Cuando estaba lista, cuando mi vida funcionaba, cuando estaba bien en ella y conmigo... llegaste para hacer que todo sonara mejor. Le agregaste música a mis días.
Llegabas con una sonrisa y un dejo de timidez. Me saludabas con un beso corto y suave. Después venía ese abrazo lleno de ternura.
Las charlas fluían solas. Era tanta la complicidad que, por momentos, éramos uno los dos.
Las pocas horas de sueño eran un energizante.
Dejamos de ser invisibles cuando estábamos juntos.
Fuimos el complemento soñado: en el momento justo, con los deseos vivos y correspondidos. La intensidad necesaria para el tiempo que nos tocó.
Hoy sigo cantando, bailando y honrando la vida.
Gracias por estar.
Por la palabra justa.
Por escuchar.
Por volver cada día.
Por despertarme.
Por contagiarme esas ganas de vivir.
Por cuidarme, incluso cuando apenas podías con vos.
Por elegirme.
Por ser parte de mí.
Recuerdo cuando me decías: «Ahora voy a ser tu prosa».
Hoy es ese día.
Te convertiste en la poesía más hermosa,
en el relato mejor contado,
porque fuiste ternura, amor, vida, caos y palabra.
Hoy sos mi voz.
Para:
C.M.N.