“Soy una asesina… no soy una asesina… si soy” se repetía Victoria PELIGRO cuando se encontraba manejando a toda velocidad por la ruta un domingo. Mantenía el número exacto entre la buena velocidad y el exceso de velocidad; la música triste en su radio sonaba al límite de volumen, tanto que que ya se oía un poco de estática en los sonidos más agudos; pero incluso cantando ella a todo pulmón, las voces sonaban por encima de todo lo demás.
En un instante que se estiró como un chicle, Victoria vio por al costado de la calle a una mujer de pelo plateado, con una escoba partida a la mitad y con ropa anticuada, la mujer caminaba despacio y sola, como ensimismada. Ese fue el momento en que una voz desafiante en su cabeza dijo “...una asesina dejaría a otra persona caminar sola en una ruta con locos como ella, soy una asesina” y ese fue el momento en que Victoria soltó el acelerador y empujó el freno con tanto ahínco que se oyó el chirrido de las llantas en el pavimento por encima de aquellas voces por un segundo. Victoria bajo la música, se echó un poco de perfume y ajustó sus lentes de sol antes de golpear su bocina con insistencia, la del cabello largo y plateado se acercó a mirar con una mirada casi inexpresiva.
¿Te llevo? —Le ofreció con una sonrisa convincente.
La mujer de pelo plateado se acercó despacio y se sentó junto a Victoria sin cerrar la puerta del auto.
—Mucho gusto, soy Victoria PELIGRO, peligro todo en mayúsculas.
—Soy Victína Eclipse Ñoce —Respondió la mujer anticuada, mirando a Victoria fijamente.
—Si… es… —Victoria pensaba en insultar, pero las voces dijeron “los asesinos al matar odian, los insultos vienen del odio, si insulto puedo matar” —...no cerraste la puerta.
Victína reaccionó nerviosa, con un movimiento rápido busco jalar la puerta para cerrarla y luego volteo a ver a Victoria con una sonrisa grande que la señorita PELIGRO sintió forzada.
—Bien, voy a arrancar ¿En dónde tenés que bajarte Victí?
—Voy al oeste, tengo que encontrarme con alguien. —la mujer apoyó el mentón en la guantera del auto.
—¿Pero dónde me detengo amiga?
—En… el mar.
Victoria no quería desviarse tanto de su vida cotidiana, pero se dijo a sí misma “¿una asesina la abandonaría al saber eso…?” así que Victoria prendió el auto y salieron de viaje. La peli plateada se golpeó el mentón al arrancar y se apollo nerviosa en el respaldo del asiento.
—¿Vas a ver a alguien? —Interrogó Victoria.
—Si, supuestamente un amigo… pero no quiero.
—¿Supuestamente? Eso es raro… vas a contarme quien es exactamente.
—Es… un secreto… no estoy segura si lo puedo decirlo.
Victoria tembló ligeramente mientras su imaginación empezaba a darle ideas que le aterraba, pero para ella era claro que al abandonarla aunque sea por su propia seguridad, sería un acto de asesina.
—Vamos —Victoria sonrió a Victína, separando sus ojos del camino y ocultando su cruce de dedos—. Podés decirmelo, soy confiable y nunca cuento los secretos.
—Bueno… Puedo afirmar que es un compañero de trabajo, no lo conozco, pero estaremos mucho tiempo juntos.
Antes de otra pregunta, las voces de la no asesina la detuvieron “una asesina se mete en la vida privada de la gente, con esa información obtienen la rutina y con la rutina la clave para matarlos sin testigos. No soy una asesina” y se quedó callada. Por más que Victína la mirase fijamente, esperando otra pregunta, Victoria no se metería con la vida ajena.
—¿Ibas a otro lado? Podés dejarme antes de llegar si es muy lejos. —rompió el hielo la peli plateada.
—No no, estoy en… en vacaciones, algo así, se supone que no tengo que trabajar en un tiempo largo.
—¿Por qué? ¿Cuál era tu trabajo?
—Era electricista… pero tuve muchos trabajos antes, que no pude mantener por culpa de mis malditos jefes. Mi actual jefe dice que como estoy atravesando un, y citó, “un choque emocional severo” era mejor que no vaya a trabajar. Ridiculeces… —“pero los asesinos también creen que las emociones son ridiculeces, por eso no piensan en las emociones de los muertos, no soy una asesina”— …corrijo, ridiculeces seria que no les importara.
