Una mujer de cabellos ondulados negros corría en la noche, por un sendero oscuro con pequeñas piedras que lastimaban sus pies desnudos, se había sacado su calzado de tacones altos para ganar tiempo. La lluvia mojaba su vestido rojo que al lado de su pierna derecha tenía una abertura. Ella respiraba con dificultad por estar corriendo horas sin encontrar un lugar que la resguarde del aguacero y la persona que la seguía, después de salir sin compañía del evento al que asistió con su padre. A lo lejos, escuchó ruidos. La joven giró su rostro, asustada al darse cuenta que no pudo escapar de ese individuo con intención de dañarla sin ningún motivo.
El relámpago sonó en el cielo iluminando todo lo que estaba a su alrededor. Ante sus ojos apareció una casa enorme envejecida, comenzó a dirigirse hacia ella. El hombre escuchó sus pasos y avanzó hacia la mujer atrapándola y, a su vez, rasgando su ropa dejando el hombro descubierto. La miraba con deseo y con intención de dañar su cuerpo. Empezó a gritar y las lágrimas cayeron en su rostro empañados por el aguacero. Él la sujetó fuertemente e intentaba tocarla. Su mano subía por la garganta hasta la boca de ella, tocando sus labios temblorosos. La mujer mordió el dedo de su captor, liberándose de él. Viendo sangre en su mano por la mordida, soltó insultos hacia la misma. Al escapar, la mujer vislumbra la casa que parece abandonada. Avanzó hacia allá.
Al llegar tropezó con la escalera que estaba en la entrada. Ella pisó el primer escalón de madera deteriorada y no vio el clavo que sobresalía convirtiéndose en una trampa dolorosa. Lo que provoca en ella un sollozo agudo al pisarlo. Retiró el pie con velocidad ya que no podía perder más tiempo. Se dirigió hacia la puerta, dolorida y sangrienta, pidiendo ayuda desesperada. Intentó girar el picaporte cerrado fallando en su intento de abrirlo. Fueron en vano sus sollozos y palabras de auxilio y dejó caer su débil cuerpo frente a la puerta. La joven escucha algo dentro del lugar, no obstante los mareos que padecía en ese momento le impide escuchar de quien se trata, cerrando sus ojos. Lo único que sintió fue que una mano rodeó su tobillo y la arrastró dentro de la casa.