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The Departed (Los infiltrados) — Scorsese todavía tenía algo que demostra

rodrigosegade1000
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The Departed es Scorsese volviendo al cine criminal con una energía y una ferocidad enormes. Pero más que pensarla como otra película de mafiosos dentro de su filmografía, me gusta verla como un…

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The Departed es Scorsese volviendo al cine criminal con una energía y una ferocidad enormes. Pero más que pensarla como otra película de mafiosos dentro de su filmografía, me gusta verla como un director que, después de haber hecho Mean Streets, Taxi Driver, Raging Bull, Goodfellas y Casino, todavía filma como si tuviera algo que demostrar.

Scorsese tenía más de sesenta años cuando hizo esta película y no hay absolutamente nada cansado en su dirección. The Departed tiene un ritmo frenético, un montaje agresivo, música entrando y saliendo constantemente, humor negro, violencia repentina y una cámara que parece estar siempre buscando algo. Incluso las conversaciones tienen movimiento. La película dura más de dos horas y media y prácticamente nunca se siente detenida.

Y eso es mérito también de Thelma Schoonmaker. El montaje es fundamental para que podamos seguir una historia donde hay policías dentro de la mafia, mafiosos dentro de la policía, llamadas cruzadas, mensajes, seguimientos y personajes que saben diferentes partes de la misma información.

La película podría haber sido un quilombo narrativo y, sin embargo, Scorsese y Schoonmaker hacen que el espectador siempre entienda lo suficiente como para sentir la tensión.

Porque la gran jugada de The Departed está en Billy Costigan y Colin Sullivan.

  • Billy es policía pero tiene que convencer a todos de que es criminal.

  • Sullivan es criminal pero tiene que convencer a todos de que es policía.

Scorsese los construye en paralelo como dos caras de una misma infiltración. Mientras uno se mete cada vez más profundamente dentro de la organización de Costello, el otro asciende dentro de la policía. Uno destruye su imagen pública para hacer su trabajo; el otro construye una imagen pública impecable para esconder el suyo.

Y el montaje los acerca permanentemente aunque durante buena parte de la película ni siquiera sepan quién es el otro.

Teléfonos, computadoras, sobres, grabaciones, mensajes. Scorsese convierte la información en acción cinematográfica. No necesita que siempre haya un arma para generar suspenso. A veces alcanza con un teléfono vibrando en el bolsillo equivocado.

La secuencia en la que ambos están intentando descubrirse a través del celular es un ejemplo perfecto. La tensión no está construida alrededor de una persecución espectacular, sino de quién llama, quién responde, quién escucha y cuánto tarda cada uno en comprender lo que está pasando.

Y en el centro de todo está Frank Costello.

Jack Nicholson hace algo completamente distinto a un mafioso elegante o contenido. Su Costello es excesivo, vulgar, sexual, imprevisible y por momentos directamente desagradable. Nunca sabés exactamente qué puede hacer y eso vuelve cada escena con Billy muchísimo más incómoda.

Y acá hay algo detrás de cámara que me encanta porque explica por qué algunas de esas escenas tienen semejante tensión.

Nicholson improvisó bastante y Scorsese decidió utilizar esa imprevisibilidad como parte de la película. Scorsese contó que buscaba una especie de “sorpresa documental”: tener la escena construida, pero permitir que Nicholson introdujera cosas que DiCaprio no pudiera anticipar del todo.

En la escena donde Costello sospecha que hay una rata, Nicholson quería volver al personaje todavía más intimidante. Para las nuevas tomas apareció con distintos elementos preparados y DiCaprio sabía que Jack iba a hacer cosas diferentes, pero no exactamente cuáles. Entre ellas estuvo sacar inesperadamente un arma y apuntársela. Scorsese contó que escuchó el golpe del arma y estuvo a punto de cortar, pero decidió mantener la cámara funcionando.

Y eso genera algo espectacular entre personaje y actor.

Billy no sabe qué va a hacer Costello.
DiCaprio tampoco sabe exactamente qué va a hacer Nicholson.

Entonces parte de la incomodidad que vemos en Leo es una reacción que Scorsese puede aprovechar dentro de la propia escena. No significa que DiCaprio simplemente esté “asustado de verdad” y eso sea toda la actuación; al contrario. Lo impresionante es cómo recibe esos estímulos inesperados y sigue siendo Billy Costigan.

