Nevado y Dark Lord se dirigieron hacia un lugar apartado de la escuela, donde nadie pudiera escucharlos.
El pasillo estaba casi vacío. Solo se escuchaban algunas voces lejanas y el eco de los pasos de los estudiantes que se preparaban para salir.
Nevado se detuvo.
Miró a Dark Lord directamente a los ojos y dijo:
—Soy tu guardián. He venido hasta aquí por ti.
Dark Lord parpadeó, confundido.
—¿Guardián de qué? ¿De qué tienes que protegerme?
Nevado se quedó mirándolo durante unos segundos.
Una pequeña sonrisa, casi sarcástica, apareció en su rostro.
—Eso es precisamente lo que todavía no puedo decirte.
Dark Lord frunció el ceño.
—¿Y esperas que confíe en ti?
Antes de que Nevado pudiera responder, las campanas de la escuela comenzaron a sonar.
¡Ding! ¡Ding! ¡Ding!
Los dos miraron hacia el corredor.
Había llegado la hora de salir.
Era el último día de clases.
Los estudiantes comenzaron a abandonar los salones entre risas, gritos y despedidas. Para ellos era el comienzo de las vacaciones.
Para Dark Lord, sin embargo, aquel día estaba tomando un rumbo completamente diferente.
Nevado se acercó a él.
—Tengo que ir al baño.
Dark Lord lo miró extrañado.
—¿Ahora?
—Sí.
Nevado señaló con la cabeza hacia la salida.
—Pero júrame que no te irás solo.
Dark Lord guardó silencio.
—Júralo —insistió Nevado.
Dark Lord seguía sin entender por qué aquello parecía tan importante.
Nevado lo miró con seriedad.
—¡Júralo!
Dark Lord se sobresaltó un poco.
—Está bien... —respondió—. No me iré solo.
Nevado finalmente pareció tranquilizarse.
—Bien.
Y se alejó por el pasillo.
Dark Lord esperó.
Un minuto.
Luego otro.
Pero Nevado no regresaba.
Finalmente decidió salir de la escuela.
Al cruzar la puerta principal, se quedó esperando en la acera.
Entonces escuchó una voz.
—¿Taxi?
Dark Lord levantó la mirada.
Un taxi amarillo estaba detenido frente a él.
La puerta se abrió.
Nevado estaba dentro.
—¡Sube! —dijo.
Dark Lord dudó.
—¿Tú no estabas en el baño?
Nevado sonrió.
—Detalles.
Dark Lord subió al taxi.
Pero apenas cerró la puerta, sintió que algo no estaba bien.
Había tres mujeres en el vehículo.
Las tres parecían extremadamente ancianas.
Demasiado ancianas.
Sus rostros estaban llenos de arrugas y sus cabellos eran completamente blancos. Sin embargo, había algo mucho más extraño.
Una de ellas tenía un solo ojo.
No era como el ojo de un cíclope.
Su rostro tenía una apariencia completamente humana.
Dos cejas.
Una nariz.
Una boca.
Dos mejillas.
Pero donde deberían haber existido dos ojos...
solo había uno.
Dark Lord la observó en silencio.
La anciana giró lentamente la cabeza hacia él.
—¿Qué miras, muchacho?
Dark Lord apartó la mirada inmediatamente.
—Nada.
Nevado soltó una pequeña risa.
—No te preocupes. Son... conductoras.
—¿Conductoras? —preguntó Dark Lord.
—Sí.
Una de las ancianas arrancó el taxi.
El vehículo comenzó a avanzar.
Nueva Jersey empezó a quedar atrás.
Dark Lord miraba por la ventana intentando reconocer el camino, pero cada vez le resultaba más extraño.
Los edificios desaparecieron.
Las calles se hicieron más estrechas.
Después llegaron a una zona que Dark Lord nunca había visto.
—¿A dónde vamos? —preguntó.
Nevado permaneció en silencio durante unos segundos.
Finalmente respondió:
—A un lugar donde estarás a salvo.
—¿Dónde?
Nevado lo miró.
—Al Santuario Mestizo.
Dark Lord sintió un extraño vacío en el estómago.
—¿Santuario... qué?
Las tres ancianas intercambiaron una mirada.
La mujer de un solo ojo sonrió.
Y entonces Dark Lord comprendió algo.
Quizá las criaturas que había visto durante toda su vida...
nunca habían sido imaginaciones.
Y quizá el Santuario Mestizo era el lugar donde finalmente descubriría por qué. 🌑⚔️