A mí la palabra «inevitable» me hace ruido. Cada vuelta del ciclo tiene una decisión con nombre: Bobby que se pone a vender, Helen que termina hablando con la policía, los dos que se esperan a la salida. Tomadas en una mala noche, con poca plata y sin nadie más, pero tomadas. Apuesto a que la película pega tan fuerte porque no los deja ser víctimas de una fuerza, y ahí tu lectura les da un perdón que ellos no piden.
The Panic in Needle Park (Pánico en Needle Park) — Cuando el amor tampoco alcanza
Pensamiento
A mí la palabra «inevitable» me hace ruido. Cada vuelta del ciclo tiene una decisión con nombre: Bobby que se pone a vender, Helen que termina hablando con la policía, los dos que se esperan a la salida. Tomadas en una mala noche, con poca plata y sin nad
Contenido de la publicación
The Panic in Needle Park es una película que no se propone explicar la adicción ni convertirla en espectáculo. No subraya, no educa, no redime. Mira. Y en ese gesto hay algo profundamente incómodo: la historia no parece avanzar hacia ningún lado, simplemente se hunde.
Helen y Bobby son una pareja joven atravesada por la heroína. Pero me gusta que la película no utilice la droga como una explicación sencilla para todo lo que les pasa. Entre ellos existe amor, dependencia, celos, traiciones, necesidad y una incapacidad enorme para separarse. La adicción y la relación empiezan a mezclarse hasta que resulta difícil saber dónde termina una y empieza la otra.
Y creo que ahí está una de las cosas más duras de la película: Ellos se quieren.
El problema es que quererse no necesariamente significa hacerse bien.
Al Pacino interpreta a Bobby con una energía muy distinta a la que después asociaríamos con él. No está el Pacino explosivo, el de los grandes discursos. Bobby es encantador, impulsivo, mentiroso, cariñoso y autodestructivo casi al mismo tiempo. Puede hacerte creer durante unos minutos que todo va a estar bien y, poco después, volver a arrastrar la relación exactamente al mismo lugar.
Al principio incluso existe algo engañosamente romántico entre Bobby y Helen. Hay momentos tiernos, situaciones graciosas, una sensación de dos jóvenes refugiándose juntos del resto del mundo. Y eso es importante porque la película necesita que entendamos por qué Helen se queda.
No sería tan doloroso si todo fuera horrible desde el comienzo.
El problema es que lentamente la heroína empieza a ocupar cada espacio. Ya no se trata de consumir para sentirse bien, sino de consumir para poder seguir funcionando. Conseguir dinero, buscar droga, inyectarse, recuperarse y volver a empezar. Los días empiezan a organizarse alrededor de una única necesidad.
Y la película adopta prácticamente esa misma estructura. No hay una gran caída. Hay repetición.
No hay un momento exacto en el que podamos señalar y decir “acá se destruyó todo”. Hay un desgaste lento, cotidiano, casi inevitable. Cada mentira parece un poco peor que la anterior. Cada reconciliación dura menos. Cada promesa tiene menos peso.
Una de las decisiones más interesantes es cómo se va corriendo el punto de vista. Al principio Bobby parece ocupar el centro, especialmente por el magnetismo de Pacino. Pero con el correr de la historia, para mí queda bastante claro que Helen termina cargando con el verdadero peso de la película.
Es ella quien va atravesando las consecuencias más duras de la adicción y también de la relación. Y la película no dramatiza demasiado su sufrimiento. No necesita convertir cada recaída en una gran escena. Muchas veces simplemente la observa con una frialdad seca, casi clínica.
Eso vuelve todo bastante más incómodo.
Porque The Panic in Needle Park tampoco parece interesada en juzgarlos. No hay bajada de línea ni intención de darle una lección al espectador. No busca decirnos qué deberíamos pensar sobre ellos. Nos mete dentro de ese ambiente y nos obliga a convivir durante un rato con personas cuya vida se fue reduciendo progresivamente a conseguir la próxima dosis.
Y Nueva York es fundamental.
No es la ciudad romántica ni luminosa que tantas veces vemos en el cine. Es una Nueva York sucia, deteriorada, atravesada por la adicción y la corrupción de la época. Needle Park funciona casi como un pequeño ecosistema: todos conocen a alguien, todos necesitan algo y casi todos parecen estar esperando la próxima oportunidad para conseguir droga.
