pesadilla no intenta ser coherente.
Solo necesita lastimarme.
La joven continúa sujetando mi mano.
La Eunbyeol de este tiempo permanece al otro lado.
Durante unos segundos, las dos caminan junto a mí.
Las luces de la avenida se encienden.
Una tras otra.
A lo lejos aparecen siluetas.
Cientos.
-No nos dio tiempo para descansar -murmura Kwon.
Mujin intenta levantar el escudo.
Su brazo apenas responde después de haber sostenido el derrumbe del refugio.
Jiwon se coloca a su lado.
-No vuelva a recibir un golpe con ese hombro.
-Haré lo posible.
-No. Va a hacerlo.
Mujin asiente.
El primer Rastrero cae desde un edificio.
Después otro.
La oscuridad de las fachadas se desprende en oleadas.
No necesitamos una orden.
Doyun dispara.
La flecha atraviesa el rostro de la primera criatura antes de que toque el suelo.
Seolhwa avanza.
Mujin se coloca detrás de ella, incapaz de mantener todavía la primera línea.
Kwon desaparece.
Hejin levanta el báculo.
Eunbyeol abre el libro.
Jiwon empuja a la joven detrás de la formación.
Yo suelto su mano.
Ella intenta retenerme.
Sus dedos se deslizan entre los míos.
-No te alejes.
La frase me detiene más que cualquier cadena.
La miro.
Tiene miedo.
No el miedo exagerado que utilizan los Tejedores.
Es pequeño.
Contenido.
El mismo que mostraba cuando era niña y despertaba después de una pesadilla, demasiado orgullosa para pedirme que permaneciera junto a ella.
-Voy a volver -digo.
Sus ojos se humedecen.
-Eso dijiste aquella vez.
No tengo una respuesta.
Un Sabueso cruza la línea de Seolhwa y corre hacia ella.
Me muevo.
La espada entra por la boca de la criatura y atraviesa la nuca.
La ventana aparece apenas un instante.
[Sabueso de la ausencia - Nivel 15 eliminado.]
[+300 EXP]
[+10 de oro]
No la miro.
La cierro.
Ya no necesitamos conocer cada recompensa.
Solo sobrevivir.
[Tiempo transcurrido: 12 horas.]
[Tiempo restante: 12 horas.]
Durante las siguientes dos horas no conseguimos permanecer quietos más de cuatro minutos.
Las criaturas ya no atacan como antes.
Aprendieron nuestra formación.
Los Rastreros dejan de arrojarse contra el escudo. Permanecen sobre las paredes y repiten las órdenes antes de que las pronunciemos.
La primera vez pensamos que fue casualidad.
-¡Doyun, techo derecho! -grita una voz con mi tono.
Todavía no había visto el movimiento.
Un segundo después, seis criaturas aparecen en ese lugar.
Doyun levanta el arco por reflejo.
Tres Rastreros caen desde el lado contrario.
Hejin recibe uno de los cuerpos sobre el báculo.
La criatura la derriba.
Kwon le corta los brazos antes de que consiga hundirle las uñas.
-Están anticipando las órdenes -dice Eunbyeol.
-No -responde Hejin mientras se incorpora-. Están leyendo la intención.
Una voz sale del edificio.
-¡Seolhwa, izquierda!
Ella no se mueve.
El ataque llega por la izquierda de todos modos.
Seolhwa sonríe.
-Ahora sé de dónde vienen.
El hacha atraviesa la pared.
Tres cuerpos caen junto con los ladrillos.
Las voces nos traicionan.
Después lo hacen nuestros pensamientos.
Abandonamos las señales planeadas.
Eunbyeol deja de dirigir mediante órdenes completas y comienza a mover los dedos.
Un gesto para avanzar.
Otro para cubrir.
Un círculo breve para reagruparnos.
Los Rastreros imitan el sonido.
No pueden imitar algo que no ven.
Los Sabuesos también cambian.
Dejan de perseguir únicamente a la joven.
Empiezan a rodearnos hasta que alguno piensa en ella.
Basta una mirada.
Una duda.
Un instante de preocupación.
Entonces todos giran al mismo tiempo.
-Sienten cuándo cambiamos de prioridad -dice Mujin.
Un Sabueso se lanza hacia Eunbyeol.
Mujin lo recibe con el escudo, pero otro salta sobre su espalda.
El hombro herido cede.
Cae sobre una rodilla.
La mandíbula del monstruo alcanza su cuello.
Jiwon golpea la cabeza con el báculo.
No consigue romperla.
Le clava los dedos en una cavidad y libera una descarga de energía curativa invertida.
El cuerpo de la criatura se contrae.
Mujin la arroja al suelo.
Seolhwa la remata.
-Le dije que no utilizara ese brazo -dice Jiwon.
-No tenía otro.
-Entonces debería haberme pedido uno.
Mujin la mira sin saber si habla en serio.
No hay tiempo para averiguarlo.
Los Custodios aparecen.
Doce.
No marcan paredes.
Marcan personas.
Una línea negra se extiende sobre el pecho de Doyun.
Otra sobre Hejin.
Otra sobre mí.
El primer impacto contra mi espada pesa el doble que el anterior.
La marca no reduce mi resistencia.
Aumenta el peso del recuerdo que intenta alcanzarme.
Veo a Eunbyeol caer aunque todavía está de pie.
Siento sangre sobre mis manos aunque no hay ninguna herida.
Durante una fracción de segundo, el cuerpo recuerda una pérdida que no está ocurriendo.
La cadena me alcanza en el costado.
