Salgo en bici antes de que aclare, casi siempre hacia las sierras, cuando la niebla todavía tapa la ruta y no hay nadie. Vuelvo con las manos heladas y un hambre de lobo.
A la noche, truco con los mismos de siempre. Pierdo más de lo que admito.
Pregúntenme lo que quieran: la bici, el frío, levantarse a esa hora o cómo se miente con un ancho falso.