2014 · Dir.: Rupert Wyatt · Mark Wahlberg, John Goodman, Brie Larson · 6/10
The Gambler me interesa porque no es realmente una película sobre alguien que quiere ganar dinero apostando. Jim Bennett, interpretado por Mark Wahlberg, tiene trabajo, cierta estabilidad, una familia con recursos y suficientes oportunidades para detenerse antes de destruirlo todo. Sin embargo, cada vez que encuentra una salida vuelve a ponerse en riesgo. Y ahí la película empieza a volverse mucho más interesante: el juego deja de funcionar como una búsqueda de riqueza y empieza a parecerse a una forma de autodestrucción.
Jim no apuesta porque crea que la próxima mano va a resolver su vida. En muchos momentos parece hacer exactamente lo contrario: pone dinero en juego sabiendo perfectamente que puede perderlo, contrae nuevas deudas cuando ya está comprometido con personas peligrosas y rechaza soluciones que podrían terminar con el problema inmediatamente. Hay algo casi provocador en su comportamiento, como si necesitara comprobar constantemente cuánto puede acercarse al límite sin terminar destruido. El verdadero riesgo no es perder plata. El verdadero riesgo es descubrir hasta dónde puede llevar esa necesidad de sentirse completamente libre, incluso de las consecuencias de sus propias decisiones.
Y creo que Mark Wahlberg funciona muy bien justamente porque Jim no es un protagonista diseñado para caer simpático. Es inteligente, arrogante, autodestructivo y muchas veces tremendamente difícil de comprender. Da clases de literatura, habla como alguien que piensa haber entendido perfectamente cómo funciona el mundo y, sin embargo, parece incapaz de aplicar esa misma inteligencia a su propia vida. Esa contradicción es bastante interesante: puede analizar la frustración, el talento y el fracaso en otras personas, pero cuando se trata de sí mismo necesita seguir empujando hasta que no quede prácticamente nada que pueda perder.
También me gusta mucho cómo la película relaciona el juego con la idea de identidad. Jim parece despreciar cualquier vida que considere mediocre. No le alcanza con estar bien. Necesita sentir que está jugando por todo. Y eso transforma cada apuesta en una declaración personal: si va a existir, quiere hacerlo sin medias tintas. El problema es que esa filosofía, llevada al extremo, empieza a confundirse con una incapacidad para aceptar cualquier forma de estabilidad. Para Jim, vivir tranquilo parece casi tan aterrador como perderlo todo.
Ahí aparece John Goodman, que tiene algunas de las mejores escenas de la película. Su personaje representa exactamente la idea contraria. No piensa la libertad como la posibilidad de arriesgarlo todo, sino como la capacidad de construir una posición donde nadie pueda obligarte a hacer algo. Su discurso sobre tener suficiente dinero para vivir sin depender de nadie funciona como una especie de filosofía opuesta a la de Jim. Uno cree que la libertad consiste en poder tirarlo todo por la borda; el otro entiende que quizás la verdadera libertad sea no necesitar hacerlo.
Ese choque me parece de lo mejor de The Gambler porque plantea una pregunta bastante simple: ¿Somos más libres cuando podemos arriesgarlo todo o cuando conseguimos no necesitar arriesgar nada?
Jim parece convencido de que cualquier forma de seguridad es una prisión. Por eso rompe constantemente las salidas que otros le ofrecen. Si acepta ayuda demasiado pronto, deja de tener una excusa para seguir jugando. Y cuanto más se acerca a quedarse sin nada, más parece convencido de que finalmente está llegando a algún tipo de verdad sobre sí mismo.
Brie Larson, como Amy, también funciona dentro de esa lógica porque representa una posibilidad de vida diferente. No es únicamente una relación romántica, sino una de las pocas personas frente a las que Jim podría dejar de actuar como alguien permanentemente dispuesto a destruirse. Pero incluso ahí la película evita convertir el amor en una solución mágica. Amy puede ofrecerle otra perspectiva, pero no puede elegir por él. Y eso es importante, porque la verdadera lucha de Jim nunca fue contra los casinos, los prestamistas o las deudas. Siempre fue contra su necesidad de colocarse nuevamente frente al precipicio.
Me gusta también que Rupert Wyatt filme muchas de las apuestas con una tensión bastante seca. No intenta convertir cada mesa de juego en un gran espectáculo lleno de glamour. Hay algo incómodo en ver cómo Jim toma decisiones que sabemos que probablemente lo perjudicarán. Cada nueva apuesta parece tener menos relación con el dinero y más con la necesidad de comprobar que todavía puede elegir perderlo.
Por eso el final funciona. La verdadera victoria de Jim no consiste solamente en resolver una deuda o conseguir una buena jugada. Consiste en llegar finalmente a un punto donde existe la posibilidad de dejar de necesitar esa sensación. Después de pasar prácticamente toda la película corriendo hacia el desastre, aparece por primera vez la posibilidad de correr hacia otra cosa.
The Gambler tiene altibajos y algunas ideas podrían haberse desarrollado todavía más, pero me gusta mucho lo que intenta hacer con su protagonista. No construye una historia sencilla sobre la ludopatía ni una fantasía sobre alguien que termina convirtiéndose en un gran apostador. Construye a un hombre que utiliza el juego como una manera de enfrentarse a sí mismo y que parece necesitar destruir todas las seguridades de su vida para descubrir qué queda cuando finalmente no tiene nada detrás de lo cual esconderse.
Porque Jim no apuesta para ganar. Apuesta para acercarse al punto donde perderlo todo pueda obligarlo, por fin, a decidir qué quiere hacer con aquello que todavía le queda.