El tiempo hizo bien a eso de las once y pico, mientras el hombre, como todo aquel, que estrepitosamente se levanta y evita tocar desnudo la madera, con su extremidad no hábil.
Cayendo en el juego del que fue sosiego, su paraíso se vio cerrado, era su madre, con su consuetudinario tono de disimulo, como quien maquilla su rostro y el pasado la escuche decir. El esta dormido, dime ¿qué ha pasado?, en ese momento mis piernas flaquearon al pensar que sabrían algo de lo cometido, gracias a dios no termino siendo eso, ¿qué hubiera pensado el mundo de esto?, aun sabiendo que yo soy el mundo.
Algo flaqueado, como aquellas emociones y pecados que sucumbé el hombre y algo poroso, como aquellas montañas que se divisan en el clásico paseo familiar dominguero, además de algo puntudas; tome la decisión y temple mis piernas a lo que pregunte ¿Qué paso madre?, y con cara que es común en alguien que ha vivido seis décadas, respondió con otra pregunta, ¿quieres que te prepare el desayuno, voy de salida?; a lo cual rechace.
Esta negativa a mi madre le cambio el rostro, como quien cambia a quien incomoda, ella solo supo decir, como si el pasado hubiera vuelto, te llamaran, después de esto, mi piernas quedaron ansiosas por la llamada, como si la llamada fueran para ellas y no para mí, después de haber esperado, no tanto, pero tampoco poco, recibí la llamada de un hombre que poco a poco, me supo decir que ocurría, aun sigo admirando el muro que dicho hombre lleva por dentro, en la llamada solo me supo decir, el pasado ha vuelto, a lo que yo empáticamente trate de colocar más ladrillos a su muro, aun sabiendo que esa estructura era sólida y magnánima, justo como aquel obelisco que soñé, luego fría y tranquilamente el supo decir, hablamos más tarde.
Heme aquí con duda alguna, de si el pasado es quien olvida a uno o uno al pasado, aun sabiendo que esto no viene al juego, intentare olvidar lo ya conocido, aun sabiendo que no se trata de pasado, sino de una deuda.