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Capítulo 39: Cultos (1)

NicolasCheonro
Pensamiento

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bsalas87

El viejo alcanza a decir "Fracas..." y Kim le corta la cabeza. Yo apuesto a que no iba a reconocer nada, iba a decir que el que fracasó es el cazador, cachai. Y esa es la raíz que buscan ahora.

El viejo alcanza a decir "Fracas..." y Kim le corta la cabeza. Yo apuesto a que no iba a reconocer nada, iba a decir que el que fracasó es el cazador, cachai. Y esa es la raíz que buscan ahora.

Contenido de la publicación

***

En mi otra vida caminé por calles donde ya no quedaba espacio para apoyar los pies sin pisar un cadáver.

Los demonios se amontonaban unos sobre otros, entre cuernos rotos y alas arrancadas. Bajo aquellos cuerpos todavía asomaban manos humanas, pedazos de armaduras y rostros que había conocido. La sangre corría entre los adoquines, arrastrando ceniza.

Sobre la pila más alta, un anciano permanecía sentado con las piernas cruzadas. La túnica le colgaba de los hombros y dejaba ver un cuello consumido, surcado de venas. Sonreía mientras contemplaba la calle.

—Qué hermosa vista... —dijo. Después giró hacia mí—. ¿No es cierto?

Apreté la empuñadura hasta escuchar el cuero crujir. Había imaginado muchas veces aquel encuentro. Ninguna de las palabras que preparé me sirvió cuando lo tuve delante.

—Sabotearon las misiones. Abrieron las defensas. Todo esto lleva tu nombre.

El anciano inclinó la cabeza, como si le estuviera atribuyendo una obra de la que podía sentirse orgulloso.

—Y, aun así, la humanidad sigue viva —añadí.

Quería quebrarle la sonrisa. Arrancarle una señal de rabia, de frustración, algo que me permitiera saber que aquella masacre tampoco le había dado lo que buscaba.

Se echó a reír.

—Por ahora, cazador. Por ahora.

La risa se volvió áspera. Se dobló sobre las rodillas, tosiendo entre carcajadas, y tardó tanto en recuperar el aire que tuve que contener el impulso de subir antes de que terminara.

—Al final morirán todos —dijo—. Pero tenés razón. Esta vez fracas...

Ascendí por los cuerpos antes de que completara la palabra. Afirmé un pie entre una coraza partida y el torso de un demonio, adelanté la cadera y corté.

La hoja le abrió el cuello de lado a lado. La sangre salpicó su túnica y cayó sobre las manos que todavía descansaban en sus rodillas. La cabeza rodó por la pendiente, rebotando contra un cuerno roto antes de detenerse entre dos cadáveres.

El cuerpo permaneció sentado un instante. Después se venció hacia adelante.

Bajé tras la cabeza y la miré. Los labios conservaban parte de aquella sonrisa.

—No vine a escuchar tus excusas.

Sacudí la sangre de la hoja sobre los adoquines.

***

La voz de Minjun me alcanza en el patio de la residencia.

Ha pasado un día para él. Lo comprendo al verlo acercarse con la misma ropa que llevaba cuando nos despedimos, haciendo preguntas que ninguno consigue responder enseguida.

Para nosotros ha pasado un año.

Uno de los empleados lo detiene antes de que se meta entre las armas. Nos ayuda a entrar al salón mientras los guardias despejan la puerta. Kwon sigue apretando los cuchillos; tengo que decirle que los baje para que advierta cómo los sostiene.

Mujin camina con los hombros rígidos. Doyun flexiona los dedos, Haejin se deja caer en el primer asiento y Jiwon mantiene las manos juntas sobre el pecho. Eunbyeol lleva su libreta cerrada. Seolhwa entra al final, mirando hacia el pasillo por el que se han llevado a los niños.

Todavía siento el barro de Garam bajo las botas.

Me apoyo un momento en el respaldo de un sillón. Entonces aparece la ventana.

[Felicidades por completar el entrenamiento en dificultad Infierno.]

[El Orbe del amanecer — SSS ha sido consumido.]

[Recompensas otorgadas a cada participante:]

[Fuerza: +25.]

[Destreza: +25.]

[Resistencia: +25.]

[Magia: +25.]

[Suerte: +5.]

Veinticinco puntos en cada una de las cuatro estadísticas principales. Releo las cantidades mientras un calor creciente empieza a extenderse desde mi pecho.

