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Nunca lo comprendi

Tom
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Frijol Enta Ego de piel pálida, lentes y cuello largo miraba en la cabaña dónde creció, sola, sin nadie que la escuché tocar en kilómetros.

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Contenido de la publicación

Frijol Enta Ego de piel pálida, lentes y cuello largo miraba en la cabaña dónde creció, sola, sin nadie que la escuché tocar en kilómetros.

Tuvo un abuelo una vez, lo último que le dijo fue que algún día alguien peligrosa la iría a buscar, su hermana.

—Vendra sola —Dijo— vendrá sola, tocará la puerta, buscará engañarte, no puedes enfrentarla, si la oyes no la dejes entrar. —El anciano nunca reveló más, salió a buscar leña esa misma mañana para no volver y con todas las adversidades que las montañas presentaban, ella en un momento dejo de esperar.

La vida para ella siguió con relativa normalidad, pero en un silencio infinito, ya no sabía de qué se trataba vivir o estar zana en la cabaña. Solo permanece por el miedo y por falta de interés.

Fue una noche fría en la que ella tocaba la guitarra frente a la chimenea como cada día que el silencio finalmente se rompió con un toque en la puerta. Un golpe débil, pero estimulante.

Frijol se levantó y corrió a la puerta por instinto, pero se detuvo al recordar la advertencia de su abuelo. Era él, o era ella, sin nombre y peligrosa. Frijol estaba temblando más que por miedo.

—¡Abranos! —La voz era femenina— Estoy con niños, necesitamos entrar.

—Es un engaño —Se dijo convencida —No puedes engañarme, ya esperaba tu llegada.

—¡¡No es un engaño!! —La voz se oía entrecortada y débil —¡¡Hay niños con frío y hambre aquí!! ¡¡Déjanos entrar!!

Frijol mantuvo el silencio para no conversar con la mujer, hasta que se oyeron otras voces.

—¿No vamos a entrar? —Eran voces agudas.

—Necesito sentarme.

Frijol se sintió tonta, como si no hubiera necesidad de desconfiar. Pero nunca había dudado de la palabra de su abuelo.

—¡No se si pasaremos la noche! ¡Por favor dejamos entrar!

Emociones nuevas la envolvieron y la hicieron golpearse la cabeza hasta que simplemente decidió ceder. Después de todo, su abuelo dijo que “ella” vendria sola. Así que contesto la puerta.

Era una mujer cubierta de pies a cabeza de un gran abrigo cubierto de nieve y barro y una bufanda que ocultaba su cara, con una mirada fija, perdida y agotada, detrás de ella unos 12 niños y niñas abrigados y temblando.

—Gracias a dios, por favor déjanos pasar.

Frijol mantuvo el silencio mientras la mujer permitió que los niños entren primero. La desconocida entró al final, cerró la puerta y se sacó el abrigo para agradecerle a Frijol.

—Muchas gracias, soy Minerva Hunda ¿Podemos quedarnos toda la noche? No hay señal y estoy perdida, estos niños son mi responsabilidad.

—Si… entiendo… —Se limitó Frijol a decir, mirando a los niños que se acomodaban amontonados junto al fuego —Soy Frijol. Van a necesitar algo para taparse.

Minerva se mantuvo junto a los niños mientras la palida se enfocaba en buscar la bolsa de sábanas en la habitación. Frijol se les hacerco un rato después con la bolsa.

—Pieles de lobo secas, servirán.

Los niños se largaron a llorar por escuchar eso, y Minerva puso entender mejor cómo vivía Frijol.

—No pasa nada niños, así se abrigaban los cavernícolas. Está noche dormiremos como cavernícolas.

Muchos niños se rieron por la idea y la forma de hablar, otros se emocionaron al pensar en la idea de dormir como un cavernícola. Minerva logró repartir entonces las pieles de lobo y todos se recostaron. Frijol se maravillo un poco, y cuando todos estaban acostados y dormidos le dieron las gracias a Frijol y Minerva se sentó a verlos dormir.

—¿Son tus… nietos?

Minerva se rió por el comentario extraño, un poco ofendida, pero receptiva.

—Claro que no, son mis alumnos, estábamos de excursión y nos desviamos… jeje, no creo que me permitan hacer otra excursión.

—¿Por qué no?

—Porque… nos perdimos, cuando vuelva no me van a tener confianza. Que bueno que tú música nos guío hasta la cabaña, aunque parecidas desconfiada.

—Es de mi abuelo… la cabaña de mi abuelo.

—A… ¿y dónde está tu abuelo?

—Debe estar muerto. —Las palabras le dieron un frío extraño en la espalda.

—Hace dos semanas… encontraron un hombre muerto entre la nieve ¿Crees que sea ese? …lo siento, debí ser más sensible.

—No se… supongo. Aunque es lo que es.

—¿Cual era su nombre?

—No sé… Ya no lo sé.

—¿Cuánto tiempo vivieron aquí?

Frijol se encogió de hombros, no sabía que contestar a eso. Minerva la veía con pena y preguntó.

—¿Cuántas veces bajas de aquí?

—Nunca.

—¿Te gusta?

—Ya no sé…

—¿Te quieres ir?

Frijol se volvió a encoger de hombros, se le enrojecieron las mejillas.

—Si quieres —Ofrecio Minerva— podemos bajar juntas en la mañana, puedo ayudarte a conocer gente y… quizá un trabajo, no tienes que estar sola aquí para siempre.

Esa propuesta solo la puso más nerviosa, ella no sabía qué responder a todas esas posibilidades. Frijol se levantó y se retiró a su cuarto a dormir.

—¡Si quieres ir con nosotros en la mañana, eres bienvenida! —Termino por decir Minerva a oídos sordos de Frijol.

Por la mañana la profesora no había dormido en toda la noche, no termino de confiar en la ermitaña, no era un lugar seguro para dejar durmiendo sin supervisión a un grupo de niños. Entonces sintió la guitarra nuevamente, está vez con un tono más relajante, Minerva se levantó a seguir la música hacia la puerta de salida mientras los niños comenzaban a despertar uno por uno, salieron y encontraron a Frijol tocando tranquila.

—Buenos días Frijol.

—Buenos días Ab… Minerva, niños.

—Es muy bonita señora.

—Y toca muy bien.

Los niños la elogiaron y se le hacer aron sin miedo.

—Creo que los voy a acompañar.

—¿Enserio? —Dijo la maestra bostezando— Entonces ya salgamos.

Frijol miro el sol sobre las montañas y sonrió recordando los primeros días en la cabaña.

—Siempre quise vivir otra aventura.

Thoughts

  • Ovid

    La advertencia del abuelo, que la hermana vendria sola, y que Frijol abra justo porque oye a los niños, es lo que mas me gusto de todo. Apuesto a que Minerva no era la hermana y que la hermana sigue por ahi en las montañas. Gracias por compartirlo! ¿Vas a publicar la segunda parte de lo de la hermana?

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  • curioso31

    Apuesto a que la hermana sí golpeó esa noche, solo que no venía sola. Y lo del abuelo que sale por leña y no vuelve me quedó dando vueltas.

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