Ordenando mis cosas, conseguí una libreta Compass llena de sentimientos del pasado; emociones que ya no recordaba y que permanecían muy bien guardadas. Cada poema y cada frase se sentían desconocidas para mí, pues pasaron años desde que las escribí.
Me pregunté qué sentía en ese momento. Fue como viajar en el tiempo y reencontrarme con la chica que algún día fui, un torbellino de emociones encontradas donde algunos versos incluso me hicieron llorar. Sentí la fragilidad de las hojas, ya amarillentas por el paso del tiempo, y noté lo mucho que afincaba el lápiz al intentar plasmar lo que llevaba dentro.
También descubrí una libreta de dibujos hechos por mí, y me pregunté: ¿cuánto tiempo llevaba sin dibujar?, ¿cuánto tiempo sin disfrutar de un buen poema?, ¿cuánto tiempo sin expresarme así?
Fue entonces cuando lo entendí: la mejor forma de congelar un sentimiento es dándole vida en frases y rimas, y para mí, mi mejor máquina del tiempo descubrí retomando mis ganas de volver a escribir, para cuando menos lo espere volver a sentir eso sentimientos que en frases y rimas en algún momento construi.