Saltar al contenido
Cargando…

Capítulo 17: Piso 1 abierto (1)

NicolasCheonro

Contenido de la publicación

Cuando regreso al departamento, continúo entrenando con Kwon.

Al día siguiente visito a Eunji en el orfanato y, durante la tarde, vuelvo a observar a mi hija desde la distancia. Después regreso para continuar con el entrenamiento.

Repito la misma rutina durante una semana.

Kwon mejora con rapidez. Todavía no consigue tocarme, pero sus movimientos empiezan a ser menos evidentes. Ya no ataca únicamente donde dirige la mirada y ha aprendido a ocultar sus intenciones detrás de fintas más creíbles.

Eunji, por su parte, comienza a hablar con los demás niños. Sigue aferrándose a mi ropa cada vez que llego, aunque ahora también sonríe de vez en cuando.

Y mi hija...

Continúa con su vida sin saber que la observo desde los tejados.

Aquella tranquilidad no puede durar para siempre.

Lo sé.

La Torre nunca permite que la humanidad descanse demasiado tiempo.

Durante la mañana del séptimo día, me encuentro frente a la ventana del departamento. Kwon entrena detrás de mí, atacando repetidamente un muñeco articulado con uno de sus cuchillos nuevos.

Entonces siento una vibración familiar.

El espacio parece tensarse y una presión invisible desciende sobre toda la ciudad.

Kwon detiene el cuchillo.

—¿Qué fue eso?

No respondo de inmediato.

Miro hacia el cielo.

—Creo que ya es hora...

Una ventana azul aparece frente a nosotros.

No solo frente a mí.

En las calles, las personas levantan la cabeza al mismo tiempo. Los vehículos empiezan a detenerse y voces alarmadas surgen desde los edificios cercanos.

El anuncio cubre la visión de toda la humanidad.

[Anuncio mundial]

[Se han abierto las entradas al primer piso de la Torre.]

[La primera conquista del piso ya ha sido registrada.]

[Los participantes podrán consultar el registro de la conquista al ingresar.]

[Las ubicaciones de acceso serán seleccionadas aleatoriamente.]

[Se generarán dos entradas dentro del territorio de cada país reconocido.]

[Se activa el Sistema de Competencia Internacional.]

[Las acciones realizadas dentro de la Torre otorgarán puntos al país representado por cada participante.]

[Los países con mejores resultados recibirán recompensas al finalizar cada mes.]

[Clasificación actual:]

[1.º — Corea del Sur: 5 puntos.]

[Los demás países aún no han registrado puntos.]

[Recompensa provisional para el primer puesto:]

[Experiencia obtenida dentro de la Torre: +10 %.]

[Probabilidad de obtener botín dentro de la Torre: +5 %.]

[Duración restante de la recompensa: 23 días, 17 horas.]

[Que la suerte de este mundo los acompañe.]

[:)]

La ventana desaparece.

Durante unos segundos nadie habla.

Después, la ciudad estalla.

Las bocinas empiezan a sonar, las personas gritan desde las calles y los teléfonos vibran casi al mismo tiempo mientras los canales de noticias intentan informar sobre las entradas que acaban de aparecer.

Kwon se acerca a la ventana.

—¿Dos entradas por país?

—Eso dijo.

—¿Y esos cinco puntos son tuyos?

—Probablemente.

Me mira de reojo.

—Entonces acabás de poner a Corea en primer lugar sin que nadie más haya entrado.

—Por ahora.

Me aparto de la ventana.

El sistema ha convertido la Torre en una competencia entre países.

Aquello no ocurrió tan pronto en mi primera vida. Las clasificaciones nacionales aparecieron mucho después, cuando la humanidad ya comprendía parcialmente el funcionamiento de las pruebas.

Ahora empiezan desde el primer piso.

Otro cambio.

Otra consecuencia de mi intervención.

—¿Qué significa eso de que pueden consultar tu conquista? —pregunta Kwon.

