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Abril I: Una puerta entre abierta Cap 6.

Sabrina
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Primera mañana sin el "buenos días"...

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Primera mañana sin el "buenos días"...

Después de casi dos años recibiendo un "buenos días", escrito prácticamente a la hora en la que me levantaba, mi celular amaneció sin esa notificación.

Estaba la de recuerdos de fotos, alguna de un like, quizá algún mensaje sin importancia... pero ese mensaje no.

Porque ahora estaba soltera.

Me levanté e inicié mi día como cualquier otro, con la única diferencia de que ese día tenía el corazón roto, envuelto en vendas para que nadie pudiera verlo sangrar.

Platiqué con mis abuelos sobre temas sin relevancia. Ayudé con los  que hacer en la casa. Mantuve mi mente lo más ocupada que pude, porque cada momento de silencio se convertía en una conversación con mis propios pensamientos.

"Cada vez que estoy en silencio, ese traicionero me habla de él, de todo lo que vivíamos y de todo lo que planeábamos vivir. No puedo descansar de su recuerdo; me resulta imposible despedir un amor que juraba eterno."

Y es que esa banca de cemento afuera de la casa de mi bisabuela, aquella visita al atardecer y el viento que mecía los árboles... esa soledad que me acompañaba aquella tarde hacía imposible no sentir nostalgia, melancolía.

Estaba tan alejada de todo ,libre , pero tan atrapada en mi propia mente.

La soledad me abrigaba como escudo contra eso que no quería aceptar ,porque en el fondo todo parecía algo irreal.

Los siguientes dos días transcurrieron entre nostalgia, melancolía y soledad. Nada que una rutina diaria no pudiera ocultar.

Volví a casa y fuimos a trabajar al rancho de mis papás. Era mi último escape antes de tener que afrontar aquella realidad que, sin saberlo todavía, estaría torturándome durante los siguientes tres meses.

Mi hermana y mi papá salieron a hacer algunas cosas, así que me quedé con mi mamá encostalando cascarilla de algodón.

Después de un rato, mientras seguíamos trabajando, rompió el silencio.

—Ahora sí me vas a decir bien qué pasó. ¿Por qué?

Bajé la mirada hacia lo que estaba haciendo.

—Diferencias... Nos dejamos de entender.

—No. Dime la verdad. No lo que le dijiste a todos.

Suspiré.

—Él estaba confundido. La universidad estaba en puerta, estaba la posibilidad de que no pudiera estudiar lo que quería por problemas con su familia, y todo eso también le estaba afectando. Su niño interior está muy triste, ma. Ni siquiera sabe quién es ni qué quiere.

Mi mamá guardó silencio unos segundos.

—Mmm... entiendo. Pero ¿qué tiene que ver eso contigo?

—Pues... no sé. Supongo que yo era un problema más que se le estaba agregando. Y es que teníamos muchos problemas porque yo quería ayudarlo, pero él siempre prefería huir del problema o contárselo a alguien más.

Mi mamá dejó por un momento lo que estaba haciendo.

—No puedes ayudar a quien no quiere ser ayudado.

La frase se quedó flotando entre nosotras, con un silencio incómodo

Pero yo sí quería ayudarlo.Yo estaba dispuesta a darle todo de mí. Toda mi estabilidad emocional. Todo lo que tuviera, con tal de que él mejorara. Pensaba que aquello era solamente un bache, quizá uno un poco más grande que los que habíamos atravesado antes, pero que eventualmente pasariamos.Porque yo pensaba que éramos un equipo.Que si él estaba en diez, yo podía dar noventa.Y juntos seríamos cien.Porque las relaciones no siempre son cincuenta y cincuenta. A veces son diez-noventa. Ochenta-veinte. A veces uno sostiene un poco más al otro mientras el otro vuelve a encontrar fuerzas.Yo estaba dispuesta a hacerlo.Pero él me dijo que tenía que hacerlo solo.Y me soltó.

Me soltó.

—Sí, ma, lo sé —dije después de un momento—. Por eso los dejé ir. Por eso tal vez ya no volví a insistir. Porque yo no puedo arreglar su mundo... y tal vez, intentando hacerlo, termine poniendo el mío también de cabeza.

Mi mamá asintió.

—Es un buen muchacho. Por lo que lo conozco, es un buen muchacho. Es listo. Espero y creo que sí va a poder salir de esto. Confiemos en que sí. La vida da muchas vueltas. Tal vez cuando él esté mejor, más decidido, y tú seas más madura para afrontar las cosas y no intentes salvarlo de todo, exista una segunda oportunidad para ambos.

Hizo una pausa.

—Una con una mejor versión de los dos. Una donde ambos sean mejores para el otro.

—Pues sí... —respondí, casi en un susurro—. Tal vez.