La protección absorbe parte del golpe.
El resto atraviesa las costillas.
No se rompen.
El dolor permanece.
-¡Capitán! -grita la Eunbyeol actual.
La joven también lo hace.
Las dos voces se superponen.
El Custodio se fortalece.
Las placas de su cuerpo se expanden.
Comprendo demasiado tarde.
-¡No reaccionen a las imágenes! -ordeno-. ¡Solo miren el presente!
Fácil de decir.
Difícil cuando el escenario utiliza aquello que más tememos.
Hejin golpea su propia marca con el báculo.
Nada ocurre.
Después deja de intentar destruirla.
Cierra los ojos.
Respira.
La línea negra pierde fuerza.
-No es magia normal -dice-. Se alimenta de nuestra atención.
Eunbyeol comprende.
-Entonces no hay que quitar las marcas.
-Hay que dejar de reconocerlas.
Kwon mira la línea sobre mi pecho.
-¿Eso es posible para él?
No respondo.
Corto la cadena del Custodio.
La marca continúa ardiendo.
La joven me observa desde atrás.
Su sola presencia la alimenta.
Por eso dejo de mirarla.
No porque no quiera verla.
Porque quiero que siga viva.
Cuando alcanzamos la decimocuarta hora, conseguimos alejarnos de la avenida.
No encontramos un refugio.
Encontramos una pausa.
El escenario forma una estación de tren subterránea. Los vagones están detenidos sobre las vías, cubiertos de polvo y sangre seca.
Bloqueamos dos accesos.
Hejin coloca sellos sobre el tercero.
No confiamos en ellos.
Nos sirven para saber cuándo algo los atraviesa.
Jiwon empieza a revisar las heridas.
Mujin tiene una fisura en el hombro y varios músculos dañados.
Kwon presenta un corte profundo en el muslo.
Dos dedos de Doyun están inflamados.
Hejin sangra por la nariz debido al uso constante de magia.
Seolhwa tiene una placa de la armadura hundida contra las costillas.
Eunbyeol conserva una pequeña herida en la frente.
Yo tengo el costado entumecido.
La joven del escenario sigue teniendo el hombro dañado, aunque la herida no empeora.
Jiwon se arrodilla frente a mí.
-Sáquese la protección.
-Atienda primero a Mujin.
-Ya lo hice.
-A Doyun.
-También.
Miro al resto.
Todos tienen vendas nuevas.
-Entonces a ella.
Señalo a la joven.
Jiwon no gira.
-Ella está estable.
-Revisala otra vez.
-Capitán.
Su tono cambia.
-Si se niega a permitir que lo revise, lo voy a inmovilizar.
-No podrías.
Seolhwa levanta la cabeza.
-Yo la ayudaría.
Mujin intenta mover el brazo sano.
-También yo.
Kwon se encuentra recostado contra una columna.
-No puedo caminar bien, pero puedo ofrecer apoyo moral.
Me siento.
Jiwon retira parte de mi protección.
El golpe dejó una mancha oscura sobre el costado.
Presiona.
El dolor sube hasta el pecho.
-No está roto.
-Lo sabía.
Presiona más fuerte.
-Eso fue innecesario.
-No lo fue.
La joven se arrodilla a mi lado.
Observa la herida.
Su mano se acerca.
Jiwon intenta detenerla, pero ella no toca el golpe.
Apoya los dedos junto a una antigua cicatriz que este cuerpo no posee.
Sus ojos recorren una forma invisible.
-Acá tenías otra.
-Sí.
La Eunbyeol actual escucha desde el otro lado del vagón.
No puede comprender las palabras completas.
El sistema las deforma.
Pero ve la intimidad del gesto.
La joven conoce cicatrices que Kim Cheonro nunca tuvo.
Mujin aparta la mirada.
Hejin finge revisar los sellos.
Kwon ya no disimula.
-Capitán -dice-, ¿de verdad no puede decirnos quién es?
La estación queda en silencio.
La joven mantiene la mano junto a mi costado.
Eunbyeol aprieta el libro.
Seolhwa me observa directamente.
-No -respondo.
-¿Porque no quiere? -pregunta Kwon.
-Porque no puedo.
Eso basta para él.
No para los demás.
Eunbyeol se acerca.
Se detiene frente a la joven.
-¿Vos sabés quién soy?
La joven levanta la vista.
Durante varios segundos no responde.
Después sonríe.
-Más de lo que debería.
Las palabras llegan deformadas, pero Eunbyeol entiende algo en el tono.
-¿Nos conocimos?
La joven la observa como alguien que mira una fotografía antigua.
-No de esta manera.
Eunbyeol frunce el ceño.
-¿Entonces de cuál?
El tiempo no se detiene.
No soy yo quien intenta explicar.
Sin embargo, el rostro de la joven se distorsiona.
Sus labios se mueven sin emitir sonido.
La pesadilla no le permite responder.
Ella baja la mirada.
-Lo siento.
Eunbyeol retrocede.
No enojada.
Herida.
No sabe por qué esa desconocida la mira con tristeza.
No sabe por qué yo no puedo apartar los ojos de ninguna de las dos.
La joven vuelve hacia mí.
-¿Viviste mucho después?
Mi respiración cambia.
-Sí.
-¿Solo?
La pregunta es demasiado simple.
-Durante un tiempo.
-¿Me odiaste?
-Nunca.
-¿Te odiaste?
No respondo.
Eso es suficiente.
Ella apoya la cabeza sobre mi hombro sano.
-Yo también estaba asustada.
Cierro los ojos.
La estación desaparece.
