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Así ella te cuenta el efecto mariposa

Tom
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Todos sabemos que la más mínima acción puede desencadenar enormes resultados. Esto es algo que Destini Mug Butterfly, una señora de rostro redondo y con forma de corazón sabe perfectamente, pues se…

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Todos sabemos que la más mínima acción puede desencadenar enormes resultados, pero los resultados negativos muchas veces no son reclamados. Esto es algo que Destini Mug Butterfly, una señora de rostro redondo y con forma de corazón debería saber perfectamente, y aún si entenderlo se lo cuenta a niñas, niños, ancianos y bomberos cuando sale de su pequeño apartamento a cantar en la calle por monedas. Ella cuenta que aquella noche en la que olvidó una cuchara sobre la mesa del comedor, fue la mayor desgracia de su vida.

Un ratón regordete exploraba, como cada noche, la antigua casa de Destiny buscando comida sobre la mesa. Ella siempre cuenta como supone que el pequeño ratón encontró la cuchara sabor con miel la lamió desesperadamente y al estar satisfecho, catapultó la cuchara sin darse cuenta.

Luego te dirá que: la cuchara había volado por el aire en la habitación, detallando siempre como el roce con el aire la mantenía en un giro constante que la asemejaba a un ventilador. Y que la causal puntería del ratón la llevó hasta la parte superior de la biblioteca del living.

Un librito del perro con botas, delgado y mal puesto, recibió el cucharazo y cayó del mueble. Destiny lo imagina deslizándose por el aire como una pluma elegante y delicada, pero con la fuerza necesaria para llegar hasta la alacena, dónde quedó bastante cómodo.

El frasco de la pimienta estaba lleno hasta el tope y fue el que recibió el golpe del libro esa noche, su tapa mal colocada voló por los aires, pero el frasco no quiso ceder. Se tambaleó como pudo, sin caer, momento que Destiny usa para dar mensajes motivacionales a los niños, ya que el frasco recuperó el equilibrio. Pero lenta y tímidamente perdió gran parte de su contenido que voló en el aire lentamente.

El ratón regordete estaba olfateando su camino, como dice Destiny, buscando más miel. Con la nariz arriba, la nube de pimienta le cayó en la cara, tapando tanto sus fosas nasales como sus pequeños ojos. Sin saber qué hacer, corrió desesperadamente por la casa y estornudando justo antes de chocar con todas sus fuerzas contra la puerta del cuarto baño de la casa, el momento que más dramatiza cómicamente a los niños.

Lo que no le suele mencionar a los niños es lo de la impresión de vidrio de un árbol que tenía colgando en la puerta, la pequeña decoración estaba floja y podría haberse caído mucho antes. Pero pareció esperar a que el gordito ratón estuviera abajo para caer justo sobre su pequeño cuerpo cuerpo, cosa que los niños no saben.

Destiny ese día se levantó a las 4 de la mañana con una sonrisa anormal para tener una jornada que iba de 6 de la mañana a 6 de la tarde. era el día más importante de todos, era la conferencia anual de renovación de la mermelada. Se trataba de un día importante, aquel donde renuevan los planes para vender mermelada de coco y sandía en su antigua empresa. Destiny desayuno una tostada con dicha mermelada y un café cargado, preparó bolsas de papel con dinero para cada miembro de la familia que ella tanto amaba y antes de salir, fue al baño. Ella fue entonces la que sintió el olor, la que vio la sangre y la que, a pesar del café, se desplomó de espaldas dramáticamente. Rompiendo así la regla más importante de la empresa “no faltes y menos a la conferencia anual de renovación”.

Destiny nunca mencionaba lo de su familia, pero yo lo diré sin problemas. A las 10 de la mañana su marido se levantó, más temprano que de costumbre. Dueño del primer baño y muy inmerso en sus ideas para notar el ratón muerto y la mujer desmayada. Tomó su dinero y salió al café de Tito, dónde escribirá por fin su best seller… algún día.

A las 12 de la mañana los hijos de la casa, que eran bastante adultos, se levantaron. Usaban el tercer y segundo baño y gritaron lo suficiente para tapar el olor, pero no para despertar a su madre. Tomaron su dinero y salieron para perseguir sus sueños por enésima vez de ser un dueto musical popular en la taberna de la princesa, dónde siempre eran rechazados.

Destiny era siempre la primera en volver a casa luego del trabajo, nadie más pasaba la casa en todo el día, salvó los domingos, dónde ella aprovecha a hacer las tareas del hogar. Nadie la despertó hasta la 7 de la tarde.

—Ho Destiny, fallas a la empresa ¿Y me pides que te perdone? Que egoísta, despedirte es poco, no quiero ni puedo volver a verte. —dijo su jefa tapándose los ojos dramáticamente con lágrimas que Destiny suele mencionar como de cocodrilo.

—Llame a tu anterior trabajo y dijeron que sos una perdedora desleal, no vas a trabajar aquí nunca. —Decían en cada entrevista.

—Lo nuestro ya no sirve, ya no tenemos futuro juntos, lo siento pero debemos terminar —su marido solo tardó una semana para firmar el divorcio, y encontrar otra que le cumpla su función y se quedó con la casa además. Pero Destiny siempre cuenta que la casa se la embargaron, un poco porque aún no procesa lo de su marido, pero también por los niños que aman su narración en la callé.

—Queremos a papá, no vamos a ir con una madre fracasada. —Bueno, sus hijos no lo dijeron directamente, pero así lo sintieron cada uno de los involucrados. Destiny nunca le ha dicho a nadie que estaba casada y con hijos cuando trabajaba en la empresa de mermelada, no puede.

Así fue que, Destiny paso de clase alta a clase baja, de tener una familia, a nunca haberla tenido y siendo forzada a intentar retomar un pequeño sueño de la infancia en la calle coco, todo culpa de una cuchara y un ratón regordete o por lo menos así lo cuenta.