Cargando…

The Color of Money - El problema de encontrar a tu sucesor es descubrir que todavía no queres retirarte

rodrigosegade1000
Pública 12 conversaciones 21 pensamientos 69 votos positivos 0 votos negativos 1 serie

Creo que The Color of Money mejora muchísimo cuando uno llega después de haber visto The Hustler . Porque cuando aparece Paul Newman ya no estamos simplemente frente a un veterano que va a enseñarle…

En series

In groups

Pensamiento

Pensamiento

brechaCambiaria

Mirá, Carmen se me quedó dando vueltas. Decís que entiende el negocio antes que Vincent y encima lo maneja. Esa sociedad de tres se sostiene mientras Eddie ponga la plata, y ni un día más.

Mirá, Carmen se me quedó dando vueltas. Decís que entiende el negocio antes que Vincent y encima lo maneja. Esa sociedad de tres se sostiene mientras Eddie ponga la plata, y ni un día más.

Contenido de la publicación

Creo que The Color of Money mejora muchísimo cuando uno llega después de haber visto The Hustler. Porque cuando aparece Paul Newman ya no estamos simplemente frente a un veterano que va a enseñarle a Tom Cruise cómo jugar al pool. Estamos volviendo a encontrarnos con Fast Eddie Felson veinticinco años después.

Y Scorsese sabe perfectamente el peso que tiene eso.

El Eddie que encontramos ya no es aquel joven desesperado por demostrar que podía ganarle a Minnesota Fats. Ahora vende alcohol, tiene dinero, conoce el negocio y prefiere quedarse del otro lado de la mesa. Ya no necesita ser el jugador. Puede encontrar jugadores, financiarlos y ganar dinero gracias a ellos. En apariencia, aprendió la lección.

Hasta que aparece Vincent Lauria.

Tom Cruise entra en la película prácticamente como una bomba. Vincent tiene un talento extraordinario, una energía insoportable y una confianza que por momentos da ganas de pegarle. Quiere ganar cada partida, quiere que todos vean lo bueno que es y disfruta demasiado cuando consigue humillar a alguien.

En otras palabras: Eddie acaba de encontrarse con una versión exagerada del pibe que alguna vez fue.

Y ahí empieza lo verdaderamente interesante de la película. Eddie ve inmediatamente el potencial de Vincent, pero también todos sus defectos. Intenta enseñarle que ser un hustler no significa simplemente jugar mejor que el otro. A veces hay que esconder el talento, perder deliberadamente, estudiar al rival y esperar el momento indicado. Vincent sabe jugar al pool. Eddie sabe jugar con las personas.

El problema es que Vincent tiene algo que Eddie ya no tiene: juventud, hambre y esa estupidez maravillosa de creer que uno puede ganarle a cualquiera. Mientras Eddie intenta convertirlo en un jugador más inteligente, ocurre algo que probablemente no esperaba: empieza a tener ganas de volver.

Ahí me parece imposible separar a los personajes de los actores. Paul Newman había interpretado a Fast Eddie en 1961 y ahora volvía realmente veinticinco años más viejo. No hace falta maquillaje ni demasiada explicación para mostrar el paso del tiempo porque está directamente escrito sobre su rostro. Frente a él aparece Tom Cruise, con 24 años, atravesando exactamente el movimiento contrario en Hollywood.

Y acá hay algo que me parece especialmente interesante. En otras circunstancias, una película dirigida por Martin Scorsese y protagonizada junto a Paul Newman podría haber sido el gran trampolín para un actor joven. Uno podría imaginar a Cruise llegando a The Color of Money como una promesa, haciendo esta película y después explotando con Risky Business o Top Gun.

Pero ocurre casi lo contrario.

Creo que The Color of Money mejora muchísimo cuando uno llega después de haber visto The Hustler. No porque necesitemos aquella película para entender esta, sino porque cambia completamente la forma en la que miramos a Eddie Felson. Veinticinco años después ya no estamos frente al joven que quería demostrar que podía ganarle a cualquiera. Ahora vemos a un tipo que entendió demasiado bien cómo funciona ese mundo.

Y eso es lo primero que me gusta de la película: Scorsese no intenta repetir The Hustler. Aquella era una película mucho más trágica, encerrada en salones de pool, departamentos y personajes que parecían vivir aislados del resto del mundo. The Color of Money, en cambio, se mueve. Tiene algo de road movie: Eddie, Vincent y Carmen recorren bares, hoteles y ciudades buscando jugadores y oportunidades. Lo que en la primera película era la vida del buscavidas, acá se convirtió prácticamente en una profesión.

Porque Eddie ya entendió algo que Vincent todavía no: ser el mejor jugador no necesariamente significa ser el que más dinero gana.