Vuelvo a aquella noche.
Su cuerpo frío.
Mis manos cubiertas de sangre.
La certeza de que todos los años de fuerza, entrenamiento y guerra no servían para regresar un solo segundo.
Mi mano se levanta.
Acomodo un mechón detrás de su oreja.
La joven sonríe sin mirarme.
La Eunbyeol actual observa el gesto.
Después se toca el cabello en el mismo lugar.
Nadie dice nada.
El primer sello de Hejin se rompe.
La pausa termina.
[Enemigos eliminados desde la décima hora: 290.]
[EXP obtenida por el grupo: +73.350.]
[Oro obtenido: +2.420.]
[Botines obtenidos: 14.]
Kwon mira la última ventana.
-Por fin hay objetos.
-Después los revisamos -dice Eunbyeol.
-Podría haber algo útil.
El segundo sello se rompe.
-También podría haber trescientos monstruos -responde ella.
El tercer sello desaparece.
El techo comienza a temblar.
-Son más de trescientos -dice Hejin.
[Tiempo transcurrido: 16 horas.]
[Tiempo restante: 8 horas.]
Los Rastreros entran por ambos túneles.
No corren.
Se arrastran unos sobre otros hasta formar masas de brazos, piernas y rostros cerrados.
Las voces ya no repiten órdenes.
Repiten conversaciones.
La joven preguntándome si viví solo.
Eunbyeol preguntándole si la conocía.
Jiwon amenazando con inmovilizarme.
Palabras que pronunciamos hace pocos minutos.
Estuvieron escuchando.
No desde las paredes.
Desde el propio escenario.
-No podemos defender este lugar -dice Eunbyeol.
-Las vías -respondo.
Saltamos.
Corremos por el túnel antes de que las masas alcancen los vagones.
El espacio estrecho debería favorecernos.
La pesadilla lo cambia.
Las paredes se alejan.
El túnel se ensancha hasta convertirse en una llanura oscura cubierta de vías que se cruzan en todas direcciones.
Trenes sin conductor aparecen desde la niebla.
No siguen los rieles.
Se deslizan sobre la tierra, atravesando monstruos y edificios como recuerdos incapaces de reconocerse entre sí.
Uno pasa a pocos metros.
A través de las ventanas veo versiones de nosotros.
Mujin muerto bajo el escudo.
Kwon colgado por sus propias dagas.
Jiwon sentada entre cuerpos que no pudo curar.
Doyun sin ojos.
Hejin rodeada por circuitos que penetran su piel.
Seolhwa abrazando a Eunji mientras ambas arden.
Eunbyeol sola frente a mi cadáver.
No son futuros.
Son posibilidades.
Los Tejedores caminan dentro de los vagones.
Cuando el tren se cruza frente a nosotros, saltan.
Veinte.
Después otros doce.
Cada uno utiliza el rostro de alguien del grupo.
-No miren las caras -ordeno.
Las criaturas atacan con nuestros movimientos.
Una copia de Kwon desaparece entre sombras.
La real sonríe sin humor.
-Eso es ofensivo.
La copia aparece detrás de Jiwon.
Kwon la intercepta.
Las cuatro dagas chocan.
El Tejedor reproduce su postura con precisión.
No su intención.
Kwon amaga hacia el cuello.
La copia bloquea.
La daga real entra en el muslo.
El Tejedor cae.
Kwon atraviesa su nuca.
-Copian lo que mostramos -dice-. No lo que estamos por hacer.
Doyun dispara contra su propia copia.
El Tejedor mueve el arco en la misma dirección.
No existe flecha.
La imitación no comprende el arma.
Doyun cambia el objetivo en el último instante.
La flecha atraviesa al Tejedor de Hejin.
Ella destruye al suyo con una descarga.
Las imitaciones se vuelven menos peligrosas cuando dejamos de temerles.
Entonces utilizan otros rostros.
Eunji.
Jang.
El presidente.
Personas que no están aquí.
Seolhwa recibe a la copia de Eunji de frente.
El cuerpo de la niña corre hacia ella con los brazos abiertos.
-¡Seolhwa!
Su hacha se detiene.
El Tejedor sonríe.
La mano infantil se convierte en una garra.
Furia bajo custodia se activa.
La respiración de Seolhwa se vuelve pesada.
Sus ojos se fijan en la criatura.
No en la apariencia.
En la intención.
-Ella nunca me atacaría.
El hacha atraviesa el cuerpo.
La cara de Eunji se deshace.
Seolhwa continúa avanzando.
No mira atrás.
A la decimoséptima hora, un Custodio alcanza a Mujin.
No golpea el escudo.
Lo rodea.
La cadena se cierra sobre su torso y tira hacia lados opuestos.
Escucho el crujido.
Mujin pierde el aire.
Seolhwa corta una cadena.
Yo corto la otra.
El Custodio cae, pero Mujin también.
Jiwon se arrodilla junto a él.
Su respiración es irregular.
Hay sangre en su boca.
-Pulmón perforado -dice.
Mujin intenta incorporarse.
Jiwon lo empuja.
-No.
-La línea-
-La línea puede sobrevivir treinta segundos sin usted.
Una nueva oleada se aproxima.
No tenemos treinta segundos.
Jiwon coloca ambas manos sobre su pecho.
El báculo comienza a emitir una luz blanca.
-No -dice Mujin-. Guardá eso.
-Cállese.
-Podés curarlo sin-
-Cállese.
La luz se intensifica.
[Triaje del último aliento.]
No aparece ninguna explicación.
La herida responde.