—Posiblemente les mostrará una parte de lo que ocurrió dentro del piso.

—¿Van a verte luchar?

—Eso parece.

Recuerdo la defensa de Clemen, la ejecución del señor feudal, los soldados muriendo sobre las murallas, la carga de caballería y la cabeza del comandante goblin en mi mano.

No sé cuánto mostrará el sistema ni desde qué perspectiva.

—Entonces todo el mundo descubrirá cómo superaste el piso.

—No necesariamente.

La Torre nunca entrega información completa. Mostrará lo suficiente para despertar esperanza y ocultará lo suficiente para provocar nuevas muertes.

Kwon vuelve a leer la clasificación, que ahora aparece como una opción secundaria en su panel.

—El resto de los países no va a estar contento.

—No necesitan estarlo.

—Cinco puntos no parecen demasiados.

—Todavía nadie sabe cuánto vale uno.

Eso es lo peligroso.

Una recompensa de experiencia y botín puede parecer pequeña, pero durante las primeras etapas cualquier ventaja se acumula con rapidez. Más experiencia significa niveles más altos, mejores estadísticas y mayores posibilidades de superar el siguiente piso.

Y cuanto mayor sea la ventaja de un país, más difícil será alcanzarlo.

El teléfono comienza a vibrar sobre la mesa.

La línea del gobierno.

Respondo.

—¿Sí?

—Señor Kim —dice el secretario con voz agitada—. Supongo que ya vio el anuncio.

—Sí.

—Las dos entradas aparecieron hace menos de un minuto. Una se encuentra en Seúl y la otra en Busan.

Rápido.

El gobierno ya consiguió localizarlas.

—¿Cómo son?

—Grandes estructuras circulares de color negro. La de Seúl apareció en la plaza frente al Ayuntamiento; la otra, cerca del puerto de Busan.

Escucho voces, teléfonos y órdenes al otro lado de la llamada.

—El ejército está estableciendo perímetros de seguridad, pero cientos de personas ya intentan acercarse. Algunos despertados afirman que pueden sentir que la Torre los llama.

—No permitan que cualquiera entre.

—¿Debemos cerrar completamente el acceso?

—No.

Me giro hacia Kwon.

Permanece junto a la ventana, con dos cuchillos de entrenamiento entre las manos.

Durante una semana ha intentado tocarme sin éxito. Sin embargo, su progreso es evidente: sus pasos son más silenciosos, sus movimientos resultan menos predecibles y sus ojos ya no se concentran únicamente en el cuerpo del enemigo. Observa el entorno, las salidas y cualquier objeto que pueda utilizar como arma.

Todavía está lejos de ser el Demonio Despiadado que recuerdo.

Pero ya no es simplemente un hombre con un cuchillo de cocina.

—Mantengan alejados a los civiles —continúo—. Registren a cada persona que intente ingresar.

—El presidente solicita su presencia inmediata. Necesitamos saber a quién enviar y qué pueden esperar dentro.

—Voy en camino.

Hago una pausa.

—Llevaré a un candidato.

Kwon levanta una ceja.

—¿Un candidato? —repite el secretario.

—Alguien que entrará al primer piso.

El silencio al otro lado dura unos segundos.

—Entendido. Informaré al presidente.

Corto la llamada.

Kwon me observa.

—¿Hablabas de mí?

—Preparáte.

Su expresión cambia de inmediato.

—¿Vamos a la Torre?

—Sí.

—¿Vamos a entrar juntos?

Niego con la cabeza.

—Vos vas a entrar.

La emoción de su rostro se detiene.

—¿Solo?

—Depende de las reglas. Puede que encuentres aliados dentro o que la prueba sea individual.

Kwon baja la mirada hacia los cuchillos de madera.

—¿Y pensás mandarme con esto?

—Claro que no.

Me dirijo hacia una de las cajas que el gobierno envió durante la semana, la abro y saco dos cuchillos de acero.

No son objetos de la Torre ni armas extraordinarias, pero poseen hojas resistentes, buen equilibrio y empuñaduras apropiadas para sus manos.

