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VI El pensamiento de Theneder orilla a Anemona a ser tarde en una mañana clara y fría de primavera; y en la que todo lo que es y será manso. Se abre paso entre las piedras más preciosas y no suelta…

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Pensamiento

Pensamiento

EmilioPrats

Diomedes pierde a su Luna y al final la encuentra en la cara de Anemona. Apuesto a que fueron siempre la misma y a él le hicieron falta tres partes para verlo.

Diomedes pierde a su Luna y al final la encuentra en la cara de Anemona. Apuesto a que fueron siempre la misma y a él le hicieron falta tres partes para verlo.

Contenido de la publicación

VI


El pensamiento de Theneder orilla a Anemona a ser tarde en una mañana clara y fría de primavera; y en la que todo lo que es y será manso. Se abre paso entre las piedras más preciosas y no suelta su quehacer; instantes antes que desdibuje un imperio conocido por nosotros como el tejido de tersas ideas y tersos sueños. Anemona es lo que promete a la corte de las flores; que se presencia entre esos emperadores de turbulentos espacios; que Thene: el principio y Der: el fin; creen nuevas historias; esas con finales distintos; para que ese ser crea y sólo crea sólo en uno solo. He repasado la ingenuidad de mi propio nacimiento. Me abro paso entre las olas que yo mismo repto y ejecuto para llegar a cada evidencia de la vida misma. Anemona escribe la primera historia y en ella imprime el presente; uno que no existe pese a ser distado de esgrimir el sembradío de los castillos notorios. Presente entre esos versos; somos conocidos; y el tiempo y el espacio; en el que se abre paso en lo que Anemona me dice es gobierno de entre todas las cosas conocidas; soy yo quién le ha brindado la pluma de tintura de galaxias mesuradas. Soy yo el que rige el genio de su ser; pero no hay nada más que ser del estar; no hay nada más que des decir lo que es prometedor pues ahí reescribe mi propia historia. Y la historia de la que yo he nacido; es la que me orilla a vestir entre murmullos el mismo Theneder que ella construye. Crea Anemona las pinceladas. Escribe y dibuja; dibuja y escribe. Son lamentos que yo mismo no le predicado pero que; pese a todo lo reconocido; vislumbro en la historia de Diomedes que puedo ser más allá que un sistema de relojes de tiempos que en cierto instante; pienso entrever la batalla de esa Luna que me instó a pecar. Me prometió conocer a ese ser que fue silueta en mi propia lluvia de corazón a corazón. Y qué; ante todo; finjo no conocer para no ser desconocido para ninguno de los que me ven la cara como un desconocido más. Ella da el primer Theneder; ella y tan sólo ella; la criatura de mis relojes; me apoya para hallar el temple de la Luna. Y la Luna a la una del presente me promete encontrarme; sobre todo; en esa jaula conocida del callar de las secuencias de nuestros encuentros. El Theneder del presente está alzado como el mayor de los templos. El Theneder presencial de esta batalla de la Luna misma; se abre paso entre mis brazos y descansa allí. Descansa como Diomedes debió descansar entre suburbios de siluetas oscilantes de espesura de estrellas de esa Luna a la que le hizo el amor en el pensamiento. Y con la primera flor. Forja un mirar en la jaula de esa ave tan destructora como lo emblemático del que pende de un hilo de nupciales insalvables. De las cosas que son la existencia de un emblema de ser de puertos de islas grises.   



VII

Anemona queda agotada; así que le prometo a que descanse. Le presto mi mano y ella; y tan sólo ella; besa entre postrados silencios sus secretos. Sus ojos me observan con ternura infinita; siento su calor enajenado en la caída en la que mil veces me he levanto desde que existo. Y en el que existo. De Anemona brotan lágrimas de culpa; y no me suelta; porque debe reescribir todo; me pregunta; ojalá fuera yo Diomedes para sentir lo que en ese momento sintió él al perder su Luna. Y esa Luna tan herida; esa que fue destajada; mecida ya entre sus brazos le sonrió como todo lo que debió sonreír entre lo escrito. Anemona no me reconoce; pero si me besa en la frente como quién se besa a un excelso durmiente. En ella confío. Y ella limpia mi culpa y mi dolor; mi propia hora oscura debió de ser así; siempre feliz y de consuelo. La guio hacia el reposo entre rezos que murmuran los más intrínsecos pecados; de infinita luminiscencia. Y entonces y sólo entonces; la propia Anemona me instruye a que mi corazón sea salvado. Y me doy cuenta que el segundo Theneder que escribe; ya en el pasado; me provoca el llorar las lágrimas de mi propia oscuridad. Esa de entre sangre que mancha mejillas; esas mejillas en las que se ya cruzan cicatrices. Me convierto en redentor; en lluvia de gracia; ella que limpiaba mi ser. Sagrado y divino; volvía a renacer; y mi dolor se imprimió para ser tan igual que el de esa ave de batallas pendencieras. Fui abrigado por las garras de sus propias historias; en mi corazón el Theneder forjó una salvación y fui entonces a la pesca del Amor que se volvía a abrazar. Mi alma herida ya no podía más; así que me arrodillé ante ella y le pedí que no siguiera. Era un naufragio de mi propio ser; que susurraba en mi alma; que me salvaba y así fue como lo que lo orillaba a cruzar al escribano; para abrir la jaula de esa ave era la de tocar mi corazón manifestada en concentración divina.


