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Home Alone (Mi pobre angelito) — ¿Y si el sueño de todo chico fuera también su primera lección de soledad? Pregunta Sin responder

rodrigosegade1000
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Home Alone (Mi pobre angelito) suele verse como una comedia familiar, pero vista hoy (y con otra edad) dice algo bastante más incómodo: fantasea con la autosuficiencia total . Kevin no solo se queda…

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Home Alone (Mi pobre angelito) suele verse como una comedia familiar, pero vista hoy (y con otra edad) dice algo bastante más incómodo: fantasea con la autosuficiencia total. Kevin no solo se queda solo; descubre que puede arreglárselas mejor sin los adultos alrededor. La película convierte ese deseo infantil en triunfo, en control absoluto del espacio y del tiempo.

Y lo interesante es que antes de convertir esa fantasía en realidad, la película se encarga de mostrar exactamente de dónde nace. Kevin vive rodeado de adultos que no lo escuchan demasiado, hermanos que lo cargan y una familia tan enorme y caótica que él parece ocupar siempre el último lugar. Después de discutir con todos, desea directamente que desaparezcan.

Y al día siguiente, desaparecen.

Desde su perspectiva, no ocurrió una negligencia familiar: su deseo se cumplió.

Por eso al principio no existe angustia, existe libertad. Kevin salta en la cama, come lo que quiere, mira películas que tiene prohibidas y recorre una casa que hasta unas horas antes estaba llena de reglas. Incluso ese famoso grito frente al espejo funciona como parte del descubrimiento: Por primera vez nadie está controlando qué hace.

Desde un criterio más adulto, el film funciona como mito de independencia: la casa se vuelve territorio propio, las reglas desaparecen y el mundo exterior, los ladrones, es una amenaza clara y manejable. Todo problema tiene solución ingeniosa. Todo miedo se transforma en plan. Es el sueño de autonomía sin costo emocional.

Y me gusta que la película vaya ampliando progresivamente aquello que Kevin descubre que puede hacer. Al principio la independencia consiste simplemente en hacer todo aquello que sus padres no le permiten. Pero después empieza la verdadera autonomía: comprar comida, hacer las compras, lavar la ropa, ordenar la casa, enfrentarse a situaciones que le daban miedo y resolver problemas sin que aparezca un adulto para solucionarlos.

Kevin empieza jugando a ser independiente y termina descubriendo que, en cierta medida, realmente puede serlo.

Hasta los ladrones funcionan desde esa lógica. Harry y Marv son adultos y, en teoría, deberían representar una amenaza imposible de manejar para un chico. Pero Home Alone da vuelta completamente esa relación. Kevin conoce su casa, prepara el terreno y convierte aquello que podría hacerlo vulnerable —estar solo— en una ventaja.

La casa deja de ser simplemente su hogar y se transforma en su territorio.

Y ahí aparece probablemente la parte más recordada de la película: las trampas. Hay algo casi de dibujo animado en toda esa violencia. Golpes, caídas, quemaduras y objetos volando por todos lados que en cualquier universo mínimamente realista mandarían a Harry y Marv directamente al hospital. Pero la película nunca pretende jugar en ese registro. Para Kevin, defender la casa se convierte en la demostración definitiva de que puede resolver incluso aquello que parecía necesitar necesariamente de un adulto.

Pero ahí está la trampa que la película también entiende. En el fondo, Home Alone no celebra quedarse solo para siempre, sino el regreso. Kevin aprende que puede valerse por sí mismo, sí, pero también que la soledad prolongada no es hogar. La escena de la iglesia y el reencuentro final con la madre corrigen la fantasía: crecer no es prescindir del vínculo, es volver a él con otra conciencia.

Y creo que la escena de la iglesia es especialmente importante porque ahí Kevin ya no está enfrentándose a un problema que pueda solucionar construyendo una trampa. Habla con Marley, el vecino al que durante toda la película había convertido en una especie de monstruo a partir de rumores e historias que escuchó.

Y descubre simplemente a un hombre solo.

De repente la soledad deja de ser esa fantasía maravillosa que Kevin estaba viviendo y adquiere otra forma. Marley tiene aquello que Kevin creyó querer: nadie molestándolo, nadie diciéndole qué hacer, una vida completamente separada de su familia.

Pero no parece libre. Parece triste.

Y Kevin, que pasó buena parte de la película demostrando que puede arreglárselas solo, termina aconsejándole justamente lo contrario: que vuelva a acercarse a las personas que quiere.

Ahí la película termina de dar vuelta su propia fantasía.

Porque Kevin también empieza a extrañar. La casa sigue siendo suya, puede comer lo que quiera y nadie puede castigarlo, pero aquello que inicialmente parecía libertad empieza a sentirse como ausencia. Ya no desea que su familia desaparezca.

Quiere recuperarla.

Y por eso el reencuentro con su madre funciona tan bien. Después de todo lo que hizo solo, Kevin no corre hacia ella porque haya descubierto que es incapaz de sobrevivir sin adultos. La película acaba de demostrarnos exactamente lo contrario.

Corre porque ser capaz de estar solo no significa querer estarlo.

Y ahí, vista hoy, Home Alone resuena distinto. No es “quiero vivir solo y que nadie me diga qué hacer”, sino “quiero saber que puedo”. Poder elegir. Poder sostenerse. Y recién después, decidir si quedarse, irse, o volver.

Quizás por eso también funciona tan bien como película infantil. Hay una fantasía bastante universal en imaginar qué haríamos si de repente desaparecieran todas las reglas. Qué comeríamos, a qué hora dormiríamos, qué cosas prohibidas haríamos primero. Home Alone lleva esa fantasía hasta sus últimas consecuencias y después introduce algo que de chico quizás pasa bastante más desapercibido:

la libertad también puede sentirse vacía cuando no hay nadie con quien compartirla.

Kevin necesitaba quedarse solo para descubrir dos cosas que parecen contradictorias pero no lo son. Que podía cuidarse a sí mismo y que seguía necesitando a los demás.

Y el pequeño arco de Marley termina reforzando exactamente lo mismo. Al final, Kevin lo mira desde la ventana reconciliarse con su familia. Mientras él recupera la suya, ayudó de alguna manera a que otro hombre también intentara recuperar la propia.

Por eso Home Alone termina siendo bastante más cálida de lo que su premisa podría sugerir. No castiga a Kevin por haber querido independencia ni le dice que un chico necesariamente tiene que depender siempre de sus padres. Le permite comprobar que es inteligente, ingenioso y mucho más capaz de lo que todos (incluso él) pensaban.

Pero después le enseña algo diferente. Ser independiente no significa no necesitar a nadie.

Home Alone es una comedia navideña que, sin proponérselo, habla del primer ensayo de independencia y del alivio de saber que, aun siendo capaz, no tenés que hacerlo todo solo.

Kevin empieza deseando que su familia desaparezca porque cree que la libertad consiste en que nadie pueda decirle qué hacer.

Cuando finalmente la recupera, ya sabe que puede arreglárselas sin ellos.

Y justamente por eso el regreso tiene otro valor.

Ya no los necesita porque no pueda estar solo. Los quiere de vuelta porque descubrió que poder estar solo y querer estar solo son dos cosas completamente distintas.

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