Trinidad estudiando en el baño con el agua de naranja y los auriculares puestos, y las amigas diciéndole que se relaje a tres minutos del examen. A mí me han dicho relájate en el peor momento posible y me dieron ganas de tirarles la mochila. Y ella no suelta la hoja cuando no sabe: elige la más fácil, anota lo que sea, sigue. Que la nota venga como venga, parce, pero salió con las cuatro respondidas y eso ya cuenta.
Trinidad contra el recuperatorio
Nadie puede hacer las cosas solo y por eso es necesaria mucha ayuda, sobre todo porque quien te ayude también necesitará ayuda. Así podríamos definir el recorrido escolar de Trinidad Solis.
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Trinidad estudiando en el baño con el agua de naranja y los auriculares puestos, y las amigas diciéndole que se relaje a tres minutos del examen. A mí me han dicho relájate en el peor momento posible y me dieron ganas de tirarles la mochila. Y ella no sue
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Nadie puede hacer las cosas solo y por eso es necesaria mucha ayuda, sobre todo porque quien te ayude también necesitará ayuda. Así podríamos definir el recorrido escolar de Trinidad Solis.
En el final del último año del curso, Trinidad Solis, adolescente de cabello dorado y ojos bicolor, se pasó todo el recreo en el baño bebiendo agua de naranja mientras repasaba todo lo que sabía en voz alta. Su amiga Piolina Voo Need ayudaba en lo que podía.
—¿Entonces cómo se llamaba la materia de nuevo?
—Lenguas Muertas.
—¿Y a tu hermana le gusta en serio?
—Sí, es fanática de todo lo social, pero por favor, haz silencio. —Se puso auriculares para no oír.
—Trini… te estaba buscando. ¿Estás nerviosa? —Olivia Rehegua Sall Solis llegó con preocupación marcada en sus ojos morados.
Trinidad no respondió, no se dio cuenta por lo concentrada que estaba en el estudio.
—Es la primera vez que la veo comerse las uñas —comentó Piolina—. Me preocupa tener que estudiar estas cosas el año que viene.
—No te preocupes… —respondió Olivia tranquila—. Trinidad tiene sus dificultades, pero, si vos no tenés problemas con Hawai, te va a ir bien.
Olivia le pasó la mano por la cara a Trinidad mientras chasqueaba.
—¿Por qué estudias en el baño?
—Oli… —se quitó los auriculares recién puestos—. Necesito tranquilidad, el examen es en 3 minutos.
—Por eso debes dejar de estudiar y relajarte —remarcó Olivia.
—Es un buen consejo —comentó Piolina.
Trinidad se estremeció por los comentarios y tiró las cosas dentro de su mochila en el suelo.
—Tienen razón, tienen razón, amigas, podría pensar en el viaje o en la grabación de la noche, pero no me puedo despegar de…
Sonó el timbre que marcaba la hora del recuperatorio. Trinidad no se fijó en lo que guardó o no guardó y salió corriendo al aula, dejando a sus amigas en el baño antes de que reaccionaran.
—¿De qué grabación estaba hablando?
Olivia, sin darse cuenta, agudizó como nunca su voz y respondió:
—Nada.
Trinidad a zancadas llegó al salón de su curso. Pudo oír tras la puerta, justo a tiempo, lo que decía la profesora.
—Bueno, como ustedes saben, los que deben rendir recuperatorio están en el aula 3, donde la profesora de matemáticas les repartirá los exámenes para los no aprobados y no perder tiempo con los últimos temas atrasados. Así que prepárense para una clase de 16 horas comprimida en 2.
Trinidad se alivió por no tener esa clase intensiva y luego recordó que no tenía tiempo. Giró, sus pasos resonaron al bajar por la escalera y llegó al aula correcta. Al acceder sintió un frío subir por su espalda, la habitación hacía que 9 personas parecieran una multitud de 90 y, sin espacio para sentarse al fondo, tuvo que tomar el asiento junto al termo caliente de agua que duplicó su sudor.
Trinidad vio su reloj, el cual marcaba que la clase llevaba 3 minutos iniciada, mas no había rastro de la profesora ni de papeles en las mesas de sus compañeros.
Trinidad pensó: “Esta es mi oportunidad” y sacó de su mochila el resumen y los textos para repasar. Ella recorrió cada línea dos veces lo más rápido que pudo y logró completar 2 lecturas a todo antes de volver a ver el tiempo. Ya habían pasado 15 minutos.
—Disculpen, disculpen la tardanza. —La profesora de matemáticas entró por la puerta frente a Trinidad con una sonrisa forzada—. Repartiré las hojas. Recuerden que tienen hasta el final de la hora. —El final de la hora llegaría en 42 minutos.
Trinidad guardó sus notas lo antes posible y recogió la hoja fingiendo sonreír. Pasó unos 3 minutos leyendo las 4 preguntas con atención y 2 minutos más se le fueron tratando de aclarar sus pensamientos y respirar. Lo primero que pudo responder fue su nombre, la fecha y la materia.
