Esto me hizo acordar en silencio a alguien đź’”
Aquello que nunca fue
Hay historias de amor que terminan con un beso, con una promesa o con dos personas caminando juntas hacia el mismo lugar.
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Pensamiento
Esto me hizo acordar en silencio a alguien đź’”
Contenido de la publicaciĂłn
Hay historias de amor que terminan con un beso, con una promesa o con dos personas caminando juntas hacia el mismo lugar.
Y luego están las historias como la nuestra.
Las que comienzan sin avisar, crecen en silencio y, cuando finalmente uno se da cuenta de que está enamorado, ya es demasiado tarde.
La conocĂ un primer dĂa de clase
No recuerdo exactamente quĂ© llevaba puesto, ni quĂ© canciĂłn estaba sonando, ni siquiera quĂ© fue lo primero que me dijo. Pero recuerdo perfectamente sus ojos. TenĂa una manera de mirar que hacĂa que todo lo demás pareciera perder importancia y un nombre que recordĂ© por el resto de mi vida .
Al principio no pensĂ© que ella fuera a convertirse en alguien importante para mĂ.
Era simplemente una persona más entre tantas.
Una sonrisa más.
Una conversación más.
Un nombre más en mi teléfono.
Hasta que, poco a poco, empezĂł a ser lo primero que buscaba al despertar y lo Ăşltimo que pensaba antes de dormir.
Comenzamos hablando de cualquier cosa. De pelĂculas, de mĂşsica, de nuestras familias, de nuestros sueños y hasta de aquellas cosas pequeñas que normalmente nadie cuenta.
Ella me hablaba de lo que querĂa hacer con su vida.
Yo le contaba mis miedos.
Y sin darnos cuenta, empezamos a conocernos de una manera que pocas personas llegan a hacerlo.
SabĂa cuándo estaba triste aunque dijera que estaba bien.
SabĂa cuándo algo le molestaba por la forma en que escribĂa.
SabĂa cuándo necesitaba que alguien se quedara a su lado aunque no dijera una palabra.
Y ella también empezó a conocerme.
Fue entonces cuando entendĂ que habĂa algo diferente entre nosotros.
No sabĂa exactamente quĂ© era.
Solo sabĂa que cuando estaba con ella, el mundo parecĂa un lugar menos complicado.
Una tarde caminamos durante horas sin ningĂşn destino. HacĂa frĂo y ella llevaba las manos escondidas dentro de las mangas de su suĂ©ter.
—¿Nunca has pensado en que algunas personas llegan a nuestra vida por alguna razón? —me preguntó.
La mirĂ© y sonreĂ.
—¿Y tĂş por quĂ© crees que llegaste a la mĂa?
Ella soltó una pequeña risa.
—No sé. Tal vez para molestarte.
—Entonces has hecho un excelente trabajo.
Se rio.
Yo también.
Y seguimos caminando.
Ninguno de los dos dijo lo que realmente estaba pensando.
Porque los dos empezábamos a sentir algo.
Pero ninguno querĂa ser el primero en admitirlo.
Pasaron los meses.
Nuestra relación se volvió más cercana.
HabĂa mensajes a cualquier hora, llamadas que duraban hasta la madrugada y encuentros que siempre terminaban con un "quĂ©date un rato más".
A veces nos quedábamos en silencio.
No porque no tuviéramos nada que decir, sino porque estar juntos ya era suficiente.
Una noche, mientras estábamos sentados mirando las estrellas, ella apoyó su cabeza sobre mi hombro.
—¿Sabes qué me da miedo? —susurró.
—¿Qué?
—Encariñarme demasiado contigo.
SentĂ que el corazĂłn me golpeaba el pecho.
Quise decirle que yo ya estaba demasiado enamorado de ella.
Quise tomar su mano.
Quise decirle que no tenĂa nada que temer.
Pero no lo hice.
Solo respondĂ:
—No tienes por qué tener miedo.
Ella levantĂł la mirada.
Durante unos segundos nos quedamos mirándonos.
Estábamos tan cerca que podĂa sentir su respiraciĂłn.
PensĂ© que aquel serĂa el momento.
El momento en que finalmente nos dirĂamos la verdad.
Pero ella se apartĂł.
—Mejor vámonos —dijo.
Y yo asentĂ.
A veces el miedo nos hace perder las cosas que más queremos.
Después de aquella noche, algo cambió.
No nos alejamos.
Al contrario.
Nos acercamos todavĂa más.
Pero habĂa una tensiĂłn entre nosotros que ninguno se atrevĂa a nombrar.
Nos querĂamos.
Eso estaba claro.
La pregunta era qué significaba realmente quererse.
Un dĂa, finalmente, decidĂ hablar.