Ahí se juntan tres talentos diferentes.

  • Scorsese prepara el espacio.

  • Nicholson introduce el caos.

  • DiCaprio lo absorbe y lo transforma en personaje.

Y para mí DiCaprio es el corazón de The Departed.

Nicholson tiene el personaje más llamativo, Damon hace muy bien esa tranquilidad falsa de Sullivan y Mark Wahlberg roba prácticamente todas las escenas en las que aparece. Pero DiCaprio carga con la tensión de la película.

Billy parece físicamente destruido por su trabajo.

  • Transpira.

  • Duerme mal.

  • Necesita pastillas.

  • Está permanentemente mirando alrededor.

Habla rápido cuando está nervioso y puede explotar de un momento a otro. Hay una tensión corporal constante en DiCaprio que hace que parezca que Billy lleva meses viviendo con la adrenalina al máximo.

Y me gusta especialmente porque Leo no interpreta al infiltrado como un tipo frío que controla perfectamente la situación. Billy está cagado de miedo.

Eso lo hace muchísimo más humano.

Cada vez que está frente a Costello sabemos que un gesto equivocado puede matarlo. Y DiCaprio consigue transmitir esa presión sin convertir a Billy en alguien inútil. Al contrario: es muy bueno en lo que hace precisamente porque consigue funcionar a pesar del miedo.

La escena con Madolyn también sirve para mostrar otra cara de esa actuación. Billy llega buscando medicación y prácticamente termina pidiendo ayuda sin poder decir directamente que necesita ayuda. Ahí DiCaprio baja la intensidad exterior pero mantiene el agotamiento. Sentís que el tipo necesita dormir, hablar y, sobre todo, pasar cinco minutos sin interpretar al delincuente Billy Costigan.

Y Scorsese entiende perfectamente cuándo acercarse a su cara.

Eso también es dirección de actores. No solamente conseguir una gran interpretación, sino saber dónde poner la cámara para capturarla.

Matt Damon trabaja desde el lugar contrario. Sullivan es mucho más prolijo. Tiene un buen puesto, un departamento espectacular, una relación estable y parece estar avanzando perfectamente dentro de la policía. Damon no necesita mostrar constantemente nerviosismo porque Colin lleva toda la vida preparándose para esa mentira.

Ese contraste hace que el montaje paralelo funcione todavía mejor.

  • Billy parece cada vez peor mientras hace su trabajo correctamente.

  • Sullivan parece cada vez mejor mientras traiciona a todos.

Y después está Nicholson.

Costello es casi una bomba que Scorsese coloca entre los dos. Nicholson puede hacer algo gracioso, obsceno o amenazante prácticamente dentro de la misma escena. Hay decisiones actorales que bordean deliberadamente el exceso, pero funcionan porque Costello necesita sentirse como alguien imposible de leer.

Scorsese además sabe perfectamente cómo utilizar la música para darle identidad a todo esto. Desde “Gimme Shelter” —una canción que prácticamente forma parte del vocabulario cinematográfico de Scorsese— hasta “I’m Shipping Up to Boston” de Dropkick Murphys, la música no funciona como acompañamiento tímido. Entra fuerte, marca el montaje y empuja la película.

Boston también termina teniendo personalidad propia. Scorsese abandona su Nueva York habitual pero no intenta filmar Boston como una postal. Le interesan los bares, las calles, los departamentos, las oficinas y especialmente las divisiones de clase y origen que atraviesan a los personajes.

Y después está la violencia.

Scorsese nunca la prepara como si cada muerte necesitara convertirse en un gran momento cinematográfico. Muchas veces hace exactamente lo contrario.

La muerte de Queenan es brutal. Pero la de Billy es todavía mejor como decisión de dirección.

Después de más de dos horas acompañándolo, Billy finalmente descubre a Sullivan. Lo atrapa, lo esposa y parece que por fin va a conseguir recuperar su vida.

Entran al ascensor - Bajan.

Se abre la puerta - Bang.

Billy está muerto.

  • No hay cámara lenta.

  • No hay música triste.

  • No hay últimas palabras.

  • Ni siquiera tenemos tiempo para procesarlo antes de que la película siga avanzando.

Eso es tremendamente Scorsese.