Los huesos se estabilizan.
La sangre deja de acumularse dentro del pecho.
Mujin aspira con fuerza.
Jiwon se balancea.
Hejin la sujeta antes de que caiga.
-No está curado -dice Jiwon-. Solo ya no va a morir por respirar.
-Eso alcanza -responde Mujin.
-No, no alcanza. Pero es lo que tenemos.
Seolhwa toma el escudo.
Lo levanta con una mano.
-Yo cubro.
Mujin intenta protestar.
Ella ya está avanzando.
Furia bajo custodia continúa activa.
Las criaturas golpean su armadura.
Seolhwa no las persigue.
No abandona el alcance del grupo.
Cada vez que alguna intenta rodearla, retrocede medio paso.
Lo suficiente.
La habilidad no elimina su furia.
Le da un lugar al que regresar.
A la decimoctava hora conseguimos romper la oleada.
No vencerla.
Romperla.
Eliminamos a los Custodios centrales y abrimos un corredor entre los Rastreros.
Corremos durante casi veinte minutos.
Mujin necesita ayuda.
Jiwon apenas puede utilizar magia.
Doyun tiene dos dedos sujetos con una tablilla.
Kwon cojea.
Hejin conserva menos de una cuarta parte de sus reservas.
Seolhwa tiene sangre dentro de una bota.
Eunbyeol respira con dificultad, pero sigue dando órdenes.
La joven del escenario camina junto a mí.
No parece cansarse igual que nosotros.
La herida permanece.
El polvo la ensucia.
Su respiración aumenta cuando corremos.
Pero no se deteriora.
[Enemigos eliminados desde la última actualización: 253.]
[EXP obtenida por el grupo: +67.900.]
[Oro obtenido: +2.276.]
[Botines obtenidos: 12.]
La ventana desaparece.
Frente a nosotros aparece una casa.
Nuestra casa.
No la residencia actual.
La casa donde vivíamos antes de que el mundo terminara.
La puerta está abierta.
Una luz cálida sale desde el interior.
Eunbyeol mira el edificio.
-¿Es seguro?
-No.
La joven se detiene.
-Podemos descansar ahí.
Su voz es suave.
-No -respondo.
Ella me mira.
-Conocés este lugar.
-Por eso.
El escenario construyó una casa intacta en medio de una ciudad destruida.
No es un refugio.
Es una invitación.
La joven avanza hacia la puerta.
Tomo su muñeca.
-No entres.
-No hay monstruos.
-Todavía.
Sus ojos bajan hacia mi mano.
-Siempre tenías miedo de que saliera sola.
-Y siempre salías.
Una sonrisa aparece en su rostro.
-Porque siempre venías a buscarme.
La frase me debilita más que los Custodios.
Ella gira la muñeca y entrelaza los dedos con los míos.
-Esta vez estamos juntos.
La puerta se abre un poco más.
Desde el interior llega olor a comida.
Escucho su risa cuando era niña.
El sonido de pequeños pasos.
Una voz llamándome desde la cocina.
No pertenece a una criatura.
Es un recuerdo completo.
La Eunbyeol actual se coloca junto a mí.
Mira nuestras manos.
Después la casa.
-No deberíamos entrar -dice.
La joven gira hacia ella.
Por un instante, ambas parecen estar en extremos opuestos de la misma vida.
-¿Por qué? -pregunta la joven.
Eunbyeol tarda en responder.
-Porque es demasiado perfecto.
La sonrisa de la joven se reduce.
La casa comienza a deformarse.
La madera se hincha.
Las ventanas se convierten en ojos.
La puerta se abre como una boca.
Cientos de brazos emergen desde el interior.
-¡Atrás! -grito.
La casa se arrastra hacia nosotros.
No es un monstruo nuevo.
Son Rastreros.
Miles de cuerpos entrelazados para formar paredes, techo y habitaciones.
Hejin extiende el báculo.
-¡Todo el edificio está vivo!
Seolhwa levanta el hacha.
-Entonces se puede romper.
Golpea el suelo.
El frente de la casa colapsa.
Las criaturas se separan.
Sabuesos ocultos entre los cuerpos saltan hacia las dos Eunbyeol.
Mujin intenta avanzar.
No puede.
Kwon intercepta al primero.
Doyun al segundo.
El tercero llega hasta mí.
Lo corto.
El cuarto se impulsa desde una ventana.
La joven lo ve antes.
Me empuja.
La mandíbula se cierra sobre su hombro herido.
Su grito atraviesa la calle.
El mundo se vuelve rojo.
Mi espada entra por el costado del Sabueso.
No muere.
Corto otra vez.
Y otra.
La hoja atraviesa hueso, garganta y cráneo.
El cuerpo cae.
La joven cae con él.
Me arrodillo.
La sangre cubre su ropa.
-Jiwon.
No responde.
-¡Jiwon!
Ella se acerca arrastrando el báculo.
Observa la herida.
-No alcanzó el cuello.
-Curala.
-Necesito-
-Curala.
Jiwon levanta la vista.
No hay miedo en sus ojos.
Hay enojo.
-Estoy intentando mantener a ocho personas vivas. No puede exigirme magia que ya no tengo.
La frase me golpea.
Miro sus manos.
Tiemblan.
Miro a Mujin respirando con dificultad.
A Doyun con los dedos inmóviles.
A Hejin sangrando.
A Kwon sosteniéndose sobre una pierna.
A Seolhwa rodeada.
A Eunbyeol protegiendo el centro.
Todos están pagando por mi pesadilla.
-Estabilizala -digo más bajo.
