Saltar al contenido
Cargando…

The Prestige — El truco funciona porque necesitamos que nos engañen.

rodrigosegade1000
Pública 0 conversaciones 1 pensamiento 14 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

The Prestige es probablemente una de las películas donde Christopher Nolan explica mejor su propia relación con el cine sin hablar directamente de cine. Porque toda la película está construida…

En series

In groups

Contenido de la publicación

The Prestige es probablemente una de las películas donde Christopher Nolan explica mejor su propia relación con el cine sin hablar directamente de cine. Porque toda la película está construida alrededor de un truco de magia, pero el verdadero truco no es el que hacen Borden o Angier arriba del escenario.

El verdadero truco es el que Nolan nos hace a nosotros durante dos horas, nos muestra prácticamente todo, nos explica cómo funciona, nos avisa desde el comienzo que estamos siendo engañados y aun así consigue que miremos exactamente hacia donde él quiere.

Michael Caine lo explica desde el principio: Todo truco tiene tres actos.

La promesa, donde nos muestran algo común; el giro, donde aquello común hace algo extraordinario; y el prestigio, donde aquello que desapareció tiene que volver. Parece simplemente una explicación sobre magia, pero en realidad Nolan nos está entregando la estructura de su propia película. Y lo increíble es que saberlo no arruina nada. Porque The Prestige entiende algo fundamental sobre los espectadores: nosotros no queremos descubrir el truco demasiado rápido. Queremos que nos engañen bien.

Borden y Angier empiezan compartiendo una profesión y terminan convirtiendo esa profesión en una guerra. Lo que inicialmente nace de una tragedia va creciendo hasta que ya resulta difícil recordar cuál era el motivo original. Dejan de intentar ser grandes magos y empiezan a intentar ser mejores que el otro. Y ahí está lo más interesante de la película: la obsesión nunca se queda quieta. Al principio uno quiere superar a alguien. Después necesita demostrar que puede hacerlo. Finalmente ya no importa aquello que se consiga; importa que el otro no pueda conseguirlo.

Christian Bale y Hugh Jackman funcionan perfecto porque representan dos maneras completamente distintas de entender el espectáculo. Borden está obsesionado con el truco. Con la técnica. Con encontrar una idea tan perfecta que nadie pueda comprender cómo funciona. Angier está obsesionado con el público. Quiere la reacción. Quiere escuchar el aplauso. Quiere ser el hombre que aparece en el centro del escenario cuando todos se levantan de sus butacas.

Y esa diferencia parece pequeña, pero define prácticamente todo. Borden está dispuesto a sacrificar su vida por el truco y Angier está dispuesto a sacrificar vidas por el aplauso.

Ninguno sale demasiado bien parado.

Hay una idea de la película que me gusta muchísimo: Para hacer algo verdaderamente extraordinario no alcanza con querer ser extraordinario durante las dos horas en las que alguien nos está mirando. Hay que estar dispuesto a vivir dentro del truco incluso cuando nadie está mirando. Borden entiende eso de una manera brutal.

El secreto del Transported Man no es una gran máquina ni una solución tecnológica imposible. Es un sacrificio tan absoluto que nadie consigue imaginarlo porque nadie cree que una persona estaría dispuesta a llevarlo tan lejos.

Y ahí Nolan juega muy bien con nuestra propia lógica. Buscamos una explicación complicada porque asumimos que la respuesta sencilla sería demasiado costosa. Michael Caine prácticamente se la explica a Angier con el doble del anciano chino: el verdadero truco no ocurre solamente arriba del escenario. El hombre interpreta su personaje durante toda su vida. Su sacrificio empieza mucho antes de que se abra el telón.

Borden hace exactamente eso. El truco funciona porque su vida entera se convirtió en el truco.

Y entonces aparece Tesla y la película cruza una frontera extrañísima. Hasta ese momento estábamos mirando una historia de magos, mecanismos, dobles, trampillas y técnicas. De repente existe una máquina que efectivamente consigue aquello que los demás solamente pueden simular.

Y lo genial es que eso tampoco resuelve el problema de Angier. Porque conseguir magia real no elimina su obsesión.

La empeora.

Podría detenerse. Podría aceptar que consiguió aquello que parecía imposible. Pero ya no está buscando hacer el mejor truco. Está buscando derrotar a Borden. Y cuando la necesidad de superar al otro se vuelve más importante que aquello que originalmente amábamos, ya estamos bastante lejos del lugar donde empezamos.

Eso también hace que la película sea mucho más oscura en una segunda mirada. La primera vez queremos descubrir quién engaña a quién. Queremos saber cómo funciona el truco. En una revisión, el misterio cambia. Ya sabemos la respuesta y entonces empezamos a mirar otra cosa: cuánto estaba dispuesto a perder cada personaje para mantenerla.

Y ahí aparece quizás la verdadera pregunta de The Prestige: ¿cuánto vale ser el mejor si para conseguirlo tenemos que destruir todo aquello que iba a disfrutar del éxito con nosotros?

Los dos pierden prácticamente todo. Relaciones, familia, identidad y la posibilidad de vivir normalmente.

Y lo peor es que ninguno sabe detenerse porque detenerse significaría aceptar que el sacrificio anterior quizás no valió la pena. Entonces cada nuevo sacrificio necesita justificar al anterior. Es una lógica perfecta de obsesión: cuanto más perdemos por algo, más necesitamos convencernos de que aquello vale absolutamente todo.

La película también me gusta porque nunca trata al público como una víctima inocente del engaño. Nosotros somos parte del mecanismo. El mago necesita que queramos creer. Necesita que miremos una mano mientras la otra hace el trabajo. Y Nolan hace exactamente lo mismo. Nos coloca pistas delante de la cara, nos muestra imágenes cuyo significado verdadero solamente comprenderemos después y juega con una ventaja extraordinaria: sabemos que existe un secreto, pero estamos demasiado ocupados intentando resolverlo de la manera incorrecta.

Por eso el final funciona tan bien, no simplemente porque haya una revelación. Funciona porque descubrimos que la película siempre nos había mostrado la verdad.

Nosotros decidimos no verla.

Y ahí la frase sobre la magia termina significando algo mucho más grande: no estamos mirando con atención porque, en el fondo, tampoco queremos hacerlo. Si descubriéramos inmediatamente cómo funciona cada truco, desaparecería aquello que fuimos a buscar.

La ilusión.

Me parece una de las películas más redondas de Nolan porque forma y tema son exactamente la misma cosa. Está haciendo una película sobre hombres obsesionados con construir ilusiones mientras él construye una ilusión para nosotros. Bale y Jackman están excelentes porque ninguno necesita ser completamente víctima ni completamente monstruo; los dos son personas que dejaron que aquello que amaban se convirtiera lentamente en aquello que los destruyó.

Y Michael Caine tenía razón desde el comienzo.

El truco estaba delante nuestro.

Las pistas estaban.

La explicación también.

Pero seguíamos mirando porque necesitábamos llegar al prestigio.

Porque quizás el secreto de un gran truco no sea conseguir que el público crea algo imposible. Sea conseguir que, aun sabiendo que está siendo engañado, prefiera durante unos minutos no conocer la verdad.

Thoughts

  • TerminosClaros

    La simetría entre los dos me convence menos que al texto. Decís que Borden sacrifica su vida y Angier vidas ajenas, pero Sarah también paga el truco de Borden, y paga más que nadie: vive años con un marido que un día la quiere y al otro no, sin saber que son dos. Ahí «su vida» ya incluye la de ella. Los dos queman gente; Angier lo hace con una máquina y Borden en la cocina de su casa.

    Permalink

Related posts