Terminamos aquella plática hablando de otros temas, de cualquier cosa que no tuviera que ver con él. Porque, en realidad, lo único que quería era evadir aquello que llevaba horas carcomiendo desde muy dentro.

Más tarde ensillamos los caballos.

Jamás me había sentido tan libre como aquel día.

Mi papá y yo teníamos algunas vacas que hacía tiempo no veíamos, así que salimos a capear. Ya era tarde. El cielo comenzaba a pintarse de naranja y el sol se escondía lentamente.

Iba a caballo junto a mi papá mientras hablábamos de las vacas que todavía faltaban.

El sol se ocultaba y, en cuestión de minutos, todo estaría oscuro.

—Debemos apurarnos  porque se nos va a oscurecer y es peligroso toparse con un animal y no verlo.

Aflojé la rienda.

Y dejé que el caballo corriera.Que galopara.Que fuera libre.

Y, por unos minutos, yo también lo fui.

El aire chocaba contra mis mejillas mientras intentaba arrebatarme el sombrero. Sentía el movimiento del caballo debajo de mí, el campo extendiéndose frente a mis ojos y el atardecer desapareciendo poco a poco.Amaba montar.Pero ese día fue diferente.Este día fue lo mejor que me había pasado en mucho tiempo.Porque, por un instante, mi corazón descansó.Descansó con algo tan simple.Tan ordinario.Tan mío.

Y quizá no necesitaba que alguien me salvara en ese momento.Quizá solo necesitaba correr lo suficientemente rápido como para sentir que, por unos minutos, yo también podía soltar algo.

Ese fin de semana que, sin saberlo, sería el momento más tranquilo que tendría durante los siguientes tres meses.Llegó el indeseado lunes.Pero, para mi gran fortuna, al menos no sería un lunes asfixiante. La maestra había planeado un viaje para esos dos primeros días después de vacaciones.

Iba a verlo.

Todos preguntarían qué había pasado y yo tendría que ser fuerte para resistir el día.Mi gran plan para evadir las preguntas fue sencillo: sentarme al lado de la maestra y rodearme de mis amigas.Entonces lo vi subir al camión.

Y quise huir.

Quise desaparecer.

No estaba lista para verlo.

Mucho menos para verlo pasar junto a mí sin siquiera voltear a mirarme.

Pero lo entendía.Entendía que él, al igual que yo, probablemente tampoco quería verme. Quizá también estaba intentando fingir que todo estaba bien. Sabía que también le dolía y que, seguramente, la situación le incomodaba tanto como a mí.Así que ambos hicimos lo mismo.Nos escondimos detrás de una sonrisa boba.Porque las sonrisas pueden ser tan reales como falsas.

"Pueden esconder mariposas revoloteando en el estómago, pero también pueden ocultarlas cuando se están ahogando."

Como era de esperarse, las preguntas comenzaron a inundar el ambiente.Parecía que el salón se había dividido en dos.De un lado estaba él.Del otro, yo.

Y, aunque nadie lo dijera directamente, era evidente que las preguntas eran las mismas para ambos.

—¿Qué pasó? Cuéntanos, estamos para ti.

—Sí se veía que ya no estaban bien, pero ¿qué pasó?

—¿Volverías con él?

Yo respondía lo mismo una y otra vez, intentando que mi voz no delatara todo lo que llevaba por dentro.

—Tuvimos diferencias y el tiempo nos alcanzó.

Eso era todo.Una frase corta para una historia demasiado larga.Nunca supe qué le preguntaron a él.Supongo que fueron las mismas preguntas.Lo que me intrigaba era saber qué había respondido.

¿Qué versión de nuestra historia había contado él?

¿Había dicho que también le dolía?

¿Había hablado de mí?

¿O simplemente había utilizado las mismas palabras vacías que yo para no tener que explicar algo que todavía nos dolía?

Nunca lo supe.

La visita industrial, combinada con aquel inesperado interrogatorio, terminó más rápido de lo que esperaba.Y entonces nos llevaron a un mall.Mi salvación.

Mis girls me salvaron de aquella tormenta sin siquiera darse cuenta.

Entramos a todas las tiendas.Nos medimos ropa, compramos maquillaje, nos reímos por todo y por nada. Hablamos de temas completamente insignificantes como si fueran lo más importante del mundo.Nos perdimos entre los libros de una biblioteca, entre páginas y fantasías y el aroma a libros nuevos.Comimos hasta quedar llenas.Y, por unas horas, dejé de pensar.El día pasó tan rápido que casi olvidé que había comenzado con un corazón roto.

Porque las personas correctas pueden transformar un tsunami en una ola tranquila.

El día siguió.

Fue un poco de lo mismo: otra visita industrial, cargada de risas y momentos lindos.Pero esos dos días pasaron demasiado rápido.

