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Mayo también dolio cap 8

Sabrina

Contenido de la publicación

Y, de pronto, abril terminó. Terminó con tanto sufrimiento, ira y coraje, pero no tanto como lo que estaba por venir.

Había una amiga que él tenía que siempre me había causado muchísima inseguridad. Y aquel primero de mayo, después de un mes tan agobiante, asfixiante y espantoso, abrí mis redes sociales. Yo ya ni siquiera tenía su cuenta, pero en la cuenta de mi negocio él todavía existía. Y, sin querer queriendo, terminé viendo algo que realmente no quería ver.

Una fotografía de él abrazado de quien había sido su mejor amiga. La misma que me generaba tantas inseguridades, no solamente por lo que representaba, sino por la manera en que se llevaban y por las cosas que descubrí que él nunca me había contado.

¿Por qué no me lo había contado?

Quizá porque sabía que me daría inseguridad, que me enojaría o que terminaríamos discutiendo. Quizá, desde su perspectiva, no tenía caso mencionarlo.

Pero ¿acaso no era importante que me dijera que su mejor amiga le había propuesto que, si al llegar a los treinta años ninguno de los dos se había casado, podrían hacerlo entre ellos?

Él decía que ella no se le había declarado. Que solamente había hecho aquel comentario sobre casarse en el futuro.

Y ahí fue cuando mis inseguridades comenzaron a crecer.

Porque ¿qué se supone que debía sentir al enterarme de que mi novio y su mejor amiga tenían esa clase de conversaciones? ¿Cómo podía sentirme tranquila cuando existían cosas que desconocía sobre una amistad que, desde hacía tiempo, me hacía sentir insegura?

No sabía si aquella promesa significaba algo más o si, para ellos, solamente había sido una conversación sin importancia. Lo único que sabía era que me dolía pensar que existían cosas que nunca llegué a conocer mientras todavía estábamos juntos.

Y lo peor era que él nunca se había alejado de ella.

Menos de un mes después de terminar conmigo, publicó una fotografía abrazándola, usando una camisa que yo le había regalado.

¿Por qué?

¿Por qué tenía que doler de esa manera?

Mi mundo amenazaba con derrumbarse otra vez. Sentía que todo lo que había intentado reconstruir durante abril se venía abajo por una sola fotografía, y es que no era solamente odio o coraje. También era esa sensación tan horrible de preguntarme por qué, después de aquella llamada, después de todo lo que habíamos vivido y de todo lo que me había costado aceptar nuestra separación, tenía que encontrarme con algo así.

¿Por qué parecía que lo hacía a propósito?

Aquel viernes volví a desmoronarme.

La diferencia era que ya no éramos nada. Ya no podía reclamarle, ya no tenía derecho a preguntarle por qué hacía las cosas ni podía exigirle explicaciones.

Y, sin embargo, me dolía.

Me dolía tanto que terminé borrando quinientas fotografías. Quinientos recuerdos que, hasta entonces, todavía había sido incapaz de soltar.

⸻

"No sé si alguna vez ha pasado que, en un día cualquiera, mientras haces exactamente lo mismo de siempre, aparece un recuerdo que ni siquiera sabías que todavía conservabas. Llega de la nada, sin avisar, y de pronto te encuentras pensando en alguien a quien llevabas horas intentando no recordar.

A veces me preguntaba si él también me recordaría.

Si habría pequeños detalles que lo llevaran a mí. Si existirían cosas tan mías que, incluso después de todo, le resultara imposible encontrárselas sin pensar en lo que habíamos sido.

Porque yo todavía lo recordaba en los caballos. Recordaba su risa peculiar. Y, cuando miraba la luna, a veces me acordaba del brillo que alguna vez habían tenido sus ojos cuando me miraban con amor.

Su helado favorito todavía me recordaba a él.

Había tantas fotografías que me habría gustado mandarle, tantas cosas que habría querido enseñarle solamente para reírnos juntos, como solíamos hacerlo.

Hasta mi vocabulario había terminado llenándose de palabras suyas que, sin darme cuenta, hice mías.

