La soledad me atrajo, me sedujo y la seguí.
Ahora estoy aquí, sentada en la Roca de la cumbre a la que me subí,
la brisa acaricia mi cara mientras susurra en mis oídos un lenguaje indescifrable
y sonrío.
Respiro su frescura y la anhelo,
lloro mientras vivo este momento.
Me arrulla la soledad y en sus brazos me dejaré,
de todo, y hasta de mí, me olvidé.