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Abril II : la caja

Sabrina
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Esa tarde llegué a mi casa con el corazón igual de roto que cuando había salido, pero ahora también estaba confundida.Tan confundida y tan perdida.Esa respuesta no era la que yo esperaba.

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Cerrar la caja y meterla al fondo del clóset sin tirarla. Yo tengo cosas así en un altillo desde hace años y ya ni sé por qué siguen ahí.

Cerrar la caja y meterla al fondo del clóset sin tirarla. Yo tengo cosas así en un altillo desde hace años y ya ni sé por qué siguen ahí.

Contenido de la publicación

Esa tarde llegué a mi casa con el corazón igual de roto que cuando había salido, pero ahora también estaba confundida.Tan confundida y tan perdida.Esa respuesta no era la que yo esperaba.

Porque hay que ser sinceros: en el fondo, yo esperaba que me dijera que volviéramos. Una parte de mí pensaba que quizá me diría que solo quería un tiempo, ese tiempo que, un poco antes, yo misma había dicho que no existía para mí.Porque cuando terminaba con alguien, decía que ya no volvía.Los tiempos son para alguien que está indeciso.Y si estás indeciso, ¿para qué quieres amar a alguien?Pero en ese momento, cuando una está dolida, todas las cosas que dice se van al carajo.Yo no entendía.

No entendía por qué no me soltaba, pero tampoco me elegía . Por qué no me sostenía. Por qué no me abrazaba. Por qué me dejaba con la sensación de que todavía había algo entre nosotros, pero sin darme un lugar donde sostenerme.

No entendía cuál era el afán de dejar la puerta cerrada si, al mismo tiempo, me daba las llaves.Y quizá eso era lo que más me confundía: que no parecía querer que entrara, pero tampoco parecía querer que me fuera.

Sí, él tenía la culpa de no quedarse con ellas.Pero yo era todavía más culpable por seguir guardándolas .

Llegué a mi cuarto y por un momento me quedé ahí, mirando todas las cosas que durante tanto tiempo habían formado parte de nosotros.Era extraño pensar que una persona podía desaparecer de tu día a día y, aun así, seguir estando en cada rincón de tu habitación.Tomé una de las cajas que él un día me había regalado.

Una caja negra.

Y empecé a guardar ahí esas cartas donde alguna vez me juró amor eterno, esas notas donde me decía que duraríamos hasta los ochenta y un años, esas pequeñas notitas de "tú puedes" que alguna vez había guardado porque venían de él.Cada cosa que metía en esa caja se sentía como una despedida.

Una fotografía.

Una carta.

Una nota.

Un recuerdo.

Una parte de una historia que, hasta hacía unos días, todavía sentía que me pertenecía.Una historia donde existía el nosotros.

Empecé a buscar en todo mi cuarto. Abría cajones, revisaba cajas, buscaba debajo de las cosas. Sacaba cada pequeño pedacito de él que había quedado repartido entre mis cosas.Y mientras más encontraba, más difícil era decidir qué hacer con todo aquello.Porque no quería tirarlo.No podía.

¿Cómo iba a tirar las cosas que alguna vez me hicieron tan feliz?

Pero tampoco podía seguir teniéndolas frente a mí como si nada hubiera cambiado.Así que las guardé.Y no significaba que quisiera sacarlo de mi corazón.Tampoco significaba que quisiera olvidar todo lo que un día fuimos.Era un símbolo.

Una forma de decirme a mí misma:

Te tengo que soltar.

Mientras hacía todo aquello, grabé un video.

Abrí un chat falso con su nombre y comencé a hablarle como si estuviera frente a mí. Como si estuviera sentado en mi cuarto. Como si todavía pudiera contarle todas esas cosas que antes le contaba sin pensarlo.Le leí las notitas que más me gustaban.Le enseñé las manualidades que un día me había hecho.Le mostré esas cosas que para él muchas veces parecían insignificantes, pero que yo había guardado como tesoros.Porque así había sido siempre.Él podía hacer algo pequeño y olvidarlo al día siguiente, mientras yo podía quedarme con ese pequeño detalle durante años.

Y en ese video desnudé mi alma.Le dije todo lo que sentía.Todo lo que había sentido.Todo lo que nunca pude decirle mirándolo a los ojos.Le hablé de lo mucho que lo había amado, de lo mucho que me había dolido perderlo, de lo mucho que me había confundido su manera de irse.Le dije lo que me hubiera gustado que entendiera.Le dije lo que me hubiera gustado escuchar más su voz decir mi nombre o ese apodo bobo que me tenía.Le dije lo que todavía me daba miedo admitir que todo había terminado.