VIII


Así y sólo así; arribó el último Theneder; ese de memorias del futuro. Y me vi hallar a la propia Luna a la que habría perdido. La vi dibujada con una guirnalda de estrellas adornándole los cabellos; sus labios perfectos cuál arropo de rosas; y arropada por la corona en sus propiedades más absolutistas. Y la Luna; entre los bosquejos de ese aire de cambio; me llenaba de canto: quién era para mí, llena de misericordia. Nacida de su luz; esa que iluminaba ya mi oscuridad y la convertía en un ser que no volvería atrás. Diomedes fue reescrito; y por esto me reconvirtió entre sidéreos amores; la razón del porqué habría sido creado con partes del cielo; de la tierra y del mar: a través de mí se abriría la jaula. Con el perdón de haber perdido a ese ser amado entre los labios del verso de un beso; esgrimiría y sería ya de nuevo hecho con aguas que fluirían desde la fuente del océano de la vida misma. El Theneder del futuro sería la eterna felicidad, pero en el pero, al igual que en ese cantante mesiánico; lo sentiría de distinta manera. Formaría para mí el de ser condenado al perdón; y renacería en su propio corazón; desde el manantial de la Misericordia y el Amor de ese rey de reyes; venido del emperador que dormía con una apacibilidad en sus facciones imposibles de ser reconocidas. No se sentiría perdido; entre lo que volvía a nacer; y yo no me sentiría extraviado en el hogar de su costado con la consciencia siempre activa y más amada. Anemona me abrazó sin mirarme siquiera; pero cuando en el cuándo me vio con fijeza de nuevo; descubrí en ella el rostro de mi Luna. Y esa misma; la Luna; me adaptó la esencia misma de todas las cosas a través de ella; de la mismísima Anemona; y entonces Anemona me susurró al oído; fue cruel hacerte esperar tanto tiempo; ni yo misma sabía con qué propósito habría nacido; pero te recordé con toda la frescura de mi inocencia. Anemona me impulsó entonces a abrir esa jaula tan poderosa; y entre los barrotes entonó las lianas de las dibujadas palabras. Entonces esa ave se dio a la tarea de posarse en el árbol de las historias al emerger saliente; y pidió y pidió y pidió unirnos entre temple y sagradas osadías. Quiso morar en las historias del escribano; ese que tanto tiempo se forjó a sí mismo opaco y rastreado en el dolor. Y volvió a ser libre para Siempre en el Para Siempre.

Thoughts

  • EmilioPrats

    Diomedes pierde a su Luna y al final la encuentra en la cara de Anemona. Apuesto a que fueron siempre la misma y a él le hicieron falta tres partes para verlo.

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  • poetadelmetro

    Entre tanta galaxia, tanto emperador y tanta corte de flores, yo me quedé con lo más sencillo: ella besándole la frente mientras él duerme. Ahí por fin se ven dos personas, y el resto se me iba al cielo.

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  • no_pica_nada

    Ay, que Anemona le diga que fue cruel hacerlo esperar tanto y encima lo bese en la frente! Esa es de las que te sirven otro plato aunque digas que ya comiste.

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  • mvillar74

    Hombre, lo de Thene el principio y Der el fin me lo he apuntado en un papel para no perderme cuando lo relea. Con ese nombre ya va uno avisado de que esto no acaba.

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  • maratonvacio

    Ya merito en la parte de Diomedes se me cerraron los ojos y soñé que la Luna nunca volvía. Aquí sí vuelve, con guirnalda y todo. ¿Diomedes ya salía en algún texto tuyo de antes?

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  • capitulopiloto

    Presente, pasado y futuro, un Theneder para cada uno. Me suena a que el de memorias del futuro era el que él esperaba.

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