La violencia no espera a que el espectador esté preparado. Interrumpe.

Y DiCaprio había construido tan bien a Billy que la muerte pega justamente porque esperábamos que después de semejante desgaste tuviera algún tipo de recompensa narrativa.

  • Scorsese no se la da.

  • Después mata a otro.

  • Después a otro.

Y por unos minutos la película parece desarmarse delante nuestro. Pero está completamente controlada.

Eso es lo que más admiro de Scorsese acá: The Departed transmite caos sin ser una película caótica. Hay muchísimos personajes, dobles identidades, información cruzada, cambios de tono y muertes repentinas, pero detrás existe un director que sabe exactamente qué información darle al espectador y cuándo dársela.

Incluso el humor está medido dentro de esa maquinaria.

Mark Wahlberg como Dignam es espectacular precisamente porque aparece con una energía diferente. Entra, insulta a todo el mundo, genera momentos realmente graciosos y después termina teniendo una función decisiva en el cierre.

Alec Baldwin también aporta ese humor institucional absurdo.

Y Nicholson puede hacerte reír mientras al mismo tiempo genera rechazo.

Eso evita que las dos horas y media sean una sucesión monótona de tensión y violencia.

Después llega el final. Sullivan parece haber conseguido lo imposible: Sobrevivir a todos. Costello está muerto, Billy está muerto, Barrigan está muerto y prácticamente todas las personas capaces de exponerlo desaparecieron.

Por un momento parece que realmente puede salir de todo aquello, volver a su departamento y continuar con la vida que construyó sobre una mentira.

Pero cuando entra, Dignam está esperándolo.

Scorsese no necesita construir otra gran secuencia de suspenso. No hay persecución, explicación ni enfrentamiento. Sullivan mira a Dignam, baja la mirada y ve los cubrezapatos.

Entiende.

Ese pequeño detalle me encanta porque define perfectamente a Dignam. El personaje que durante toda la película parecía ser el más explosivo, agresivo e impulsivo termina realizando el movimiento más frío y calculado de todos. No llegó desesperado a vengarse. Llegó preparado. Sabe exactamente qué va a hacer y hasta tomó la precaución de no dejar rastros.

También está muy bien Damon en ese instante. Sullivan pasó toda la película improvisando para sobrevivir, manipulando información y encontrando una salida cada vez que parecía acorralado. Pero cuando ve a Dignam y después esos cubrezapatos entiende inmediatamente que esta vez no existe ninguna historia que pueda inventar para salvarse.

Por eso Scorsese no necesita diálogo.

Bang.

Y Dignam se va.

No hay frase ingeniosa, celebración ni sensación de triunfo. Después de una película donde la justicia institucional fracasó constantemente, Sullivan termina recibiendo su castigo completamente por fuera de esa institución. Y que sea Dignam quien lo haga tiene sentido: junto con Queenan era uno de los pocos que conocían realmente quién era Billy Costigan.

Después aparece la rata cruzando el balcón frente al Capitolio.

Es probablemente el símbolo menos sutil de toda la película. Después de dos horas y media buscando “ratas”, Scorsese directamente pone una rata en pantalla. Pero casi me gusta por eso. Hay algo deliberadamente burlón en terminar una película tan frenética y técnicamente precisa con un símbolo tan evidente. Como si después de todo ese juego de infiltrados, dobles identidades y traiciones, Scorsese dijera: sí, era esto. Todos estaban buscando a la rata. Acá la tienen.

The Departed también fue la película por la que finalmente Scorsese ganó el Oscar a Mejor Director, y muchas veces se habla de ese premio como si hubiera sido solamente una compensación por no habérselo dado antes.

Y no estoy tan de acuerdo.

Obviamente podría haber ganado por varias películas anteriores. Pero eso no debería quitarle mérito a lo que hace acá.

Scorsese dirige The Departed de manera extraordinaria.

No es un premio entregado a un director viejo haciendo una película correcta después de una gran carrera. Al contrario: Tenía más de sesenta años y filma con una energía que parece la de alguien que todavía tiene algo que demostrar. Hay personalidad en cada decisión: El montaje de Schoonmaker, las canciones entrando con fuerza, el humor negro, los movimientos de cámara, las muertes abruptas, el manejo de la información y, especialmente, la dirección de actores.