Y llegó el miércoles.

Ese primer día estuvo lleno de emociones.El primer día en que tendría que sentir su presencia durante ocho horas dentro de una misma aula, rodeada de personas que "sabían" que algo había cambiado entre quienes, hasta hacía unos días, habían sido la parejita del salón.Cuando entré al salón, no sabía ni dónde meter me para evitar verlo.Me acerqué al grupito y, unos minutos después, él llegó.

Nos saludó.

Respondí con cordialidad, intentando que mi voz y mi expresión no revelaran nada.Después fui a tomar asiento.

Y entonces llegó el primer baldazo de agua fría.El asiento a mi lado estaba vacío.Ese mismo asiento que había estado ocupado prácticamente todos los días desde el día dos.El asiento donde había compartido apuntes, tareas, risas, silencios y conversaciones que solamente nosotros entendíamos.Ahora estaba vacío.Y era extraño.Porque durante casi dos años nunca había tenido que preguntarme dónde se sentaría.Simplemente lo sabía.A mi lado.

Siempre a mi lado.

Hasta ese día.Me quedé mirándolo unos segundos más de los necesarios.Era solamente una silla.Pero en ese momento parecía ocupar todo el salón.Y en ese momento entendí que una ruptura no es solo un "terminamos" también es acostumbrarse a esos pequeños detalles donde esa persona ya no está.

El día fue una mezcla de normalidad con tantos sentimientos que ni siquiera podía descifrar.

Estaba en ese punto en el que me amarraba a mí misma para no correr a sus brazos, donde evitaba a toda costa escuchar su voz. Me refugiaba en mis audífonos, me enfocaba en las clases lo más que podía para no buscarlo con la mirada y huía cada vez que tenía la oportunidad.

Por la tarde tomé un trozo de papel y una pluma.

Quería soltar todo lo que sentía, pero estaba tan confundida que ni siquiera sabía cómo comenzar.Tenía tanto coraje.Enojo.Tristeza.Culpa.Así que simplemente escribí.No pensé en las palabras. No intenté que sonara bonito. No intenté ser justa.Solo necesitaba sacarlo.

Y esto fue lo que salió de mí aquel día:

Te bloqueé.

Después de ese adiós te bloquee.(después YO te marque)

Fui una inmadura, pero quería saber hasta qué hora te darías cuenta. Quería saber si me buscarías.Duré horas esperando que lo hicieras.Estabas robando la poca paz mental que me quedaba, esa que estaba construyendo con cachitos de migajas que me dejaste.

Me desmoroné.

Nadie está tan ocupado para mandar un mensaje, y mucho menos para quien se supone que te importa.Pero me di cuenta de que jamás cambiarías por mí.Piensas que no lo valgo y me haces sentir que no valgo nada.Que no valgo un mensaje.Una llamada.Un poco de atención.

No valgo que comprendan que me fui de vacaciones con mis abuelos para poder encontrarme, para ESTAR BIEN PARA NOSOTROS.No valgo una foto de qué haces.No valgo que le pidan permiso a mi mamá para salir, aun sabiendo que me da miedo decírselo yo.

Es más...

¿Qué digo?No valía ni siquiera una maldita pedida.No quería algo grande.No quería algo donde gastaras dinero.

Solo quería algo que dijera:

Me importas y quiero que lo sepas.

Yo jamás quise cambiarte.Al contrario, quería simplemente que fueras mejor.Y no por mí.No tanto por mí.No por el nosotros.

Sino por ti.

QUERÍA QUE ESTUVIERAS BIEN POR TI.

Pero solo te encaprichas y me haces sentir que soy lo peor, que no valgo y que soy culpable de todo lo que te pasa por no estar 24/7, cuando tú no estás para mí.El día que estabas tan vulnerable yo no podía dejarte así.No podía.Tenía que ayudarte.Pero tú me viste quebrarme ante ti.

POR TI.

Y siempre te valió.Vivo de ilusiones.De momentos que añoro.De momentos que deseo que hagas.Pero no puedo seguir viviendo de fantasías.

Y sabes qué es lo peor...

Que, a pesar de todo,aún te amo."

Porque cuando amas a alguien , aceptas a la persona con todos sus defectos, aunque estos te lastimen......."

Pero después de sacar tanto coraje, sentí la necesidad de soltarlo. De decirlo. Dejar de cargar con todo aquello que llevaba semanas acumulando y, aunque fuera por última vez, quedar "bien" con él.

Ese viernes lo busqué.

Sí, yo de nuevo.

Sabía que en cuanto lo tuviera enfrente me pondría nerviosa y que, llegado el momento, probablemente no sabría qué decir. Así que hice lo único que se me ocurrió: escribí todo.En esas últimas páginas que quedaban de nuestro libro puse todo lo que quería decirle. Cada cosa que sentía, lo que pensaba, lo que me había dolido y también aquello que yo sabía que había hecho mal.