Es una recompensa enorme para nuestros cuerpos actuales.

La siguiente ventana se abre sobre la anterior.

[Título obtenido: Guardabosques — S.]

[El usuario ha sobrevivido a un bosque de muerte diseñado para cazadores de rango superior.]

[En un entorno forestal:]

[Destreza: +20 %.]

[Fuerza: +10 %.]

[Resistencia: +40 %.]

[Las bestias naturales del bosque no reconocerán al usuario como enemigo por defecto.]

No garantiza que vayan a aceptarme. Tampoco vuelve seguro un bosque lleno de criaturas que llevan siglos cazando a cualquiera que entre. Aun así, poder avanzar sin provocar de inmediato a todo lo que respira sería una ventaja considerable.

La última recompensa aparece envuelta en una luz verde.

[Equipo obtenido: Espada del bosque — SS.]

[Tipo: arma espiritual.]

[Fuerza: +50.]

[Un arma nacida de un bosque que devora a quienes no comprenden sus reglas.]

[Habilidad adherida: Lobo del bosque.]

[Permite invocar a un Lobo del bosque — S.]

[Mantener la invocación consume, por hora, una cantidad equivalente al 10 % de la Resistencia máxima del usuario.]

[El lobo podrá desarrollar ego propio según el tiempo de permanencia, los combates compartidos y el vínculo espiritual.]

La espada flota frente a mí. Su hoja es casi negra, con una línea verde recorriendo el filo. En la empuñadura, madera y metal se entrelazan como raíces que hubieran crecido alrededor de algo enterrado.

Guardo la Espada de Clemen y extiendo la mano.

El dolor me alcanza en cuanto cierro los dedos sobre la nueva empuñadura.

Los músculos se contraen a la vez. Siento las articulaciones tensarse y un crujido profundo me sube desde las piernas hasta la espalda. El aire entra en mis pulmones con una violencia que me obliga a doblar una rodilla.

La habitación se vuelve insoportablemente nítida.

Distingo el polvo suspendido sobre la mesa, una grieta en el marco de la ventana, el pulso bajo la piel del cuello de Kwon. Escucho el zumbido de las luces y los pasos del empleado que acompaña a los niños al otro lado del pasillo. Cada sonido parece ocurrir junto a mi oído.

Aprieto los dientes. El cuerpo de Kim Cheonro ya sufrió algo parecido después del primer piso, pero ahora el cambio es mucho mayor.

La espada tira de mí desde dentro. Siento algo semejante a raíces extendiéndose bajo el esternón y, en el fondo de esa presión, un aullido.

El lobo.

Todavía no lo he invocado. No pienso hacerlo mientras apenas consigo sostener el arma.

La bajo hasta el suelo y concentro la atención en respirar. El calor sigue aumentando, pero recupero el control suficiente para levantar la cabeza.

Kwon cae primero.

Los cuchillos se le escapan de las manos y golpean la madera. Intenta decir algo; solo consigue expulsar saliva antes de que la espalda se le arquee y los talones empiecen a golpear el suelo.

Mujin se apoya sobre las manos, con los músculos del antebrazo contrayéndose de forma irregular. Una uña se le quiebra contra una junta. Aguanta unos segundos antes de desplomarse de costado.

Doyun busca la pared y no llega. Su hombro golpea el borde del sillón. Haejin grita desde el asiento, rodeada de pequeños círculos azules que se forman y se rompen en el aire.

Jiwon cae junto a ella.

Alcanzo a sujetar a Eunbyeol antes de que su frente golpee la mesa. La bajo al suelo mientras la libreta se desliza de sus manos.

Seolhwa sigue de pie al otro lado del salón. Una vena se le marca en el cuello y los dedos se le doblan contra las palmas. Mira hacia la puerta, intenta dar un paso y termina de rodillas.

Después también cae.

[Sincronización de recompensas en curso.]

[Advertencia: aumento estadístico extremo detectado.]

[Los cuerpos de los participantes están siendo adaptados.]

[No interrumpir el proceso.]

—Podrías haber avisado antes.

Mi voz sale entrecortada. Las venas de mis brazos arden y la mano con la que acabo de sostener a Eunbyeol tiembla sin que pueda evitarlo.

Aparto los cuchillos de Kwon con el pie y empujo la mesa para abrir espacio. Llamo al guardia de la puerta.