El contexto no explica a los personajes, pero los condiciona constantemente.
También me interesa mucho cómo la película trabaja la relación entre amor y dependencia. Sería fácil decir que Bobby y Helen funcionan simplemente como una metáfora de una relación tóxica, pero creo que eso achicaría bastante lo que está haciendo la película.
No es “la heroína representa su amor” ni “su amor funciona como una droga”. Es más incómodo que eso. Son dos dependencias coexistiendo.
Helen necesita a Bobby y necesita la heroína. Bobby necesita a Helen y necesita la heroína. Y cada vez que alguno parece tener una oportunidad de alejarse, algo vuelve a arrastrarlo hacia ese pequeño mundo que construyeron juntos.
Por eso las traiciones tampoco rompen definitivamente la relación. En otra película, ciertas cosas que ocurren entre ellos serían el punto final. Acá son simplemente otro episodio dentro del ciclo.
Se lastiman.
Se necesitan.
Se perdonan.
Vuelven.
Y empieza otra vez.
Hasta el amor empieza a confundirse con la costumbre de regresar.
Por eso el final me parece tan bueno. Podría parecer predecible porque, después de todo lo que vimos, sabemos que difícilmente esta historia termine con una gran redención. Pero justamente ahí está el punto.
Después de todo, Bobby sale y Helen está ahí. Podríamos imaginar que ahora las cosas van a cambiar, pero ya vimos demasiado.
No hace falta que la película nos muestre otra recaída, otra mentira o la próxima dosis. Entendemos el mecanismo.
Van a volver a caminar juntos.
Y eso es devastador porque no se siente como un final romántico ni completamente trágico. Se siente como repetición. Como si la película pudiera empezar nuevamente desde ese mismo momento.
The Panic in Needle Park deja una sensación persistente de vacío. No tanto por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. La idea de que ciertas relaciones no terminan de golpe: Se gastan, se consumen, se vuelven cada vez más pequeñas hasta que prácticamente no queda nada fuera de ellas.
Como la heroína que ambos consumen.
Y quizás eso sea lo más triste de Bobby y Helen: no que no exista amor entre ellos, sino descubrir que hay veces en las que amar a alguien no alcanza para salvarlo y tampoco alcanza para salvarte a vos mismo.
Thoughts
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PermalinkY bueno, parejas así había en todos los barrios. Se separaban el lunes y el viernes estaban otra vez juntos en la vereda.
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PermalinkLeo el final menos devastador que tú: Helen lo espera a la salida después de haberlo entregado, y me suena a la única promesa que alguno de los dos cumple en toda la película.
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PermalinkQue no los juzgue a ellos no quita que juzgue la heroína, y la juzga, con esa frialdad que describís. Es la vieja fórmula de san Agustín, amor a las personas y odio al vicio. Pocas películas la sostienen casi dos horas.
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Permalink«Tóxica» es palabra de ahora. En los ochenta, en las cocinas del barrio, a eso le decíamos un amor que te chupa, y la discusión era la misma: si la culpa era de él, de la droga o de ella por quedarse. Ta, lo que cambió fue el vocabulario. Por eso me convence que la película no elija metáfora, en 1971 nadie tenía todavía la palabra para achicarlo y de repente eso la salvó.
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PermalinkKitty Winn ganó el premio a mejor actriz en Cannes en 1971 por Helen, y hoy casi nadie se acuerda de ella, mientras Pacino salió de ahí directo a El Padrino. Me hace pensar en lo que dices del peso que carga ella en la película: fuera de la pantalla le tocó algo parecido. ¿Tienes más textos sobre el Pacino de los setenta?
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PermalinkA mí la palabra «inevitable» me hace ruido. Cada vuelta del ciclo tiene una decisión con nombre: Bobby que se pone a vender, Helen que termina hablando con la policía, los dos que se esperan a la salida. Tomadas en una mala noche, con poca plata y sin nadie más, pero tomadas. Apuesto a que la película pega tan fuerte porque no los deja ser víctimas de una fuerza, y ahí tu lectura les da un perdón que ellos no piden.
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