Se los arrojo.

Kwon atrapa ambos y los examina con detenimiento.

—Pensé que todavía no estaba listo.

—No estás listo para el segundo piso. Para el primero deberías ser suficiente.

Me acerco a la ventana y la abro.

—Eso no sonó muy alentador.

—No intento alentarte. Intento descubrir si realmente vale la pena entrenarte.

Kwon guarda los cuchillos en las fundas bajo su chaqueta.

—¿Y si fracaso?

—Morirás.

Su rostro pierde parte del entusiasmo.

—Sos muy bueno motivando personas.

—La Torre no necesita motivación. Necesita resultados.

Me dejo caer desde la ventana y aterrizo en el edificio vecino.

Unos segundos después, Kwon aparece en la azotea por la puerta de acceso.

Lo miro.

—¿Pensás bajar todos los pisos por las escaleras cada vez que salgamos?

—No todos podemos saltar por una ventana sin convertirnos en una mancha en el suelo.

—Tendremos que trabajar en eso.

—Preferiría que no.

Comienzo a moverme por los tejados, disminuyendo la velocidad para que pueda seguirme desde las calles.

Durante el trayecto, helicópteros militares sobrevuelan la ciudad. Las pantallas de los edificios transmiten sin descanso el anuncio mundial y la clasificación encabezada por Corea del Sur.

En las avenidas, algunas personas celebran la ventaja del país; otras exigen que el gobierno revele la ubicación de las entradas. Unas pocas ya se dirigen hacia ellas con armas improvisadas.

La humanidad todavía no comprende qué significa realmente entrar en la Torre.

Creen que es una oportunidad para hacerse fuertes, obtener habilidades, ganar dinero o conseguir fama.

Pronto descubrirán el precio.

Llegamos a las cercanías del Ayuntamiento quince minutos después.

La plaza está rodeada por vehículos militares y barreras metálicas. Cientos de personas se acumulan detrás del perímetro, grabando con sus teléfonos.

En el centro se alza la entrada.

Un círculo negro de más de cinco metros de altura flota verticalmente sobre el suelo. No refleja la luz ni permite distinguir nada al otro lado.

Parece un agujero abierto directamente sobre el mundo.

Kwon se detiene al verlo.

—Así que esa cosa es la Torre...

Incluso él ha perdido su tono burlón.

—Solo es la entrada.

Varios soldados levantan sus armas cuando nos acercamos desde una zona restringida. Antes de que puedan detenernos, un funcionario corre hacia ellos.

—¡Bajen las armas! ¡Es Kim Cheonro!

Los soldados obedecen, aunque sus miradas permanecen sobre mi espada.

El secretario presidencial nos espera cerca del perímetro interior.

—Señor Kim.

Se acerca rápidamente y después mira a Kwon. Su ojo hinchado ha mejorado, pero todavía conserva algunos moretones.

—¿Él es el candidato?

—Kwon Taesung.

Kwon inclina apenas la cabeza.

—Hola.

El secretario espera algo más.

No llega.

—Entiendo...

Al menos Kwon no lo insultó.

Eso ya es una mejora.

—El presidente llegará pronto —dice el secretario—. Hemos impedido el ingreso de cualquier participante hasta recibir sus instrucciones.

—Bien.

Me acerco a la entrada.

Una ventana azul aparece frente a mis ojos.

[Entrada al primer piso detectada.]

[El usuario Kim Cheonro ya ha conquistado este piso.]

[No puede participar nuevamente en la misión principal.]

[Puede acceder al registro de conquista.]

[Puede recomendar participantes para el desafío.]

Así que no puedo regresar.

Era lo esperado. La Torre rara vez permite repetir una prueba ya superada, sobre todo cuando existen recompensas de primer conquistador.

Miro a Kwon.

—Acercate.

—¿Qué viste?

—Una confirmación.

Cuando se coloca frente al portal, otra ventana aparece ante él. Sus ojos empiezan a moverse mientras lee.