—Busquen asistencia médica. Díganles que es una reacción a las recompensas del sistema. Y mantengan a los niños fuera del salón.

El hombre habla por radio mientras el empleado corre a buscar mantas. Los pasos pequeños llegan antes de que pueda volver junto a Mujin.

Eunji aparece detrás de Minjun.

Ve a Seolhwa en el suelo y trata de entrar.

Me interpongo demasiado rápido. Los dos retroceden y me obligo a bajar las manos antes de asustarlos más.

—Quedate acá, Eunji.

—¡Seolhwa!

—Está viva. Estoy ayudándola.

La niña intenta mirar por un costado de mi cuerpo. Oigo a Seolhwa arrastrar una mano sobre la madera y veo cómo Eunji aprieta la boca para no llorar.

—Quiero estar con ella.

Me agacho, soportando el tirón de las piernas.

—Ahora puede lastimarte sin querer. En cuanto deje de moverse así, vas a poder acercarte.

—No la dejes sola.

—Me quedo con ella.

Eunji me mira a los ojos.

—Prometelo.

—Lo prometo.

El empleado regresa con las mantas. Le indico que lleve a los niños al comedor y permanezca con ellos. Minjun toma la mano de Eunji, pero esta no se mueve hasta que me ve volver hacia Seolhwa.

Mujin golpea el suelo con un brazo. Aparto el mueble contra el que está chocando y deslizo una manta doblada junto a su cabeza. Sujetarlo por la fuerza solo añadiría otra resistencia a unos músculos que ya se están desgarrando bajo la piel.

Kwon se ha mordido el labio. La sangre se le mezcla con la saliva y le mancha la barbilla. Cuando la sacudida cede un momento, consigo acomodarlo de costado.

Doyun tiene las uñas clavadas en la mano. Le hablo por su nombre mientras retiro del suelo la flecha contra la que estaba presionando el antebrazo. Sus dedos siguen cerrándose sobre algo que ya no está allí.

Los sellos de Haejin estallan junto al sillón.

Una chispa abre una marca negra en la tela, demasiado cerca de Jiwon. Arrastro el asiento para separar a las dos y coloco el respaldo entre los destellos y los demás.

Ahora tengo magia. La noto por primera vez como una presión distinta dentro del cuerpo, pero todavía no he conseguido ordenarla. Intervenir a ciegas en el desborde de Haejin podría empeorarlo.

Me quedo fuera del alcance de los sellos.

—Haejin. Estás en la casa.

Sus ojos se abren un instante, sin enfocarme.

—No cierres... —murmura.

Levanta apenas dos dedos. Uno de los círculos pierde una línea y se deshace antes de estallar. Los siguientes aparecen más pequeños.

Me mantengo cerca hasta comprobar que dejan de alcanzar el sillón. Después vuelvo a Jiwon, cuya respiración sigue demasiado rápida. Separo del cuello la tela que se le ha enredado y retiro la sangre que le corre por la mejilla desde una mordedura en el labio.

Eunbyeol ha recuperado la libreta a tientas. La sostiene contra el pecho con los ojos cerrados. Me arrodillo lo suficiente para comprobar que respira y sigo hasta Seolhwa.

Casi no se mueve. Tiene la mandíbula apretada y los nudillos blancos; una línea de sangre le sale entre los dedos.

[Advertencia: respuesta de Berserker latente — A.]

[Peligro percibido en aliados bajo protección directa.]

[Activación completa: contenida.]

Miro a los demás. No necesita seguir dentro de su prueba para escuchar a personas sufriendo alrededor.

Si intenta ponerse de pie en este estado, puede terminar atacando lo que interprete como una amenaza.

—Seolhwa. Soy Kim.

Apoyo una mano abierta junto a su hombro, sin inmovilizarla.

—Eunji y Minjun están en el comedor, con los demás niños. Hay alguien cuidándolos.

Su respiración se interrumpe y vuelve a empezar.

—Ya saliste del orbe. Estás en la residencia.

No sé qué está viendo ni cuánto consigue escuchar. Repito lo que puedo asegurarle, esperando entre una frase y otra.

Sus dedos aflojan lo suficiente para que deje de hacerse daño en la palma.

[Estado: estabilizándose.]

Me limpio el sudor de la frente con la manga.

[Sincronización de recompensas: 31 %.]