Nos encontramos en el mismo lugar donde tantas veces habĂamos hablado de nuestros sueños.
La miré.
—Tengo que decirte algo.
Ella sonriĂł nerviosamente.
—Yo también.
—Entonces tú primero.
NegĂł con la cabeza.
—No. Tú.
Respiré profundamente.
—Creo que me estoy enamorando de ti.
Ella dejĂł de sonreĂr.
Durante unos segundos no dijo nada.
Yo sentĂ que el mundo entero se habĂa detenido.
Entonces tomĂł mi mano.
—Yo también.
Nunca olvidaré esas palabras.
"Yo también."
Dos palabras que durante mucho tiempo imaginé escuchar.
Dos palabras que me hicieron sentir que, por fin, todas las piezas habĂan encajado.
Nos abrazamos.
Y por un instante pensé que la historia finalmente iba a ser nuestra.
Pero algunas historias no dependen solamente de cuánto se amen dos personas.
A veces existen circunstancias que son más fuertes que los sentimientos.
Ella tenĂa que irse.
Su familia se mudarĂa a otra ciudad.
No era una decisiĂłn que pudiera cambiar.
Cuando me lo contĂł, sentĂ que algo dentro de mĂ se rompĂa.
—¿Cuándo? —pregunté.
—En unas semanas.
IntentĂ© sonreĂr.
—TodavĂa tenemos tiempo.
Ella me miró con los ojos llenos de lágrimas.
—No quiero perderte.
—No me vas a perder.
Lo dije con una seguridad que no sentĂa.
Durante esas Ăşltimas semanas hicimos todo lo posible por guardar recuerdos.
Fuimos a nuestros lugares favoritos.
Tomamos fotografĂas.
Caminamos bajo la lluvia.
Nos quedamos despiertos hasta el amanecer hablando de cosas que nunca antes habĂamos tenido el valor de decir.
Nos prometimos que la distancia no cambiarĂa nada.
Que seguirĂamos hablando.
Que algĂşn dĂa volverĂamos a encontrarnos.
Que nuestro amor serĂa más fuerte que los kilĂłmetros.
El dĂa de su partida llegĂł demasiado rápido.
Estábamos frente a su casa.
Ella tenĂa una maleta a su lado.
Yo no sabĂa quĂ© decir.
HabĂa preparado cientos de palabras, pero ninguna parecĂa suficiente.
Finalmente la abracé.
Ella llorĂł contra mi pecho.
—No quiero irme —susurró.
Cerré los ojos.
—Entonces quédate.
—Ojalá pudiera.
Nos separamos lentamente.
Ella me mirĂł.
—Prométeme que no vas a olvidarme.
—Jamás.
Me dio un Ăşltimo abrazo.
Después subió al auto.
La vi alejarse.
Y mientras el vehĂculo desaparecĂa al final de la calle, entendĂ que algunas despedidas no tienen la elegancia de las pelĂculas.
No hay mĂşsica.
No hay palabras perfectas.
Solo queda una persona viendo cĂłmo se marcha la persona que ama.
Los primeros meses intentamos mantenernos cerca.
Hablábamos todos los dĂas.
Nos contábamos cĂłmo habĂa sido nuestro dĂa.
Nos enviábamos fotografĂas.
Nos decĂamos "te extraño".
Pero poco a poco, las conversaciones comenzaron a espaciarse.
Un dĂa eran mensajes todos los dĂas.
DespuĂ©s, cada dos dĂas.
Luego, una vez por semana.
Hasta que llegĂł el momento en que ambos comenzamos a sentir que nuestras vidas estaban tomando caminos diferentes.
No dejamos de querernos.
Eso era lo peor.
SeguĂamos sintiendo lo mismo, pero ya no sabĂamos cĂłmo formar parte de la vida del otro.
Un dĂa recibĂ un mensaje suyo.
"Creo que tenemos que hablar."
SentĂ un nudo en el estĂłmago.
La llamé.
—¿Qué pasa?
Hubo silencio.
Después escuché su voz quebrada.
—Te quiero.
Cerré los ojos.
—Yo también te quiero.
—Pero no sĂ© si podemos seguir asĂ.
No respondĂ.
—No quiero que nuestro amor se convierta en algo que nos haga daño —continuó—. No quiero que pases tus dĂas esperando por mĂ.
—Yo puedo esperar.
—Ese es precisamente el problema.
Sentà lágrimas en los ojos.
—Entonces, ¿qué quieres que haga?
Ella llorĂł.
—Quiero que seas feliz.
—Yo era feliz contigo.
Silencio.
Después dijo:
—Yo también.
Aquella fue la Ăşltima vez que hablamos como antes.
Después de eso, dejamos de buscarnos.
