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The Bone Collector (El coleccionista de huesos) — Mirar donde los demás no ven

rodrigosegade1000
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The Bone Collector pertenece a ese tipo de thriller policial de finales de los noventa que todavía confiaba muchísimo en una atmósfera, una ciudad oscura y dos personajes investigando pistas antes…

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mcastro71

A mí lo del investigador que llega tarde por definición me parece lo más cierto de todo el texto. Los objetos aguantan mejor que la gente: un papel, un hueso, un poco de tierra siguen ahí cuando ya nadie quiere contar nada. Pero ojo, un rastro no habla so

A mí lo del investigador que llega tarde por definición me parece lo más cierto de todo el texto. Los objetos aguantan mejor que la gente: un papel, un hueso, un poco de tierra siguen ahí cuando ya nadie quiere contar nada. Pero ojo, un rastro no habla solo, dice lo que el que mira quiere oír, y por eso el final te decepciona: en cuanto el asesino tiene cara, los objetos se callan y empieza a explicar él. Con lo bien que iba la cosa en silencio.

Contenido de la publicación

The Bone Collector pertenece a ese tipo de thriller policial de finales de los noventa que todavía confiaba muchísimo en una atmósfera, una ciudad oscura y dos personajes investigando pistas antes que en convertir cada escena en una persecución. No creo que esté al nivel de Se7en ni que tenga la misma profundidad sobre el mal, pero tiene algo que siempre me funciona: la sensación de que cada objeto puede esconder una historia y que mirar bien puede ser más importante que correr detrás del asesino.

Phillip Noyce construye Nueva York como un espacio húmedo, sucio y casi subterráneo. Túneles, edificios abandonados, cañerías, estaciones, habitaciones oscuras. La ciudad no aparece solamente como escenario del crimen, sino como un cuerpo lleno de capas que Amelia tiene que aprender a leer. El asesino deja restos, objetos y pequeños indicios, y la investigación consiste literalmente en reconstruir una historia a partir de aquello que los demás pasarían por alto.

Ahí está para mí lo mejor de la película: Lincoln Rhyme puede interpretar el mundo, pero ya no puede recorrerlo. Denzel Washington interpreta a un investigador brillante que quedó casi completamente inmovilizado después de un accidente. Su cuerpo está limitado a una cama, pero su cabeza sigue funcionando como antes. Y esa contradicción le da al personaje algo bastante más interesante que el clásico detective superdotado: sabe exactamente qué hacer, pero necesita que otra persona sea sus manos, sus piernas y, sobre todo, sus ojos.

Esa persona es Amelia Donaghy.

Y creo que la relación entre Denzel Washington y Angelina Jolie es lo que realmente sostiene la película. Al principio Rhyme prácticamente la dirige a distancia. Le dice dónde caminar, qué tocar, qué fotografiar y hasta cómo procesar una escena del crimen. Amelia entra aterrorizada a lugares donde él ya no puede entrar físicamente y empieza a observar por los dos.

Pero poco a poco la relación cambia.

Ella deja de ser simplemente alguien que ejecuta instrucciones y empieza a desarrollar su propia mirada. Rhyme puede saber muchísimo más de criminología, pero Amelia está ahí. Puede sentir el espacio, percibir cosas que una fotografía no transmite y tomar decisiones que él no puede controlar desde una pantalla.

Por eso me parece interesante pensar la película como una historia sobre aprender a confiar en la mirada de otra persona.

Rhyme construyó su identidad alrededor de su capacidad para observar, analizar y controlar una investigación. Después del accidente perdió buena parte de ese control. Y de repente tiene que aceptar algo probablemente muchísimo más difícil para alguien como él: que para volver a hacer aquello que ama necesita depender de otra persona.

Amelia también atraviesa su propio proceso. Al comienzo existe cierto rechazo frente al horror de las escenas y frente a la manera casi clínica con la que Rhyme le pide que se acerque a los cuerpos. Pero termina aprendiendo que investigar no significa dejar de sentir.

De hecho, quizá sea exactamente lo contrario. Hay que mirar algo horrible sin permitir que el horror te impida seguir mirando.

Eso es bastante importante en el cine policial. El buen investigador no es necesariamente el que tiene menos emociones, sino el que consigue que esas emociones no destruyan su capacidad para observar.

Y ahí la película encuentra varios momentos efectivos. La comunicación a distancia entre Rhyme y Amelia convierte muchas escenas en una especie de experiencia compartida: nosotros estamos con ella entrando al lugar, pero al mismo tiempo escuchamos la cabeza de Rhyme reconstruyéndolo. Uno pone el cuerpo y el otro pone la experiencia.

Casi funcionan como un solo detective dividido entre dos personas. Ella puede llegar hasta la evidencia. Él puede enseñarle a verla.

Denzel está muy bien justamente porque tiene que construir gran parte de la actuación con muy pocos recursos físicos. Rhyme no puede desplazarse por la habitación ni imponer presencia caminando alrededor de otros personajes, así que casi todo pasa por la voz, los ojos, las pausas y esa mezcla de inteligencia, arrogancia y frustración. Y Angelina Jolie funciona bien como contrapeso porque Amelia todavía está descubriendo ese mundo. Uno ya vio demasiado. La otra todavía está aprendiendo a mirar.

