Corría para perderlos, pero sus perseguidores no parecían dispuestos a darse por vencidos.
El ruido del metal y las voces que resonaban entre los árboles confirmaban que no le habían perdido el rastro.
Sus pies descalzos volaban entre ramas y rocas, pero, aun así, ellos seguían acercándose.
No entendían que hay carreras que es mejor perder.
Dobló junto a un ciprés gigantesco y continuó ascendiendo por la ladera en dirección a la montaña.
Debían cansarse tarde o temprano.
Todo aquello iba a terminar pronto y, al fin, la dejarían en paz.
Entonces apareció una roca gigantesca.
Su camino estaba bloqueado.
Se dio media vuelta para cambiar de rumbo, pero cuatro hombres surgieron frente a ella y le cerraron el paso.
Llamaban al resto.
La persecución había terminado.
Algunos desenvainaron puñales mientras sonreían.
Eso no era buena señal.
La muchacha se vio rodeada por diez hombres que avanzaban desde todas las direcciones.
—Alto —dijo con firmeza—. Esto no tiene por qué terminar así. Déjenme en paz y continúen con sus vidas.
Los hombres estallaron en carcajadas mientras seguían acercándose.
Entonces comprendió que ya no había salida.
Solo le quedaba mostrarse.
El vestido gris que la cubría comenzó a desgarrarse. Su cabello, del color de la ceniza, se agitó con violencia y sus ojos empezaron a brillar. Su cuerpo creció sin detenerse, mientras el asombro reemplazaba las sonrisas de aquellos desgraciados, incapaces de comprender lo que sucedía ante sus ojos.
Su piel resplandeció y escamas plateadas comenzaron a cubrir cada centímetro de su cuerpo.
Cuando la transformación concluyó, la dragona plateada contempló a los pequeños hombres que, instantes antes, se creían cazadores y que ahora temblaban de miedo.
Abrió lentamente sus fauces.
Una densa nube blanca lo envolvió todo.
Su aliento helado congeló a los hombres, a los árboles y a las rocas que los rodeaban, convirtiendo el bosque en un reino de hielo.
Después, con un poderoso salto, desplegó sus inmensas alas. El viento de su impulso barrió la nieve recién formada y la elevó hacia el cielo, hasta que su silueta plateada terminó por perderse entre las nubes.