No porque hubiéramos dejado de querernos.
Sino porque a veces amar también significa aceptar que no puedes obligar a alguien a quedarse.
Pasaron los años.
SeguĂ con mi vida.
ConocĂ otras personas.
Tuve otras historias.
AprendĂ a sonreĂr nuevamente.
Pero nunca volvĂ a sentir exactamente lo mismo.
A veces pensaba en ella.
Me preguntaba dĂłnde estarĂa.
Si habrĂa cumplido sus sueños.
Si alguna vez pensaba en mĂ.
Si todavĂa recordaba aquella noche bajo las estrellas.
Hasta que un dĂa, muchos años despuĂ©s, recibĂ un mensaje.
Era de ella.
Solo decĂa:
"Hoy pasé por un lugar que me recordó a ti."
Me quedé mirando la pantalla durante varios minutos.
No sabĂa quĂ© responder.
Finalmente escribĂ:
"Yo todavĂa recuerdo muchos lugares que me recuerdan a ti."
Ella respondiĂł:
"ÂżAlguna vez te arrepentiste?"
Me quedé pensando.
¿De qué?
ÂżDe haberla amado?
ÂżDe haber esperado?
¿De no haber luchado más?
La respuesta llegĂł sola.
"No."
Ella tardĂł varios minutos en responder.
"Yo tampoco."
Y entonces entendĂ algo.
Nuestro amor no habĂa sido un fracaso.
Simplemente no habĂa tenido el final que nosotros querĂamos.
Hay personas que llegan a nuestra vida para quedarse.
Y hay otras que llegan para enseñarnos cómo se siente amar de verdad.
Ella fue ambas cosas durante un tiempo.
Fue mi lugar seguro.
Mi persona favorita.
Mi mayor ilusiĂłn.
Y también fue mi despedida más dolorosa.
Nunca tuvimos una casa juntos.
Nunca tuvimos una vida compartida.
Nunca cumplimos todas aquellas promesas que hicimos.
Nunca llegamos a convertirnos en "nosotros" de la manera que soñábamos.
Pero durante un tiempo nos tuvimos.
Y quizás eso fue suficiente.
Porque algunas historias de amor no están destinadas a durar para siempre.
Algunas están destinadas a convertirse en recuerdos.
Recuerdos que duelen cuando vuelven.
Recuerdos que nos hacen sonreĂr cuando pensamos en ellos.
Recuerdos que nos recuerdan quiénes fuimos cuando amamos sin miedo.
A veces todavĂa miro las estrellas y pienso en ella.
Me pregunto quĂ© habrĂa pasado si las circunstancias hubieran sido diferentes.
Si hubiéramos vivido en la misma ciudad.
Si hubiéramos tenido más tiempo.
Si hubiéramos sido un poco más valientes.
Quizás habrĂamos terminado juntos.
Quizás habrĂamos sido felices.
Quizás no.
Nunca lo sabremos.
Y esa es la parte más difĂcil de un amor que nunca pudo ser:
No saber cĂłmo habrĂa terminado si la vida nos hubiera dado una oportunidad.
Pero si algĂşn dĂa me preguntaran cuál fue el amor más importante de mi vida, probablemente no dirĂa su nombre.
Solo sonreirĂa.
Porque hay nombres que uno no necesita pronunciar para recordar.
Y pensarĂa en aquella chica que llegĂł un martes de septiembre, me enseñó a querer de una manera que nunca habĂa conocido y, sin querer, se convirtiĂł en la historia que nunca pude terminar.
La historia de un amor que existiĂł.
Que fue real.
Que fue nuestro.
Pero que nunca pudo ser.
Thoughts
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PermalinkMe paso lo mismo solo que soy la que se fue muy lindo
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PermalinkEsto me hizo acordar en silencio a alguien đź’”
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PermalinkEsa parte del mensaje años después... eso me rompió. A veces es un lugar. A veces es una persona.
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PermalinkY aquĂ estoy yo, que hace años no dejo que nadie me cierre esa puerta. Punto para ti por haber amado asĂ.
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PermalinkCon la edad uno aprende que algunos amores no se miden por cuánto duraron. Estuvieron. Eso es suficiente.
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PermalinkLo que contás de estar juntos en silencio y que eso ya sea suficiente. Eso es lo que buscamos toda la vida.
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Permalink¿Siguen siendo amigos después de todo, o es imposible cuando se amaron as�
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PermalinkEsto es exactamente el dolor de los siete años que me quitan el sueño. Duele más que cualquier ruptura bruta.
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PermalinkEl final sin arrepentirse es lo que más me impactó. ¿De verdad llegás a ese punto, o es algo que aprendés a decir con el tiempo?
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