Vincent tiene un talento descomunal, pero también tiene un problema: necesita que todos sepan que lo tiene. Tom Cruise lo interpreta casi como un animal imposible de contener. Sonríe, baila alrededor de la mesa, hace trucos, provoca al rival y disfruta cuando todo el bar deja de hacer lo que estaba haciendo para mirarlo jugar. Para Vincent, ganar no alcanza. Necesita espectáculo. Necesita reconocimiento.

Y Eddie ve inmediatamente las dos cosas: el talento y el problema.

Por eso decide llevarlo con él. No para enseñarle a jugar al pool (Vincent probablemente juega mejor que casi todos los que encuentra) sino para enseñarle qué hacer con ese talento.

Ahí aparece una de las ideas que más me interesan de la película: Eddie pasa buena parte de la historia intentando explicarle a Vincent que algunas veces hay que perder para poder ganar.

Hay que esconder el verdadero nivel, elegir al rival, saber cuánto apostar, hacer creer al otro que tiene una oportunidad. Perder una partida hoy puede significar sacarle mucho más dinero mañana. Eddie ya no mira solamente la mesa: mira el bar, al rival, al dueño, a la gente alrededor y, sobre todo, mira el dinero.

Vincent mira las bolas.

Y entre los dos está Carmen.

Me parece fundamental porque probablemente sea quien entiende más rápido lo que Eddie está proponiendo. Vincent tiene el talento, pero Carmen comprende el negocio. Observa a las personas, entiende cuándo alguien está dispuesto a apostar, sabe cómo manejar a Vincent cuando hace falta y empieza a hablar el mismo idioma que Eddie mucho antes que él. La relación entre los tres funciona casi como una pequeña empresa extraña: uno tiene el talento, otra entiende cómo explotarlo y Eddie intenta convertir ambas cosas en dinero.

Pero Scorsese hace algo mucho más interesante que una simple historia de maestro y discípulo: mientras Vincent aprende de Eddie, Eddie empieza a aprender algo de Vincent.

Y ahí la película lentamente empieza a darse vuelta.

El momento clave para mí es la partida contra Amos, el personaje de Forest Whitaker. Eddie cree reconocer al tipo que tiene enfrente. Se supone que sabe cómo funciona todo esto. Lleva años leyendo jugadores, apuestas y engaños. Pero sigue jugando, sigue apostando y sigue creyendo que puede controlar la situación hasta que termina completamente humillado.

Es extraordinario porque estamos viendo al hombre que pasó buena parte de la película explicándole a Vincent cómo detectar a un buscavidas terminar siendo víctima de uno.

Eddie mira, pero ya no sabe mirar.

Por eso me encanta que poco después aparezca literalmente un problema en su vista. Que el paso hacia el último tramo de la película incluya una visita al oculista parece casi demasiado perfecto: Eddie necesita volver a aprender a ver. No solamente la mesa, sino también a sí mismo.

Y cuando vuelve, ya no vuelve como maestro.

Vuelve como jugador.

Eso modifica también su relación con Vincent. Hasta entonces parecía que estábamos viendo la clásica historia del veterano que encuentra a su sucesor. Pero creo que The Color of Money es bastante más interesante que eso.

¿Por qué necesita Eddie un sucesor si todavía tiene ganas de jugar?

Ese es el verdadero conflicto.

Vincent despierta algo que Eddie había convertido en recuerdo. Durante años encontró otra manera de mantenerse cerca de ese mundo: vendiendo, apostando, observando y haciendo negocios. Pero acompañar a Vincent le recuerda lo que significaba estar del otro lado. Tener el taco en la mano. Sentir que hay alguien enfrente al que quiere ganarle.

Y acá me parece imposible separar a los personajes de los actores.

Paul Newman había interpretado a Fast Eddie en 1961 y ahora volvía realmente veinticinco años más viejo. No hace falta maquillaje ni demasiada explicación para mostrar el paso del tiempo porque está directamente escrito sobre su rostro. Frente a él aparece Tom Cruise, con 24 años, atravesando exactamente el movimiento contrario en Hollywood.

Y eso genera un juego que me encanta.

En otras circunstancias, una película dirigida por Martin Scorsese y protagonizada junto a Paul Newman podría haber sido el gran trampolín para un actor joven. Uno podría imaginar a Cruise llegando a The Color of Money como una promesa, haciendo esta película y después explotando con Risky Business o Top Gun.

Pero ocurre casi al revés.

Risky Business ya había demostrado que Cruise tenía algo especial y, para cuando The Color of Money llegó a los cines, Top Gun ya lo había convertido en una estrella enorme. Scorsese no está presentándonos a Tom Cruise: lo agarra justo cuando está despegando y lo pone frente a una de las grandes estrellas de la generación anterior.

Entonces aparece una segunda película escondida debajo de la primera.