Lo busqué al final de las clases.

—¿Cree que podamos hablar? —le dije, sin atreverme siquiera a mirarlo a los ojos.

—Sí, está bien.

Comenzamos a caminar en dirección a mi carro.

—¿Y cómo están sus papás?

—Bien. ¿Y los suyos?

—Bien también.

El silencio se instaló entre nosotros. Él hacía preguntas, intentaba hablar de cualquier cosa, como si de esa manera pudiera hacer menos incómodo el momento. Pero yo apenas podía pensar en otra cosa que no fuera lo que estaba a punto de decirle.

Cuando llegamos a mi carro, me detuve.

—¿Podría subirse? Es que... creo que no quiero que nos vean.

Me miró unos segundos.

—No, es mejor así. Dígame qué es lo que quiere decirme.

—Por favor... y le cuento.

Accedió y se subió al carro.

Tomé aire.

—Como sé que me podría poner nerviosa y a la hora de la hora no sabría qué decir, decidí llenar las últimas páginas del cuaderno con todo lo que le quiero decir. Y... gracias por aceptar escucharme.

—Sí, está bien.

Entonces le conté todo.

Le conté cómo me sentía, lo que pensaba, lo que me había dolido. Acepté mis errores, pero también le puse enfrente los suyos. No para pelear. No para ganar una discusión. Simplemente porque por primera vez quería que supiera mi versión completa.Cuando terminé, llegó el silencio.Ese silencio incómodo que aparece cuando ya no queda nada más que decir.

Lo miré.

—¿Y qué opina? ¿Qué piensa?

Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

Y entonces me dijo lo que sentía.

Si soy sincera, una parte de mí todavía tenía la esperanza de que me dijera que estaba arrepentido. Que me dijera que quería intentarlo otra vez. Que, después de todo, todavía había una manera de arreglarlo.

Pero no.Sostuvo su postura.Seguía roto. Seguía convencido de que lo nuestro ya no podía ser lo que alguna vez fue.Tomó el cuaderno.

Y firmó una promesa que, en ese momento, no sabía si debía creer.

"No importa cuánto tiempo pase, un día lo nuestro volverá.Con amor, 18."

Cerró el cuaderno.

Abrió la puerta y se fue.

Y yo me quedé ahí, con el cuaderno entre las manos y el corazón queriéndose salir del pecho.No me elegía.Pero tampoco quería quedarse a mi lado.Me estaba dejando afuera de su vida, pero me había dejado una pequeña ilusión: que algún día volvería a invitarme a pasar.

Me quedé pensando en cómo recoger los pedazos de mí que acababan de desmoronarse para poder volver a casa.

Hasta que escuché que tocaban mi ventana.Levanté la mirada.

Era su hermana, acompañada de dos de sus amigas. Me hacían señas para que les abriera.

Abrí la puerta.

—¿¡Qué te pasa!? ¿¡Qué chingados le hiciste ahora!? ¡Sí te mamaste!

—Solo hablamos las cosas. No podíamos seguir así, estando en el mismo salón...

—¡Va llorando! ¡No la chingues!

—¿No me ves a mí también cómo estoy?

Una de sus amigas azotó la puerta de mi carro, mientras la otra intentaba alejarlas y les decía que me dejaran.Yo estaba con el alma en un hilo y la bilis a punto de desparramárseme .Me contuve.Pude haberla reportado.Pero ya no quería darle nada más.

Ni explicaciones.

Ni tiempo.

Ni siquiera el coraje de seguir peleando.

Por ella, yo ya no daba nada.

Thoughts

  • PilarEscudero

    Mira, lo de que una relación a veces es diez y noventa lo pensé yo igual durante casi dos años de un tramo malo en casa. Yo ponía el noventa y me parecía lo normal. Tardé en ver que el otro también tiene que dejarse sostener, y eso no depende de una. Tu madre soltándote la frase sin dejar el algodón me pareció lo más de verdad del capítulo. Y a ti te tocó verlo mucho antes que a mí.

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  • nachovargas88

    Casi dos años de buenos días a la hora de levantarte, y de repente nada. Pucha. ¿Todavía guardas el cuaderno donde firmó?

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  • Ovid

    Soltar la rienda y dejar que el caballo corriera justo después de la plática con tu mamá me recuerda a lo que hace mucha gente cuando algo no cabe en palabras: moverse, rápido, hasta que el aire pesa menos. Apuesto a que esa tarde capeando vacas con tu papá vuelve en algún capítulo más adelante, cuando haga falta otro respiro.

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  • soledita

    El asiento vacío.

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