Luego se tomó 4 minutos para elegir la pregunta más fácil, la pregunta 3: “¿Cuál es la mal llamada región rebelde que a pesar de todo ha de haber…?”. A pesar de lo intimidante de la pregunta, Trinidad pudo mantener la calma y descifrarlo: “Ok, habla de una excepción. ¿Qué decía Olivia de las excepciones? Que había dos y listo. Entonces voy a responder… pero, ¿cómo espera que responda?”. Trinidad levantó su lapicera y comenzó a escribir. “Dado la información brindada en la materia y la gran extensión del océano…” Hizo una pausa para recordar que escribe con el brazo del lado del océano correcto. “…Pacífico, es Hawai el único territorio que conserva tanto su lengua como cultura a pesar de la unificación”.
Luego estuvo 5 minutos más pensando sobre la pregunta 1: “¿Cuál es la tierra del sur que a pesar de conservar sus lenguas nativas ha perdido su sentido cultural e idiomático? Justifica la respuesta”. Para Trinidad estaría la respuesta muy clara, pero justificar es aquello que siempre ha complicado la vida de los estudiantes. Comenzó a escribir: “Tierra del Fuego es el territorio que se resistió sin éxito a la unificación…”, pero estaba entre tres guerras que pudieron influir en ese resultado: una europea que no tiene nada que ver y otras dos que le hacían más sentido. Al final eligió su favorita: “…fue culpa de la invasión del 1577, cuando fueron arrasados por el imperio de ‘la gran América’ en su época expansionista”. Lo leyó de nuevo, no le convencía. Pero no contaba con el tiempo y prefirió contestar otra cosa.
Quedarían 32 minutos y dos preguntas, para ella debía ser capaz de llegar a la nota aprobatoria.
Se quedó 4 minutos más pasando su mirada de la 2 a la 4, a la 2, para quedarse en la 4. “Realice la mención de la correcta escritura de el nombre de 7 lenguas muertas alrededor del mundo”, porque conocía la lógica que le dio Olivia: “Si no puedes acordarte, toma el nombre de un país y anota su gentilicio, a no ser que sean los países de…”, y Trinidad no recordaba los ejemplos. Aun así comenzó a anotar. “Inglés”, “Francés”, las que se acuerda, “Española”, comienza a improvisar, “Italiano”, “China”, “Rusa” y “Mexicana”. Lo vio con dudas y pensó: “Anoté las que son base de la materia, no hay manera de no sumar un par de puntos con esto, además son lenguas muertas por algo”.
Así quedó frente a la última pregunta, la más complicada en su opinión: “Menciona el año preciso y los eventos que condujeron a la extinción de la llamada ‘diversidad lingüística’ y realizar una reflexión que busque hacerme llorar”. Entre los nervios y el calor, la cabeza de Trinidad cayó sobre el cuaderno, sufriendo por recordar solo una frase: “Nadie sabe cuándo”, pero también recordaba cómo “Nadie sabe cómo” y que, a su vez, a veces recordaba como “Nadie sabe por qué”. En su cabeza no había respuesta correcta y sintió el impulso solo de devolver la hoja y rezar por tener el mejor resultado posible. Sin embargo, y viendo a las primeras personas levantando, oyendo el tic tac de los últimos 10 minutos y sintiendo las gotas de sudor por no saber si podría llegar a la nota, contestó lo que su corazón le dictó, una respuesta sacada por lógica y a la vez con fe, pensando en su viaje próximo y en que, sea como sea, su libertad estaba por comenzar, sea permanente o fugaz.
La profesora de matemáticas, con 2 minutos de retraso, le cortó su respuesta justo en el lugar ideal para dejar el punto final.
—Guau, Trinidad, nunca te había visto sufrir así un examen. Ya tenés que entregar.
Trinidad, aún teniendo la cabeza humeante por las lenguas muertas, se levantó y entregó la hoja.
—Prefiero las matemáticas.
Así Trinidad, sin saber cuál sería su nota, salió del salón temblando con cada paso. Aún no recordaba la clase intensiva de la profesora de lenguas muertas a la que se dirigía, pero sería un último esfuerzo con la materia, solo un último esfuerzo.
Thoughts
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PermalinkTrinidad estudiando en el baño con el agua de naranja y los auriculares puestos, y las amigas diciéndole que se relaje a tres minutos del examen. A mí me han dicho relájate en el peor momento posible y me dieron ganas de tirarles la mochila. Y ella no suelta la hoja cuando no sabe: elige la más fácil, anota lo que sea, sigue. Que la nota venga como venga, parce, pero salió con las cuatro respondidas y eso ya cuenta.
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PermalinkAnotar Mexicana como lengua muerta y estar seguro de sumar puntos. Esa confianza la tuve yo un martes, con dinero de verdad.
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PermalinkLa pregunta 4 con la lista de siete lenguas muertas que termina en Mexicana me hizo pensar en los exámenes de historia en los que uno rellena con lo que sea y sale convencido. Apuesto a que a Trinidad le dan un punto por Española y ninguno por China. Y la grabación de la noche que Olivia esconde tiene pinta de ser el próximo capítulo.
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PermalinkMexicana. Lengua muerta.
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