Y hablé.Hablé hasta que se me acabaron las palabras.Hasta que sentí que ya no me quedaba nada más que decirle.Hasta quedar vacía.

Pensé que después de ese video quizá por fin podría descansar un poco de todo aquello.Pero no,no fue así.Porque lo que más dolió no fue guardar todos los recuerdos.Tampoco fue volver a leer las páginas de aquel librito azul que contenían nuestra historia.

Lo que más dolió fue llegar al final del video.Porque después de decirle todo, después de intentar convencerme de que tenía que soltarlo, terminé haciendo exactamente lo contrario.Le dije que si algún día, en algún punto de su vida, llegaba a encontrar ese video y las cosas habían cambiado...

si algún día volvíamos...

quizá estaría guardado en una USB que yo conservaría durante años.Y qué irónico.Yo estaba haciendo un video para despedirme de él y, al mismo tiempo, estaba dejando guardada una pequeña posibilidad de nuestro regreso.Estaba guardando esas llaves con la esperanza de que, en algún momento, siguieran siendo de la misma cerradura.Como si necesitara decirme que aquello era el final, pero no soportara escribirlo con todas sus letras.Porque todavía había una parte de mí que esperaba.Una parte que, aunque estuviera cansada, aunque estuviera herida, aunque supiera que no podía quedarse esperando a alguien que no sabía si quería quedarse...

todavía lo quería.Y tal vez eso era lo que más me costaba aceptar.Que soltar a alguien no siempre significa dejar de quererlo.

A veces significa quererlo y, aun así, entender que ya no puedes seguir sosteniéndolo tú sola.Aquella noche guardé las cartas.Guardé las fotografías.Guardé las notas.Guardé todo lo que alguna vez había significado "nosotros".

Y cerré la caja.

Pero no la tiré.La dejé ahí.Como si una parte de mí todavía no estuviera preparada para deshacerse de ella.

Y entonces entendí algo.

Él había cerrado la puerta.Yo también estaba intentando hacerlo.Pero mientras guardaba todo aquello, me di cuenta de que había algo que también había metido dentro de la caja.

Las llaves.

Esas me las quedé yo.

Porque aunque dijera que estaba aprendiendo a soltarlo, aunque quisiera convencerme de que aquella historia había terminado, en el fondo todavía no estaba lista para cerrar la puerta con llave.Todavía no.Y quizá ese era mi verdadero problema.No era que no supiera cómo dejarlo ir.Era que todavía esperaba que algún día él regresara por esas llaves.Cerré aquella caja y la puse al fondo de mi clóset.Dejé que el día terminara.No hubo sensación de alivio ni un adiós definitivo real dentro de mí.

Solo cansancio, mucho cansancio.

Al día siguiente, la vida continuó como siempre, como si nada dentro de mí estuviera pasando.Por la tarde, por fin me decidí a tomar ese nuevo cuaderno que había comprado en aquella visita industrial.

Tomé una pluma.

Abrí la primera página.

Y escribí:

"Vacía.

Me siento tan vacía. No tengo miedo ni sentimiento. Solté todo y ahora me siento tan vacía. Creo que es porque él era esa meta diaria: tener un buen día para nosotros. ¿Ahora qué me levantará todos los días?

Estoy tan vacía como lo estaba este cuaderno antes de que la tinta tocara el papel.

Pues bien, aunque tiene renglones —experiencias, vida, propósito—, tardaré más que simplemente empezar a escribir, pero así como llenaré algún día este cuaderno, quiero llenarme de historias, experiencias y aprendizaje.El primer paso era abrir el frasco. Ya lo hice. Ahora me tocará llenarlo de MI.

Ahora sí, de mí. Solo de mí.

Es hora de un nuevo libro..."

Y con eso me propuse dar vuelta a esas páginas.Trazar nuevas metas que solo fueran mías y ya no nuestras.Hice una lista de metas que me ayudaran a tener un propósito para levantarme, para intentarlo, para lograr poner una palomita junto a cada una.Los siguientes días no fueron más que lo mismo.

Levantarme.

Escuela.

Tareas.

Dormir.

Días donde solo me ponía en modo automático, intentando evadir su mirada, buscando no escuchar su voz o su risa, evitando pasar cerca de él.Llegar a casa, y decir  que todo iba bien.Encerrarme en mi cuarto.

Y dejar que la tarde pasara.