Y es que una nunca sabe cuántas partes de sí misma va a terminar compartiendo con otra persona hasta que le toca aprender a vivir sin ella."

Ese poema lo escribí cuando apenas había pasado un mes desde que terminamos.

Y lo más triste era que, después de todo el coraje, después de toda la ira que me acompañó durante aquellos días, todavía lo extrañaba.

Todavía lo recordaba.

Todavía lo quería.

⸻

Después de todo lo que había pasado, me senté a hablar con mi mejor amigo. Porque no había sido solamente la fotografía. Había sido todo lo que significaba para mí.

Era el coraje de ver una imagen que parecía reunir, en un solo instante, muchas de las inseguridades que había tenido durante nuestra relación.

¿Por qué subirla precisamente un mes después de terminar? ¿Por qué abrazarla de esa manera mientras llevaba puesta una camisa que yo le había regalado?

Quizá para él no significaba nada. Quizá solamente era una fotografía. Pero yo no podía verla de esa manera. Para mí representaba muchas cosas que todavía me dolían y preguntas que nunca había podido responder, miedo que tenía que jamás se fueron y uno de nuestros grandes pleitos.

Y no solamente fue eso.

También hubo un comentario, algo que sentí como una amenaza, una actitud que me pareció demasiado territorial. Algo que ni siquiera había ocurrido de la misma manera cuando todavía éramos novios, y me molestó que lo hiciera de esa manera en ese momento como si fuera un trofeo que ya pasó,pero cuando alguien más le pone atención entonces si parece importarle.

Había un muchacho que me molestaba y que, en su momento, me habría gustado que él hubiera puesto en su lugar. Sin embargo, ahora que ya no estábamos juntos, seguía metiéndose en mi vida de alguna manera.

Y yo no entendía por qué.

¿Por qué seguía apareciendo? ¿Por qué había cosas que me hacían sentir que todavía quería llamar mi atención? ¿Por qué parecía que, aunque me había soltado, todavía encontraba maneras de hacerse presente?

No sabía si eran casualidades, si yo estaba buscando explicaciones donde no las había o si realmente había algo detrás de todo aquello.

Lo único que sabía era que me estaba cansando de sentir tantas cosas sin poder decirlas.

Así que tomé mi celular.

Y, por impulso, como tantas otras veces, comencé a grabar un audio.

No pensé demasiado en lo que iba a decir. No medité cada palabra ni me detuve a considerar las consecuencias. Simplemente hablé.

Le dije que dejara de meterse en mi vida. Que, si ya me había soltado, entonces no entendía para qué seguía apareciendo. Que no comprendía por qué continuaba haciendo cosas que me revolvían los sentimientos cuando había sido él quien decidió terminar nuestra relación.

No esperaba una respuesta, siendo sincera.

Y tampoco la recibí.......

Mandé aquel audio y me quedé con lo que había dicho, sin saber si había hecho bien o mal. Quizá no fue la manera más tranquila de expresarme, pero en ese momento necesitaba sacar de mí todo aquello que llevaba demasiado tiempo guardando.

Por un instante, sentí que había puesto un límite.

Como si, después de tantas semanas sintiéndome a merced de mis propios pensamientos, y de sus acciones ,hubiera conseguido recuperar un pedacito de control.

Pero el silencio que vino después no significó que hubiera dejado de extrañarlo.

⸻

Después aparecieron mis cartas del tarot.

Algo que jamás imaginé que terminaría haciendo, pero que, en aquel momento, parecía ofrecerme respuestas a preguntas que no me dejaban dormir.

Y es que el tarot puede convertirse en algo peligroso cuando se utiliza para aferrarse a una esperanza que todavía no se está preparada para soltar. No necesariamente porque mienta, sino porque una puede terminar buscando una respuesta que le diga exactamente lo que quiere escuchar.

Te hace pensar demasiado.

Te hace preguntar demasiado.

Te hace esperar.

Y yo esperaba.

Esperaba que me buscara. Que volviera. Que se diera cuenta de lo que había perdido. Que un día apareciera dispuesto a arreglar todo aquello que habíamos dejado roto.

