Qué difícil es soltar tu mano cuando aún agarras la mía con fuerza.
Aunque no estemos en el mismo sitio y tampoco estemos juntos, me acompañas a cada lugar al que voy; mi mano también te agarra, tú no la sueltas. Y ni siquiera te estoy acompañando pero sé que me estás pensando. ¿Hasta cuándo la seguirás sosteniendo?
Estamos condenados.
Tú estás perdido en mí y yo, obsesionada contigo.