El día que todo terminó.
Qué rápido transcurrió ese primer mes. Agobiante, asfixiante, cambiante. Cuatro fechas en un solo mes que todavía puedo recordar con demasiada claridad.
¿Cómo es posible que en un día cualquiera pueda pasar tanto?¿Cómo puede ser que un día cualquiera te deje tan marcado?
Pues eso me pasó a mí.
Una simple tarde del 6 de abril todavía sigue doliendo.Ese día fue el fin de nuestra historia y, sin saberlo, el inicio de la mía.Porque cuando uno está enamorado, a veces deja de vivir como individuo y empieza a vivir para la otra persona.
Error mío.
No debes vivir para alguien más.
Y, si soy sincera, sabía que tarde o temprano esto podía pasar. El tiempo nos estaba alcanzando, los problemas nos estaban asfixiando y los miedos nos estaban alejando. Mis inseguridades aumentaban, mi ansiedad ya no se controlaba y sus dudas me atormentaban.
Estaba tan molesta porque no respondía mis mensajes. Yo estaba en el rancho de mis abuelos y no hay señal,Yo tenía que salir a revisar mi celular hasta un lugar donde hubiera señal, solo para saber qué estaba pasando, mientras él simplemente estaba confundido.
Me enojé tanto que escribí un adiós.Borré las fotos de mis redes sociales.
Eliminé todos los mensajes de nuestros chats.
Y cuando él recapacitó, en lugar de preguntar qué había pasado, simplemente contestó:
"Adiós".
Y sí, tal vez eso es lo que se responde a un adiós.Sin embargo, yo esperaba una llamada, una plática, esperaba que intentara detenerme.
Pero de él nunca hubo iniciativa.Ni siquiera ese primer día.....
Salí corriendo a casa de mi bisabuela para poder buscar Internet y hacer una llamada. Una llamada que sabía que podía romperme en pedazos y que después no sabría cómo explicarles a los que me rodeaban qué era lo que había pasado.
Me acosté en aquella rampa de cemento y marqué ese contacto que tanto miedo me daba, al que tanto coraje le tenía, pero que, en el fondo, todavía amaba.Una parte de mí me decía que tenía que tranquilizarme y hablar las cosas.Pero, para cuando eso pasó por mi mente, ya era demasiado tarde.
"Ya es muy tarde. Lo de nosotros ya no existe. Ya dijo adiós".
Y es ahí cuando sientes el nudo en la garganta.Porque te das cuenta de que diecinueve meses acababan de terminar.
Colgué la llamada y entré en crisis.Como cualquiera.Supongo que lloré. Quería gritar. Quería desaparecer. Sentía ese escalofrío que te recorre la piel cuando el cuerpo ya no sabe cómo soportar lo que estás sintiendo.
Y antes de que mi mente me consumiera, le marqué a mi mejor amiga.
Estaba ocupada.
Así que le marqué a mi mejor amigo.
Contestó.Lo primero que le dije fue:
"Ya se acabó entre nosotros".
Y él, con una voz tranquila, solamente respondió:
"Habla. Yo te escucho".
Y empecé a desahogarme.A sacar todo aquello que a veces uno guarda hasta que llega el momento en que simplemente necesita soltarlo. Todo lo que duele, todo lo que da rabia, todo lo que no sabes cómo explicar cuando todavía estás intentando entenderlo tú misma.Esa llamada terminó en risas.
Y aunque ese día me dolió tanto haber perdido a quien tanto amaba, también agradecí haberme dado cuenta del gran amigo que tenía.
Volví a casa de mis abuelos como pude. Me limpié las lágrimas y me levanté.
Mi abuela me preguntó qué me pasaba y solo contesté que me sentía enferma, engripada. Me dolía la cabeza.Ella me creyó porque ya llevaba algunos días sintiéndome mal.Pero no era un dolor de cabeza.
Simplemente traía demasiado dentro.
Le mandé mensaje a mi mamá porque, en ese momento, lo único que quería era un abrazo suyo.Y sí, muchas cosas no se las conté. Muchas cosas nunca las supo. Pero, por alguna extraña razón, era la única persona que necesitaba.
Le conté que habíamos terminado.
Y le dije:"Mamá, ¿por qué este mes no le depositaste a 18? ¿Por qué ya no le depositaste?"
Creo que ya no fue suficiente.
Solía bromear con eso de que ella le pagaba para que estuviera a mi lado, pero ese día ya no era una broma.Ese día hubiera deseado que sí le hubiera llegado un pago para que no me hubiera dejado tan sola.Y es que dolía tanto.Pero también se sentía tan bien saber que tenía gente que me apoyaba. De esa gente que, tal vez, sí va a estar para siempre.
Porque quizá a veces lo único que necesitas es un amigo, una madre, una hermana donde apoyarte, un cuaderno y una pluma.