Jiwon asiente.
-Eso sí puedo.
La joven toma mi mano mientras Jiwon cierra la herida.
-No fue tu culpa.
-Sí.
-No.
-Te prometí-
-Ya sé.
Sus dedos se cierran.
-Siempre prometías demasiado.
No puedo mirarla.
El escenario utiliza su voz.
Sus gestos.
Sus recuerdos.
Y yo dejo que lo haga porque cada palabra me devuelve algo que creí perdido.
[Tiempo transcurrido: 20 horas.]
[Tiempo restante: 4 horas.]
La ciudad deja de fingir.
Ya no reconstruye lugares hermosos.
Solo conserva ruinas.
Los edificios se apartan y forman un círculo alrededor de nosotros.
No existe una salida visible.
Los monstruos ocupan todos los accesos.
Rastreros sobre los techos.
Sabuesos en las calles.
Custodios formando una segunda línea.
Tejedores detrás, observando.
No atacan.
Esperan que el cansancio haga su trabajo.
Nosotros también esperamos.
No podemos permitirnos avanzar sin necesidad.
Mujin se sienta detrás del escudo.
Jiwon mantiene una mano sobre su pecho.
Hejin dibuja circuitos pequeños sobre el suelo.
Doyun cuenta flechas.
Kwon revisa las dagas.
Seolhwa respira lentamente para contener Berserker.
Eunbyeol estudia el círculo.
La joven descansa contra mi hombro.
-Cuatro horas -dice Kwon.
Nadie responde.
-Solo intentaba ser positivo.
-No lo intente -dice Jiwon.
Eunbyeol señala varios edificios.
-Los Tejedores están dirigiendo.
-¿Cómo lo sabés? -pregunta Hejin.
-Los demás miran hacia ellos antes de cambiar de posición.
Observo.
Tiene razón.
No son comandantes.
Son espejos.
Los Rastreros copian lo que ellos muestran.
Los Custodios atacan aquello que señalan.
Los Sabuesos persiguen la emoción que provocan.
-Eliminamos a los Tejedores -digo.
Kwon mira las distancias.
-Hay once visibles.
-Y otros ocultos -agrega Doyun.
-Puedo llegar a tres.
-Yo a cuatro -dice Hejin.
Su voz carece de fuerza.
-No tenés magia.
-Tengo suficiente para cuatro.
-Después no tendrás nada.
-Después faltarán cuatro menos.
Eunbyeol levanta una mano.
-No los atacaremos juntos.
Todos la miran.
-Eso esperan. Quieren que concentremos la atención sobre los rostros.
Pasa una página.
-Vamos a dejar de reconocerlos.
Kwon sonríe.
-¿Ignorar a los monstruos?
-Exacto.
El primer Custodio se mueve.
Eunbyeol continúa.
-Atacaremos a las unidades que reaccionen a sus gestos. Los Tejedores van a intentar corregirlas. Cuando se expongan, Kwon y Doyun los eliminan.
Miro el círculo.
-Funciona.
-Lo sé.
La joven sonríe.
Eunbyeol la ve.
Ambas hacen el mismo gesto.
Una pequeña inclinación de la cabeza.
El plan funciona durante los primeros minutos.
Ignoramos los rostros.
Doyun dispara a los Sabuesos.
Seolhwa rompe a los Custodios.
Mujin atrae a los Rastreros.
Los Tejedores pierden el control.
Empiezan a cambiar de posición.
Kwon elimina al primero.
Doyun al segundo.
Hejin marca al tercero con una luz que atraviesa la niebla.
La formación enemiga se desordena.
Entonces los Tejedores dejan de copiar personas.
Copian heridas.
Uno aparece con el hombro roto de Mujin.
Otro con los dedos de Doyun.
Otro con la herida de la joven.
Otro lleva mi costado golpeado.
Cuando reciben daño, las heridas aparecen sobre nosotros.
Kwon corta el cuello de una imitación.
Una línea roja se forma sobre su propia garganta.
Retrocede antes de completar el golpe.
-Cambió otra vez.
Hejin observa los circuitos.
-No comparten daño. Comparten la reacción.
Doyun prueba.
Dispara a una pierna.
La copia de Mujin cae.
El verdadero siente el dolor, pero el hueso no se rompe.
-Nos obligan a creer que estamos heridos -dice Jiwon.
-Entonces sigan peleando -respondo.
Es cruel.
También necesario.
Seolhwa recibe una herida falsa en el abdomen.
Su cuerpo se curva.
La armadura está intacta.
Ella toca la zona.
No hay sangre.
-Odio este piso.
Levanta el hacha.
-Eso es real.
Elimina al Tejedor.
La sensación desaparece.
La línea se rompe.
Los monstruos atacan.
Las siguientes dos horas se convierten en una batalla continua.
No existen posiciones seguras.
El círculo se reduce.
Cada edificio que cae libera más Rastreros.
Cada Sabueso eliminado atrae a dos nuevos.
Los Custodios utilizan sus propias cadenas como puentes para cruzar sobre las barricadas.
Los Tejedores permanecen ocultos dentro de los cuerpos.
El grupo deja de luchar con fuerza.
Lucha con disciplina.
Mujin recibe solo aquello que nadie más puede evitar.
Seolhwa retrocede cuando debe hacerlo.
Doyun dispara menos, pero cada flecha interrumpe un ataque mortal.
Hejin utiliza pequeños impulsos, no grandes hechizos.
Kwon ataca únicamente cuando la salida está asegurada.
Jiwon conserva la conciencia mediante respiraciones contadas.