Empecé un pequeño emprendimiento que ocupaba esas tardes largas y ayudaba a que los días pasaran más rápido, más ligeros.Aunque no puedo mentir, de vez en cuando mi cabeza generaba esos escenarios ficticios donde volvíamos.Donde compartimos risas de nuevo.Esos abrazos que parecían eternos.Las miradas que volvían a encontrarse y gritaban un te amo sin decir una sola palabra.O aquel pensamiento que aparecía cada vez que sonaba el timbre de mi casa: que estaría afuera con un ramo de flores y mariachis, pidiéndome volver a ser novios.

Era bastante irreal.

Pero a mi corazón le gustaba imaginar que alguien lo quería y lo valoraba tanto como para atreverse a hacerlo.

Y es que:

"El rival más grande del ser humano es su mente: le cuenta al corazón historias que nunca sucedieron, y el corazón, ingenuo, decide creerlas."

Y quizás eso era lo que más daño me hacía.

Esos fragmentos de recuerdos que mi mente se encargaba de pasar como un cortometraje.Esas ilusiones de cosas que nunca estaban sucediendo, pero que aparecían como pequeños videos.Mi mente construía probables futuros, futuros que yo deseaba, y mi corazón se emocionaba antes de tiempo.Y es que no había nada más frustrante para mí que perder el control.Y en ese momento, lo que menos tenía era control.

"No encuentro las palabras para describir la ansiedad que me causa haber perdido mi rutina, mi estabilidad. La seguridad de la planificación, el propósito, el horario.

Pero la vida es así: aleatoria, impredecible e imposible de planificar."Días después, aquel tema volvió a aparecer.

Pero esta vez no en mi imaginación.Esta vez tenía que enfrentarlo de nuevo.Necesitaba hablar con él.

El había prometido estar para mí y encerio lo ocupaba y además era un tema de ambos , todo las cosas tan bien me me sentí segura de nuevo , me sentí tan protegida, pero cuando se despidió se le salió un

-te amo

-perdón perdón la costumbre

Bala directa al corazón..... Esa conversación quedó suspendida en el aire el fin de semana.

Hasta que marqué.La persona que estaba al otro lado del teléfono parecía alguien diferente.Ese apoyo que me había brindado. Ese cariño. Todo lo que me había dicho mirándome a los ojos... parecía haberse desvanecido frente a la posibilidad de lo que se veía venir.

Su reacción me dio miedo.Sentí que me temblaba todo el cuerpo.

Me sentí asfixiada.

Y mientras lo escuchaba, algo dentro de mí entendió que ese ya no era un lugar al que yo debía volver.Dolió tanto aquella llamada.Porque mientras hablaba con él, mi mente me traicionaba pasando todos esos recuerdos.

Las tardes de cine.

Las risas en el parque.

Las pláticas después de la escuela.

Todo.

Todo pasaba frente a mí mientras intentaba entender en qué momento mi 18, mi 18, se había convertido en lo que más me lastimaba.Al día siguiente no fue a la escuela.No sé si salió del trabajo, si fue por mí o si aquella llamada lo había dejado pensando.No lo sé.Pero después de ese día, durante los días consecutivos, no sostuvo la mirada.Evitaba.Evadía.No me miraba.

Y así terminó el mes donde mi corazón se desmoronó.

Abril terminó.

Y yo pasé mi primer 29 sin 18.

Y yo dejaría esa última línea sola, incluso en una página casi vacía:

Y así terminó el mes donde mi corazón se desmoronó.

Abril terminó.

Y yo pasé mi primer 29 sin 18.......

Thoughts

  • Anaisabel

    Las llaves que te quedaste tú y la caja que cerraste sin tirarla van diciendo lo mismo desde dos lados. El video que grabaste para despedirte termina guardado en una USB por si algún día, y ahí se ve lo que tú misma nombras después: soltar fue llegando por partes, sin fecha. Cuando yo corté algo largo me quedé casi un año con un paraguas suyo en la entrada, y lo usaba cada vez que llovía. Nunca supe en qué momento dejó de ser suyo.

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  • pesomuerto

    Cerrar la caja y meterla al fondo del clóset sin tirarla. Yo tengo cosas así en un altillo desde hace años y ya ni sé por qué siguen ahí.

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  • nachovargas88

    La USB guardada durante años, pucha. Es la rendija que queda en la puerta. ¿Llegaste a ver el video otra vez o sigue ahí sin abrir?

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  • Ovid

    El cuaderno nuevo de la visita industrial, abierto justo el día después de cerrar la caja, me hace pensar en que la historia ya lleva su propio cambio de libro dentro. Apuesto a que ese cuaderno va a salir más en los capítulos que vienen que la caja del clóset. Gracias por seguir contando esto por partes, @Sabrina!

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  • soledita

    Qué fin de semana.

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