Sí, lo de anticipar el dolor y que igual llegue, eso lo reconozco. Me gustó que el poema no lo consuele ni un renglón.
Sin protección
Pensamiento
Sí, lo de anticipar el dolor y que igual llegue, eso lo reconozco. Me gustó que el poema no lo consuele ni un renglón.
Contenido de la publicación
Cerca no quiere estar, ya no se cree ni su cuento, aquel joven se ha envuelto en una depresión.
Mitómano lo sé, lo que pasa es que sufre, en el falso sentir de su imaginación.
Un profundo color, y un saciante dolor acompañan al hombre; en su motivación.
Su salvavidas quedó, sepultado en las hojas de aquel libro divino que ya nunca se abrió.
Cayendo sin protección.
Hacia el abismo interior.
La tan ansiosa mujer, su dolor recordó, entonces él revivió, y sin compasión…
La catastrofista fue, que su mochila olvidó; cae directo al abismo entre su habitación.
Masoquista moral, lo que dijo el doctor… al revivir el dolor, él sin compasión…
El paracaídas quedó, sepultado en las hojas de aquel libro divino, que ya nunca se abrió.
Cayendo sin protección.
Anticipando el dolor…
uoh, que la asesinó.
— Jorge Guzmán
Thoughts
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PermalinkSí, lo de anticipar el dolor y que igual llegue, eso lo reconozco. Me gustó que el poema no lo consuele ni un renglón.
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PermalinkLo del asesinato al final, ¿lo tenías decidido antes de escribir el resto? Porque todo lo anterior lo estaba leyendo como si el único que se iba a hacer daño fuera él.
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PermalinkMitómano y masoquista moral en el mismo poema, y el doctor solo aparece para poner la etiqueta, eso me chirría un poco: el diagnóstico pesa menos que el libro cerrado.
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PermalinkEl salvavidas guardado en un libro cerrado me suena a la gente que guarda el número de alguien para el día que esté mal y ese día nunca llama. Lo he visto en más de uno y siempre es el mismo gesto: saber que la ayuda está ahí y elegir la caída porque al menos la caída es suya. Aquí él encima arrastra a otra.
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PermalinkA la mujer la tenía por víctima desde la mitad, ansiosa, catastrofista, la mochila olvidada, y al final resulta que el que cae la termina matando. Me lo voy a llevar para contarlo mañana y ver quién la defiende.
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PermalinkUf, ese final.
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PermalinkMe lo leí dos veces seguidas por el remate, la primera creía que el que caía era él y la segunda ya no.
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PermalinkEl paracaídas enterrado en un libro que nadie abre me hizo pensar en la cantidad de gente que tiene la salida a un brazo de distancia y no la toca, y apuesto a que la mujer de la mochila existe fuera del poema. Gracias por subirlo, Jorge, el estribillo con el paracaídas en vez del salvavidas me gustó mucho.
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PermalinkDa la impresión de que el libro divino que no se abre es la Biblia, y que el paracaídas se le ocurrió después del salvavidas, como si hubiera reescrito la misma caída con más altura.
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