Eunbyeol simplifica las órdenes hasta convertirlas en una sola palabra.
-Frente.
-Cambio.
-Centro.
-Salida.
Yo cubro los espacios.
Flujo del universo se activa tres veces durante esas horas.
Cada vez dura menos.
Mi cuerpo está cansado.
Los pasos dejan de ser precisos.
En la última activación, una cadena roza mi tobillo.
Pierdo el equilibrio.
El flujo se rompe.
Un Custodio golpea.
La espada bloquea parte.
El resto me lanza contra una pared.
El aire sale de mis pulmones.
La joven corre hacia mí.
-¡Papá!
Todos escuchan esa palabra.
No el nombre distorsionado.
No una voz rota.
Papá.
El escenario la deja pasar.
Eunbyeol se queda inmóvil.
Mujin gira la cabeza.
Kwon pierde su siguiente paso.
Seolhwa abre los ojos.
La joven se arrodilla frente a mí.
-Papá, mirame.
Su mano toca mi rostro.
El mundo queda en silencio.
No por una habilidad.
Porque todos esperan.
Eunbyeol actual observa desde varios metros.
Sus labios se separan.
No pregunta.
No necesita hacerlo.
El sistema intenta ocultar la respuesta.
La pesadilla acaba de entregarla.
-Capitán... -murmura Mujin.
Un Tejedor salta desde un cadáver.
Seolhwa lo parte antes de que alcance a nadie.
-Después -dice.
No hay tiempo para entender.
La joven me ayuda a levantarme.
Eunbyeol mantiene el libro cerrado contra el pecho.
No vuelve a mirarme durante varios minutos.
Eso duele más de lo que debería.
[Tiempo transcurrido: 22 horas.]
[Tiempo restante: 2 horas.]
[Enemigos eliminados desde la última actualización: 275.]
[EXP obtenida por el grupo: +75.100.]
[Oro obtenido: +2.530.]
[Botines obtenidos: 13.]
La última fase empieza sin anuncio.
Los monstruos se detienen.
Todos.
Cientos de Rastreros permanecen inclinados.
Los Sabuesos cierran las mandíbulas.
Los Custodios apoyan sus cadenas sobre el suelo.
Los Tejedores abandonan los rostros.
La oscuridad se abre detrás de ellos.
Aparece una calle estrecha.
Al final está la habitación.
La misma puerta que rechazamos antes.
Esta vez no hay edificios alrededor.
Solo la puerta.
-Quiere que entremos -dice Hejin.
-No -respondo.
La joven aprieta mi mano.
-Tal vez deba hacerlo.
La miro.
-No.
-Es mi habitación.
-No.
-Ahí terminamos.
-No vamos a terminar ahí.
La joven sonríe.
-Siempre fuiste obstinado.
-Lo aprendiste de mí.
Eunbyeol levanta la vista.
Sus ojos están rojos.
No lloró.
Se contuvo.
-Podría ser la única salida.
-El temporizador continúa -digo-. No necesitamos salir.
-Solo sobrevivir.
-Exacto.
La puerta se abre.
Dentro veo su cuerpo.
Mi hija.
La real.
Muerta sobre el suelo.
La joven que sostiene mi mano también lo ve.
Su cuerpo tiembla.
-Esa soy yo.
-No.
-Sabés que sí.
-Es un recuerdo.
-¿Y yo qué soy?
La pregunta queda suspendida.
No puedo responder.
La joven suelta mi mano.
Camina hacia la puerta.
La sujeto por la espalda.
-No.
-Necesito verla.
-No.
-Necesito saber si soy ella.
-No importa.
Gira.
-Para vos sí.
Sus ojos están llenos de lágrimas.
-Desde que aparecí no dejaste de comprobar si respiraba. Me tocás como si pudiera romperme. Me mirás como si quisieras creer, pero no pudieras.
La voz se quiebra.
-Decime qué soy.
Mi pecho se cierra.
El escenario escucha.
Los monstruos levantan la cabeza.
-Sos mi hija.
La respuesta sale antes de que pueda detenerla.
Eunbyeol actual cierra los ojos.
La joven llora.
Después me abraza.
La rodeo.
No miro la puerta.
No miro el cadáver.
Solo a la persona entre mis brazos.
-Entonces no me dejes otra vez -susurra.
-No voy a hacerlo.
El escenario tiembla.
La puerta desaparece.
Los monstruos atacan.
Las últimas dos horas son peores que las veintidós anteriores.
No por la cantidad.
Por el cansancio.
Cada movimiento llega tarde.
Cada herida tarda más en cerrar.
Cada orden necesita atravesar el ruido, el dolor y el miedo.
Los Rastreros caen desde un cielo sin edificios.
Los Sabuesos aparecen debajo del suelo.
Los Custodios avanzan de cuatro en cuatro.
Los Tejedores ya no utilizan rostros.
Se convierten en personas completas.
Caminan como nosotros.
Respiran.
Sangran.
Piden ayuda.
Uno aparece con la forma de Mujin y grita que el verdadero es una copia.
Otro utiliza la voz de Jiwon para ordenar que abandonemos a un herido.
Otro se convierte en Eunbyeol.
Después otro.
Después veinte.
La ciudad se llena de Eunbyeols.
Algunas niñas.
Otras adultas.
Algunas heridas.
Otras intactas.
Todas me llaman.
Todas dicen papá.
No puedo reconocerlas por el rostro.
El sistema creó demasiadas versiones.
Entonces dejo de mirar las caras.
Busco al grupo.
Mujin siempre coloca el pie derecho detrás cuando protege.