Eddie mira a Vincent y encuentra juventud, talento, arrogancia y esa confianza absurda que inevitablemente le recuerda al tipo que alguna vez fue. Newman tiene enfrente a Cruise, una estrella joven con una cantidad descomunal de energía y una carrera que parece estar acelerando hacia algún lugar enorme.

Eddie mira a Vincent y parece mirar su propia juventud. Newman mira a Cruise y nosotros vemos dos momentos completamente distintos de lo que significa ser una estrella de Hollywood compartiendo el mismo plano.

Por eso parecería que Scorsese está preparando el clásico traspaso generacional. Eddie forma a Vincent, Vincent eventualmente lo supera y el viejo maestro comprende que llegó el momento de correrse. Newman le entrega la mesa a Cruise y todos contentos.

Pero Scorsese no filma un traspaso de corona.

Hace algo bastante más interesante.

Porque cuanto más intenta Eddie fabricar a su sucesor, más empieza a preguntarse por qué necesita uno. Vincent no aparece solamente para reemplazarlo.

Aparece para despertarlo.

Y Cruise encaja perfecto en esa idea porque Vincent todavía disfruta jugar. Hace girar el taco, provoca, sonríe y convierte cada partida en una actuación. Eddie mira todo eso horrorizado porque entiende que está espantando el negocio.

Pero también hay algo de envidia.

Eddie lleva tanto tiempo pensando en porcentajes, apuestas y estrategias que parece haberse olvidado de aquella sensación. Paradójicamente, el pibe al que intenta enseñarle cómo tomarse el pool más en serio termina recordándole por qué él se enamoró del juego.

Por eso me gusta tanto cómo dialogan las dos películas. En The Hustler, Eddie necesitaba aprender que no alcanza con tener talento. En The Color of Money, necesita recordar que tampoco alcanza con conocer todos los trucos si dejaste de disfrutar aquello que hacías.

Y entonces llegamos al torneo.

Vincent y Eddie finalmente se enfrentan. Es la partida que la película parecía estar preparando desde que se conocieron y Eddie gana. Por un instante parece el cierre perfecto: el veterano volvió, recuperó su juego y acaba de demostrar que todavía puede derrotar al pibe que despertó nuevamente esa parte suya.

Hasta que Vincent aparece con un sobre.

Y ahí entendemos que Vincent finalmente aprendió la lección.

No porque se haya dejado perder contra Eddie, sino porque arregló su siguiente partido. Apostó contra sí mismo, perdió deliberadamente y ganó mucho más dinero de esa manera. Después le entrega a Eddie una parte de esa plata, casi como si estuviera pagándole una comisión al hombre que le enseñó cómo funciona realmente el negocio.

Y ahí está la ironía, Eddie debería estar orgulloso.

Pasó toda la película intentando explicarle a Vincent que el pool no consiste solamente en ganar partidas. Le enseñó que a veces se puede ganar mucho más perdiendo en el momento indicado, escondiendo el verdadero nivel y entendiendo el negocio alrededor del resultado. Vincent se resistía porque su orgullo no le permitía hacerlo.

Ahora sí puede. Finalmente transformó a Vincent en un auténtico buscavidas.

El problema es que ahora Eddie no puede soportarlo.

Porque esa revelación contamina inmediatamente su propia victoria. Si Vincent está dispuesto a perder deliberadamente por dinero, Eddie ya no puede estar completamente seguro de qué ocurrió cuando jugaron entre ellos. Quizás realmente le ganó. Quizás no. Y para el hombre que acaba de recuperar las ganas de competir, esa duda resulta insoportable.

Ahí ocurre algo que para mí termina de cerrar toda la película: Vincent y Eddie hicieron recorridos exactamente opuestos.

Vincent empezó como jugador. Quería ganar cada partida, demostrar que era el mejor y conseguir que todo el mundo lo mirara. Termina convertido en buscavidas, capaz de tragarse el orgullo y perder porque comprendió que puede ganar más dinero de esa manera.

Eddie empezó como buscavidas. Pensaba en apuestas, porcentajes, engaños y negocios. Y termina convertido nuevamente en jugador.

  • Vincent aprendió que ganar una partida no necesariamente significa ganar.

  • Eddie recordó que ganar dinero tampoco necesariamente significa ganar.

Por eso abandona el torneo. La final oficial ya no le importa. Necesita resolver otra cosa mucho más personal:

Quiere saber quién es mejor.

Y por eso el verdadero final de The Color of Money no ocurre en el torneo, ocurre después.

Eddie busca a Vincent y le propone jugar nuevamente. Ya no importa el espectáculo, ni la multitud, ni siquiera que nosotros conozcamos el resultado. Lo que Eddie necesita es volver a ponerse frente a él y jugar.

  • Eddie contra Vincent.

  • Maestro contra alumno.

  • Newman contra Cruise.

Y Scorsese corta antes de mostrarnos quién gana y me parece perfecto.

