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OJOS DE ESTRELLAS EN UN AMANECER

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esta historia es inspirada en una seria "la princesa yona" la cual es una buena obra que recomiendo, esta historia tendrá muchas partes similares pero tiene mi toque. espero que les guste

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Anselma

Te quedó lindo el título. Ojo de estrellas en un amanecer. Eso es poesía así de simple.

Te quedó lindo el título. Ojo de estrellas en un amanecer. Eso es poesía así de simple.

Contenido de la publicación

esta historia es inspirada en una seria "la princesa yona" la cual es una buena obra que recomiendo, esta historia tendrá muchas partes similares pero tiene mi toque. espero que les guste

INTRODUCION

En el reino de Tamayo en Japón nació una princesa con los ojos azules como las estrellas, era la única hija del rey Ij el cual ya no tenia mas esposas y por eso no tenia mas descendientes, el rey tenia un hermano capitán de las guerras siendo el hijo mayor. y muchos en el reino y palacio se preguntaban el porque le dieron la corona al segundo hijo que era un cobarde, débil y que odiaba la guerra, pues el rey debió de tener sus razones para darle el poder a Ij. el hermano de Ij tuvo un hijo varón al cual le dio como nombre Soo-won, al momento en el que nació su madre falleció al igual que paso con la princesa Kasumi. cuando Soo-won cumplió los 5 años estaba un día en casa del rey jugando con Kasumi y Souta en el castillo imperial del dragón azul cuando los informantes de palacio reportaron la repentina y desconocida muerte del padre de Soo-won. a pesar de lo sucedido Soo-won no cambio su manera de actuar, siguió siendo ese niño alegre que corría y se divertía junto a Kasumi y Souta. Soo-won siempre cuido de Kasumi como si fuera su hermano consolándola y haciendo feliz. Souta era "feliz" de ver a sus amigos divirtiéndose juntos, Souta al ser solo un guardaespaldas de Kasumi tenia muy limitada la cercanía hacia ella y Soo-won al ser ellos de realeza pero eso al importo porque siguió siendo su amigo hasta hace un tiempo ya que Soo-won se fue Tamayo a otro reino por unos años.

Capítulo 1: LA PRINCESA CON LOS OJOS DE ESTRELLAS

En el reino de Tamayo, una tierra rodeada por enormes montañas, extensos bosques y mares de un azul profundo, nació una princesa destinada a cambiar la historia.

Su nombre era Kasumi.

La noche de su nacimiento, el cielo estaba completamente despejado. Las estrellas brillaban con una intensidad poco común y la luna iluminaba los jardines del palacio imperial.

Los habitantes del reino decían que aquella noche había algo diferente en el aire.

Como si el cielo estuviera esperando su llegada.

Kasumi era la única hija del rey Ij, soberano de Tamayo. El rey ya no tenía esposa y, por decisión propia, tampoco había tomado otra mujer para darle más descendientes. Por esa razón, Kasumi se convirtió en la única heredera de la familia real.

Desde el día de su nacimiento, los sirvientes comenzaron a llamarla en secreto:

"La princesa de los ojos de estrellas."

Sus ojos eran de un azul claro y profundo, tan brillantes que parecían reflejar el cielo nocturno.

Pero mientras todo el reino celebraba el nacimiento de la pequeña princesa, en el palacio existía una pregunta que llevaba años sin respuesta.

¿Por qué el rey Ij había recibido la corona?

El hermano mayor del antiguo rey era un reconocido capitán militar.

Era fuerte.

Valiente.

Respetado por los soldados.

Había dirigido numerosas batallas y era considerado uno de los guerreros más importantes de Tamayo.

Sin embargo, cuando llegó el momento de elegir al nuevo rey, la corona no fue entregada al hijo mayor.

Fue entregada a Ij.

Muchos miembros de la nobleza no lo comprendieron.

—¿Por qué el consejo eligió al segundo príncipe? —se preguntaban.

—El capitán habría sido un rey mucho más fuerte.