Kwon mantiene una mano más baja que la otra.
Jiwon golpea dos veces el báculo antes de curar.
Doyun gira la muñeca después de disparar.
Hejin inclina el cuello cuando analiza.
Seolhwa aprieta los dientes antes de retroceder.
Eunbyeol toca tres veces el lomo del libro cuando está nerviosa.
La joven se mantiene cerca de mí.
Eso basta.
Nos reconocemos por los gestos.
No por las apariencias.
La pesadilla intenta imitarlo.
Llega tarde.
Una copia de Eunbyeol toca el libro cuatro veces.
Doyun la elimina.
Un falso Kwon pisa con el talón.
Seolhwa lo destruye.
Un Mujin levanta el escudo con la mano incorrecta.
Hejin atraviesa su núcleo.
La formación sobrevive.
Mal.
Pero sobrevive.
Cuando quedan diecisiete minutos, Mujin ya no puede levantar el escudo.
Seolhwa lo arrastra mientras pelea.
Kwon perdió una de las dagas.
Doyun conserva tres flechas.
Hejin apenas consigue mantener encendido el báculo.
Jiwon no puede realizar una curación completa.
Eunbyeol tiene la voz quebrada.
Yo siento sangre dentro de una bota.
La joven camina conmigo.
No parece estar mejor.
Su rostro está pálido.
La herida del hombro volvió a abrirse.
Aun así, continúa.
-Queda poco -dice.
-Sí.
-¿Qué va a pasar cuando llegue a cero?
-No lo sé.
-¿Voy a desaparecer?
No respondo.
Ella sonríe.
-Eso significa que sí lo pensaste.
-No significa nada.
-Nunca supiste mentirme.
-Aprendí.
-No lo suficiente.
Su mano busca la mía.
La tomo.
No me importa que el escenario lo utilice.
Ya utilizó todo.
[Tiempo restante: 1 minuto.]
Los monstruos dejan de aparecer.
Los que permanecen vivos se detienen.
El grupo forma un círculo.
No bajamos las armas.
Nadie confía en el silencio.
El contador desciende frente a nosotros.
[00:00:53]
La joven mira el cielo.
Por primera vez desde que llegamos, las nubes se abren.
Una pequeña zona azul aparece sobre la ciudad.
-No recordaba ese color -dice.
La observo.
-Yo sí.
-Siempre hablabas del cielo.
-Porque pasamos demasiado tiempo sin verlo.
La Eunbyeol actual se acerca.
Permanece a pocos pasos.
Mira a la joven.
Después a mí.
-Cuando salgamos -dice-, tenemos que hablar.
-Sí.
Su respuesta parece sorprenderla.
Probablemente esperaba que volviera a evitarlo.
-¿Me vas a decir la verdad?
El sistema no reacciona.
Todavía no intento responder.
-Te diré todo lo que pueda.
Eunbyeol asiente.
No es suficiente.
Pero es algo.
El grupo se reúne.
Mujin se apoya sobre Seolhwa.
Jiwon permanece junto a ambos.
Kwon recupera la respiración.
Doyun guarda su última flecha.
Hejin deja que el báculo se apague.
Nadie celebra.
No hasta que termine.
[00:00:20]
La joven vuelve hacia mí.
-Papá.
Esta vez todos escuchan la palabra.
Nadie reacciona.
Ya no hay tiempo.
-¿Qué?
-Gracias por venir.
La garganta se me cierra.
-Perdoname por tardar.
-Viniste.
-No aquella vez.
Sus ojos se llenan de lágrimas.
-No fue tu culpa.
-Sí.
-No.
-Eunbyeol...
Pronuncio su nombre.
El real.
El sistema no lo distorsiona.
La Eunbyeol actual contiene la respiración.
La joven sonríe.
[00:00:10]
Detrás de ella, la Eunbyeol actual aprieta el libro contra el pecho.
Su pulgar golpea el lomo.
Una vez.
Dos.
Tres.
Lo hace siempre que intenta contener el miedo.
La joven no puede verla.
Está de espaldas.
Sin embargo, un instante después, su mano izquierda se cierra sobre mi ropa.
El pulgar golpea mi pecho.
Una vez.
Dos.
Tres.
El mismo ritmo.
La misma pausa.
No parecido.
Idéntico.
Mi respiración se detiene.
Observo la mano.
Después sus ojos.
Ella sonríe.
La sonrisa que tantas veces quise volver a ver.
Demasiado perfecta.
Incluso cuando no podía verla.
La respuesta estuvo frente a mí desde el principio.
No quise aceptarla.
[00:00:08]
La abrazo.
La joven se sobresalta.
Después rodea mi espalda con los brazos.
Hundo el rostro junto a su cabello.
Las lágrimas salen antes de que pueda contenerlas.
No lloro desde que regresé.
No de esta manera.
El pecho se me sacude.
Mis dedos se cierran sobre su espalda.
Durante veinticuatro horas tuve otra oportunidad.
Escuché su voz.
Sentí su mano.
La vi sonreír.
Aunque fuera una mentira, era una mentira construida con todo lo que perdí.
-Perdoname -susurro.
Ella me abraza con más fuerza.
-No tenés que pedirme perdón.
-Sí.
-Llegaste.
-No a tiempo.
-Estás acá.
Las lágrimas caen sobre su hombro.
-Perdoname por dejarte sola.
-Papá...
-Por no haber sido suficiente.
-No fue tu culpa.
-Por necesitar que fueras vos.
Su cuerpo se queda inmóvil durante una fracción de segundo.
