La humedad decoraba y empapaba el costado de mi cabeza mientras apoyaba esta misma contra la ventana del autobús en el cual me encontraba. La noche se estaba haciendo larga para mí tras haber pasado, rutinariamente, un par de horas en el salón de la institución pública a la que concurro. En mis oídos, que encontrándose cubiertos suave y delicadamente por el material de mis cascos inalámbricos, tenía lugar un gran concierto musical.
Mis sentidos se encontraban deleitándose con la preciosa pieza musical perteneciente a la Falange Española, la cual a su vez se titula hasta el día de hoy como "Ni Fascismo, ni Marxismo". Sin ánimos de detenerme en la afirmación profunda de la canción, y ni siquiera en la totalidad de la letra misma de esta obra, hay una parte que llama mi atención. Y dice así:
"Ellos tienen el poder
y también la policía
Nosotros solo tenemos
la potente poesía..."
¡Tenemos la poesía! ¡Que suerte y que envidia la de nuestros oponentes que ven cómo somos capaces de tener poesía!
¡¿Qué mejor arma que la poesía?! Nada se le compara, nada se le escapa, nada le abruma ni sulfura. Nada se puede hacer contra la poesía. Por encima de la materia se impone y sobrepone toda la poesía.
Es que la poesía encapsula la eternidad en sí misma, no puede ser vencida ni retenida. El espíritu romano fue claro ejemplo de ello, el cual se hizo eterno desde Virgilio yendo hacia Dante, el florentino máximo. La presencia del padre de occidente como diría el alemán Theodor Haecker en el canto primero del infierno es ejemplo de la eternidad que la poesía solo puede manifestar.
¡No necesitamos economistas! ¡Tampoco necesitamos políticos o burócratas de ningún tipo!
¡Solo tenemos que tener poesía!
¡Tenemos que portar la potente poesía!