—El rey Ij ni siquiera disfruta de la guerra.

—Dicen que detesta derramar sangre.

—Es demasiado amable para gobernar un reino como este.

Algunos incluso lo llamaban cobarde.

Otros decían que era débil.

Pero nadie se atrevía a preguntárselo directamente.

El rey Ij conocía las guerras.

Conocía el poder.

Conocía a los nobles.

Y, sobre todo, conocía a su hermano.

Por eso había aceptado la corona.

Porque creía que un rey no debía ser necesariamente el hombre que más fácilmente pudiera ganar una guerra.

Debía ser el hombre capaz de evitarla.

Y aquella decisión tendría consecuencias que nadie podía imaginar.

EL HIJO DEL CAPITAN

El hermano mayor del rey Ij tenía un hijo.

Un niño de cabello oscuro y mirada tranquila.

Su nombre era Soo-won.

Poco después de su nacimiento, su madre murió.

El capitán quedó completamente solo para criar a su hijo.

Aun así, se esforzó por darle una infancia feliz.

Pero cuando Soo-won apenas tenía cinco años, ocurrió una tragedia.

Su padre murió de manera repentina.

Los informantes del palacio llegaron con la noticia durante una tarde aparentemente tranquila.

Soo-won se encontraba en el castillo imperial del Dragón Azul.

Estaba jugando con Kasumi y Souta.

Los tres niños corrían por los enormes pasillos del castillo.

Kasumi llevaba un pequeño vestido azul.

Souta intentaba seguirlos mientras cuidaba que ninguno de los dos se lastimara.

Y Soo-won reía.

—¡Kasumi, espera!

—¡No! ¡Tú eres quien tiene que alcanzarme!

—¡Eso es trampa!

—¡No es trampa!

Souta corrió detrás de ellos.

—¡Princesa Kasumi! ¡No corra tan rápido!

Kasumi se detuvo y se dio vuelta.

—¡Souta, ven!

—No debería correr dentro del palacio...

—¡Pero Soo-won está corriendo!

Souta miró al niño.

—Él tampoco debería hacerlo.

Soo-won soltó una carcajada.

—¡Entonces atraparnos!

—¡No puedo hacer eso!

—¡Entonces eres lento!

—¡Oigan!

Los tres comenzaron a reír.

Sin embargo, aquella felicidad duraría muy poco.

Las grandes puertas del salón se abrieron.

Un hombre vestido con las ropas de los informantes entró rápidamente.

Su rostro estaba pálido.

Se arrodilló frente al rey.

—Majestad...

El rey Ij levantó la mirada.

—¿Qué ocurre?

El hombre tragó saliva.

—Han llegado noticias de la frontera.

El salón quedó en silencio.

—¿Qué noticias?

El informante bajó la cabeza.

—El capitán... ha fallecido.

El rey Ij quedó inmóvil.

Soo-won, que estaba junto a Kasumi, no entendió inmediatamente.

—¿Mi padre?

El informante no respondió.

Soo-won volvió a preguntar:

—¿Qué le pasó a mi padre?

El rey Ij se levantó.

—Soo-won...

El niño miró al rey.

—¿Mi padre está bien?

Ij se acercó lentamente.

Se arrodilló frente a él.

—Lo siento.

Soo-won permaneció en silencio.

Por un instante, Kasumi pensó que comenzaría a llorar.

Pero no ocurrió.

El pequeño simplemente bajó la mirada.

—¿Entonces mi papá no volverá?

Ij negó lentamente.

Soo-won respiró profundamente.

Kasumi se acercó y tomó su mano.

—Soo-won...

El niño la miró.

Kasumi lo abrazó.

—Puedes llorar.

Soo-won permaneció quieto.

Después de unos segundos, abrazó a la pequeña princesa.

Souta observó la escena.

No sabía qué decir.

Era solamente un niño que había sido entrenado para proteger a Kasumi.

Pero en aquel momento no quería ser un guardaespaldas.

Solo quería ayudar a su amigo.