—Me pregunta si quiero ingresar.

—Antes de aceptar, revisá tu panel.

—¿Ahora?

—Sí.

Kwon extiende una mano.

—Estado.

Una ventana que yo no puedo ver aparece ante sus ojos.

—Nombre: Kwon Taesung. Nivel uno. Fuerza seis, Destreza nueve, Resistencia siete, Magia cero y Suerte... uno.

Me mira molesto.

—¿Uno es malo?

—Sí.

—Genial.

—¿Tenés alguna habilidad?

Sus ojos descienden por el panel.

—Una.

—Leela.

Kwon permanece callado unos segundos.

—Se llama «Instinto depredador».

Interesante.

—¿Qué hace?

—Aumenta mi capacidad para percibir intenciones hostiles y encontrar puntos débiles cuando estoy en peligro.

La habilidad encaja perfectamente con él. Incluso antes de entrar en la Torre, ya era capaz de leer los movimientos ajenos mediante pequeños cambios corporales.

El sistema simplemente convirtió aquel instinto en algo tangible.

—Es útil.

—Esperaba algo más impresionante.

—Las habilidades crecen con quien las utiliza. Un idiota puede desperdiciar una de rango alto; alguien inteligente puede convertir una habilidad mediocre en un arma peligrosa.

—¿La mía es mediocre?

—Todavía no lo sé.

Kwon aprieta las empuñaduras de sus cuchillos.

—Entonces lo descubriremos.

Antes de que acepte, sujeto su hombro.

—Escuchá bien.

Su expresión se vuelve seria.

—Cuando entres, no supongas que lo que ves es falso. El dolor y el cansancio serán reales. Si morís dentro, no esperes despertar acá.

Kwon asiente.

—No confíes inmediatamente en las personas que encuentres, pero tampoco intentes hacerlo todo solo.

—Eso suena contradictorio.

—Aprendé a vivir con contradicciones.

Continúo:

—El sistema recompensa más que las eliminaciones. Observa las decisiones, los objetivos ocultos y la forma en que completás la misión.

—¿Hay alguna manera de conseguir los cinco puntos que recibiste?

—No intentes imitarme.

—¿Por qué?

—Porque mis condiciones fueron diferentes y no tenés la fuerza necesaria.

Kwon sonríe ligeramente.

—Entonces superaré el piso a mi manera.

Eso es exactamente lo que quería escuchar.

Retiro la mano de su hombro.

—Una última cosa.

—¿Qué?

—Regresá con vida.

Kwon me observa durante un segundo.

—Pensé que solo querías comprobar si era útil.

—Entrené una semana con vos. Sería molesto perder todo ese tiempo.

—Qué considerado.

Se gira hacia la entrada.

La oscuridad del portal se agita, como si hubiera reconocido su decisión. Kwon levanta una mano y acepta la invitación.

[El participante Kwon Taesung ha aceptado el desafío.]

[Ingresando al primer piso.]

Antes de desaparecer, vuelve la cabeza.

—Cheonro.

—¿Qué?

—Cuando vuelva, voy a poder tocarte.

—Sobreviví primero.

Kwon sonríe y da un paso hacia la oscuridad.

Su cuerpo es absorbido por completo.

El portal recupera su inmovilidad.

El secretario se acerca a mi lado.

—¿Cree que regresará?

Observo la entrada y recuerdo al hombre que llegó a ser: el asesino que atravesaba ejércitos sin producir un sonido, el guerrero al que incluso los monstruos aprendieron a temer.

Pero ese Kwon todavía no existe.

Este tendrá que construir su propio camino.

—Sí —respondo—. Regresará.

—Parece muy seguro.

—No lo estoy.

Miro el portal negro.

—Pero, si no puede superar el primer piso, nunca sobreviviría a lo que viene después.


Related posts

Pública 0 conversaciones 0 pensamientos 28 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

Cuando regresé al departamento, volví a entrenar con Kwon.

En series

En grupos