Todavía no hemos llegado a la mitad.

El guardia deja otra manta junto a la puerta y me confirma que la asistencia viene en camino. Le pido que mantenga despejado el acceso. En el salón quedamos mis siete compañeros y yo, rodeados de muebles apartados y manchas de sangre que hace unos minutos no estaban allí.

Kwon abre los ojos mientras estoy a su lado.

—Capitán... creo que me estoy muriendo.

—Seguís respirando. Mirame.

Intenta hacerlo.

—Eso... es una exigencia bastante baja.

Vuelve a perder el conocimiento antes de que pueda responderle.

Mujin intenta incorporarse poco después. Le pongo una mano delante del pecho para que me vea antes de moverla sobre su hombro.

—Quedate abajo.

—Puedo pelear.

—Con el suelo, por lo que veo. Está aguantando mejor que vos.

Suelta aire por la nariz y deja de intentar levantarse.

Voy de uno a otro. Doyun murmura ángulos y distancias; Haejin consigue insultar al sistema cada vez que recupera el aire. Jiwon llora con los ojos cerrados. De Eunbyeol alcanzo a escuchar una orden incompleta que vuelve a empezar varias veces.

Seolhwa sigue girando la cabeza hacia el pasillo.

Cuando aparece el cien por ciento, tengo una mano apoyada en la pared para mantener el equilibrio.

[Sincronización de recompensas: 100 %.]

[Adaptación corporal completada.]

[Recuperación de conciencia en curso.]

Las contracciones se apagan de forma gradual. Kwon deja de golpear la manta con los talones. Mujin estira una mano. Los últimos destellos alrededor de Haejin se deshacen antes de tocar el suelo.

La llegada del personal médico me permite sentarme por primera vez. Les muestro la ventana y cuento lo que vi mientras revisan a mis compañeros. Siguen vivos. Ya no tengo que comprobarlo solo.

La Espada del bosque descansa junto a mí. Siento al lobo al otro lado del vínculo, inmóvil, y mantengo cerrada la invocación.

Veinticinco puntos deberían parecerme poca cosa después de todo lo que he sido.

Miro las manos de Kim Cheonro. Las abro despacio, calculando una fuerza que todavía no conozco bien.

Para este cuerpo, no lo son.

La puerta se entreabre. Eunji asoma junto al empleado que la ha traído de vuelta y busca a Seolhwa con la mirada.

—¿Ya terminó?

—El dolor más fuerte, sí. Todavía tiene que despertar.

La niña entra despacio. Espera junto a mí mientras terminan de revisar a Seolhwa y después señala su mano.

—¿Puedo?

Le hago sitio.

Eunji se arrodilla sobre la manta y la toma con ambas manos. Evita la palma herida, acomodando los dedos sobre los de ella con una atención que me impide apartar la vista.

—Volviste —susurra.

Los dedos de Seolhwa se mueven apenas bajo los suyos.

Me quedo sentado junto a ellas mientras, al otro lado del salón, Kwon empieza a abrir los ojos.


Thoughts

  • TintaYMadrugada

    Seolhwa aguantándose el rasgo berserker incluso inconsciente, y Kim hablándole de puertas, de puente y de horda que ya no están. Órale, ahí me quedé quieto un rato. Desde el extra de su entrenamiento ya sabíamos que ella se traga todo hacia adentro, y aquí se ve lo que cuesta. Apuesto a que la primera en romperse cuando despierten es ella, justo la que no hizo ruido, y que la mano de Eunji va a pesar más que los veinticinco puntos.

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  • bsalas87

    El viejo alcanza a decir "Fracas..." y Kim le corta la cabeza. Yo apuesto a que no iba a reconocer nada, iba a decir que el que fracasó es el cazador, cachai. Y esa es la raíz que buscan ahora.

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  • Ovid

    Hejin insultando al sistema medio inconsciente, hahaha. Cada uno se desmaya como es: Doyun contando angulos, Jiwon buscando heridos sin despertar, Eunbyeol sin soltar la libreta. Para mi eso dice mucho de quienes son, cuando uno ya no puede mas se queda con lo unico que sabe hacer. Yo apostaria a que despues del Orbe esas manias los mantienen enteros :)

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  • subrayoTodo

    Mae, me escapé de estática para esto y Kwon jurando que se muere por subir estadísticas me mató jaja. ¿El lobo va a tener nombre?

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