La de pelo gris vio a Victoria directamente mientras ella se esforzaba en no sacar la vista de la ruta, porque “a una asesina no le importaría chocar” y la mirada constante de Victína la estremecía.
Pasado un rato en silencio, doblaron en la rotonda y al encaminarse al oeste, Victoria vio un hombre en la carretera, con un sombrero amarillo grande, mochila y un frasco en la mano; Victoria ya tenía una conclusión previa sobre que hacer con las personas que caminan solas en la ruta. Freno sobre el pasto y frente al hombre que desviaba su mano derecha a su cinturón, juntando las piernas. Victína al mirar la situación levantó una ceja, y Victoria bajó del auto centrada en no ser una asesina.
—¡Hola amigo! —grito con los brazos abiertos— Soy Victoria PELIGRO, peligro con mayúsculas, y veo que estás… viajando sin vehículo. ¿Necesitas que te lleve?
Victína, al deducir cómo abrir una puerta, también bajó y se acercó al hombre sin ninguna vergüenza.
—Bueno… Me llamo Distract Novato —explicó el hombre del sombrero— la verdad estoy siguiendo una dirección… incierta, no quiero ser molestia.
—Osea que… ¿Tenés la dirección sin saber qué dirección debes seguir?
—No, no… se para donde voy, pero no se hasta donde voy. —Ahora lo único en lo que Victoria podía pensar era en hongos alucinógenos.
Victína agarró el brazo izquierdo del hombre y trató, con curiosidad, sacarle el frasco de la mano, pero este parecía pegado.
—Magia… el destino puede romperse. —Dijo la anticuada.
—¿A qué te refieres? —Dijo el hombre. —la mujer lo miró a los ojos y luego al cielo con esperanza.
—Mi padre siempre dijo que este mundo estaba sometido por un destino cruel, me reveló que mi destino era uno… pero en mi pueblo, entre mi gente se hablaba de un objeto mágico de leyenda, el cilindro de vidrio. La leyenda va así “El cilindro de vidrio puede guiar, o no, a un posible hombre curioso hasta la imposiblemente posible puerta más importante de todas, una puerta que puede romper el destino tajantemente y permanentemente” no es una profecía, siempre se dijo que era más una sugerencia; y nadie creía que pudiera ser cierta por el novato uso de gerundios. Pero, ahora puede ser real… debo comprobarlo ¿A dónde te lleva?
—Tiene un palito —Distract mostró la cola del frasco, tenía un líquido dorado en el fondo y una línea marcada —tiene un palito que siempre apunta al sureste, como una brújula, ¿Que podría estar apuntando?
—No se que es una brújula, pero apunta al lugar donde ahora quiero ir —Insistió Victína, mirando a los ojos de Distract mientras le apretaba las manos.
Victoria se quedó petrificada en su posición, inmersa en sus pensamientos, para ella era ridículo e incoherente, pero también pensaba “¿Una asesina se rodea de locos? …No, porque los locos no solo son más difíciles de matar, sino que llaman la atención y al llamar la atención, los demás se dan cuenta de con quién están. Un asesino se delata al andar con locos, no soy una asesina.”
—Entonces Victína —la señorita PELIGRO de aclaro la voz y mantuvo una sonrisa confiada— ¿Sureste? ¿No importa ese compañero de trabajo? te llevo, tengo tiempo.
Victoria subió al frente del auto mientras Victína al copiloto y Distract atrás.
—No cumpliré ese destino Victoria, me niego. Vamos al sureste.
Victoria pasó el brazo sobre Victína para cerrar su puerta y entonces arrancó el auto a 150 para dar vuelta en U lo más rápido posible.
—Esa maniobra es ilegal, ten más cuidado loca —Le reclamó Distract, pero Victoria no le hizo caso, aceleró y subió su música de nuevo, impidiendo la conversación.
Y la voces de su cabeza se lo dejaron claro “ellos están locos, si no los sigo en su locura van a terminar matando a alguien sin querer, prevenirlo es de no asesina. Además, si ellos están locos, significa que no estoy loca y si no estoy loca, no soy una asesina.”