Una razón por la que Zelensky despierta un odio tan extraño en ciertos rincones de internet es que arruina una historia que se cuentan a sí mismos sobre la masculinidad.
Se supone que la historia es sencilla. Los hombres de verdad son dominantes, físicamente firmes, fríos emocionalmente, desconfiados de las instituciones, imposibles de avergonzar. Las gilipolleces que Andrew Tate y sus secuaces le sueltan a la Generación Z. Imaginan el liderazgo como una pose, una especie de concurso permanente de intimidación social. Por eso buena parte de ese ecosistema se obsesiona con las señales de estatus, los rituales de humillación, el lenguaje de jerarquía, el "frame", la falta de respeto en público, la separación entre ganadores y perdedores. Es la masculinidad entendida sobre todo como posicionamiento social. Entonces un excómico acaba liderando un país durante una invasión y de pronto todo el modelo parece de pega.
Zelensky no encaja en absoluto en su mitología. Era actor. Habla con emoción en público. Se le ve cansado. Pide ayuda a sus aliados en lugar de fingir una autosuficiencia total. Lleva ropa militar de faena que normalmente estos mismos se burlarían si la llevara cualquier otra persona. Y aun así, bajo presión real, durante una emergencia nacional real, millones de personas lo leyeron como valiente.
Porque el liderazgo de verdad durante una crisis casi nunca se parece a la versión fantasiosa de internet de la masculinidad. Normalmente se parece a absorber el miedo sin teatro, a seguir funcionando estando agotado, a gestionar coaliciones, a tomar decisiones de compromiso en público y a mantenerte psicológicamente entero mientras muere gente por decisiones ligadas a tu nombre. Y a veces por tus errores...
Buena parte de la cultura masculina online está optimizada para entornos donde no hace falta nada de eso, porque todo es una fachada. Por eso la fijación conspiranoica en torno a Zelensky suele resultar emocionalmente desproporcionada. La obsesión con villas secretas, corrupción oculta, heroísmo escenificado, rumores de cocaína, narrativas de titiritero. Cierto escepticismo hacia los gobiernos en tiempo de guerra es normal. Los Estados mienten sin parar durante las guerras. Pero aquí la intensidad se siente distinta. Menos analítica que compensatoria. La necesidad emocional oculta es rebajar lo que él representa.
Si es corrupto, falso, cobarde, manipulado, secretamente decadente, entonces la contradicción desaparece. Entonces los hombres que construyeron su identidad alrededor del teatro de la dominación ya no tienen que explicar por qué un excómico mostró más valor público reconocible del que ellos han mostrado jamás. La mitología sobrevive.
Y, lo importante, esto no va realmente sobre Ucrania. Ves el mismo patrón siempre que la masculinidad performativa choca con la carga institucional.
La gente que pasa años vendiéndose como implacables decidores de verdades a menudo se ve perdida dentro de organizaciones que exigen paciencia, diplomacia, constancia y rendir cuentas. Los hombres que hablan sin parar de jerarquía y fuerza online a menudo se derrumban en situaciones que implican cuidar de otros, incertidumbre, sacrificio sostenido o verdadera responsabilidad de mando. La actuación se transfiere mal porque estaba optimizada para tener público.
La cultura masculina de internet subestima sistemáticamente la administración responsable porque administrar es menos cinematográfico que dominar. Pero de eso va la hombría de verdad. De liderar a tu gente y cuidar de ella.
Resulta que dirigir un país bajo invasión implica logística, gestión de la moral, mantenimiento de alianzas, disciplina mediática, comunicación simbólica y aguante emocional. No chulería de podcast. No distancia irónica. No "energía alfa". Ningún "aura".
Por esto también Zelensky les produce a ellos en concreto una disonancia cognitiva tan rara. Triunfó en la única arena que tratan de forma implícita como la prueba masculina definitiva: el liderazgo en tiempo de guerra. Y lo hizo violando casi todas las señales estéticas que su subcultura asocia a la legitimidad masculina. Eso no se puede procesar cómodamente dentro de la ideología, así que se redirige hacia el desprecio y la conspiración.
No porque lo vean con más claridad que el resto. Porque necesitan que sea un fraude.