A veces no es la canción, sino quién se te viene a la mente cuando la escuchas.
Porque hay canciones que dejan de ser solamente canciones.
Se convierten en recuerdos.
En una persona, una conversación, una mirada, una época de tu vida que quizá ya terminó, pero que todavía vive escondida en alguna melodía.
Y es extraño cómo pueden pasar meses, incluso años, y de pronto empieza una canción que no escuchabas desde hace mucho y, sin pedir permiso, tu mente vuelve exactamente al mismo lugar.
Recuerdas lo que sentías.
Recuerdas cómo era tener a esa persona cerca.
Recuerdas las cosas que vivieron, las palabras que se dijeron y hasta esos pequeños momentos que en su momento parecían insignificantes, pero que ahora tienen un significado completamente diferente.
A veces cambias de canción para no recordar.
Pero no funciona.
Porque el problema nunca fue la canción.
Era todo lo que significaba para ti.
Y quizá lo más curioso es que con el tiempo algunas canciones dejan de doler. Sigues recordando a esa persona, pero ya no con la misma tristeza. Simplemente sonríes, suspiras y piensas: “qué bonito fue mientras duró”.
Porque hay personas que se van de nuestra vida, pero dejan una canción que, por mucho tiempo, seguirá teniendo su nombre aunque nadie más pueda verlo.
Y entonces entiendes que a veces no extrañas la canción.
Extrañas quién eras tú cuando la escuchabas con esa persona. 🤍