También me gusta que la película tenga una relación bastante física con la evidencia. Tierra, huesos, papeles, fibras, objetos antiguos. Antes de que las investigaciones policiales del cine empezaran a llenarse de pantallas y reconstrucciones digitales, acá resolver un crimen todavía significa agarrar algo del suelo y preguntarse por qué está ahí.

Cada pista parece insignificante hasta que encuentra su lugar.

Y eso conecta con algo que siempre me interesa de los policiales: investigar un crimen es intentar obligar al pasado a hablar. El asesinato ya ocurrió. La víctima muchas veces ya no puede contar lo que pasó. El investigador llega tarde por definición.

Solamente quedan rastros.

Entonces empieza el trabajo de reconstrucción.

  • Una marca.

  • Un hueso.

  • Un pedazo de papel.

  • Una partícula de tierra.

  • Algo que sobrevivió al acontecimiento.

Y quizás por eso los buenos thrillers policiales tienen algo bastante parecido al cine mismo: intentan reconstruir una historia a partir de fragmentos.

Donde la película me funciona menos es en todo lo relacionado con la resolución del asesino. El misterio y la cacería me resultan más interesantes que la explicación final. Durante buena parte del relato, el asesino funciona casi como una presencia abstracta que obliga a Rhyme y Amelia a leer la ciudad. Cuando finalmente todo necesita adquirir un rostro y una motivación concreta, parte de esa amenaza se achica.

Es un problema bastante habitual del género: un misterio puede ser más inquietante que su respuesta.

Por eso creo que The Bone Collector funciona mejor cuando no intenta competir con los grandes thrillers sobre asesinos seriales desde la psicología del criminal. Su verdadera fortaleza está en otro lugar: en la investigación, en la atmósfera y especialmente en la relación entre sus dos protagonistas.

Incluso hay algo bastante humano debajo de todo el policial. Al comienzo Rhyme prácticamente ha renunciado a cualquier idea de futuro. Su mundo se redujo a una habitación, una cama y una mente que continúa funcionando dentro de un cuerpo que ya no responde como antes. La investigación vuelve a conectarlo con algo exterior a él.

Y Amelia es fundamental en eso.

No porque llegue para “salvarlo”, sino porque vuelve a existir alguien del otro lado.

  • Alguien con quien discutir.

  • Alguien en quien confiar.

  • Alguien a quien enseñarle.

Y también alguien capaz de enseñarle algo a él.

Por eso, más allá del asesino y de todos los huesos que deja en el camino, para mí la película termina tratando sobre dos personas incompletas dentro de la investigación que descubren que aquello que una no puede hacer quizá pueda hacerlo la otra.

Rhyme no recupera su cuerpo.

Amelia no pierde su miedo.

Pero aprenden a trabajar dentro de esas limitaciones.

Y ahí aparece una idea que me gusta bastante: a veces nuestra mayor debilidad no desaparece. Simplemente aprendemos a construir una vida donde esa debilidad ya no decide todo por nosotros.

The Bone Collector no reinventa el thriller policial y por momentos se nota demasiado cuánto pertenece a una época dominada por películas posteriores a Se7en. Pero tiene una atmósfera muy efectiva, dos protagonistas con muchísimo peso y una manera bastante clásica de entender el policial: mirar, interpretar y reconstruir.

Porque al final investigar significa exactamente eso. Encontrar aquello que alguien intentó dejar atrás.

Mirarlo durante suficiente tiempo. Y conseguir que vuelva a contar su historia.

Thoughts

  • acta_no_leyenda

    En la novela de Jeffery Deaver (1997) y en la película, el asesino copia crímenes de un libro sobre el Nueva York de 1900, así que cada pista cita otro crimen de un siglo antes. Tu ciudad con capas es casi literal ahí.

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  • pjimenez77

    Lo de la debilidad que no desaparece y uno arma la vida alrededor, eso lo firmo. A mí me tocó rehacer el oficio ya grande y con menos herramientas, vale. Uno aprende a pedir ojos prestados.

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  • mcastro71

    A mí lo del investigador que llega tarde por definición me parece lo más cierto de todo el texto. Los objetos aguantan mejor que la gente: un papel, un hueso, un poco de tierra siguen ahí cuando ya nadie quiere contar nada. Pero ojo, un rastro no habla solo, dice lo que el que mira quiere oír, y por eso el final te decepciona: en cuanto el asesino tiene cara, los objetos se callan y empieza a explicar él. Con lo bien que iba la cosa en silencio.

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  • Ovid

    Lo de Rhyme dictándole a Amelia dónde pisar y qué tocar me hizo pensar en cualquier equipo de dos donde uno sabe y el otro está ahí: al final decide el que está en el lugar. Apuesto a que la escena que más te quedó es una en la que ella no le hace caso. Gracias por seguir con el reto, ya van más de cien!

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  • TerminosClaros

    Fijate que la película dice confiar en la mirada ajena, pero Rhyme casi nunca se calla: le dicta a Amelia dónde pisar y qué tocar hasta la última escena. Lo que yo veo es un hombre aprendiendo a prestar las manos, y la mirada la sigue guardando él. La confianza de verdad aparece una sola vez, cuando ella se planta y decide algo que él no autorizó. Con ese momento a mí me alcanza para tu tesis, pero es uno, no toda la película.

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