Porque además tiene un reparto que tranquilamente podría haberse convertido en una competencia para ver quién se roba la película: DiCaprio, Damon, Nicholson, Wahlberg, Martin Sheen, Alec Baldwin, Vera Farmiga. Y Scorsese consigue algo dificilísimo: Que todos tengan momentos enormes sin perder nunca el control de la película.

Y quizás lo que mejor demuestra su seguridad como director sea precisamente lo que hace con Jack Nicholson.

Scorsese podría haber intentado controlar absolutamente a un actor de semejante personalidad. En cambio, entiende qué necesita de él y después le deja suficiente libertad para volverse peligroso dentro de la escena.

Eso se ve especialmente en sus encuentros con DiCaprio. Nicholson improvisó distintos elementos de Costello y Scorsese aprovechó esa imprevisibilidad para conseguir algo que encajaba perfectamente con la película: que Leo tampoco pudiera anticipar completamente qué iba a hacer Jack.

En la escena donde Costello sospecha que hay una rata, Nicholson introdujo inesperadamente el arma y se la apuntó a DiCaprio. Scorsese incluso contó que estuvo a punto de cortar cuando escuchó el golpe del arma, pero decidió mantener la cámara funcionando.

Y ahí se produce algo espectacular.

Billy no sabe qué va a hacer Costello y DiCaprio tampoco sabe exactamente qué va a hacer Nicholson.

Eso no reemplaza la actuación de Leo; la potencia. DiCaprio recibe esa imprevisibilidad y la incorpora al estado permanente de Billy. Scorsese prepara el espacio, Nicholson introduce el caos y DiCaprio lo convierte en personaje.

Y para mí, Billy Costigan termina siendo uno de los grandes personajes de la colaboración entre Scorsese y DiCaprio.

Después de Gangs of New York y The Aviator, ya se nota que Scorsese sabe perfectamente cómo filmarlo y Leo entiende el tipo de intensidad que puede pedirle. No necesita acá el despliegue físico de The Revenant ni el exceso que tendría después en The Wolf of Wall Street. Gran parte de su actuación consiste en algo mucho más difícil: mantener a un hombre al borde del colapso sin dejar que termine de colapsar.

Y sostenerlo durante más de dos horas.

Billy transpira, duerme mal, toma pastillas, explota, mira permanentemente por encima del hombro. Incluso cuando está quieto parece estar haciendo un esfuerzo enorme por mantenerse entero. DiCaprio consigue que sintamos el desgaste de estar infiltrado sin convertirlo simplemente en miedo. Billy puede estar cagado de miedo y seguir siendo muy bueno haciendo su trabajo.

Por eso cuando finalmente lo matan pega tanto.

No solamente porque queremos que sobreviva, sino porque DiCaprio lleva toda la película haciéndonos sentir lo desesperadamente cansado que está de vivir así. Después de acompañarlo durante todo ese desgaste, queremos verlo salir tanto como él.

Y Scorsese se lo niega.

Eso resume bastante bien lo que hace The Departed.

Tiene un guion lleno de giros, un reparto absurdo y una historia policial que por sí sola podría sostener una muy buena película.

Pero después está Scorsese.

Y ahí cambia todo.

Porque toma un thriller de infiltrados y lo filma con ritmo, música, montaje, violencia, humor y actuaciones enormes hasta convertirlo en una película que parece estar permanentemente a punto de explotar.

Nicholson puede improvisar y convertir a Costello en una presencia imposible de anticipar. Damon puede esconder prácticamente toda la película lo que Sullivan está pensando. Wahlberg puede entrar en una habitación y apropiarse de la escena puteando a todo el mundo. Schoonmaker puede saltar de un personaje al otro y hacer que una trama llena de información nunca pierda claridad.

Y en el medio de todo ese quilombo está DiCaprio, transpirando, durmiendo mal, mirando por encima del hombro y tratando simplemente de llegar vivo a la siguiente escena.

Pero es Scorsese quien consigue que todas esas energías completamente diferentes formen parte de la misma película.

Y eso, más que cualquier reflexión filosófica sobre las identidades, es lo que más me gusta de The Departed: ver a uno de los mejores directores de la historia haciendo cine con una energía brutal, y a DiCaprio intentando sobrevivir en el centro de cada plano.

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