CINCO AÑOS DESPUES...

El tiempo pasó.

Soo-won creció dentro del palacio.

Aunque había perdido a sus padres siendo muy pequeño, no permitió que aquello cambiara completamente su personalidad.

Seguía sonriendo.

Seguía siendo amable.

Seguía haciendo bromas.

Y seguía buscando a Kasumi cada vez que tenía oportunidad.

Kasumi también había crecido.

A los diez años, era una niña curiosa, alegre y bastante inquieta.

Su posición como princesa hacía que tuviera muchas responsabilidades.

Tenía profesores.

Clases de historia.

Clases de política.

Lecciones sobre las diferentes regiones de Tamayo.

Pero había algo que Kasumi odiaba.

Las clases de etiqueta.

—Princesa, debe sentarse correctamente.

—Estoy sentada correctamente.

—Debe mantener la espalda recta.

Kasumi corrigió su postura.

—¿Así?

—Un poco más.

Kasumi suspiró.

—¿Así?

—Ahora debe mantener las manos juntas.

Kasumi miró sus manos.

—¿Y después qué?

—Después debe permanecer en silencio.

Kasumi abrió los ojos.

—¿Durante cuánto tiempo?

—Hasta que termine la ceremonia.

—¿Cuánto dura?

—Tres horas.

Kasumi dejó caer la cabeza sobre la mesa.

—¡Tres horas!

La sirvienta intentó contener la risa.

—Una princesa debe tener paciencia.

—Pues yo no nací con paciencia.

Desde la ventana, una voz apareció.

—Eso es verdad.

Kasumi levantó la cabeza.

—¡Soo-won!

El joven estaba sentado en el alféizar de la ventana.

Kasumi corrió hacia él.

—¡¿Qué haces ahí?!

—Entrando.

—¡Las personas normales utilizan las puertas!

—Las puertas son aburridas.

—¡Algún día vas a caerte!

Soo-won sonrió.

—Entonces tendrás que atraparme.

Kasumi cruzó los brazos.

—No pienso hacerlo.

—¿Segura?

—Segura.

Soo-won fingió que iba a saltar.

Kasumi gritó:

—¡Soo-won!

Él comenzó a reír.

—¡Sabía que me atraparías!

—¡Eres insoportable!

Souta apareció detrás de él.

—Dejen de hacer eso.

Kasumi señaló a Soo-won.

—¡Él empezó!

—Siempre dice eso —respondió Souta.

Soo-won sonrió.

—Porque normalmente es verdad.

EL REGRESO

Un día, Soo-won tuvo que abandonar Tamayo.

Debía viajar a otro reino para continuar su educación.

Kasumi no estaba contenta.

—¿Cuánto tiempo estarás fuera?

—No lo sé.

—¿Un mes?

—Tal vez más.

—¿Dos meses?

Soo-won sonrió.

—Quizá.

Kasumi bajó la mirada.

—No quiero que te vayas.

Soo-won se quedó callado.

Después sacó algo de su bolsillo.

Era una pequeña figura de madera tallada.

Representaba un dragón.

—Toma.

Kasumi la recibió.

—¿Qué es?

—Un dragón.

—Ya sé que es un dragón.

—Entonces sabes qué es.

Kasumi lo miró molesta.

—¡Soo-won!

Él comenzó a reír.

—Quiero que lo tengas hasta que vuelva.

Kasumi abrazó la figura.

—¿Y si tardas demasiado?

—Entonces tendrás que esperar.

—¿Y si te olvidas de mí?

Soo-won dejó de sonreír.

—Nunca podría olvidarte.

Kasumi levantó la mirada.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

Souta observaba desde unos metros de distancia.

Aunque no decía nada, también sentía tristeza.

Soo-won no era solamente el primo de la princesa.

Era su amigo.

Y también era uno de sus amigos más cercanos.

Pero Souta sabía que su relación con Kasumi siempre sería diferente.

Él era su guardaespaldas.

Ella era una princesa.

