Creo que me pierdo a mí mismo. Soy como este cuaderno que compré para la iglesia, que quedó ahí y ahora lo estoy convirtiendo en un diario. Mi vida está completamente perdida y flotante. El otro día pensé en una frase.
Soy demasiado romántico como para poner los pies en la tierra, pero demasiado débil como para volar hacia adelante.
Así que simplemente estoy,
flotando.
Pero realmente no sé nadar. De hecho, siempre me ha dado miedo aprender a flotar, y si ni si quiera soporto flotar ¿Cómo podría volar?
Mi miedo a nadar y aprender a flotar ilustra lo poco que soporto al yo que soy ahora. No controlo nada y simplemente dejo ser, pero si dejo ser no se hace nada, entonces no hago nada, pero debo hacer. Odio hacer. Amo el trabajo hecho. Amo el fin y no el camino. Es ridículo. Lo sé, sé que debo hacer y simplemente no hago, y me duele cada vez que pienso en eso, por lo que no trato de pensar en eso y me distraigo.
Me distraigo en vez de subir la torre.
Y sí, sé que hay muchos más matices, pero es esa cobardía tan estúpida y dolorosa la que me frena de avanzar, la que me frena de una vez darles fin a los dramas y problemas propios. Es simplemente un ciclo interminable que lleva a que mi alma muera.
Y realmente es eso, cada día mi alma muere asfixiada, no puede respirar, pues hice mi propia sepultura. Y lo odio.
Obviamente quiero vivir y ser feliz.