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Magic in the Moonlight (Magia a la luz de la luna) — ¿Qué pasa cuando necesitamos creer en algo que sabemos que no existe? Pregunta Sin responder

rodrigosegade1000
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Me parece una película sobre la necesidad de creer . No necesariamente en espíritus, médiums o fuerzas sobrenaturales, sino en todas esas cosas que no podemos demostrar racionalmente y que, sin…

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Me parece una película sobre la necesidad de creer. No necesariamente en espíritus, médiums o fuerzas sobrenaturales, sino en todas esas cosas que no podemos demostrar racionalmente y que, sin embargo, hacen que la vida tenga un poco más de sentido. Woody Allen enfrenta dos maneras de estar en el mundo: vivir únicamente de aquello que podemos explicar o aceptar que quizás necesitamos algunas ilusiones para soportar la realidad.

Stanley Crawford está completamente parado del primer lado. Es racional, arrogante, pesimista y está convencido de que todo tiene una explicación. Incluso su profesión tiene algo interesante en ese sentido: es un ilusionista que dedica su vida a crear aquello en lo que se niega a creer. Sabe perfectamente cómo engañar a una audiencia porque conoce el mecanismo detrás del truco. Para él, una vez que entandes cómo funciona la magia, la magia desaparece.

Y eso no se limita a su trabajo.

Stanley necesita desmontar prácticamente todo lo que tiene enfrente. Si algo parece inexplicable, busca el mecanismo. Si alguien cree, él necesita demostrarle por qué está equivocado. Su inteligencia se convirtió en una manera de controlar el mundo, pero también en una barrera bastante cómoda contra cualquier cosa que pueda desordenarlo emocionalmente.

Entonces aparece Sophie.

Y lo interesante no es simplemente que Stanley piense que ella puede comunicarse con los muertos. Lo verdaderamente importante es que por primera vez aparece algo que no consigue explicar.

Sophie empieza a romper su seguridad de a poco. Conoce información que supuestamente no podría conocer, parece percibir cosas imposibles y obliga a Stanley a enfrentarse a una posibilidad que durante toda su vida consideró ridícula.

¿Y si estaba equivocado? Por un momento, esa posibilidad lo transforma.

Stanley empieza a mirar el mundo de otra manera. Se vuelve más liviano, más alegre, incluso más abierto a aquello que antes despreciaba. Y ahí creo que Woody Allen encuentra la idea más linda de la película: quizás creer sea importante independientemente de que aquello en lo que creemos sea verdadero.

Porque Stanley no es más feliz cuando descubre una verdad. Es más feliz cuando aparece la posibilidad del misterio.

La película además transcurre en una Costa Azul casi irreal. Mansiones, jardines, autos, fiestas, música, cielos abiertos. Todo parece formar parte de una fantasía elegante de otra época. Y eso no es solamente decorativo. Woody filma ese mundo con una luminosidad que acompaña perfectamente lo que le ocurre a Stanley: un hombre acostumbrado a desmontar ilusiones termina viviendo durante unos días dentro de una.

Hasta el título funciona desde ahí.

La magia ocurre a la luz de la luna porque quizás ciertas cosas necesitan que dejemos de iluminarlas demasiado para poder existir.

Y entonces llega la trampa. Stanley descubre que Sophie efectivamente lo estaba engañando.

En teoría, debería sentirse reivindicado. Tenía razón desde el principio. No existen los poderes sobrenaturales, había un mecanismo detrás del truco y finalmente consiguió descubrirlo.

Ganó, pero ya no puede volver exactamente al lugar donde estaba. Porque durante el tiempo en el que creyó, sintió algo. Y eso sí fue real.

Ahí Magic in the Moonlight deja de preguntarse si existen los espíritus y empieza a preguntarse algo bastante más interesante: ¿Qué una ilusión sea falsa significa que aquello que nos hizo sentir también lo sea?

Stanley puede demostrar que Sophie no es una médium. Puede explicar el truco.

Lo que no puede explicar con la misma facilidad es por qué se enamoró de ella. Y ahí el romance empieza a funcionar como la verdadera magia de la película.

El amor es prácticamente una pesadilla para alguien como Stanley porque no responde demasiado bien a su sistema. No puede demostrarlo, medirlo ni reducirlo a una explicación que le permita sentirse completamente seguro. Puede encontrar razones para no estar con Sophie. Puede analizar la diferencia de edad, su personalidad, sus circunstancias.

Pero nada de eso elimina lo que siente.

Y eso conecta directamente con una obsesión que aparece constantemente en el cine de Woody Allen: Qué hacemos con una existencia que sabemos limitada, absurda y probablemente carente de un gran sentido trascendental.

Stanley cree tener una respuesta: aceptar los hechos.

El problema es que los hechos no necesariamente alcanzan para vivir.

Ahí también me parece importante la enfermedad de su tía Vanessa. Cuando existe la posibilidad de perderla, Stanley (el hombre que se pasó la película burlándose de cualquier forma de espiritualidad) termina intentando rezar.

Y se detiene.

Porque no puede creer simplemente porque ahora le convenga.

La razón le sirve perfectamente mientras el mundo funciona como espera. Cuando aparece algo que no puede controlar, descubre también el límite emocional de vivir únicamente desde la razón.

Pero la película tampoco termina diciendo que tenemos que abandonar el pensamiento racional y creer cualquier cosa.

  • Sophie era una impostora.

  • Stanley tenía razón.

Los espíritus no aparecen para demostrarle que el universo posee un sentido secreto.

Woody hace algo bastante más interesante: Permite que Stanley tenga razón intelectualmente y, al mismo tiempo, esté equivocado en la manera de vivir.

Puede entender perfectamente cómo funciona el mundo y aun así no saber qué hacer con su propia vida.

Porque hay una diferencia enorme entre saber que algo es una ilusión y no necesitar ninguna.

Un truco de magia funciona precisamente así. Sabemos que el conejo no apareció de la nada. Sabemos que existe una explicación. Pero durante unos segundos aceptamos participar del engaño porque aquello que importa no es realmente creer que ocurrió algo imposible.

Importa la sensación de que podría haber ocurrido.

Quizás el amor funcione de una manera parecida dentro de la película.

  • No elimina la muerte.

  • No demuestra que exista Dios.

  • No convierte mágicamente el universo en un lugar justo.

Simplemente consigue que, durante un rato, vivir dentro de él resulte un poco menos absurdo.

Y por eso me gusta que Magic in the Moonlight sea una película tan ligera para hablar de algo bastante existencial. Woody Allen envuelve todas esas preguntas en una comedia romántica elegante, luminosa y por momentos deliberadamente ingenua. No necesita convertirlas en una tragedia porque justamente está defendiendo, aunque sea con cierta ironía, el valor de permitirnos alguna ilusión.

Stanley empieza creyendo que la inteligencia consiste en descubrir el truco.

Termina descubriendo que quizás saber cómo funciona no obliga necesariamente a dejar de disfrutarlo.

Y ahí está para mí la verdadera magia de Magic in the Moonlight. No en preguntarnos si Sophie realmente puede hablar con los muertos, sino en algo mucho más cercano:

Si sabemos que muchas de las cosas que nos hacen felices son frágiles, imperfectas e incluso irracionales, ¿por qué seguimos necesitándolas?

Quizás porque vivir sabiendo siempre dónde está escondido el truco puede hacernos más difíciles de engañar.

Pero también puede hacer que dejemos de mirar el espectáculo.

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