A veces el amor no llega con un rostro ni se anuncia con una voz. A veces llega en forma de tinta, en una hoja olvidada sobre una banca cualquiera, esperando a que el viento correcto la descubra.
Esta es la historia de dos almas que se escribieron a ciegas; dos vidas distantes que aprendieron que para amar no hace falta la presencia, sino la más pura verdad.