El amor duele, pero olvidar también.
Durante mucho tiempo pensé que lo más difícil sería dejar de querer a alguien. Después entendí que quizá lo más doloroso no era dejar de quererlo, sino aprender a vivir con todos los recuerdos que quedaron cuando ya no estaba.
Porque amar puede doler cuando las cosas no salen como imaginabas. Cuando entregas mucho y recibes poco. Cuando esperas que alguien se quede y termina yéndose. Cuando tienes que aceptar que querer a una persona no siempre es suficiente para construir una historia juntos.
Pero olvidar tampoco es fácil.
Porque nadie te enseña cómo se olvida a alguien que alguna vez formó parte de tus días. No existe una fecha exacta en la que despiertas y de repente ya no recuerdas. No funciona así.
Un día crees que estás avanzando y, de pronto, algo te lo recuerda.
Una canción.
Un lugar.
Una fotografía.
Una frase.
Y por unos segundos vuelves a sentir todo aquello que pensabas que ya habías dejado atrás.
Y entonces te preguntas si realmente estás sanando.
Yo también confundí sanar con olvidar.
Pensaba que algún día tenía que llegar el momento en que su recuerdo no provocara absolutamente nada en mí. Como si superar a alguien significara borrar cada emoción, cada momento y cada parte de esa historia.
Pero ahora entiendo que quizá olvidar no consiste en borrar.
Consiste en recordar sin querer regresar.
Consiste en poder pensar en alguien y aceptar que fue importante, pero que ya no pertenece a tu presente.
Consiste en dejar de preguntarte qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes.
Y eso también duele.
Duele porque mientras sueltas a alguien, también estás soltando una versión de tu futuro. Esa que imaginaste tantas veces y que ya no va a suceder de la manera en que la habías pensado.
Pero quizá eso sea parte de crecer.
Aceptar que algunas personas serán capítulos importantes, aunque nunca lleguen al final de la historia.
Así que sí, el amor duele.
Pero olvidar también.
Y entre los dos dolores, tuve que aprender algo que nunca quise aprender:
que a veces amar significa sentir muchísimo…
y sanar significa aceptar que ya no puedes seguir viviendo dentro de ese sentimiento.
No necesito olvidar que existió.
Solo necesito llegar al día en que recordarlo ya no me haga querer volver.