Después vuelve a acariciar mi espalda.
-Soy yo.
Cierro los ojos.
Quiero creerle.
Quiero esperar dos segundos.
Solo dos.
Dejar que el contador llegue a cero.
Salir con ella.
Encontrar alguna forma de conservarla.
Pero la Torre nunca entrega aquello que deseamos sin un precio.
Y una pesadilla no intenta consolarnos.
Intenta que aceptemos la mentira.
[00:00:03]
Mi mano derecha desciende.
-Te amo -digo.
La joven tiembla.
-Yo también.
[00:00:02]
-Perdoname otra vez.
Desenvaino.
La hoja atraviesa su espalda.
Entra entre las costillas.
Atraviesa el corazón.
La punta sale por delante de su pecho.
Los ojos de la joven se abren por completo.
Su boca se separa.
Una pequeña cantidad de sangre cae sobre mi hombro.
-¿Pa... pá?
El grupo reacciona al mismo tiempo.
-¡CAPITÁN! -grita Mujin.
-¡¿QUÉ HIZO?! -Jiwon corre hacia nosotros.
-¡CHEONRO! -grita Seolhwa.
Eunbyeol deja caer el libro.
-¡NO!
Kwon desenvaina la única daga que conserva.
Doyun levanta el arco sin flecha.
Hejin intenta activar el báculo.
Los monstruos no se mueven.
El contador tampoco.
[00:00:02]
No baja.
La joven pierde fuerza.
La sostengo mientras cae.
La espada sale de su cuerpo.
La sangre cubre mis manos.
Otra vez.
Exactamente igual.
La coloco sobre el suelo.
Sus ojos permanecen abiertos.
Sorprendidos.
Traicionados.
Jiwon se arrodilla.
-¡Apártese!
Busca el pulso.
No encuentra nada.
Coloca las manos sobre la herida.
-No puedo... No hay...
Eunbyeol me empuja.
-¿Por qué?
No respondo.
Miro el cuerpo.
Un segundo.
El escenario permanece en silencio.
Dos segundos.
Los dedos de la joven se mueven.
Jiwon retrocede.
El cuerpo se incorpora.
No como una persona herida.
La espalda se endereza sin utilizar los brazos.
La cabeza queda inclinada hacia un lado.
La sangre deja de caer.
Regresa hacia la herida.
La piel se cierra alrededor del agujero.
Los ojos pierden toda emoción.
La sorpresa desaparece.
La boca se abre.
La voz que sale no pertenece a Eunbyeol.
Es plana.
Monótona.
Vacía.
-¿Cómo se dio cuenta?
El grupo queda inmóvil.
La figura continúa utilizando el rostro de mi hija.
Solo el rostro.
Todo lo demás desapareció.
Miro la mano con la que imitó el gesto.
-Intuición.
La cabeza se inclina hacia el otro lado.
-Respuesta insuficiente.
-Es la única que vas a recibir.
La figura me observa.
Después mira a la Eunbyeol real.
Por primera vez no intenta copiarla.
Sonríe.
No como mi hija.
Como algo que acaba de ser descubierto y está satisfecho por ello.
El cielo azul se rompe.
Las nubes rojas caen.
Los edificios se abren en dos y muestran interiores cubiertos por superficies reflectantes.
Las calles se convierten en cristal negro.
Miles de rostros aparecen debajo del suelo.
Algunos humanos.
Otros no.
Todos nos observan.
Los cuerpos de los monstruos se derriten y regresan hacia la figura.
Rastreros.
Sabuesos.
Custodios.
Tejedores.
Cada criatura se convierte en una hebra de carne oscura que entra por la herida cerrada de su pecho.
Su cuerpo crece.
No en altura.
En presencia.
Detrás de ella aparecen brazos transparentes, cada uno sosteniendo un rostro diferente.
La Torre vibra.
Las ventanas del sistema reaparecen.
[El temporizador ha sido detenido.]
[Condición oculta cumplida.]
La figura abre los brazos.
El rostro de Eunbyeol comienza a partirse.
Debajo no hay piel.
Hay más rostros.
Capas.
Cientos de ellos.
Todos moviéndose.
Todos intentando ocupar el exterior.
[PISO OCULTO DESBLOQUEADO]
[La sala de los rostros no nacidos.]
[Entidad vinculada detectada.]
[DIOS MIMIC]
[Condición para el despeje SSS.]
[DERROTE AL APÓSTOL DEL DIOS MIMIC.]
Las letras desaparecen.
El suelo de cristal se extiende hasta el horizonte.
Frente a nosotros, la imitación termina de levantarse.
Ya no posee un rostro propio.
Utiliza todos.
El de Eunbyeol.
El mío.
El de cada miembro del grupo.
El de personas que jamás conocimos.
Cuando habla, las voces salen superpuestas.
-Bienvenidos al verdadero tercer piso.
Aprieto la espada.
Las lágrimas todavía permanecen sobre mi rostro.
No las limpio.
A mi lado, Eunbyeol recoge lentamente el libro.
No me mira.
Todavía no.
Seolhwa levanta el hacha.
Mujin intenta colocarse de pie.
Jiwon sostiene el báculo con ambas manos.
Kwon prepara su última daga.
Doyun recoge una flecha rota del suelo.
Hejin vuelve a encender una chispa de magia.
Estamos heridos.
Cansados.
Casi sin habilidades disponibles.
El apóstol sonríe con la cara de mi hija.
Esta vez no vacilo.
-Formación -ordeno.
La pesadilla terminó.
Ahora empieza la cacería.