Porque conocer el resultado sería reducir toda la película nuevamente a una partida cuando Eddie acaba de recuperar algo mucho más importante. La pregunta dejó de ser quién es definitivamente el mejor jugador.

Lo importante es que Eddie volvió a querer averiguarlo.

Y ahí el paralelismo entre Newman y Cruise se vuelve todavía mejor. Uno podría imaginar que la película existe para presentar el reemplazo de Newman. Sin embargo, Paul Newman termina comiéndose buena parte de la película y gana el Oscar por esta actuación. Hay algo casi perfecto en eso: una película sobre un hombre que se pregunta si sus mejores días quedaron atrás termina dándole al actor que lo interpreta uno de los mayores reconocimientos de toda su carrera.

Cruise no queda disminuido por eso. Todo lo contrario. Funciona porque representa esa fuerza que viene empujando desde atrás. Ya era una estrella, pero todavía tenía a Paul Newman enfrente. Y Scorsese entiende perfectamente lo cinematográfico que resulta poner a esas dos generaciones en el mismo plano.

Tom Cruise parece entrar para recibir la antorcha.

Pero lo que consigue es que Paul Newman vuelva a encender la suya.

Hay además algo hermoso en cómo The Color of Money conversa con The Hustler. En aquella película se hablaba constantemente de la diferencia entre talento y carácter. Décadas después esa idea vuelve como un eco del hombre que Eddie alguna vez fue. Vincent tiene muchísimo talento y todavía está descubriendo qué hacer con él. Eddie, en cambio, carga con veinticinco años de experiencia y consecuencias.

Scorsese podría haber hecho una película nostálgica sobre un viejo jugador contemplando cómo un joven ocupa su lugar.

Hace prácticamente lo contrario. La juventud de Vincent no le demuestra a Eddie que su tiempo terminó.

Le demuestra que todavía está vivo.

Y por eso el último “I'm back” es mucho más que una frase canchera de Paul Newman. Eddie no está diciendo solamente que volvió al pool.

Está diciendo que volvió a ser Fast Eddie Felson.

Thoughts

  • interesCompuesto

    Pues ahí falta un paso. El sobre prueba que Vincent puede dejarse perder cuando le conviene. De la partida contra Eddie no prueba nada, y la película nunca lo resuelve.

    Permalink
  • mfuentes73

    Fíjate que entre las dos películas pasan veinticinco años reales, no de guion. Newman no está actuando la edad, la trae puesta. Una decisión de 1961 recién se termina de leer en 1986, y eso en cine pasa poquísimo.

    Permalink
  • brechaCambiaria

    Mirá, Carmen se me quedó dando vueltas. Decís que entiende el negocio antes que Vincent y encima lo maneja. Esa sociedad de tres se sostiene mientras Eddie ponga la plata, y ni un día más.

    Permalink
  • RamiroEsquivel

    Esta vez te leo al revés, po. Después de la paliza que le mete Amos yo no vi a un tipo recuperando nada. Vi a uno dándose cuenta de que nunca dejó de querer jugar y que se pasó veinticinco años haciendo como que sí. Lo del retiro fue un puesto que se inventó para no tener que perder.

    Permalink
  • Ovid

    Me quede pensando en Eddie dejando el torneo para ir a buscar a Vincent. Gracias por escribirlo! Tenes mas escritos de cine por aca?

    Permalink
  • eze2011

    Le concedo entera la lección de Eddie: capaz que perder hoy es la jugada. Donde se me rompe es en quién puede pagarla. Vincent aguanta perder una noche porque tiene veinticuatro años y mil noches por delante. Eddie ya no tiene ese margen, y por eso vuelve a jugar en serio en vez de administrar.

    Permalink
  • pensarLento

    Diay, a Eddie ya no le queda manera de saber qué pasó en esa mesa. Yo transcribo declaraciones y me pasa seguido: el hecho ocurrió una sola vez y después queda a merced de lo que cada quien cree que vio. Ganó o no ganó dejó de ser un dato recuperable, y le toca vivir con la versión que se arme.

    Permalink
  • cvillar213

    Te sigo en que Vincent entendió el negocio, y aun así en el sobre hay dos cosas distintas metidas en la misma lección. Esconder tu nivel y elegir rival es picardía. Arreglar tu propio partido y cobrar por el resultado es otra cosa, y la paga alguien que apostó de buena fe. A mí eso me deja a Eddie mudo con razón.

    Permalink
  • Ismaelillo

    Vamos por orden con lo del sobre. Vincent arregla el partido, pierde a propósito, cobra más y encima le pasa una parte a Eddie. Ahí ya no está jugando mejor: está decidiendo el resultado antes de que empiece la partida. Y el que decide el resultado nunca está en la mesa, está afuera con la plata puesta.

    Permalink

Related posts