Existían límites que no podía cruzar.

Sin embargo, mientras pudiera permanecer a su lado, estaba satisfecho.

EL DIA QUE TODO CAMBIO

Pasaron los años.

Kasumi llegó a los dieciséis.

Su personalidad no había cambiado demasiado.

Seguía siendo curiosa.

Seguía siendo impulsiva.

Y seguía escapándose de sus profesores cuando quería caminar por los jardines.

Pero ahora comprendía mucho más sobre el mundo.

Había comenzado a estudiar política.

Había aprendido sobre los territorios vecinos.

Había descubierto que Tamayo tenía muchos problemas.

Algunas regiones sufrían de pobreza.

En otras, los soldados abusaban de su autoridad.

Existían conflictos entre nobles.

Y algunos pueblos habían comenzado a desconfiar de la familia real.

Kasumi quería ayudar.

Pero su padre siempre le decía:

—Todavía no estás preparada.

—¿Cuándo lo estaré?

—Cuando comprendas que ser princesa no significa poder solucionar todo.

Kasumi no estaba de acuerdo.

—Entonces aprenderé.

El rey Ij sonrió.

—Eso espero.

Una tarde, mientras caminaba por los jardines con Souta, Kasumi escuchó una voz que conocía perfectamente.

—¿Kasumi?

La princesa se quedó completamente quieta.

Se giró.

Y allí estaba.

Soo-won había regresado.

Habían pasado varios años desde la última vez que lo había visto.

Ahora era mucho más alto.

Su cabello había crecido.

Su rostro ya no era el de aquel niño que corría por los pasillos.

Pero su sonrisa seguía siendo la misma.

Kasumi corrió hacia él.

—¡Soo-won!

Él abrió los brazos.

Kasumi lo abrazó.

—¡Volviste!

—Te dije que volvería.

—¡Tardaste demasiado!

—Lo siento.

—¡No te perdono!

Soo-won comenzó a reír.

—Eso parece.

Souta observó a ambos.

Por primera vez en mucho tiempo, volvió a sentir aquella misma alegría de cuando eran niños.

Los tres estaban juntos otra vez.

O eso creían.

Porque mientras ellos hablaban, en una habitación oscura del palacio, varios hombres discutían en secreto.

—El príncipe Soo-won ha regresado.

—Entonces debemos comenzar.

—¿Estás seguro?

—Sí.

—¿Y la princesa?

El hombre guardó silencio.

—Ella también será parte de esto.

—¿Y el rey Ij?

El hombre cerró los ojos.

—El reino necesita un nuevo futuro.

EL SECRETO DEL REY

Aquella misma noche, el rey Ij recibió una carta.

La leyó en silencio.

Después la guardó en una caja.

Su rostro mostraba preocupación.

Había pasado años intentando proteger a su hija.

Pero sabía que algún día tendría que contarle la verdad.

Una verdad relacionada con la muerte de su hermano.

Una verdad relacionada con Soo-won.

Y una verdad relacionada con la razón por la que él había recibido la corona.

Ij miró por la ventana.

La luna iluminaba el palacio.

—Perdóname, Kasumi.

El rey cerró los ojos.

—Algún día tendrás que conocer la verdad.

Sin saberlo, aquella sería una de las últimas noches tranquilas que viviría la familia real.

Porque mientras el reino dormía...

alguien estaba preparando una traición.

Y aquella traición cambiaría para siempre la vida de la princesa de ojos azules.

El amanecer estaba cerca.

Y con él...

comenzaría la verdadera historia.

CONTINUARA...

Thoughts

  • Gala

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  • Evaristo

    Lindo arranque.

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  • Ovid

    El título te quedó bueno.

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  • Elena_V

    Vas a publicar el próximo capítulo?

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  • Anselma

    Te quedó lindo el título. Ojo de estrellas en un amanecer. Eso es poesía así de simple.

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  • Gizmo_23

    Que buena historia

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  • Anibal

    Bien que declares la inspiración. El "toque propio" es lo que vale.

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