No sabía si las cartas me decían lo que quería escuchar o si era yo quien encontraba en ellas la esperanza que necesitaba para seguir esperando.

Pero había algo que no quería aceptar.

Que aquella salida al cine, aquella pizza y aquella última tarde juntos podían haber sido, de verdad, las últimas cosas que compartiríamos como pareja.

Me costaba demasiado aceptar que ya no debía volver con él.

Porque, a pesar de todo, todavía me sobraban las ganas de salir corriendo a sus brazos. De buscarlo, abrazarlo y pedirle que lo intentáramos una vez más.

Quería hacerlo, me moría por hacerlo.

Había días en los que mi corazón parecía olvidar todo lo que había pasado y solamente recordaba lo bonito que había sido tenerlo.

Pero entonces volvía a recordar por qué habíamos terminado.

Recordaba la llamada. Las palabras. Las cosas que me habían dolido. Todo aquello que no podía borrar solamente porque todavía lo amaba.

Y me preguntaba qué motivos tenía para creer que él me extrañaba de la misma manera en que yo lo extrañaba.

¿Qué razones tenía para pensar que quería volver?

Qué me aseguraba que, si regresaba a sus brazos, no terminaría encontrándome con la misma versión de él que me había roto el corazón?

No tenía respuestas.

Solamente tenía recuerdos, preguntas y unas ganas inmensas de que las cosas hubieran sido diferentes.

⸻

A veces sentía que estaba avanzando.

Había días en los que el coraje me hacía sentir fuerte, como si aquel audio hubiera sido el comienzo de algo nuevo. Como si, finalmente, estuviera aprendiendo a poner límites, a dejar de esperar y a comprender que no podía seguir viviendo pendiente de lo que él hiciera o dejara de hacer.

Había días que se sentían como una victoria.

Días en los que lograba concentrarme en otras cosas, en los que no necesitaba buscarlo ni preguntarme si todavía pensaba en mí.

Pero después llegaban aquellos jueves por la tarde.

Y con ellos, la melancolía.

De pronto, volvía a recordarlo. Volvía a extrañar su voz, sus mensajes y esa costumbre tan nuestra de avisarnos cuando llegábamos a casa.

Habría dado cualquier cosa por escucharlo decir una vez más que ya había llegado a casa.

"Porque hay despedidas que no solamente te quitan a una persona. También te quitan todas las pequeñas costumbres que habías construido a su lado.

Y nadie te explica qué hacer con ellas cuando la relación termina.

Nadie te enseña cómo dejar de esperar un mensaje que antes llegaba todos los días, cómo acostumbrarte a que ya no tienes que contarle a alguien que llegaste bien o cómo dejar de mirar el celular con la esperanza de encontrar su nombre en la pantalla."

Abril me había enseñado lo que era perderlo.

Mayo estaba enseñándome algo todavía más difícil: que podía pasarme el día entero intentando olvidarlo y, aun así, terminar extrañándolo cuando llegaba la tarde.Que en días odiaría extrañarlo ,pero otros anhelaría tenerlo.

Porque, aunque ya no éramos novios, aunque había fotografías que me lastimaban y cosas que me hacían cuestionarme todo lo que había vivido con él, una parte de mí todavía seguía buscándolo en los pequeños detalles.

Y quizá eso era lo que más me dolía.

Que mientras yo intentaba aprender a vivir sin él, todavía existían momentos en los que mi primer impulso era compartirle las cosas que me pasaban.Que podía sentir rabia por la persona en la que se había convertido y, al mismo tiempo, extrañar al muchacho del que me había enamorado.

Porque yo todavía recordaba al 18 que me hacía feliz.

Pero cada vez me costaba más reconocerlo en el que ahora tenía frente a mí.

Y no sabía qué hacer con todo ese amor que todavía me quedaba cuando, por más que lo intentara, ya no encontraba dónde ponerlo.

Y así es como inicia mayo .......

Thoughts

  • Ovid

    Lo de que tu vocabulario se fue llenando de palabras suyas me recordó al acento que se pega cuando uno se muda: tardas en notar que ya hablas como ellos, y más todavía en soltarlo. Esas palabras suelen irse al final, después de las fotos.

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