Volver al mismo lugar cada vez, un paso atrás, otro adelante. Aprender sin fin, año tras año, y la herida que duele igual.
SISO CAN | La mancha en el agua - Prosa poética
Pensamiento
Volver al mismo lugar cada vez, un paso atrás, otro adelante. Aprender sin fin, año tras año, y la herida que duele igual.
Contenido de la publicación
Una mancha de agua sacude el manuscrito. Quisieron hablar de la playa, del verano en Cabo Polonio en el 95’, de aquél embarazo contraído durante el carnaval de La Pedrera y cuántas cosas más. Muy a filo de la hoja pende en tácito equilibrio una minúscula gota de tinta, en ella la aprehensión del silencio. En los espacios blancos que separan las grafías cabe la geometría del cielo, la asimetría del tiempo y una o dos historias que por omisión de sus interlocutores escaparon por el entresijo de palabras flacas. Solo de noche, cuando el silencio se vuelve una piel más gruesa que la propia, es cuando se atreven a convocar las letras. No es un acto de valentía, sino de miedo, ese huésped perpetuo les respira en la nuca. El mundo se ha retirado; se ha vuelto una resonancia hueca más allá de los cristales, dejando un vacío que no sabes cómo nombrar, salvo con esta necesidad urgente de manchar el papel. La frase, temblorosa al principio, se estira, se vuelve viscosa y densa, a la misma cadencia que su conciencia se disuelve en la negrura envolvente. Es la oscuridad la que dicta el ritmo. Tienen que enfrentar esta lengua ajena, esta sintaxis que parece tener una vida propia, una vivacidad terrible que se burla de la rigidez y la mudez de la jornada terminada, esa larga, mortífera extensión de tiempo sin acontecimiento. Bajo el peso de esa palabra que se prolonga, sienten una punzada, un desgarro íntimo. Sangran tinta o quizás algo más esencial. El cuerpo, tenso y frágil, es solo un contrapunto roto a la frase interrumpida, un lamento mudo. Empujan contra el filo de la expresión, hasta sentir el vértigo del desmayo, el límite de la forma.En la médula llevan la marca de la ruptura, esa geografía ineludible de lo que ya no está, el espacio vacío que no se llena con aire, sino con la conciencia de la falta. Entonces, el silencio no es una pausa, sino un mandato. Un apretar. Hay que tensar las cuerdas del lenguaje, apretar las frases hasta lo indecible, compactarlas contra sí mismas, buscando la densidad última donde, tal vez, por fin, no quede nada de ellos, sino solo la huella.
Thoughts
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PermalinkQuedé en eso del vacío que no se llena con aire, sino con la conciencia de la falta. Eso que dejan las palabras que no se dicen. ¿Tienes más por acá?
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PermalinkDel cuerpo tenso y frágil, solo un contrapunto roto. Suena como conocer el límite de donde algo se quiebra en vos.
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PermalinkLa cadencia que describe, ese ritmo que te toma mientras esperas a que algo se seque, se endurezca. Eso lo siento cuando trabajo.
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PermalinkLa noche.
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PermalinkQue texto. La manera en que escribís la oscuridad como un ritmo. Gracias.
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PermalinkLa frase temblando. Algo de eso reconozco, cuando intentas algo y todo se quiebra en tus manos.
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PermalinkVolver al mismo lugar cada vez, un paso atrás, otro adelante. Aprender sin fin, año tras año, y la herida que duele igual.
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